Los cadáveres se amontonan. Y quienes sobrevivieron buscan señales de sus seres queridos entre montones de cadáveres. Esto ya no es una metáfora. Esto no es una historia. Esto no es una película. Esta es una realidad acribillada a balazos día tras día.
El 28 de diciembre, el pueblo iraní lanzó una poderosa sublevación contra sus odiados gobernantes, los fascistas teocráticos de la República Islámica de Irán (RII). Esta se extendió rápidamente por todo el país, alcanzando unas 180 localidades en las 31 provincias de Irán, con la participación de decenas de miles, quizás millones, de iraníes.
Para aplastar este tsunami de protestas de masas, la RII desató una campaña de asesinatos en masa, arrestos y terror en todo el país. Ríos de sangre corren por las calles de Irán, en cada ciudad y región.
Alrededor del 8 de enero, cuando las protestas aumentaron en tamaño y alcance, las fuerzas represivas del régimen comenzaron a disparar directamente contra las multitudes con munición real, a veces a corta distancia. Francotiradores desde los tejados asesinaron a manifestantes, en su inmensa mayoría sin armas. Según algunos informes, utilizaron ametralladoras contra los manifestantes. Se vio a las fuerzas de seguridad rematando a manifestantes heridos, a veces incluso en hospitales.
Mientras los gobernantes fundamentalistas islámicos desataban este baño de sangre, también impusieron un corte casi total del acceso a Internet y a los teléfonos celulares para evitar que las protestas se extendieran más y para impedir que el mundo fuera testigo de sus enormes crímenes.
Sin embargo, a pesar de todo, desde Irán se filtraron destellos de la carnicería y de las historias de la depravación del régimen.
El número de muertos es incierto. Algunos afirman que al menos 3.400 manifestantes han sido masacrados por el régimen, con miles de heridos. El Sunday Times de Londres publicó este fin de semana que había recibido un informe de médicos en Irán que documentaba el asesinato de 16.500 manifestantes y 330.000 heridos. El propio teócrata fascista en jefe, Jamenei, ha admitido el asesinato de “varios miles” de manifestantes. Al menos 10.000 manifestantes, y quizás el doble, han sido arrestados y encarcelados, y unos 800 han sido amenazados con la ejecución. Es probable que la mayoría de los muertos sean menores de 30 años.
Cadáveres en mortajas yacen en el suelo, frente al Centro Médico Forense Kahrizak, en Teherán, Irán, el 11 de enero de 2026. Foto: Middle East Online
La depravada matanza y racha de terror por parte de la República Islámica se extendió a hospitales, hogares familiares e incluso a los funerales de los asesinados. Un médico informa que su hospital estaba desbordado: “Esto era una situación de víctimas masivas... Nuestras instalaciones, el espacio y el personal estaban muy por debajo del número de la cantidad de heridos que llegaban. Los casos de trauma que vi eran brutales, disparaban para matar”. Un oftalmólogo de Teherán le declaró a The Guardian que un solo hospital documentó más de 400 lesiones oculares por disparos.
Los golpeadores armados de la RII están ocupando y registrando hospitales en busca de manifestantes heridos, arrestándolos en el acto y, a veces, llevándoselos antes de que sean atendidos. Las familias que acuden a las morgues u hospitales para recuperar los cuerpos de sus seres queridos han sido obligadas a declarar que sus familiares eran miembros de las odiadas milicias Basij del régimen o que habían sido asesinados por “terroristas” (es decir, los manifestantes) para poder recibir sus cuerpos. También las han obligado a pagar, a veces según el número de balas utilizadas, por soltar los cadáveres.
Un levantamiento justo, una acusación contundente contra la República Islámica
Este levantamiento comenzó el 28 de diciembre de 2025 con una huelga y protestas de comerciantes en Teherán debido a la crisis económica. Sin embargo, la rebelión se extendió rápidamente por todo Irán, impulsada principalmente por estudiantes que exigían “¡Abajo el dictador!”, “¡Abajo [el ayatolá] Jamenei!” y “¡Libertad, libertad, libertad!”.
Pero este levantamiento no es meramente económico. Como afirma un posteo de Arash Seyfi en la cuenta de Instagram de Osyan: “Si bien el detonante inicial de este levantamiento fueron las demandas económicas... pronto se hizo evidente que iba más allá de las limitadas exigencias de un ingreso digno y cualquier tipo de negociación con el sistema. El actual levantamiento revolucionario ataca a todo el régimen fascista islámico, un sistema incapaz de proporcionar un mínimo de subsistencia ni de brindar un futuro digno a la sociedad”.
La República Islámica justifica su masacre en masa con la mentira de que los manifestantes son “terroristas”, inspirados o dirigidos por Estados Unidos o Israel. Si bien hay muchas diferentes fuerzas participantes en las protestas en Irán, entre ellas reaccionarios pro estadounidenses, en el fondo se esconde una sed —y una valiente determinación— de libertad y emancipación.
Mientras tanto, el comandante en jefe fascista del imperialismo estadounidense, Donald Trump, amenazó con intervenir, diciendo que “la ayuda está en camino”, e instó a los manifestantes a “apoderarse de sus instituciones si pueden”.
Cualquier ataque con el que Trump amenace no será de ninguna “ayuda” para el pueblo iraní, sino que tendrá como objetivo consolidar el dominio estadounidense en el Medio Oriente. (Estados Unidos, entre otras cosas, querría asestar un golpe a su principal rival imperialista, China, el mayor socio comercial de Irán y comprador del 90 % de su petróleo).
Una declaración del 7 de enero de 2026 del Partido Comunista de Irán (marxista leninista maoísta), que se basa en el nuevo comunismo desarrollado por el líder revolucionario Bob Avakian, llamó a la gente a no elegir entre los opresores de este mismo sistema del capitalismo-imperialismo, sino a luchar por una revolución liberadora que se oponga tanto al régimen fascista islámico de Irán como a los imperialistas estadounidenses:
¡Enterraremos al asesino Jamenei y a todo el sistema teocrático, saqueador, misógino y asesino de la libertad de la República Islámica de Irán!
¡Derribaremos los portones de las prisiones! Las cárceles no son lugar para las masas. En cambio, ¡encerraremos al Líder Supremo y a los líderes políticos, de seguridad, militares y a los saqueadores económicos de la República Islámica!
¡Por el futuro de Irán, derrotaremos el proyecto fascista de Trump, del genocida Netanyahu y sus lacayos iraníes!
Juntos con los pueblos del mundo, ¡lucharemos para emancipar a la humanidad de todos estos enemigos de la humanidad y la naturaleza!
Este es un levantamiento contra la tiranía fascista y las cámaras de tortura, la dura opresión y pobreza, la opresión medieval de las mujeres, la discriminación sistemática contra las minorías religiosas, étnicas y nacionales, y la supresión de la expresión, el pensamiento y el arte.
Para tomar una dimensión de esto, millones de iraníes anhelan un país donde las mujeres ya no estén esclavizadas por el sistema de apartheid de género de la República Islámica de Irán, sometidas a los dictados del patriarcado, tanto en la vida pública como en la familiar. Los videos de las protestas han estado llenos de mujeres arrancándose el hiyab (velo) forzado y encendiendo sus cigarrillos sobre imágenes en llamas de Jamenei (las mujeres que fuman en público están muy estigmatizadas). En Irán, la misoginia es la ley del país: el testimonio de las mujeres tiene menos peso que el de los hombres; los hombres pueden impedir que sus esposas trabajen o viajen al extranjero; las mujeres no pueden cantar a solas en público ni asistir a muchos actos deportivos masculinos; y la violencia contra las mujeres a menudo queda impune. Para colmo, ser LGBT es ilegal, y las penas por relaciones homosexuales incluyen la flagelación e incluso la muerte.
Trump parece retractarse de la amenaza de ataque, pero el peligro aún persiste
Como informamos la semana pasada, después de que estalló el levantamiento en Irán, Trump amenazó a los gobernantes iraníes con que si mataran a los manifestantes, Estados Unidos atacaría: “Estamos armados y listos para actuar”.
Luego, después de que la República Islámica anunció que no iba a ejecutar a ningún manifestante (al menos por ahora), Trump pareció cambiar de rumbo. A raíz de la masacre masiva de manifestantes de parte de la República Islámica, Trump elogió al régimen por detener las ejecuciones públicas con las que había amenazado, y básicamente afirmó que era una “victoria” para su intimidación. “Irán canceló el ahorcamiento de más de 800 personas. Iban a ahorcar a más de 800 personas ayer”, dijo Trump. “Y respeto mucho el hecho de que lo cancelaran”. Incluso repitió algunos de los puntos de agitación de la RII, diciendo que los manifestantes habían estado disparando contra las fuerzas del régimen y habían matado a cientos de ellos, es decir, que eran “terroristas”, por lo que la RII estaba justificada en tomar medidas represivas.
Pero es extremadamente incierto si Trump realmente está retractándose de sus amenazas. El 15 de enero, la portavoz de prensa de Trump afirmó que “todas las opciones” siguen en consideración en Irán. Mientras tanto, el portaaviones USS Abraham Lincoln y su grupo de ataque se dirigen al Golfo Pérsico, y una docena más de aviones de combate estadounidenses han llegado a Jordania en las últimas 24 horas. En respuesta a las amenazas de Trump, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, tuiteó una advertencia: un ataque contra Jamenei equivaldría a una guerra a gran escala con Irán.
Si Trump procede a atacar a Irán, esto no solo provocaría un sufrimiento extremo para el pueblo iraní, sino que crearía un peligro aún mayor en toda la región del Medio Oriente. Existe otra dimensión general en la que Irán es un premio potencial clave en el conflicto global que se está gestando entre las principales potencias nucleares: Estados Unidos, China y Rusia. Una u otra de estas potencias podría terminar viendo intereses vitales en juego al no ceder. De esta manera, un ataque de este tipo podría comenzar como una cosa y, intencionalmente o no, estallar en un conflicto mucho más amplio, más destructivo y más devastador.
Una guerra así no solo iría en contra de los intereses de la humanidad, sino que representaría una amenaza real de extinción humana. Trump, este demente fascista y egocéntrico, anda por ahí con el dedo en el gatillo nuclear.
Las protestas continúan desde los tejados... aunque el futuro es incierto
Es muy difícil conocer con precisión qué está sucediendo hoy en Irán debido al bloqueo de los medios de comunicación, los teléfonos celulares y el internet por parte del régimen carnicero. El New York Times informa que no ha habido protestas a gran escala desde el 11 de enero. Por lo tanto, es posible que el levantamiento haya sido reprimido por el momento. Aunque incluso en la oscuridad, parece haber estallidos de protesta durante la noche. Un video del 15 de enero publicado en Instagram por A Quemar la Jaula, un movimiento por la libertad de los prisioneros políticos en Irán, muestra una protesta nocturna con llamadas y respuestas desde los tejados: “Muerte al dictador. Jamenei es un carnicero. Los enterraremos y los arrastraremos hacia abajo. Como lo hicieron durante el Sha”. (El Sha de Irán fue un tirano respaldado por Estados Unidos que fue derrocado en 1979).
La gente en Estados Unidos tiene una responsabilidad especial de mantenerse en alerta: oponerse a la agresión fascista de Trump contra Irán y el mundo, y tomar partido con las personas en Irán que están alzándose valientemente. Y la gente en Estados Unidos, y en todo el mundo, tiene una responsabilidad de bregar con las cuestiones planteadas por los partidarios del nuevo comunismo del Partido Comunista de Irán (marxista leninista maoísta).
¿Se impondrá otro régimen opresivo sobre el cuerpo maltrecho del pueblo en su lugar? O bien, con la creciente conciencia social de lo que es una verdadera revolución, ¿el derrocamiento de la República Islámica allanará el camino para una auténtica revolución, no sustituida por otro régimen opresivo y explotador, sino por una nueva república socialista? Hoy, el derrocamiento de la República Islámica es una tarea inmediata, pero el reto aún más vitalmente importante es la respuesta a este reto.
¡Abajo la República Islámica de Irán!
¡No a un ataque israelí-estadounidense contra Irán!
¡En nombre de la humanidad, nos negamos a aceptar un Estados Unidos fascista!
¡Todo este sistema está podrido e ilegítimo! ¡Necesitamos y Exigimos: una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente!