Reflexiones sobre el libro Legacy of Violence: A History of the British Empire:

Aprendiendo del pasado para forjar un futuro libre de imperio, de imperialismo y toda explotación

Segunda parte

Nota de la redacción: Esta es la segunda parte de un ensayo-reseña de tres partes de Raymond Lotta. La última entrega tratará el surgimiento, tras la Segunda Guerra Mundial, del coloso imperial estadounidense dominante a nivel mundial y su plasmación en la ideología del “imperialismo liberal”; y, en marcado contraste, la cuestión y la concepción de “democracia: ¿es lo mejor que podemos lograr?”; las lecciones del pasado a fin de llegar a un mundo sin imperios; y el “trabajo de reconocimiento” con la revolución que necesita la humanidad. Se incluirán notas completas de las fuentes.

Legacy of Violence bookcover.

 

Lea la Primera parte del ensayo.

VI. El intento de Gran Bretaña tras la Segunda Guerra Mundial de retomar el escenario global... y la transición del dominio colonial directo al neocolonialismo

Se necesitan algunos antecedentes históricos. Gran Bretaña salió de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) en el bando imperialista vencedor, junto con Estados Unidos y Francia, aunque fue la Unión Soviética socialista la responsable primordial por la derrota militar de la Alemania nazi.

De la guerra, Gran Bretaña salió muy debilitada económicamente — agobiada por las enormes deudas contraídas con Estados Unidos y por el debilitamiento de su moneda (la libra esterlina), y se enfrentaba a una población colonizada inquieta. Estados Unidos, en cambio, no sufrió daños materiales en su economía y estaba al mando de enormes recursos económicos y militares. Estados Unidos maniobraba ahora para establecer y afirmar su supremacía política, económica y financiera (y del dólar) —y para desplazar decisivamente a Gran Bretaña— como potencia dominante y organizadora de un nuevo orden imperialista mundial. La correlación del poder imperialista ya se había inclinado a favor de Estados Unidos tras la Primera Guerra Mundial.

Elkins explica que el presidente estadounidense Franklin Delano Roosevelt (FDR), al meter a Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial en 1941, enunció las llamadas Cuatro Libertades (de la expresión, de la religión, de la miseria y del miedo). Estados Unidos se posicionaba como paladín de los “derechos humanos” de un nuevo orden mundial imperial. Este discurso sobre los “derechos” se combinó posteriormente con las medidas emprendidas por Estados Unidos para establecer la ONU con el lenguaje de la “autodeterminación” antiimperial (el derecho a la nación). Esto se dirigía en gran medida a los británicos y a su imperio colonial. El llamamiento a los “derechos universales” era una cuña para desmantelar y desplazar a los viejos imperios basados en Europa.

Pero ante la propagación de los movimientos revolucionarios y la creciente influencia del comunismo, y que Mao lideraba una revolución de liberación nacional y de transformación socialista hacia el poder en China, los imperialistas estadounidenses cambiaron de rumbo. En 1948, el presidente estadounidense Truman anunció la Doctrina Truman anticomunista, que proporcionó armas, financiación y entrenamiento para suprimir la insurgencia popular en Grecia y Turquía. Como dice Elkins:

El anticomunismo triunfó sobre el antiimperialismo [la condena al colonialismo formal de parte de otras grandes potencias], y Estados Unidos se lanzó a reforzar a sus aliados, entre los que se encontraban Gran Bretaña y Francia, en defensa de Europa Occidental y de su necesidad de reconstrucción. [p. 372]

Front page of New York Times announcing Truman Doctrine, March 14, 1947.

 

El titular anuncia la Doctrina Truman. New York Times, titular de primera plana del 14 de marzo de 1947: “Truman actúa para salvar a las naciones contra el dominio rojo; solicita 400 millones de dólares para ayudar a Grecia y Turquía; es probable que se dé una lucha en el Congreso pero se pronostica su aprobación”.   

Esta Doctrina Truman fue el inicio de la guerra fría. Se puede describir la orientación de Estados Unidos respecto a sus aliados imperialistas de la Segunda Guerra Mundial como apuntalar estratégicamente a Gran Bretaña, como parte de crear un bloque para hacer frente a la entonces socialista Unión Soviética, y empezar a excluir a Gran Bretaña (y Francia) con el objetivo de penetrar en sus colonias.

 
Greek insurgents, 1947:  In 1948, U.S. President Truman announced the anti-communist Truman Doctrine, which provided arms, finance, and training to suppress popular insurgency in Greece.

 

En 1948, el presidente estadounidense Truman anunció la Doctrina Truman anticomunista, que proporcionaba armas, financiación y entrenamiento para suprimir la insurgencia popular en Grecia. Foto: Biblioteca HS Truman   

Elkins examina extensamente el lado británico de las cosas y su cálculo imperialista. Gran Bretaña buscaba volver a ocupar su lugar en el escenario mundial — y a hacerlo sobre el lomo de sus pueblos colonizados. Todo ello formaba parte del llamado “resurgimiento imperial”. Describe la perspectiva del gobierno laborista en el poder, y de su secretario de Asuntos Exteriores, Ernest Bevin, en los primeros años de la posguerra:

Él y otros ministros creían que la solución a la crisis financiera de Gran Bretaña y a la pobreza de en su territorio, ni hablar de su creciente dependencia de Estados Unidos, estaba en los yacimientos de petróleo del Medio Oriente, en las plantaciones de caucho de Malasia y en otras colonias productoras de bienes repartidas por todo el mundo. [p. 373]

De ahí, Elkins explica que la realización de esos beneficios económicos requería una nueva ola de “ilegalidad legalizada” para “reforzar la disciplina ‘civilizadora’ y empujar a los súbditos coloniales británicos hacia los mercados de trabajo para ayudar a la recuperación interna”.

Malasia como ensayo crucial y campo de pruebas cruel: 1948-1960

El libro Legacy of Violence guía al lector a través de los horrores de los esfuerzos británicos por mantener su control en Palestina mientras los sionistas llevaban a cabo su salvaje expulsión de los árabes palestinos. Describe la represión de la posguerra y las políticas de “dividir para conquistar” de los británicos en el subcontinente indio — así como la “limpieza comunal” azuzada por la partición hindú-musulmana del subcontinente en 1948 y el establecimiento de la India y Pakistán independientes, con un saldo de entre 1 y 2 millones de muertos y unos 15 millones de refugiados.

Sobre este tema, quiero centrarme en los tres capítulos del libro relativos a Malasia y a lo que los británicos llamaron la “emergencia malaya” de 1948-1960. Este fue el periodo tras la derrota final de las fuerzas de ocupación japonesas durante la Segunda Guerra Mundial y tras la reimposición del dominio colonial británico. Fue una época en la que los militares británicos se pusieron a aplastar, y con el tiempo lograron aplastar, una lucha justa de liberación nacional en Malasia. Le doy énfasis especial a esta sección del libro por dos razones: es una historia que se cuenta con poca frecuencia, y que mucho menos se entiende bien; y porque se trata de un punto nodal en la transición del dominio colonial directo al dominio colonial indirecto como principal forma de control en el sistema imperialista mundial.

Malasia era rica en materias primas exportables y ocupaba un lugar central en el proyecto británico de “resurgimiento imperial” posterior a la Segunda Guerra Mundial. Escribe Elkins:

Gran Bretaña quería orden político y civil a fin de facilitar el control económico. La mayoría de los trabajadores de la región, algunos de los cuales eran miembros desmovilizados del Ejército Antijaponés del Pueblo Malayo, sobrevivieron a la guerra sólo para habitar un mundo plagado de crisis sociales, falta de vivienda, enfermedades y semi-inanición.... Para satisfacer las necesidades económicas internas, los funcionarios coloniales sacrificaron las necesidades de sus súbditos, al tiempo que rescataban a los agricultores y mineros de Malasia para aportar dólares cruciales de las lucrativas industrias del caucho y estaño a la zona de la libra esterlina [moneda británica]. [p. 468]

Malasia era, en palabras de Elkins, la “vaca lechera [fuente de dinero] del imperio”, la clave para impulsar su recuperación tras la Segunda Guerra Mundial. Pero había un gran problema. Gran Bretaña se enfrentaba a una insurgencia bajo la dirección de los comunistas decidida a romper el yugo del imperialismo británico, y que gozaba de un amplio apoyo, especialmente entre los chinos étnicos malayos, que estaban sometidos a una cruel discriminación.

Ethnic Chinese-Malay squatters, forcibly relocated by the British as part of the Briggs' Plan, a counterinsurgency strategy used by Britain.

 

Paracaidistas de la etnia chino-malaya, reubicados a la fuerza por los británicos como parte del Plan Briggs, una estrategia de contrainsurgencia utilizada por Gran Bretaña.    Foto: Malayan Department of Information/Wikipedia

1952, heavily guarded (with barbed wire) "new village" near Ipoh, Perak.

 

Tras haber encerrado a unos 1.2 millones (¡!) de chinos malayos en campos de detención, Gran Bretaña puso en marcha el llamado “desarrollo comunitario” y “nuevas aldeas” para ganar “corazones y mentes” (es decir: una sádica mano de hierro combinada con algunos míseros programas sociales). En la imagen: una “nueva aldea” fuertemente vigilada cerca de Ipoh, Perak.    Foto: Nordic Institute of Asian Studies

Esto se convirtió en una “batalla no sólo para controlar recursos imperiales cruciales, sino también para contener el comunismo en los primeros años de la guerra fría” [p. 472] — un “peligro” que aumentó debido al triunfo de la revolución china en 1949 (y al apoyo que el nuevo régimen revolucionario en China empezó a darle a la lucha de liberación malaya).

Fiel a su estilo, Gran Bretaña impuso “una reglamentación de emergencia” draconiana en Malasia a fin de llevar a cabo extensísimos arrestos y detenciones en masa. 573.000 personas, en su mayoría de la etnia china, fueron reubicadas a la fuerza en nuevos asentamientos cercados de alambre de púes — según Elkins, se trataba del mayor destierro forzado de personas por parte del poder británico desde la trata de esclavos. [p. 505]

Gran Bretaña recurrió a un salvajismo inmisericorde en su campaña militar. Con tropas que se enfrentaban a un terreno selvático difícil y a una insurgencia bien organizada, Gran Bretaña lanzó campañas de bombardeos masivos y utilizó la guerra biológica-química (Agente Naranja) contra el campo para eliminar los cultivos que sostenían a los combatientes rebeldes y a sus simpatizantes campesinos. Tras haber encerrado a unos 1.2 millones (¡!) de chinos malayos en campos de detención, Gran Bretaña puso en marcha el llamado “desarrollo comunitario” y “nuevas aldeas” para ganar “corazones y mentes” (es decir: una sádica mano de hierro combinada con algunos míseros programas sociales). Uno de los principales arquitectos de la contrainsurgencia en Malasia fue el administrador colonial y agente militar Robert Thompson.

Elkins traza el curso de esta espantosa operación, con su reforzamiento mediático-propagandístico (junto con las medidas gubernamentales que criminalizaban el “flujo de información inapropiada”).

British soldier poses with decapitated heads of Malayans

 

Gran Bretaña recurrió a un salvajismo incesante en su campaña militar para controlar a Malasia. En la imagen: un soldado británico posa con cabezas decapitadas de malayos.    Foto: Wikmedia Commons

En 1960, el levantamiento malayo estaba firmemente aplastado. Fue también la época en que Estados Unidos suplantaba a los colonialistas franceses en Indochina y comenzaba a aumentar su presencia en Vietnam del Sur. Para sus operaciones encubiertas y programas de asesinatos, las fuerzas imperiales estadounidenses estudiaron detenidamente los escritos de Robert Thompson sobre la contrainsurgencia en Malasia. Sólo pasarían unos años antes de que Estados Unidos aumentara la contrainsurgencia rural y la guerra desde el cielo hasta alcanzar proporciones inimaginablemente genocidas en Vietnam.

Del dominio colonial directo al dominio colonial indirecto, dentro del sistema mundial capitalista-imperialista

Sobre la base del terror masivo para suprimir a la lucha guerrillera por la liberación nacional en Malasia, Gran Bretaña “concedió” la independencia a Malasia en 1957. Esto supuso la transición del dominio colonial directo —en el que se establecía el control imperial sobre los territorios y países por medio de una autoridad extranjera centralizada manejada por funcionarios coloniales, y en el que se les negaban derechos de ciudadanía a las poblaciones indígenas— al dominio colonial indirecto por medio de gobiernos locales formalmente independientes que todavía están dominados por el imperialismo británico.

En la introducción a su libro, Elkins dice explícitamente que no se centra en la economía política del imperio, aunque la incluya en el panorama. Más bien, explica que ofrece una historia del imperio británico y “cómo y por qué la violencia excepcional dirigida por el estado” se desenvolvió a lo largo de dicho imperio. Pero en este ensayo-reseña, al hablar de la transición del dominio colonial al dominio neocolonial, quiero señalar y enfatizar que esto estaba ocurriendo dentro del sistema mundial capitalista-imperialista — con sus raíces y límites en el modo de producción capitalista.

Este sistema capitalista-imperialista funciona de acuerdo con los imperativos de la producción orientada a obtener ganancias bajo control privado sobre la base de la explotación del trabajo asalariado... las presiones de la competencia que impelen un continuo abaratamiento de los costos y la expansión... y la rivalidad entre las potencias mundiales imperiales contendientes por posiciones estratégicas y ventajas sobre los mercados, los recursos y las regiones. Un rasgo que define el sistema capitalista-imperialista mundial es la división del mundo entre unos pocos países capitalistas ricos, por un lado, y por otro lado, los países empobrecidos del tercer mundo (o el Sur global), donde vive la gran mayoría de la humanidad y que es una fuente vital de superganancias, una división que se caracteriza por el “desequilibrio” en el desarrollo entre los países opresores y los países oprimidos.

Mi concentración en este sistema global de explotación capitalista (los “cimientos económicos del imperio”) nos ayuda a entender por qué los imperialistas británicos estaban tan empeñados en mantener y reconfigurar su imperio... y por qué el imperialismo estadounidense maniobraba como lo hacía.

El eje de la forma de gobierno neocolonial que se establecía en las décadas de 1950 y 1960, a menudo en respuesta a las luchas por la independencia, era el reconocimiento de la soberanía nacional y el consiguiente establecimiento de un sistema de gobierno-estado nacional regido por élites locales sumisas que actuaban como garantes de los intereses británicos. Elkins describe un “capitalismo clientelar” que se desarrolló en Malasia y en otros lugares en los que las élites políticas estaban estrechamente vinculadas y entrelazadas con los intereses empresariales locales. Estas élites lucraron y se fortalecieron gracias a los contratos de materias primas durante el “auge” de la Guerra de Corea a principios de la década de 1950.

En Kenia en 1963, tras la supresión llena de horrores del levantamiento Mau Mau (con métodos que se ensayaron en Malasia), los británicos también se embarcaron en este tipo de transición neocolonial.

Estados Unidos promovió a menudo la “descolonización” formal en los imperios de Gran Bretaña y Francia a fin de impulsar su propia agenda imperialista — penetrar estos estados de reciente independización e incorporarlos en su propio imperio de posguerra. Esto no era poscolonialismo... sino, una vez más, neocolonialismo. El libro Legacy of Violence pone al descubierto la manera en que muchos regímenes de reciente independización adaptaron la ley y la tradición británicas — con sus propias declaraciones de “estados de emergencia” legalizados para sofocar la protesta y la resistencia populares. La India, que obtuvo la independencia en 1947, es un ejemplo contundente, ya que utilizó esta medida, por ejemplo, durante 1975-1977 para suspender las libertades civiles y los derechos básicos, cancelar las elecciones, etc.

Indira Gandhi, ordered the bulldozing of Turkman Gate resulting in massacre of 20 people, mainly minorities.

 

Indira Gandhi declaró un estado de emergencia en 1975 debido a la crisis económica y a la agitación política en partes de la India. Durante el estado de emergencia, ordenó la demolición de Turkman Gate, un cinturón de miseria de Delhi, como parte de un programa de “renovación urbana” que tenía como objetivo sacar a 70 mil personas de los tugurios de Delhi. La policía baleó y mató al menos 20 personas que protestaban contra la demolición de sus casas.   

VII. Comentario sobre una crítica al tratamiento de la ideología liberal en el libro Legacy of Violence

Por razones bastante obvias, apologistas conservadores a favor del régimen colonial británico han atacado a esta obra de Elkins sobre el imperio británico. Pero también han surgido críticas por parte de algunos escritores “progresistas”.

Por ejemplo, Sunil Khilnani, en una reseña del libro en la revista The New Yorker, critica a Elkins por no reconocer que, si bien “el pensamiento liberal ha sido un recurso para la represión”, también ha sido un “recurso [para] la resistencia”.

Claro que es cierto que los principios liberal-democráticos han inspirado feroces resistencias anticoloniales y han sido una meta a la que aspiraban las luchas por la libertad en el imperio británico. Y la mayoría de los líderes independentistas que lucharon contra el dominio británico en el tercer mundo adoptaron y amplificaron el pensamiento liberal-demócrata, con la exigencia de que sus principios de derecho y libertad se aplicaran de forma consecuente en las colonias. Personas como Gandhi y Nehru en la India fueron ejemplos destacados. Además, en cuanto al lenguaje y las perspectivas del pensamiento democrático-burgués, también los adoptaron los líderes anticoloniales en las colonias africanas de Gran Bretaña, — y también en el imperio francés, que se remonta a los líderes de la revolución haitiana quienes adoptaron y trataron de radicalizar el estandarte de la revolución francesa.

No habrá ninguna liberación auténtica dentro de los límites del imperialismo y la democracia liberal

Pero, ¿a dónde conduce la resistencia si se encasilla ideológicamente dentro de los límites del marco democrático-burgués del individuo tenedor de propiedad, con su enmascaramiento de la dominación de clase y la explotación capitalista mediante derechos democráticos formales? ¿Qué tipo de sociedades y economías se han establecido en los países de África y Asia que obtuvieron la independencia formal después de la Segunda Guerra Mundial, pero que permanecieron encerrados en el orden mundial imperialista liberal?

Sólo para rascar la superficie, veamos la superexplotación por parte del capital extranjero y la marginación generalizada; las grotescas concentraciones de riqueza; la extrema desigualdad social, especialmente la subyugación de las mujeres en una miríada de formas, ya sea con el velo forzado o las presiones para obligarlas a trabajar en la “industria del sexo”; las persistentes crisis alimentarias; la urbanización caótica; y gobiernos represivos. Estas características del “desarrollo” son una expresión de ese “desequilibrio” en el mundo entre los países opresores y los países oprimidos.

La India se clasifica como la “mayor democracia del mundo”. Es un lugar de opresión de castas sin paliativos; una sociedad en la que la violación es rampante; con una economía en la que el 10 por ciento de los más ricos controla más del 75 por ciento de la riqueza nacional; un país cuyos bosques, aguas y aire han sido saqueados y degradados en nombre del crecimiento, con poblaciones rurales desplazadas por el desarrollo bajo la batuta del capitalismo. [Véase Oxfam Internacional, India: Extreme Inequality in Numbers, actualizado el 8 de septiembre de 2022].

Todo esto presenta la cuestión de qué se requiere científicamente —el tipo de lucha guiada por cuál perspectiva y visión hacia cuál objetivo— para que la humanidad se libere del yugo de la explotación y la opresión, y de la misma división de la sociedad humana en clases. Se trata de una revolución real, de realizar lo que Marx llamaba las “dos rupturas más radicales”: con las relaciones de propiedad tradicionales y con las ideas tradicionales. Y eso va mucho más allá, es una ruptura radical con la democracia liberal.

El contraejemplo liberador de la revolución china, 1949-1976

En este sentido, destaca la experiencia muy diferente e increíblemente liberadora de la China revolucionaria, cuando era socialista en los años 1949-1976.

La verdad histórica es que Mao dirigió a decenas y cientos de millones de personas en una revolución monumental que hizo añicos el dominio del imperialismo sobre China y rompió la columna vertebral del sistema opresivo de los terratenientes y del capitalismo bajo control extranjero. Fue una revolución que transformó la sociedad y la manera de pensar.

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Durante la Revolución Cultural de China, 1966-1976, se montaron muros con “cartelones de grandes caracteres”, en que se debatían grandes cuestiones en la sociedad.    Foto: AP

En el campo de China, la revolución pasó de una reforma agraria a formar comunas populares que socializaban la actividad económica, combinaban la industria con la agricultura, sacaban a las mujeres del hogar y las incorporaban al remolino del cambio social y económico.

Peasants in the countryside study Mao Red Book, during revolutionary China.

 

Los campesinos estudian el Libro Rojo de Mao, durante la revolución china.   

La revolución maoísta anunció innovaciones en la planificación socialista con la participación de la gente en la gestión y la transformación de la economía, que tenía por objetivo, de manera consciente hacer desintegrar las divisiones entre el campo y la ciudad, entre las regiones y entre aquellos que trabajan principalmente con las manos y aquellos que trabajaban principalmente en el ámbito de la administración y las ideas. Y no, la economía china no fue un caso perdido, sino que obtuvo un crecimiento equilibrado — y el nivel de vida se elevó sin la polarización de la sociedad en ricos y pobres. Las mujeres contaron con poder para “sostener la mitad del cielo”. El principio de “servir al pueblo” fue la fuerza motriz y criterio de prueba del progreso social.

In revolutionary China, Red Guards take the Red Book of Mao's quotations to a factory.

 

En la China revolucionaria, unos Guardias Rojos llevan el Libro Rojo de las citas de Mao a una fábrica, enero de 1967.    Foto: AP

La China bajo Mao, especialmente mediante la Revolución Cultural, desarrolló el sistema sanitario más igualitario y basado en las necesidades, en el mundo. Los economistas Jean Drèze y Amartya Sen calculan que si la India hubiera tenido el equivalente al sistema de atención sanitaria de China bajo Mao, habrían muerto casi 4 millones de personas menos al año en la India. [Jean Drèze y Amartya Sen, Hunger and Public Action (Oxford: Clarendon Press, 1989), p. 214].

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Ahora, ideólogos anticomunistas y defensores del capitalismo y del imperialismo vilipendian y calumnian esta experiencia — lanzan una mentira tras otra, a fin de asustar a la gente con falsas cifras de muertos (en constante aumento) sobre el Gran Salto Adelante, cuentos de la persecución fanática contra intelectuales y artistas durante la Revolución Cultural. Se trata del tropo de una “utopía convertida en tiranía totalitaria”... “no intente eso”... “viva el statu quo capitalista-imperialista”. Qué tan conveniente, pero qué tan totalmente alejado de la verdad histórica (imagínense que les dijera que la Guerra Civil de Estados Unidos fuera un baño de sangre fraguado por el vengativo Lincoln). Y es un lamentable comentario sobre el estado de la vida intelectual que tantos intelectuales —que son muy críticos a la hora de analizar otras esferas de la realidad y episodios de la historia— se traguen irreflexivamente estas tonterías.

He investigado y escrito ampliamente sobre esta experiencia — y a estas mentiras, he dado respuestas basadas en la evidencia. Invito al lector a leer No sabes lo que crees que “sabes” sobre la revolución comunista y el VERDADERO camino a la emancipación: Su historia y nuestro futuro, Una entrevista a Raymond Lotta.

Revolution cover: China Red Guards celebrate Revollutionary Communist China

 

En 1976, tras la muerte de Mao, fuerzas al interior del Partido Comunista que habían luchado por un camino capitalista de desarrollo bajo un disfraz socialista derrocaron la revolución en China. Mao había identificado a estos “seguidores del camino capitalista” como una nueva burguesía bajo el socialismo. Hoy, China es una sociedad totalmente capitalista, una potencia imperialista en ascenso gobernada por una clase dominante capitalista que todavía se llama “socialista”.

Bob Avakian ha analizado el porqué de esta contrarrevolución, así como los importantes avances y los problemas de la revolución china. Al analizar críticamente la teoría comunista y la práctica desde la época de Marx, incluida la experiencia de las revoluciones y las sociedades socialistas del siglo 20, y al sacar lecciones de otras esferas de la actividad humana, Avakian ha desarrollado un marco completamente nuevo de la emancipación humana: el nuevo comunismo. Rebasa el ámbito de esta reseña explorar a fondo este tema, pero el nuevo comunismo parte de la experiencia y de las lecciones de las revoluciones rusa y china — pero también rompe en sentidos importantes con aspectos del método y del enfoque de estas revoluciones —y de la teoría comunista en general— que representan obstáculos a la emancipación de la humanidad mundial.

Algunos ejemplos que destaca Avakian son las verdaderas deficiencias y problemas metodológicos en la China socialista: En la China revolucionaria se promulgó una “ideología oficial” (socialismo-comunismo), cuando en realidad es necesario ganarse a la gente conscientemente hacia el comunismo. Aunque la noción de una “guerra contra los intelectuales y los artistas” carece de fundamento, no existía el necesario ambiente para cultivar el tipo de efervescencia intelectual y cultural —y, de más importancia, el disentimiento, incluso los puntos de vista opuestas al socialismo—, que son esenciales para conocer y cambiar el mundo y crear una sociedad y un mundo en los que los seres humanos puedan florecer y la imaginación pueda volar. Hubo ciertas tendencias nacionalistas por parte de Mao — a ver el avance de la revolución mundial por el lente y desde el ángulo de la defensa del socialismo en China y su extensión hacia el exterior. Una vez más, esta reseña no tiene el propósito de explorar a fondo este tema, y los lectores pueden consultar BREAKTHROUGHS (ABRIENDO BRECHAS): El avance histórico hecho por Marx, y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, Un resumen básico, de Bob Avakian, para conocer más sobre el nuevo comunismo, y sus importantes avances.

 

De lo que se trata es de que, sobre la base del nuevo comunismo, debemos y podemos ir mucho más lejos y hacerlo mucho mejor en hacer una revolución verdaderamente liberadora y transformadora en el mundo de hoy. Pero el ejemplo de la China revolucionaria sigue siendo un punto de referencia vital para lo que es posible por medio de una revolución que se zafe de los límites y horizontes del capitalismo-imperialismo y comienza a trazar un futuro radicalmente diferente.

 

Próximamente: Tercera parte, la Entrega de Conclusión.

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