Primera parte: Profunda desigualdad, brutal opresión — y burda tergiversación de los verdaderos cimientos y naturaleza de Estados Unidos.
Para empezar, en mi reciente obra LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura? se incluye el siguiente análisis crítico:
Aquí, cabe poner las cosas en una perspectiva más amplia y repasar la historia de Estados Unidos y del sistema aquí desde la Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos hasta el día de hoy — hasta la monstruosidad totalmente anticuada del capitalismo-imperialismo. En los principios de Estados Unidos, al inicio de la guerra de independencia (que a ellos les gusta llamar una guerra revolucionaria), se declaró que “todos los hombres son creados iguales”. No obstante, toda la historia de Estados Unidos desde aquellos años en adelante ha demostrado claramente que no es cierto que en este país existe igualdad para todos. Pues, en los años en que redactaron la Declaración de Independencia y luego la Constitución, había enormes cantidades de esclavos. A los pueblos indígenas se les habían robado sus tierras y los sometieron a atrocidades genocidas. Básicamente, las mujeres no tenían derechos, y ciertamente no tenían los mismos derechos que los hombres. En unas palabras, existía un sistema de explotación que cobró mayor impulso al zafarse del colonialismo británico*.
Al mismo tiempo, a continuación de este importante análisis hago la siguiente observación:
La cuestión no es que debamos ser nihilistas — de nada más negar irreflexivamente todo lo relacionado con la Revolución Americana y los documentos fundacionales de Estados Unidos. Como he señalado antes, hay ciertos aspectos de la Constitución de los Estados Unidos, en particular la Declaración de Derechos (las primeras diez enmiendas a la Constitución), de los que se puede aprender — y he incorporado algunos de estos aspectos en un marco fundamentalmente diferente en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte. La cuestión es que, a pesar de algunos elementos positivos en la época de la fundación de Estados Unidos, ya entonces era un sistema de explotación despiadada y opresión literalmente asesina; y todo esto contenía las semillas y los elementos de hacia dónde ha ido — a un lugar terrible, con el sistema del capitalismo-imperialismo hoy.
Como demostraré a lo largo de esta serie, en la Declaración de Independencia en particular, y en la celebración de lo que ha servido para establecer, mantener y expandir, existen, en efecto, inventos y tergiversaciones fundamentales de la realidad y de la historia, al servicio de atrocidades muy reales y repetidas.
En lo que respecta a la actualidad — en que un régimen fascista gobierna en Estados Unidos, cabe examinar brevemente un discurso reciente pronunciado en la Universidad de Texas (“Observaciones sobre el 250 aniversario de la Declaración de Independencia”) por Clarence Thomas, “magistrado” de la Corte Suprema de los Estados Unidos.
En este discurso, Thomas intentó establecer un nuevo récord mundial de hipocresía descarada.
Aprovechó la ocasión para atacar el “progresismo” como la fuente de prácticamente todos los males en el mundo de hoy día, cuando, en un sentido básico, los “progresistas” a los que ataca han sido una fuerza importante en la lucha contra la discriminación y la opresión de diversa índole, incluida la supremacía blanca — y es Thomas, y los fascistas de los que forma parte, quienes se han opuesto, atacado y trabajado de forma constante, vehemente y despiadada para destruir lo que se ha conseguido por medio de esta lucha.
En su discurso, Thomas hizo hincapié en denunciar el racismo y la segregación (invocando la experiencia de su propia familia con esto), cuando en realidad él es un burdo instrumento del régimen fascista descarada y agresivamente racista de Trump**.
Este es un régimen fascista que está llevando a cabo un ataque polifacético contra los cambios que se han operado como resultado de la lucha contra la supremacía blanca y la segregación a lo largo de los últimos 70 años y más — un ataque que hace poco incluyó una decisión de la Corte Suprema que prácticamente anuló la Ley de Derecho al Voto de 1965***.
Este es un régimen fascista que difunde activamente, y aplica descaradamente, la ridícula e indignante mentira de que las verdaderas víctimas de la discriminación en Estados Unidos son de alguna manera las personas blancas — cuando la realidad (demostrada incesantemente en la vida cotidiana, y mediante innumerables estudios e investigaciones científicos) es que la segregación, la discriminación y la opresión racista en general continúan, y siguen teniendo consecuencias terribles, para el pueblo negro y otras personas que han sufrido el racismo sistémico, y a menudo mortífero, de este sistema —en la vivienda, la educación, el empleo, la atención médica, con la policía, los tribunales y las prisiones— en cada parte de la sociedad.
Este es un régimen fascista que utiliza su poder para chantajear y aporrear a las universidades y otras instituciones para que eliminen programas (generalmente bajo el concepto de DEI [Diversidad, Equidad e Inclusión]) cuyo propósito declarado es contrarrestar los efectos de la discriminación y el racismo reales.
Este es un régimen fascista que está restaurando agresivamente monumentos a la Confederación esclavista, y está resucitando la celebración a los “héroes” de la Confederación — que no son más que monumentos y celebraciones a la esclavitud y la supremacía blanca de las turbas de linchamiento.
Este es un régimen fascista encabezado por Donald Trump —un burdo supremacista blanco, cuyo historial de racismo flagrante se remonta a décadas atrás, con la discriminación contra las personas negras en las viviendas propiedad de su familia. (En una serie escrita durante el primer régimen de Trump, Donald Trump — Racista genocida****, examiné algunas de las expresiones más escandalosas de este racismo, hasta ese momento. Y, en esta segunda versión del régimen fascista de Trump, este racismo se ha manifestado de forma aún más burda y agresiva, tanto en palabras como en hechos).
Este es el régimen fascista en el que Clarence Thomas no es meramente un servidor dispuesto, sino una fuerza activa, en general y específicamente en su papel en la Corte Suprema — con sus fallos que respaldan y facilitan la supremacía blanca, así como la supremacía masculina (incluida la anulación del derecho al aborto), los ataques a los derechos de las personas LGBT, y otros fallos indignantes, incluidos los ataques a los inmigrantes y a la separación entre la iglesia y el estado, al servicio del nacionalismo-fascismo cristiano blanco.
Como señalé en mi e-mensaje número 102: “existe una línea directa de la Confederación pro-esclavitud, de los años de la Guerra Civil, al fascismo del día de hoy, con su determinación de hacer que Estados Unidos una vez más sea abierta y agresivamente supremacista blanco, supremacista masculino y anti-gente LGBT”. (En la época de la Guerra Civil, que puso fin a la esclavitud, y durante algún tiempo después, el Partido Republicano se oponía a la esclavitud y estaba a favor de al menos algunos derechos básicos para el pueblo negro. Pero esa época ya pasó: particularmente desde la década de 1960, el Partido Republicano se ha convertido en el partido de la supremacía blanca flagrante, y en las décadas posteriores se ha transformado en un partido abiertamente fascista, con el fundamentalismo cristiano supremacista masculino patriarcal como la fuerza impulsora que la define*****.)
Como también he señalado: el régimen fascista de Trump llegó al poder no mediante un golpe de estado militar, ni por ningún otro medio “extralegal”, sino mediante los “procesos normales” de este sistema — las elecciones de 2016 y, más recientemente, las de 2024. Entre otros factores importantes, esto es una expresión del hecho de que (de nuevo, como mencioné en mi e-mensaje número 102):
Estas elecciones revelan nítidamente que en realidad existen “dos países” dentro de Estados Unidos.
En un sentido concreto, esto es una extensión de una división fundamental que ha existido desde el inicio del llamado “Estados Unidos” de América, fundado en la esclavitud y en el genocidio —una división que en realidad nunca se ha resuelto a lo largo de la historia de Estados Unidos— no mediante la Guerra Civil de la década del 1860 y no mediante los cambios que se llevaron a cabo durante la década del 1960 y en los años posteriores….
Esta división en “dos países” no puede resolverse de manera buena bajo este sistema. La elección de Donald Trump, un fascista descarado, como jefe de este sistema es una poderosa demostración al respecto.
Volviendo a Clarence Thomas, y a su discurso en la Universidad de Texas, el núcleo de su argumento (y esto es cierto para los fascistas cristianos en general) es la insistencia en que los derechos de las personas no provienen del gobierno, sino de “dios” — y la siguiente declaración bien conocida de la Declaración de Independencia se invoca en apoyo de esto:
Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables.
Estos fascistas utilizan este argumento como parte de su afán por eliminar la separación entre la iglesia y el estado e instaurar una teocracia como fuerza imperante en la sociedad — un gobierno basado explícitamente en la religión impuesta, y específicamente en las escrituras tal como las interpretan estos fanáticos fundamentalistas cristianos.
En esta serie, comenzando con la siguiente parte (2), examinaré más a fondo lo que está terriblemente mal con todo esto, incluido la manera en que esta parte fundamental y esencial de la Declaración de Independencia —y esta Declaración en su esencia— de hecho implica inventos y tergiversaciones de la realidad y de la historia, que se han utilizado al servicio de atrocidades reales y repetidas, y la manera en que ahora existe una necesidad urgente de crear una alternativa radical verdaderamente emancipadora al sistema que fue inspirado por la Declaración de Independencia hace 250 años, un sistema que ahora se ha vuelto completamente obsoleto y representa una amenaza existencial para la humanidad.
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NOTAS:
* LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura? está disponible en revcom.us.
En cuanto a la verdadera naturaleza y papel de la Constitución de los Estados Unidos, desde el momento de su adopción hasta la actualidad, esto se examina con cierta profundidad en mi artículo La Constitución de los Estados Unidos: Una visión de libertad según los explotadores (que también está disponible en revcom.us). [volver]
** Resulta particularmente repugnante que alguien como Clarence Thomas pervierta su experiencia como hombre negro en Estados Unidos para justificar de alguna manera las expresiones más extremas y grotescas de la supremacía blanca, propagadas y promovidas activamente por el régimen fascista de Trump, del cual Thomas es un defensor e instrumento activo. Sería como si alguien utilizara su experiencia como judío en Alemania en la década de 1930 ¡para defender abiertamente y actuar agresivamente en favor del fascismo nazi!
Lamentablemente, aunque no es un fenómeno generalizado en Estados Unidos hoy, los casos de personas negras más o menos prominentes que apoyan abiertamente el fascismo de Trump y MAGA tampoco son un caso totalmente aislado. Alguien como Nicki Minaj ha manifestado recientemente su apoyo a Trump (véase mi artículo reciente al respecto en revcom.us); y hay algunas otras “celebridades” negras que han hecho lo mismo. Por ejemplo, el rapero, actor y comediante Nick Cannon también ha expresado recientemente su apoyo a Trump.
Algunos individuos del pueblo negro que se han pasado a apoyar a Trump y los fascistas republicanos han insistido en que la razón por la que lo han hecho se debe a que el Partido Demócrata se ha presentado durante mucho tiempo como amigo del pueblo negro, y les ha hecho promesas, pero que no ha cumplido. Es cierto que el Partido Demócrata es un partido de la clase dominante de este sistema — y este es un sistema del que la opresión del pueblo negro, y otras formas de opresión terribles, son una parte integral. Pero el Partido Republicano es un partido de la clase dominante de este sistema que ni siquiera finge preocuparse por eliminar esta opresión — y, sobre todo ahora que se ha convertido en un partido fascista declarado y total, promueve y aplica abierta y agresivamente la supremacía blanca, la supremacía masculina y otras relaciones opresivas. (En otra nota [*****] en adelante, explico más a fondo los cambios significativos en el Partido Republicano).
La situación con estos dos partidos políticos de la clase dominante es tal como la describió Malcolm X, solo que ahora aún más extrema: uno es un zorro, y el otro un lobo —uno dice estar a tu favor, y el otro en tu contra— pero en realidad ambos están en tu contra. Debería ser obvio que saltar del que dice estar en contra de la opresión (los demócratas) al que proclama abiertamente que va a aplicar formas extremas de esa opresión (los republicanos) no contribuirá a eliminar esa opresión. Adoptar este tipo de postura (apoyar a Trump y a los fascistas republicanos basándose en que los demócratas han fallado al pueblo negro) es, por decir lo menos, una falta de imaginación — o, mejor dicho, una falta de comprensión científica del verdadero problema: el sistema mortíferamente opresivo del que forman parte tanto los demócratas como los republicanos y que trabajan para reforzar. Más allá de eso, en algunos casos, este salto al apoyo a Trump y a los fascistas republicanos, especialmente ahora que son el partido gobernante, refleja la sensación de que hacerlo los colocará en una mejor posición para sacar una tajada de las “prebendas” de este sistema — en particular del “botín” que proviene del despiadado saqueo por parte de este sistema a países, y la superexplotación de masas de personas, incluidos 150 millones de niños, especialmente en el tercer mundo de América Latina, África, el Medio Oriente y Asia. [volver]
*** El análisis de la evisceración de la Ley de Derecho al Voto por parte de la Corte Suprema y las cuestiones importantes relacionadas con esto se encuentran en el artículo de revcom.us: “La carrera fascista para amañar las elecciones de 2026: Aniquilar el voto de los negros y aterrorizar a los trabajadores electorales”. [volver]
**** La serie de 10 partes, Donald Trump — Racista genocida, está disponible en Obras escogidas de BA en revcom.us, específicamente en “Bob Avakian: Escritos en 2020 — Un año trascendental”. [volver]
***** Mi discurso de 2017 ¡EL RÉGIMEN DE TRUMP Y PENCE TIENE QUE MARCHARSE! En nombre de la humanidad, nos NEGAMOS a aceptar un Estados Unidos fascista, Un mundo mejor ES posible, incluye el siguiente análisis importante:
El Partido Republicano ha estado moviéndose en una dirección fascista desde fines de los años 60, con más saltos desde ese tiempo, haciéndose más y más abiertamente fascista.
En su campaña por la presidencia en 1968, Richard Nixon adoptó lo que se ha llamado “La estrategia del Sur” en la que ha persistido el Partido Republicano desde ese entonces. Este es un llamado directo a la supremacía blanca — al racismo de los blancos en particular (pero no sólo) en los estados del Sur, que están llenos de rabia porque la gente negra no se quiere “quedar sumisa”.
El Partido Republicano no es “el partido de Lincoln” — como a veces demagógicamente dice ser, se ha convertido en el partido de la Confederación.
Con Ronald Reagan, el Partido Republicano dio otro salto en el camino del fascismo. Reagan, muy a propósito, comenzó su campaña por la presidencia en 1980 en Filadelfia, Misisipí, el lugar donde, en 1964, tres luchadores por los derechos civiles fueron secuestrados y brutalmente asesinados por supremacistas blancos. En Filadelfia, Misisipí, Reagan proclamó su apoyo por “los derechos de los estados”, algo que, especialmente en el Sur, desde hace mucho han sido palabras cifradas que significan azuzar a turbas de supremacistas blancos que linchan gente negra.
Y después de que George W. Bush llevó las cosas aún más por el rumbo del fascismo —incluso con el uso abierto de la tortura, y la promoción activa del fundamentalismo cristiano—, el régimen de Trump y Pence ha dado el salto hacia al fascismo total.
Hay una línea directa que conecta la Confederación esclavista de los años 1860 con los fascistas de hoy, y una conexión directa entre su supremacía blanca, su franco odio y repudio tanto a la gente LGBT como también a las mujeres, su repudio abierto a la ciencia y al método científico, su cruda xenofobia tipo “Estados Unidos Ante Todo”, y su proclamada “superioridad de la civilización occidental”, y su belicoso uso del poderío militar, incluso con sus declaraciones y abiertas amenazas de que están dispuestos a usar armas nucleares para destruir países.
En este sentido, también se puede apreciar la manera en que las acciones de las legislaturas dominadas por los republicanos en todo el Sur de Estados Unidos para manipular los distritos electorales (específicamente la eliminación de los distritos con concentraciones de personas negras) son, en cierto modo, otra aplicación de la “estrategia del Sur” de los republicanos para reforzar y beneficiarse de la supremacía blanca. [volver]