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El problema: El capitalismo-imperialismo — confinando y forzando a la humanidad a marchar hacia el desastre
En El Manifiesto Comunista, Marx y Engels mencionan la experiencia histórica en que la lucha entre las clases en pugna —entre los grupos opresores y los grupos oprimidos en la sociedad— ha conducido en ocasiones al triunfo de una sobre la otra, pero también, en ocasiones, hacia el “hundimiento de ambas clases en pugna”.
(El nuevo libro Goliath’s Curse, de Luke Kemp, incluye muchos ejemplos contundentes al respecto).
Hoy, la perspectiva del “hundimiento” —no solo de las clases en pugna y de las fuerzas sociales, sino de la humanidad en su conjunto— es una perspectiva terrible y real, como resultado del confinamiento de la humanidad dentro de las terribles relaciones y dinámicas del sistema que domina el mundo, el sistema del capitalismo-imperialismo. Ello da un sentido concreto y subraya la urgencia de mi declaración:
Nosotros, la gente del mundo, ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas sigan dominando al mundo y determinando el destino de la humanidad. Hay que derrocarlos cuanto antes. Y es un hecho científico que no tenemos que vivir así.
Desde el surgimiento de las divisiones y antagonismos sociales y de clases entre los seres humanos hace miles de años, y el desarrollo de poderosos estados opresivos, han marcado la historia el ascenso y luego la caída de imperios — los que solo salen reemplazados por otros imperios. Pero el mundo de hoy es distinto.
Existe el peligro muy presente, y que ahora crece una vez más, de una guerra nuclear, en particular entre los imperialistas estadounidenses por un lado, y Rusia y China, igualmente capitalista-imperialistas, por el otro.
Existe la destrucción del medio ambiente, en curso, y rápidamente creciente.
En revcom.us, en diversas obras de Raymond Lotta, y de otros, así como en las respuestas que di a una entrevista solicitada por la publicación Markaz Review (respuestas que luego ésta se negó a publicar), se analiza científicamente que la necesidad básica y las dinámicas subyacentes del sistema capitalista están acelerando el peligro ya muy avanzado de la catástrofe climática. Y con el dominio actual del régimen fascista de Trump en Estados Unidos, desde hace muchísimo un gran contaminador del medio ambiente, la situación ya se está pasando velozmente de muy mala a aún más terrible.
Trump se postuló con una plataforma de “¡a perforar, a perforar, maldita sea!” — y desde que llegó al poder, ha abierto nuevas zonas, incluidas tierras públicas, a la exploración y explotación del petróleo y otros recursos — los combustibles fósiles en particular. Ha denunciado como una “estafa”, por ejemplo ante la ONU, la realidad de la crisis climática: “Se trata de una estafa, únicamente los perdedores la creen…” Y toda la reciente conferencia COP 30 en Brasil fue una farsa. No podían siquiera ponerse de acuerdo, ni de palabras, sobre lo que habría sido una promesa hueca de reducir el uso de combustibles fósiles —y de hecho, como he dicho, está creciendo el saqueo de combustibles fósiles— no lo están disminuyendo, ni hablar de eliminar.
Se está derritiendo el hielo polar como parte del calentamiento general del planeta. Además, hay algo muy llamativo: ¿qué hacen en general estos imperialistas ante el derretimiento del hielo polar? ¿Dicen: “Ah, qué terrible, va a contribuir en una medida importante a acelerar la crisis climática”? PARA NADA. Lo consideran una cuestión de la contienda estratégica por el control de vías marítimas clave que ahora se están abriendo debido al derretimiento del hielo. Esto está muy relacionado con por qué Trump sigue proclamando que “de una manera u otra” —iba a decir “por las buenas o por las malas” pero seguro va a ser por las malas— va a apoderarse de Groenlandia, debido a que guarda una estrecha relación con lo que acabo de mencionar en cuanto a la contienda estratégica. El sistema imperialista y los líderes del sistema imperialista responden así a un gran suceso importante en la crisis climática.
A la vez, Trump ha proclamado lo que muchos han llamado la nueva Doctrina Monroe: insistir en que las Américas son el “patio trasero” de Estados Unidos. Eso va de la mano con el cambio de nombre que él hizo, del golfo de México al “golfo de América” — al menos en su propia mente, y con una exagerada frecuencia en la manera que algunos otros han respondido al respecto. Ha emprendido agresiones militares abiertas contra Venezuela, con la declarada intención de apoderarse y “manejar” a ese país, con sus inmensas reservas de petróleo. Además, ha amenazado a Cuba, y al presidente de Colombia así como a la presidenta de México, ha interferido en los asuntos de Brasil, Argentina y Honduras — todo ello con el propósito de insistir y apuntalar la noción general de las Américas como el patio trasero, y como la esfera de influencia y el coto que va a dominar el imperialismo estadounidense.
Trump está resucitando agresivamente el rol de Intimidador Imperialista clásico, al cometer aún más actos de agresión y crímenes de guerra contra países menos poderosos, en consonancia con la larga y fea tradición de intervenciones militares yanquis en América Central y Sur en particular.
No obstante, no se trata del mundo del siglo 19 o inicios del 20, y queda por verse lo que resulte de la bravuconería de gran potencia de Trump y su agresión militar al viejo estilo colonialista.
En una dimensión más amplia, las acciones agresivas de Trump respecto a América Latina son parte de la contienda estratégica de gran potencia imperialista con China en particular, que ha llegado a ser una gran fuerza en el comercio y las relaciones con los países latinoamericanos, entre ellos Venezuela. China ha sido por un buen tiempo un importante receptor de la exportación del petróleo venezolano. (Trump y sus fascistas afiliados consideran a China, no a Rusia, como el principal desafío y amenaza al dominio global de Estados Unidos; incluso el objetivo de la orientación de Trump respecto a Rusia y la guerra en Ucrania, al menos en parte, es cortar, o al menos debilitar, los vínculos de Rusia con China).
La postura y acciones militares agresivas de Trump respecto a América Latina y en general, son una manifestación del monstruoso sistema del capitalismo-imperialismo, el cual ha engendrado el fascismo, como expresión extrema de la naturaleza moribunda y depredadora de este sistema, en Estados Unidos y como fenómeno más amplio en el mundo.
La declaración de Rechazar el Fascismo, que llama a una masiva movilización no violenta pero decidida con el objetivo de expulsar al régimen de Trump, contiene la siguiente descripción importante de la naturaleza integral de este régimen fascista y sus acciones.
El Régimen Fascista de Trump viene triturando el estado de derecho. Se burlan del debido proceso legal. Desaparecen a inmigrantes y otras personas de color en campos de concentración brutales. Resucitan agresivamente la supremacía blanca genocida. Revocan no solamente lo que se ganó en la lucha de los años 1960, sino lo de la Guerra Civil y la Reconstrucción. Esclavizan a las mujeres por medio de la brutalidad y la sofocación de la maternidad forzada. Borran a la gente LGBT. Pisotean los derechos democráticos. Violan las leyes internacionales. Despliegan ilegítimamente las fuerzas armadas en el suelo estadounidense. Agreden y amenazan a políticos y jueces. Allanan el camino para un terror ilimitado contra el pueblo. Aceleran el colapso climático. Recortan la ciencia y la medicina, lo que cobrará millones de vidas. Merman el acervo de conocimientos de la humanidad. Destruyen la verdad. Ahogan el razonamiento. Subyugan las artes ante la crueldad y la conformidad del fascismo. Ponen en la mira todo lo que es decente, moral y bueno. Todo al antojo de un demente tirano degradado.
En una frase, es lo siguiente: un régimen fascista supremacista blanco, “masculino” odia-mujeres, supremacista pro estadounidense, anticientífico, fundamentalista cristiano, cuyo poder se ejerce con deliberado terror y crueldad contra “enemigos” reales o imaginados, contra todo aquel al que considera que oponga resistencia, u obstruya en realidad o potencialmente, a su dominio de barbarie.
Ello se sintetiza de manera contundente en un artículo de revcom.us:
Ante la enorme crisis de ese mismo sistema [del capitalismo-imperialismo], el sector fascista de la clase dominante imperialista —Trump, Miller, Vance y los demás— está en una misión para salvar ese sistema mediante una forma de gobierno fascista. En su opinión, una forma fascista de gobierno —arraigada en la supremacía blanca flagrante, abierta y violenta, en la dominación masculina de las mujeres y en la represión de las personas LGBT, y en el odio abierto y la persecución masiva a aquellos a los que consideran “extranjeros”; saturada de ignorancia anticientífica y cristianismo fundamentalista teocrático; y en la que se eliminan esencialmente el debido proceso y las libertades civiles— es la única cosa [a su parecer] que puede salvar al imperio. (Stephen Miller [un elemento importante en este régimen fascista] dice que los inmigrantes provienen de —y deben volver a— “patrias rotas”… pero la VERDADERA pregunta es: ¿Quién rompió esas “patrias”? ¿Y qué nos dice sobre los fascistas que ahora gobiernan esta patria?)
Esta embestida fascista contra los inmigrantes —que ha azotado en su inmensa parte a inmigrantes no criminales, muchos de los cuales llevan largo tiempo en Estados Unidos y han hecho aportaciones importantes a la economía— se está ejerciendo con un ataque concentrado contra las personas del tercer mundo, como parte de la campaña fascista de Trump para “Hacer que Estados Unidos Vuelva a Ser Blanco”, pese a la realidad de que, como señala Raymond Lotta, “los inmigrantes del tercer mundo son esenciales para el funcionamiento rentable de segmentos clave de la economía estadounidense”. (Del ensayo de Lotta, El parasitismo imperialista y la recomposición social y de clases en Estados Unidos de los años 1970 al presente: Una exploración de las tendencias y los cambios).
Este fascismo es una expresión concentrada de que este sistema del capitalismo-imperialismo se está topando con sus límites. Se proclama que en Estados Unidos, existe “libertad y justicia para todos”, pero tiene todo un historial, y una realidad actual, de despiadadas desigualdades y opresiones brutales, literalmente asesinas contra el pueblo negro y otras personas de color. Existe la opresión en curso por motivos de sexo y género. Incluso sin llegar a una guerra total entre las potencias imperialistas, este sistema es la causa fundamental de la continuación de las guerras así como la devastación climática y el saqueo de los países en todo el tercer mundo en especial — todo lo que resulta en el destierro de enormes cantidades de migrantes hacia Estados Unidos (y otros países capitalista-imperialistas). Todo eso es una parte integral y se deriva de las relaciones, dinámicas y compulsiones básicas de este sistema, el que no puede ofrecer ninguna solución a todo eso. A la vez, sigue siendo cierto que donde haya opresión, habrá resistencia — y la justa resistencia y rebelión contra las relaciones y acciones opresivas de este sistema ha fortalecido a su vez el atractivo del fascismo entre algunos sectores de la población, y de la clase dominante, que están decididos a que hay que aplicar brutalmente no solo las relaciones opresivas básicas, sino las expresiones y excesos más extremos de eso. (En Estados Unidos, ello se concentra en el lema “Hacer que Estados Unidos Vuelva a Tener Grandeza”, pero se manifiesta de formas específicas distintas en Europa, y otras partes, donde se han desarrollado poderosas fuerzas fascistas como una expresión horrorosa de estas contradicciones básicas. En mi e-mensaje #118, que está disponible en @BobAvakianOfficial, abordo en mayor detalle algunas de las dimensiones centrales de esto).
Para repetir este punto crucial de mi Declaración de Año Nuevo de enero de 2021:
en la medida que se mantengan las cosas dentro de los límites de este sistema, en realidad eso tendrá el efecto de intensificar los horrores para la humanidad que son una parte integral de este sistema, al mismo tiempo que también reforzará e impulsará más a las fuerzas subyacentes económicas —y sociales y políticas— que fortalecerán este fascismo que ya ha demostrado gran fuerza en Estados Unidos (y varios otros países).
Pero, el fascismo es
una dictadura abierta y agresiva, que pisotea y pervierte el estado de derecho, se apoya en la violencia y el terror, en nombre del sistema capitalista depredador y en tanto un esfuerzo extremo por lidiar con profundas divisiones sociales y crisis agudas (tanto en el país como en el escenario mundial... quizá logre cohesionar las cosas durante un cierto tiempo, de una manera extremadamente negativa, [pero] a fin de cuentas no es posible que prospere — no puede conservar indefinidamente este sistema del capitalismo-imperialismo, y no puede conducir a ningún futuro salvo a un futuro de horrores para la humanidad, si es que de plano tendríamos un futuro. Y la supuesta “alternativa”, por ejemplo tal como se representa en el Partido Demócrata en Estados Unidos, que utiliza medios “más democráticos” para ejercer el dominio de este sistema, también continuará encarnando e imponiendo un sufrimiento terrible y completamente innecesario para las masas de la humanidad y representará una amenaza existencial a la humanidad en su conjunto, aunque no siempre por medio de la misma bestia inexorable de horrores brutos y terribles como lo es la forma fascista de dictadura capitalista.
Aquí, cabe poner las cosas en una perspectiva más amplia y repasar la historia de Estados Unidos y del sistema aquí desde la Declaración de Independencia y la Constitución de los Estados Unidos hasta el día de hoy — hasta la monstruosidad totalmente anticuada del capitalismo-imperialismo. En los principios de Estados Unidos, al inicio de la guerra de independencia (que a ellos les gusta llamar una guerra revolucionaria), se declaró que “todos los hombres son creados iguales”. No obstante, toda la historia de Estados Unidos desde aquellos años en adelante ha demostrado claramente que no es cierto que en este país existe igualdad para todos. Pues, en los años en que redactaron la Declaración de Independencia y luego la Constitución, había enormes cantidades de esclavos. A los pueblos indígenas se les habían robado sus tierras y los sometieron a atrocidades genocidas. Básicamente, las mujeres no tenían derechos, y ciertamente no tenían los mismos derechos que los hombres. En unas palabras, existía un sistema de explotación que cobró mayor impulso al zafarse del colonialismo británico.
Por lo que cuando ves, por ejemplo, la serie de Ken Burns sobre la Revolución Americana [Revolución de las Trece Colonias] —si logras ver toda la serie y logras dejar de lado las repugnantes loas a qué tan genial que era esta revolución, que era lo más maravilloso que jamás había ocurrido en el mundo, y así sucesivamente—, pues aborda algunas de las cosas que he mencionado, pero se ambienta todo en el marco de lo que a los liberales de hoy les gusta decir: “Sí, tuvo ciertos defectos —hasta tuvimos el pecado original de la esclavitud, sí, hicieron esto y aquello, cosas terribles a los amerindios, las personas sin propiedad y las mujeres no contaban con los mismos derechos que los hombres ricos— pero siempre hemos seguido avanzando hacia una unión más perfecta”. Cuando, en realidad, el objetivo por lo que ellos han venido trabajando en los hechos —o, en todo caso, lo que ha resultado de lo que se puso en marcha con la Revolución Americana, en el contexto del mundo más amplio— es un sistema cien por ciento horroroso del capitalismo-imperialismo que, para repetir, desde hace mucho se ha vuelto obsoleto, desde hace mucho se ha vencido su fecha de caducidad, y su continuación podía suponer únicamente infligir continuamente terribles sufrimientos a la humanidad.
La cuestión no es que debamos ser nihilistas — de nada más negar irreflexivamente todo lo relacionado con la Revolución Americana y los documentos fundacionales de Estados Unidos. Como he señalado antes, hay ciertos aspectos de la Constitución de los Estados Unidos, en particular la Declaración de Derechos (las primeras diez enmiendas a la Constitución), de los que se puede aprender — y he incorporado algunos de estos aspectos en un marco fundamentalmente diferente en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte. La cuestión es que, a pesar de algunos elementos positivos en la época de la fundación de Estados Unidos, ya entonces era un sistema de explotación despiadada y opresión literalmente asesina; y todo esto contenía las semillas y los elementos de hacia dónde ha ido — a un lugar terrible, con el sistema del capitalismo-imperialismo hoy.
Es crucial comprender, y ayudar a crecientes cantidades de personas a comprender, estas verdades básicas —que no son “evidentes”, sino que están ocultas y disfrazadas mediante el propio funcionamiento del sistema bajo el cual vivimos, el sistema del capitalismo-imperialismo— verdades básicas que hay que poner a la luz del día aplicando un método y enfoque científico a la realidad.
El sistema político en Estados Unidos es el dominio —la dictadura— del sector de la sociedad que domina el sistema económico —la clase capitalista-imperialista— una dictadura que se manifiesta de manera concentrada en el monopolio del poder político, y muy especialmente el monopolio de la violencia “legítima”, ejercido por los representantes políticos de este sistema y su clase dominante. Todos los procesos e instituciones imperantes de este sistema (inclusive las elecciones) en lo fundamental sirven a esta dictadura y la apuntalan. En su forma “normal”, y tal como la administra el sector “tradicional” de la clase dominante, se trata de una dictatura que representa los intereses de la clase capitalista en su conjunto, y esta dictadura se disfraza más o menos como “democracia” y “gobierno por el pueblo”, que en lo básico se adhiere a un “estado de derecho” que en lo fundamental encarna y refleja las relaciones básicas en la sociedad y sirve a los intereses fundamentales de la clase dominante a la vez que se aplica, por desigualmente que se ejerza, a las personas en la sociedad en general.
Como ejemplo significativo de la manera en que esta dictadura, y su “estado de derecho”, “en última instancia encarna y refleja las relaciones básicas de la sociedad y sirve a los intereses fundamentales de la clase dominante”, está el hecho de que, bajo este sistema, es perfectamente legal que los capitalistas “despidan” a masas de personas si ya no pueden ser explotadas rentablemente, aunque eso signifique que quienes son “despedidos” podrían quedarse sin hogar o incluso morir de hambre; pero es definitivamente ilegal que las personas en esta situación desesperada simplemente tomen las necesidades básicas que les faltan, sin pagarlas, aunque la razón por la que no pueden pagarlas se debe a que se les ha negado un empleo. Todo esto corresponde a las “relaciones de propiedad” básicas del sistema capitalista. El “estado de derecho” en cualquier sistema en esencia será una expresión de esas relaciones de propiedad básicas — muy fundamentalmente las relaciones de producción del modo de producción subyacente. (En adelante hablaré del papel crucial del modo de producción como base de cualquier sistema, que en última instancia determina la naturaleza de ese sistema, incluidas su política, ideología y cultura, así como sus relaciones sociales).
En la dimensión más abiertamente política, como mencioné en mi e-mensaje número 17, bajo la apariencia de “democracia” en Estados Unidos,
lo que está ocurriendo ahora mismo evidencia aún más profunda y vivamente que esta supuesta “gran democracia estadounidense” es en realidad una dictadura, en que se utiliza el poder de las instituciones gobernantes para perseguir y castigar despiadadamente, e incluso eliminar, a las personas que representan una amenaza a los intereses de la clase dominante. Además del asesinato de miles de personas a manos de la policía y la encarcelación en masa de millones de personas, en Estados Unidos…., están reprimiendo despiadadamente a las personas que están protestando contra el genocidio en Palestina cometido por Israel, con el apoyo total del gobierno estadounidense y de ambos partidos políticos de la clase dominante (demócrata y republicano)….
¿Por qué ocurre esto? Debido a que están en juego los intereses fundamentales del capitalismo-imperialismo estadounidense.
Hay muchos otros ejemplos que ilustran claramente esta verdad básica sobre la dictadura real bajo el régimen “democrático normal” de este sistema — como la proscripción de la oposición al papel de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y el encarcelamiento de japoneses en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial (lo que se hizo durante la administración del gran “héroe” de los demócratas burgueses “progresistas”, Franklin Delano Roosevelt).
El dominio del régimen de Trump es la dictadura de un sector de la clase dominante, que está decidido a imponer el fascismo como forma de gobierno capitalista-imperialista, utilizando la fuerza y violencia del estado (la policía y las fuerzas militares y las instituciones represivas del gobierno, tales como el FBI, “Seguridad Nacional”, etc.) no solo contra las personas en la sociedad en su conjunto sino también contra el sector “tradicional” de la clase dominante. Con el fascismo, la dictadura es una dictadura abierta, flagrante, indisimulada, y la explotación y la opresión que constituyen los cimientos concretos y la naturaleza de este sistema del capitalismo-imperialismo, al interior de Estados Unidos y a nivel internacional, es la explotación y opresión flagrante e indisimulada, sin restricciones de las “normas” y las “reglas” de la dictadura capitalista-imperialista “tradicional”. Lo siguiente, de “Algo terrible, O algo verdaderamente emancipador” señala claramente lo que, de hecho, está ocurriendo en estos momentos:
Dada la naturaleza, los objetivos y las acciones de los fascistas, existe la verdadera posibilidad de una guerra civil real. Pero dada la naturaleza, los objetivos y las acciones del sector “tradicional” de la clase dominante (representado por el Partido Demócrata y los medios de comunicación como la MSNBC [ahora MS-NOW], el New York Times y la CNN), y dada la situación actual con aquellos, que provienen de diferentes partes de la sociedad, que tienden a apoyar, y políticamente seguir a la cola, a este sector “tradicional” de la clase dominante, es posible que los fascistas puedan hacerse del poder y consolidarlo sin una guerra civil, pero con todas las terribles consecuencias que resultarían de semejante consolidación fascista del poder. O, como se enfatiza en la “Declaración y Llamamiento” [de los revcom], en lo que equivaldría a una guerra civil unilateral, estos fascistas podrían llevar a cabo una matanza contra los que odian, incluidos los negros y otras personas de color, los “inmigrantes ilegales”, las “mujeres revoltosas” y aquellas que no se conforman con las “normas” y relaciones sexuales y de género “tradicionales”.
En todo caso, es una realidad mortalmente seria que estos fascistas están decididos a aplastar —tan violentamente como sea necesario— a cualquiera y cualquier cosa, en cualquier lugar de la sociedad, que se interponga en el camino de implementar sus horrorosos objetivos.
Tiene una importancia vital entender los dos aspectos de esta situación: Existe una diferencia real e importante entre gobierno “tradicional” y gobierno “fascista”, y además tanto el dominio fascista como el “tradicional” en lo fundamental son formas de la dictadura de la clase dominante capitalista, que representa, e impone, los intereses del sistema capitalista-imperialista, no solo en Estados Unidos sino por todo el mundo.
En Esperanza para la humanidad - sobre una base científica, Romper con el individualismo, el parasitismo y el chovinismo pro estadounidense, escrito durante el primer régimen de Trump, se hace un análisis importante de las diferencias tanto muy reales como importantes, así como la unidad subyacente fundamental entre los diferentes sectores de la clase dominante:
En un artículo publicado en el New York Times (martes 16 de julio de 2019), “Racism Comes Out of the Closet”, Paul Krugman señala que no solo Donald Trump sino el Partido Republicano en su conjunto han abandonado el racismo disimulado, y han empezado a expresarlo abierta y crudamente. Krugman concluye este artículo de esta manera, refiriéndose al abandono, por parte del Partido Republicano, de toda pretensión de oponerse al racismo:
Resulta tentador decir que los argumentos republicanos a favor de la igualdad racial siempre fueron hipócritas; hasta es tentador ver con buenos ojos la transición de los mensajes en clave al racismo declarado. Sin embargo, si la hipocresía es el tributo que el vicio le rinde a la virtud, lo que estamos viendo en este momento es un partido que ya no siente la necesidad de rendir ese tributo. Y eso es profundamente aterrador.
En esta cita, Krugman sí que señala algo —algo que es importante y relevante— hasta donde va. El problema es que no va lo suficientemente lejos y, en particular, no rompe con los condiciones restrictivas de las contradicciones y los conflictos entre los partidos de la clase dominante (los republicanos y los demócratas). La posición de hipócritamente fingir una oposición a los atropellos tales como la opresión racista, a la vez que de hecho actuar como representantes, funcionarios y ejecutores de un sistema en el que esta opresión está integrada y el que no podría existir sin esta opresión — pues no solo se aplica al Partido Republicano del pasado…., sino también se aplica al Partido Demócrata. Lo que está concentrado en esta situación es la necesidad de reconocer, y manejar correctamente, una contradicción muy real y aguda: el hecho de que, por un lado, el Partido Demócrata, al igual que el Partido Republicano, es un partido de un sistema que continuamente comete, y no puede dejar de cometer, masivos crímenes contra las masas de la humanidad y encarna una amenaza existencial al futuro de la humanidad; y, por otro lado, el hecho de que (para parafrasear lo que se cita anteriormente del artículo de Krugman) existe una diferencia muy real y un peligro muy directo encarnado en el hecho de que uno de estos partidos de la clase dominante (los republicanos) abandona abiertamente gran parte de la pretensión de ser otra cosa salvo un rapaz, y sí racista, saqueador de seres humanos y del medio ambiente. Esto requiere de la síntesis correcta, en términos fundamentales, de oponerse al sistema en su conjunto, del cual ambos partidos son instrumentos, y de trabajar activamente, de manera continua, hacia el objetivo estratégico de abolir este sistema en su conjunto, mientras que también, con la misma perspectiva estratégica fundamental, reconocer el agudo peligro inmediato que representa el régimen fascista de Trump y Pence y trabajar de urgencia para atraer e incorporar a masas de personas en una movilización no violenta pero sostenida en torno a la exigencia de que ¡este régimen tiene que marcharse ya!
El mismo análisis básico, y crucial, se hace en el reciente artículo de revcom.us, Venezuela y la forma fascista de hacer la guerra, El asesinato en masa es legal debido a que nosotros decimos que así sea:
El ejército estadounidense siempre ha sido una máquina de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. Basta con echar un vistazo a la serie Crimen Yanqui de este sitio web para encontrar montones de pruebas. (Véanse, por ejemplo, Crimen Yanqui Caso #96: Vietnam, 16 de marzo de 1968 — la masacre de My Lai, y Crimen Yanqui Caso #93: Invasión yanqui de Corea, 1950). Pero Hegseth está tratando de eliminar cualquier pretensión de legalidad. Se trata de una doctrina militar fascista que tiene como objetivo forjar al ejército estadounidense actual en una fuerza de combate fascista: una fuerza dispuesta y preparada para cumplir órdenes ilegales y matar a civiles porque así lo ha ordenado el tirano fascista.
Si bien ellos tienen diferencias muy serias con los fascistas, los imperialistas e instituciones “tradicionales” como el Partido Demócrata no lucharán, y no pueden luchar, contra estos fascistas de la manera en que hay que luchar en su contra. (Un indicio importante al respecto es que, en lugar de actuar con la necesaria “rapidez deliberada” para procesar a Trump por sus crímenes flagrantes, en particular el intento de Trump de llevar a cabo un golpe de estado tras su pérdida de las elecciones de 2020 al rechazar aceptar los resultados de esas elecciones y al movilizar a fuerzas para tratar de anularlas sin ley, la administración de Biden demoró el proceso de impugnar a Trump, desperdiciando la iniciativa e impulso políticos con que contaba la administración Biden por la indignación ante la intentona de Trump. La administración Biden, y su procurador general, Merrick Garland, no actuaron de manera expedita y decisiva para impugnar a Trump debido a que no querían dar la apariencia de ¡“politizar el proceso”! Biden aplicó la misma clase de lógica cuando se negó a tomar acciones para ampliar la Corte Suprema, cuando era evidente que ya se había “politizado”, y por la inacción de Biden, los fascistas han seguido dominando la Corte Suprema, con todas las consecuencias respectivas, especialmente en estos momentos en que Trump ha vuelto el poder con mucho revanchismo).
Ahora bien, el régimen de Trump está empecinado en suprimir con saña a la oposición y resistencia a su dominio fascista — lo que incluye declarar que se permite etiquetar de “terroristas internos” a todas las fuerzas que son “anticapitalistas”, “antiestadounidenses” o “anticristianas” y en general todos los que el régimen de Trump designe como “enemigos” (por ejemplo, con la expresión vaga y “comodín” “Antifa”) y someterlas a severas represiones gubernamentales.
Mientras tanto, las fuerzas que son una extensión o están alineadas con el Partido Demócrata (y en general, el sector “tradicional” de la clase dominante), se han sumado —y le han dado su propia interpretación “progresista” particular— a los ataques contra Rechazar el Fascismo y los revcom quienes, junto con otras personas de muchas diferentes perspectivas políticas, participan activamente en Rechazar el Fascismo. Así expresan una determinación desesperada de mantener las cosas dentro de los límites y en concordancia con las “normas de este sistema” — normas que los fascistas están desafiando abiertamente y pisoteando burdamente (y “normas” que, de hecho, son criminales en primer lugar).
Como dimensión importante de esta situación, se trata de otra expresión de la realidad de que, en cuanto cobra impulso algo con lo que los revcom están asociados —en cuanto al Llamamiento de Rechazar el Fascismo para movilizar a masas en Washington, D.C. en torno a la única demanda unificadora de que se largue el régimen fascista de Trump, ya— en cuanto este Llamamiento ha cuajado el sentimiento político y despertado apoyo activo entre números importantes de personas, aunque no sean los millones a los que se hayan convocado: salen los cuchillos. Se trata de una repetición de la experiencia de 2022, cuando resultó claro que existía una verdadera posibilidad de que la Corte Suprema arrebatara el derecho al aborto anulando Roe contra Wade —y los revcom se sumaron con otros para formar ¡De Pie Por el Derecho al Aborto! [De Pie], determinados a activar una oposición de masas a este atropello de anular Roe— en lugar de unirse con De Pie y con las decenas de millones de personas que estaba movilizando, un grupo abigarrado de oportunistas emprendieron ataques calumniosos a De Pie y los revcom.
Esos ataques, contra De Pie, y ahora contra Rechazar el Fascismo, están del nivel de esa antigua película caricaturesca loca, “Reefer Madness” [Locura por la mota], con la promoción de una histeria anticomunista irracional, incluidas tergiversaciones burdas y mentiras ridículas desde hace mucho desacreditadas sobre los revcom y Bob Avakian, incluidas acusaciones descerebradas de “culto”.
La postura básica, y extremadamente perjudicial, de los que hacen estos ataques carentes de principios es, sí, unir a todos los que se pueda unir contra este fascismo — siempre y cuando siga limitado dentro de las normas y cauces del sistema capitalista-imperialista.
El método básico es no examinar y no expresar una oposición basada en principios, a las verdaderas posturas y trabajo de Rechazar el Fascismo o los revcom, sino repetir y apoyarse en rumores bajos, chismes y de plano ataques bajos estúpidos — mentir de manera flagrante y esperar que nadie investigue el contenido de sus mentiras.
Los ataques de este tipo están dejando mal parado al oportunismo. Si estos oportunistas de hoy día se sintieran en la necesidad de dar la apariencia de que están abordando el contenido de las cosas (lo que era cierto en algunas ocasiones en el pasado con los oportunistas), pues tendrían que demostrar concretamente que estaban abordando —aunque con tergiversaciones burdas— el verdadero contenido de lo que representan BA y el nuevo comunismo (tal como se expresa en revcom.us así como en las Obras escogidas de Bob Avakian, y tal como se concentra en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte). Estos ataques oportunistas ni siquiera dan ninguna apariencia real de hacer eso. Al contrario, se apoyan en —y logran convencer en la medida en que lo hacen debido a— la pútrida cultura que prevalece en general en la sociedad hoy, y que prevalece tan extensamente entre los que se consideran “progresistas” o “de izquierda”: una cultura que se regodea tanto en las “descalificaciones”; una cultura que tiene muchísimo en común con la orientación de los trumpistas, de apoyarse en “mucha gente en verdad piensa, mucha gente dice”, en lugar de la orientación de investigar con seriedad cosas serias, examinar lo que las personas y los grupos dicen y hacen en realidad, y determinar la manera en que eso se relaciona con la realidad a la que hay que hacer frente y adónde conducirán los diferentes puntos de vista y programas en el caso de que se apliquen y se actúe en consecuencia.
No cuesta trabajo reconocer la probabilidad de la participación en todo eso de parte de elementos del Partido Demócrata y del sector “tradicional” de la clase dominante, quienes se desesperan por mantener las cosas dentro de los límites, condiciones y “normas” de este sistema, aunque eso suponga acomodarse y claudicar ante el fascismo de Trump y MAGA y que éste aplique de forma acelerada e integral horrores muy reales a la humanidad.
Ante todo eso, es crucial seguir con una fundamentación firme y aplicación decidida del principio básico de que, tal como enfatizo en mi e-mensaje 129, “Que no se permita que las tergiversaciones oportunistas irresponsables saboteen la unidad de los millones de personas la que se necesita para expulsar al régimen fascista de Trump”. Y no se debe permitir que saboteen y desbaraten la seria búsqueda, discusiones y debate respecto a cuestiones críticas tales como: ¿qué ha engendrado este fascismo, y que hay que desarrollar como alternativa positiva al respecto?
Todo esto recalca el importante punto de mi e-mensaje 119: “Los políticos del Partido Demócrata pueden contribuir a la lucha crucial contra el fascismo de Trump y MAGA — pero el Partido Demócrata no dirigirá, ni puede dirigir, esta lucha hacia dónde tiene que ir”.
Eso se debe en lo fundamental, una vez más, a que los demócratas son representantes del mismo sistema moribundo y monstruoso que los fascistas. Eso se ha demostrado, en términos terriblemente gráficos, en que la administración Biden y el Partido Demócrata en general, han respaldado y ayudado a Israel en el genocidio que éste está perpetrando en Palestina, armado masivamente por Estado Unidos, bajo las administraciones tanto demócratas como republicanas. Como comenta fuertemente un médico que se ofreció de voluntario en Gaza y presenció las terribles consecuencias para los palestinos ahí, incluidos niños, como resultado de la implacable matanza y masiva destrucción de parte de Israel: ¡¿Qué significa que no haya ningún partido político importante en Estados Unidos, ni republicano ni demócrata, para el que el genocidio sea algo “inaceptable”?!
Como señalo en mi e-mensaje número 7:
Se debe al “papel especial” de Israel como un bastión fuertemente armado de apoyo para el imperialismo estadounidense en una región estratégicamente importante del mundo (el “Medio Oriente”). Además, Israel ha constituido una fuerza clave en la comisión de atrocidades que han contribuido al mantenimiento de la dominación opresiva del imperialismo estadounidense en muchas otras partes del mundo.
Y del e-mensaje 35:
Mantener a Israel como un estado “orientado hacia el Occidente” es de importancia decisiva para los imperialistas estadounidenses y, a su vez, la naturaleza sionista (supremacista judía) de Israel es de importancia crítica para mantener a Israel como este bastión de apoyo para el dominio estadounidense, especialmente en oposición a la influencia de Irán —y más allá de eso, de Rusia, y cada vez más, de China— en esta región estratégica.
Y, si bien el apoyo de Estados Unidos al apartheid y al genocidio perpetrados por Israel es un ejemplo particularmente grotesco, el hecho es que existe toda una larga historia de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad presididos por demócratas, así como por republicanos, algo que está ampliamente documentado en la serie Crimen Yanqui y otras obras en revcom.us.
A pesar de todo eso, siguen existiendo diferencias muy reales, y muy agudas, entre diferentes sectores de la clase dominante, muy importantemente en cuanto a mantener el imperio estadounidense y el “orden mundial” que Estados Unidos ha impuesto y apuntalado con una masiva destrucción violenta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. Estas diferencias —y el hecho de que la clase dominante estadounidense está profundamente dividida y no puede seguir gobernando como clase dominante unificada— tiene una clara importancia en relación a la necesidad urgente e inmediata de expulsar al régimen fascista de Trump (tal como he comentado en mi e-mensaje 141) y, más allá de eso, en relación a la necesidad y objetivo fundamental de una revolución, para abolir, arrancar de raíz y avanzar más allá de todo este sistema del capitalismo-imperialismo.
A la vez, importa comprender que el problema inmediato ante el que nos enfrentamos no es el “autoritarismo”, u “oligarquía”, y el conflicto fundamental no es “democracia contra oligarquía” o “democracia contra autoritarismo”.
Les remito a mi e-mensaje 114:
Lo específico y esencial que representa e impone el régimen de Trump no es una “oligarquía” ni los “multimillonarios”: es el fascismo.
El fascismo es una forma cualitativamente diferente en que este sistema impone su dominio sobre la gente….
En cuanto a la “oligarquía” y los “multimillonarios”, el Partido Demócrata, al igual que el Partido Republicano, recibe una fuerte financiación de los superricos, los jefes de las corporaciones, etc. En lo aún más fundamental, ambos partidos son instrumentos del sistema del capitalismo-imperialismo, que se basa en la explotación despiadada de miles de millones de personas, y en la imposición de la opresión literalmente asesina de las masas de personas, en Estados Unidos y por todo el mundo. Por eso, el Partido Demócrata, y aquellos que están vinculados o alineados con él, nunca desafiarán al gobierno de Trump de la manera que se necesita para derrotarlo en realidad. Para estos representantes “convencionales” (o los llamados “progresistas”) de este sistema capitalista-imperialista, la estabilidad de este sistema, y la posición dominante del imperialismo estadounidense en el mundo, son más importantes que de veras derrotar al fascismo de Trump y MAGA.
(La formulación “autoritarismo”, y su uso errado, se analiza más extensamente en uno de mis artículos sobre Ucrania en revcom.us: El descarado chovinismo pro estadounidense: “Antiautoritarismo” como “tapadera” para apoyar al imperialismo estadounidense, actualizado con una Nota adicional, 5 de junio de 2023).
Para retomar un punto crucial respecto a todo esto: La “democracia” burguesa (es decir, capitalista) en realidad es una forma de la dictadura de la burguesía (la clase capitalista).
Esto ubica en la perspectiva apropiada la acusación oportunista de que nosotros los revcom (promotores del nuevo comunismo) no creemos en la “democracia” — que nos oponemos a ella. A lo que se refieren estos oportunistas por “democracia” en realidad es el dominio capitalista-imperialista, en que el capitalismo-imperialismo “democrático” del “cacareado Estados Unidos” domina el mundo y tiene de presa a la gente del mundo. Nos oponemos rotundamente a eso. (Lo que opera aquí está muy relacionado con el porqué, hace décadas ya, escribí un libro con el título deliberadamente provocador: Democracia: ¿Es lo mejor que podemos lograr?).
El quid del asunto —en contraposición a fomentar ilusiones sobre el sistema en Estados Unidos y su “genial democracia”— se concentra en las siguientes tres oraciones:
En un mundo de profundas divisiones de clase y grandes desigualdades sociales, hablar de la “democracia” sin señalar su carácter de clase y a qué clase beneficia no tiene sentido o tiene implicaciones peores. Mientras exista la sociedad dividida en clases no puede haber “democracia para todos”: dominará una clase u otra, y la clase que gobierna defenderá y promoverá el tipo de democracia que concuerde con sus intereses y metas. Por eso, debemos preguntar: ¿qué clase dominará y si su gobierno, y sistema de democracia, sirve para continuar las divisiones de clase, y las relaciones de explotación, opresión y desigualdad que corresponden a estas, o lleva a abolirlas?
Y lo que tiene mucha relevancia al respecto es lo siguiente de “Esperanza para la humanidad”, de la sección “Intereses particulares e intereses generales — intereses de clase divergentes y los intereses más elevados de la humanidad”:
En El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Marx señala que cada punto de vista de clase identifica los intereses particulares de la clase a la que representa con los intereses generales de la sociedad.
Eso ciertamente es verdad respecto a la clase dominante capitalista —la burguesía— a la vez que es cierto respecto a aquellos que expresan el punto de vista de la clase media (la pequeña burguesía), que se imagina a sí misma “por encima” (o “fuera”) de los conflictos fundamentales en la sociedad y se esfuerza espontáneamente por una especie de “democracia sin clases”, por una forma de gobierno, que no encarne y no sirva a los intereses de ninguna poderosa fuerza dominante en la sociedad —ni la clase capitalista explotadora, ni la clase explotada bajo el sistema capitalista, el proletariado, cuyos intereses fundamentales corresponden a la abolición total de toda explotación, y de toda opresión, en todas partes, a la vez que la realización de esta emancipación tiene que pasar por una transición histórica en que el dominio socialista, la dictadura del proletariado, sirva a hacer avanzar hacia las “4 Todas”, definidas por Marx como el objetivo de la revolución comunista: la abolición de todas las diferencias de clase, de todas las relaciones de producción en las que se basan esas diferencias de clase, de todas las relaciones sociales que corresponden a esas relaciones de producción, y la revolucionarización de todas las ideas que corresponden a esas relaciones sociales.
Eso es una expresión de la tercera de esas tres oraciones sobre la democracia: la cuestión es cuál clase gobernará y si su gobierno, y su sistema de democracia, servirá a continuar las divisiones de clase, y las relaciones de explotación, opresión y desigualdad que corresponden a estas, o si llevará a abolirlas?
(Las formas en que esta abolición final pueden expresarse vivamente, en unos sentidos cualitativamente nuevos, están encarnadas en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de mi autoría).
A esta luz, cabe examinar una idiotez fascista prominente — compartida, en líneas generales, por todos los apologistas del capitalismo, sean fascistas, “tradicionales” o “progresistas”, y que a menudo se expresa en la siguiente pregunta simplona equivocada: “¿Cuándo ha funcionado alguna vez el comunismo?” (o la insistencia directa en que “el comunismo nunca ha funcionado”).
Por ejemplo, el hermano “conservador” Kevin, de Maureen Dowd, una articulista de opinión del New York Times (hermano al que Maureen encarga su columna una vez al año durante la semana de Acción de Gracias), declaró llanamente (iba a decir torpemente, pero en este caso, declaró llanamente) en esta columna (domingo 30 de noviembre de 2025): “El socialismo nunca ha funcionado en ninguna parte del mundo”. Y agrega: “Nuestro país está construido en el capitalismo, y ¡eso nos ha servido bien por casi 250 años!”. Se trata de un ejemplo aleccionador del viejo dicho de que el papel aguantará todo lo que esté escrito en él — sin importar qué tan burdamente tergiverse la realidad.
Empecemos con la última parte (“Nuestro país está construido en el capitalismo, y ¡eso nos ha servido bien por casi 250 años!”), y dejemos de lado la pregunta que se elude (“¿y a qué se refiere por nosotros, hombre blanco reaccionario?”), la respuesta básica es lo siguiente (de mi discurso de 2017 “¡El régimen de Trump y Pence tiene que marcharse!”):
Estados Unidos es un país que estableció su territorio y construyó los cimientos de su riqueza por medio de una violenta conquista de tierras, el genocidio, la esclavitud y la despiadada explotación de olas de inmigrantes. Esto continúa hoy, es un país caracterizado por la supremacía blanca, el patriarcado, la supremacía masculina y otras divisiones opresivas, al tiempo que expande su dominación en un imperio que se extiende por todo el planeta, sentado en la cima de un mundo desequilibrado de profundas desigualdades y saqueo del medio ambiente (se necesitarían los recursos de casi 5 Tierras, para que el resto del mundo tuviera la “sociedad consumista” que existe en Estados Unidos) — todo esto con el respaldo e implementación de una enorme maquinaria de muerte y devastación, las fuerzas armadas de Estados Unidos, y con el reforzamiento de un constante aluvión de ideas y de cultura, que racionaliza y justifica toda esta opresión y destrucción, propagado por medio de una gigantesca maquinaria que moldea la opinión pública.
Eso se ha construido sobe los cimientos históricamente establecidos del sistema capitalista en general — el que Marx describió con las siguientes palabras vívidas y poderosamente irónicas:
El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, la cruzada de exterminio, esclavización y sepultamiento en las minas de la población aborigen…. la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: son todos hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista.
(Aunque el libro Goliath’s Curse parte de una concepción del mundo fundamentalmente burgués-democrática, contiene considerable análisis de las terribles consecuencias de los imperios capitalistas — y de los anteriores).
Estos cimientos históricos, y ahora el desarrollo y transformación del capitalismo en capitalismo-imperialismo, con la intensificada globalización y el correspondiente parasitismo (de cebarse de la explotación de las personas por todo el mundo, y la superexplotación intensa en el tercer mundo, que afecta a más de 150 millones de niños): esa es la base sobre la que el sistema capitalista ha “servido bien” al desarrollo de la economía estadounidense y a la clase dominante de este país sobre todo.
(Raymond Lotta analiza a fondo este tema en El parasitismo imperialista y la recomposición social y de clases en Estados Unidos de los años 1970 al presente: Una exploración de las tendencias y los cambios, que está disponible en revcom.us).
En cuanto a la idiotez trillada repetida por Kevin Dowd —de que el comunismo (o las sociedades socialistas bajo la dirección de los comunistas) “nunca ha funcionado”— se requerirá más tiempo y un material más extenso de lo que es posible aquí para responder a fondo a eso, pero lo siguiente constituyen algunos importantes elementos de una refutación a esta idiotez, y a su simplón reemplazo de un análisis serio por ignorancia prejuiciada. Aquí voy a centrarme en unos aspectos clave de la experiencia de las sociedades socialistas, dirigidas por los comunistas, en la Unión Soviética de 1917 a 1956, antes de la restauración del capitalismo ahí; y en China de 1949 a 1976, cuando ahí se restauró el capitalismo, tras la muerte de Mao.
(Consulte importantes antecedentes adicionales al respecto en Entrevista con Raymond Lotta, No sabes lo que crees que “sabes” sobre… La revolución comunista y el VERDADERO camino a la emancipación: Su historia y nuestro futuro, y la entrevista conmigo La Revolución Cultural de China… el arte y la cultura… el disentimiento y la efervescencia… y el avance de la revolución hacia el comunismo).
En pocas palabras, sobre la experiencia de la Unión Soviética. Se trata de la primera revolución socialista triunfante en la historia del mundo, la que de inmediato se enfrentó a tremendos desafíos y obstáculos. Casi inmediatamente tras la toma del poder por esta revolución en 1917, el país fue sumido en una guerra civil, librada contra la nueva sociedad liberadora por los representantes de la vieja sociedad opresiva reaccionaria, entre ellos capitalistas, grandes terratenientes, generales reaccionarios y demás. (Y estas fuerzas reaccionarias contaron con la ayuda de diversos países capitalista-imperialistas, entre ellos Estados Unidos). El desenlace de todo eso fue que murieron varios millones de personas y el país cayó en una terrible pobreza.
La Unión Soviética se encontraba ante todo eso a medida que la revolución iba consolidando el poder al fin de esa década y entrando a los años 1920. Y obtuvieron tremendas hazañas, tremendas transformaciones liberadoras — el desarrollo de la economía (sobre el que hablaré un poco en adelante); la liberación de las mujeres, incluido el derecho al aborto (la Unión Soviética fue el primer país moderno en legalizar el aborto — algo que contrastó pronunciadamente con el Estados Unidos de ese entonces, por ejemplo); grandes avances en la superación de la pobreza, el analfabetismo y la influencia del oscurantismo religioso entre las masas de personas, en particular en el campo; un verdadero florecimiento en el arte y la cultura. Todo eso caracterizó el desarrollo de la Unión Soviética en los años 1920 entrando a inicios de los 1930.
Además, se dio el desarrollo de la economía en los años 1930. Por mucho que a ellos no les agrade hablar de esos años, el hecho es que, mientras el mundo capitalista entero estaba sumido en la Gran Depresión que duró toda la década de los 1930, la economía soviética avanzó pujante, con transformaciones económicas del país en sentidos importantes. Pero se presentaron problemas en este proceso, algunos de los cuales Mao señaló. Se enfatizaba demasiado el desarrollo de la industria pesada en contraposición al desarrollo omnímodo de tanto la agricultura y la industria liviana como la industria pesada. Ese proceso continuó, y además en ciertos sentidos se acentuó la diferencia que puede ser una diferencia opresiva, entre las ciudades y el campo y entre las personas que vivían en esos dos lugares.
Y a partir de los años 1930, mientras la economía avanzaba pujante, se revertieron algunas de las importantes transformaciones sociales que habían venido ocurriendo, incluida la anulación del derecho al aborto. Eso se derivó en cierta medida de la declaración de Stalin (Stalin era el jefe de la Unión Soviética en ese entonces) a inicios de los años 1930, de que o alcanzamos a las economías del mundo imperialista, o éstas nos destruirán. (Lo digo en paráfrasis, pero esa es la esencia del punto de vista que él planteó). Eso guió la rápida industrialización de la Unión Soviética en los años 1930.
Pero, para entrar en mayor detalle, en la Unión Sovíetica en los años 1930, se operó un cambio importante, en respuesta a un importante acontecimiento en el mundo, el que ocurrió especialmente alrededor del año 1934. El gran cambio en el mundo, y no sólo en el país en particular, fue el triunfo del fascismo en Alemania, la que fue una importante potencia imperialista — y la que bajo Hitler desde el comienzo había identificado a la Unión Soviética como un enemigo importante, y que, tras un breve período con un acuerdo, lanzó una invasión en gran escala contra la Unión Soviética. La subsiguiente guerra resultó en la muerte de unos 25 millones de personas en la Unión Soviética — lo que, por cierto, es 50 veces mayor que el número de muertes de estadounidenses en la Segunda Guerra Mundial.
A partir de este acontecimiento muy importante —con el triunfo del fascismo en Alemania y la amenaza que representó para la Unión Soviética— especialmente a partir de eso, la situación se volvió mucho más represiva en la Unión Soviética. (Eso le siguió al intento de la Unión Soviética, a mediados de los años 1930, de formar un frente unido contra la Alemania fascista con los países imperialistas no fascistas, en particular Inglaterra y Francia — un esfuerzo rechazado por dichos países). En esa situación, durante la segunda mitad de los años 1930, cada vez más Stalin dejara de permitir cualquier tipo de oposición, y tomara medidas para reprimirla, y confundía la diferencia entre la crítica, y las acciones concretas y sabotajes del enemigo. Muchas personas fueron perseguidas injustamente en esta represión, aunque todo ello lo han tergiversado muchísimo los apologistas y portavoces del sistema imperialista.
Durante la Segunda Guerra Mundial, con todas las muertes y destrucción en la Unión Soviética, ésta constituyó —contrario a lo que constantemente nos dicen en Estados Unidos— la principal fuerza en la derrota del imperialismo nazi alemán. Su derrota de Alemania en la batalla de Stalingrado en la Unión Soviética, tras los años iniciales de la guerra, rompió el espinazo de la máquina de guerra de los nazis y constituía el gran punto de viraje en la Segunda Guerra Mundial en general.
Así que la Unión Soviética desempeñó este papel crucial en la derrota a los fascistas. Pero ¿sobre cuál base? Al respecto, hay que sintetizar algunas cosas negativas importantes. Se libró la guerra de manera burda sobre la base del patriotismo ruso de muy vieja guardia, que incluía la distinción del pueblo gran ruso como el primero entre los pueblos soviéticos. Además, al salir de esa guerra, se presentó fuertemente la cuestión del rumbo de la sociedad. Se había comprometido de manera importante el socialismo en el contexto de librar y a la larga ganar esta guerra. Nadie debería subestimar lo que representaba concretamente el enorme desafió de esta guerra y la invasión de la Unión Soviética por parte de esta máquina de guerra nazi. No obstante, la cuestión del futuro del socialismo estaba en el aire, por decirlo así, en los años tras la Segunda Guerra Mundial. Y en poco tiempo, poco después de la muerte de Stalin, se resolvió esta contradicción entre el socialismo, y el nacionalismo de vieja guardia y en lo fundamental el capitalismo, mediante la restauración del capitalismo bajo el liderazgo de Jruschov a mediados de los años 1950.
Además, es importante subrayar el profundo contraste entre la situación de la Unión Soviética tras la Segunda Guerra Mundial, y la de Estados Unidos: para repetir, la Unión Soviética sufrió destrucciones masivas y un enorme número de bajas a lo largo de la guerra, un importante frente de la guerra se libró en territorio soviético, mientras en territorio de Estados Unidos nunca se libró la guerra, y Estados Unidos salió muy fortalecido durante la guerra. Por eso, Estados Unidos estaba posicionado con una gran ventaja en lo que se volvió una contienda global entre el imperio imperialista estadounidense y el naciente imperio imperialista soviético a lo largo de las siguientes décadas, hasta que la Unión Soviética “se deshilachara” para inicios de los años 1990, lo que dejó una Rusia disminuida y debilitada en su lugar.
Pero, para volver a la noción general de que “el socialismo, el comunismo nunca ha funcionado”, se puede ver cómo he refutado esa mentira con lo que he esbozado en pocas palabras aquí — que esa afirmación es una burda tergiversación de la historia muy rica e importante que las personas tienen que conocer. Piensen en lo que implicaría si, en Estados Unidos, ¡murieran unos 50 millones de personas como resultado de una guerra librada en el territorio de este país! Piensen en qué tan represivo sería el gobierno que hubiera librado la guerra para derrotar esa invasión (con la forma específica de guerra que fuera). Ese es el tipo de situación que la Unión Soviética experimentó como país socialista durante la Segunda Guerra Mundial. Y hay que evaluar la experiencia general del socialismo en la Unión Soviética según esa perspectiva histórica — desde el comienzo, desde la toma inicial del poder, pasando por la Segunda Guerra Mundial, y con la amenaza de un ataque de parte de un Estados Unidos dotado de armas nucleares tras la Segunda Guerra Mundial.
Al respecto, puedo hacer una declaración muy controvertida: hasta ahora solamente un país ha utilizado armas nucleares —Estados Unidos, cuando soltó bombas atómicas sobre dos ciudades japonesas al final de la Segunda Guerra Mundial en 1945— el único país que lo ha hecho y tal país lo hizo únicamente en una ocasión. Pero claro que hay que considerar si una de las principales razones por las que Estados Unidos no lo hiciera en más de una ocasión es que la Unión Soviética también había desarrollado armas atómicas poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, y se presentaba una cuestión totalmente diferente sobre el uso de las armas nucleares — aunque Estados Unidos trazó planes para librar una guerra nuclear contra la Unión Soviética y China, ¡con un cálculo de que cobraría la vida de varios cientos de millones de personas! Esa es la naturaleza de estos imperialistas con los que estamos lidiando, quienes braman sobre lo genial que les ha sido el capitalismo y que “el socialismo y el comunismo nunca han funcionado”, al tiempo que siempre han trabajado para no permitir que “funcione”, e incluso con todos los grandes avances con los que ha abierto paso ante eso.
Así que veamos a China ahora. Escuchamos tantas calumnias contra Mao y la Revolución China y la Revolución Cultural en particular — una vez más, idioteces conscientes, o al menos ignorantes. Después de todo, ¿cuáles eran los objetivos de Mao y los comunistas chinos al emprender la revolución? ¿Cómo estaba la situación de las masas de personas en China que estableció la necesidad de una revolución e hizo que las masas de personas apoyaran la revolución? Las terribles condiciones en el campo, en que a menudo millones de personas se morían de hambre; en que las familias tuvieron que vender sus hijos y en particular sus hijitas, a terratenientes y otros para que los explotaran y saquearan sexualmente, simplemente para tratar de sobrevivir a duras penas para el resto de su familia; en que terribles enfermedades y epidemias azotaban periódicamente a China, debido a las condiciones atrasadas ahí.
Estaba la situación en las ciudades, en que las masas de personas trabajaban de proletarios explotados — en que la situación de los trabajadores explotados, los proletarios en las fábricas, también estaban en condiciones desesperadas. Incluso los intentos de los trabajadores de organizarse en sindicatos se topaban con represiones despiadadas y asesinas de parte del régimen gobernante respaldado por los imperialistas, el régimen dominante encabezado entonces por Chiang Kai-shek.
Eso ocurrió en el contexto de la dominación general a China por parte del imperialismo, con todos sus diversos efectos, inclusive en el ámbito cultural, en que Mao hizo la declaración contundente en una ocasión de que la dominación y subordinación imperialista al pueblo chino era tan extrema que se podría decir que si un extranjero echara un pedo en China, siempre se podría encontrar a algún chino que dijera que olía rico. Pero una expresión más seria de esto —emblemática de la situación más amplia, una concentración de ella— fue que un letrero en un importante parque en Shanghái decía: “Se prohíbe la entrada a perros y chinos”. En una ciudad grande de China.
Eso era lo que la revolución se proponía superar —y logró superar, en formas muy maravillosas— eliminando los azotes como las adicciones a las drogas en una escala masiva, las enfermedades y las plagas que habían venido azotando al país durante décadas y siglos. En las novelas de Pearl Buck sobre China, se puede leer sobre algunas de las condiciones que menciono.
Se hicieron tremendos avances en el desarrollo de la economía. Siempre se habla de cuántas personas Mao supuestamente mató — con concursos por aumentar las cifras de tantos millones, a muchas veces esos millones, y a tantas veces más esos millones. Pero piensen en la vida de todas las personas que se salvaron durante el período del socialismo dirigido por el Partido Comunista de China y Mao. Citemos una estadística muy llamativa: cuando la revolución llegó al poder en 1949, el año en que la revolución llegó al poder, el promedio de la expectativa de vida fue de 32 años; y para el momento de la muerte de Mao, menos de tres décadas después, había subido a 65. La tasa de mortalidad infantil en ese entonces en la ciudad de Shanghái —¿se acuerdan de Shanghái?: “Se prohíbe la entrada a perros y chinos”— fue menor que en la Ciudad de Nueva York.
Así que eso muestra algunos de los grandes avances que se hicieron, incluida la emancipación de las mujeres. La eliminación de la práctica de vendar los pies, según la cual doblaban a la fuerza los dedos de los pies de una mujer, de modo que se tambaleara al caminar, lo que supuestamente la hacía más deseable para los hombres. Se eliminó dicha práctica.
Eliminaron todas esas cosas, no mediante la represión estatal, sino movilizando a masas de personas, incluidas campañas de masas contra enfermedades, contra la adicción a las drogas, contra la prostitución, y las personas que habían estado envueltas en todo eso no eran victimadas y perseguidas, sino que se llevaron a cabo educación y lucha y contaron con nuevas oportunidades en la vida en un sentido concreto para ser miembros productivos de la sociedad. Se hicieron enormes avances — y son tan repugnantes las calumnias en contra de todo eso y la ignorancia que se fomenta.
De modo similar respecto a la Revolución Cultural. Sería muy divertido en cierto sentido preguntar a todas esas personas que esparcen todas esas basuras sobre China y Mao: ¿Cuál fue el verdadero propósito de la Revolución Cultural? ¿Qué política fomentó y desarrolló Mao en el transcurso de la Revolución Cultural? ¿Cómo estuvo el verdadero camino de la Revolución Cultural? “Bla, bla, bla, bla, bla…” Así es el contenido y sustancia de la respuesta que darían todas esas personas que calumnian burdamente a China — la revolución y en particular la Revolución Cultural. La Revolución Cultural fue un levantamiento de masas — sí, dirigida por Mao y los elementos en el Partido Comunista de China quienes estaban en el camino revolucionario. Pero abarcaba un torbellino de debate y lucha, no violento en su inmensa mayoría; y en los casos de violencia, Mao se le oponía y se emitían directivas para contrarrestarla y se tomaban medidas para impedirla y encaminar las cosas de vuelta al debate de masas. Y, sí, se dieron algunos excesos. Pero nunca ha ocurrido un verdadero levantamiento de masas en el mundo que no haya abarcado excesos. Pero no es como si Mao azuzara y alentara los excesos. Él actuaba para dirigir a las personas para que se alejaran de éstos y para hacer que las cosas volvieran al camino en que necesitaban estar.
En las grandes ciudades, las masas de personas —que se levantaban y debatían las cuestiones del socialismo y el camino a seguir para China, etc.— sacaban cientos, literalmente cientos, de periódicos populares. Esa fue la esencia de la Revolución Cultural.
Y una de las grandes ironías de la Revolución Cultural —de la que, por supuesto, todos estos idiotas no saben nada o eligen ignorar— es lo siguiente: un importante aspecto de la Revolución Cultural es que en ella, Mao hizo un intento de hacer frente a la amenaza al socialismo, para hacer frente a las acciones para derrocar al socialismo y restaurar el capitalismo, provenientes del interior del partido y del propio estado, para contrarrestar esto y oponérsele y derrotarlo con medios distintos al tipo de masivas purgas llevadas a cabo por Stalin en la Unión Soviética. Mao había sintetizado esa experiencia, y la lucha de masas de la Revolución Cultural fue la manera en que Mao hizo frente al problema de las fuerzas que emprendían acciones para restaurar el capitalismo y la cuestión de transformar a las personas y sus valores básicos, de un modo distinto a la represión estatal. Esa es una de las grandes ironías de todos los viles ataques contra la Revolución Cultural.
En el transcurso de la Revolución Cultural, otra gran hazaña fue la creación de arte y cultura revolucionaria, en realidad por primera vez en la historia, a esta escala y con el verdadero apoyo de un gobierno, siendo uno de sus rasgos sobresalientes que las mujeres tuvieron un papel destacado como revolucionarias, no como juguetes para los hombres.
Así que esta fue una lucha concreta que había llegado a un punto álgido en China sobre el camino a seguir —el camino del socialismo o el camino del capitalismo— y, como comenté, existían poderosas fuerzas al interior del Partido Comunista de China que estaban decididas a llevar al país por el camino del capitalismo, fuerzas cuyo papel hasta en el Partido Comunista nunca fue tanto en realidad hacer avanzar la sociedad por el camino del socialismo y a la larga hacer avanzar el mundo hacia el comunismo, con la abolición de la explotación y opresión, sino que en realidad se centraban en hacer de China un gran país poderoso.
Y por un tiempo, durante ciertas etapas de la revolución comunista, en cierta medida esos puntos de vista podían coexistir al interior del liderazgo de la revolución; pero posteriormente, una vez que se deshiciera del yugo extranjero y se pusiera en primer plano la cuestión de, sí, cómo desarrollar la economía y desarrollar el país en su conjunto, esos puntos de vista entraban cada vez más en conflicto entre sí. Algunas personas, como Deng Xiaoping, decían: “Un gato es bueno si caza ratones, no importa que sea blanco o negro” — es decir: no importa si usamos métodos capitalistas o métodos socialistas, los métodos capitalistas son buenos con tal de que se desarrolle la economía.
Otra ironía aquí es que una calumnia contra Mao que comúnmente repiten los llamados estudiosos del totalitarismo y autoritarismo, y demás, es que Mao “inventó” este peligro de la restauración capitalista a fin de purgar todo un grupo de personas y llevar a cabo la represión, para así seguir ejerciéndose como líder indiscutible.
Bien, veamos los hechos: Mao decía que había fuerzas en el Partido Comunista de China que actuaban para restaurar el capitalismo, por lo que hacía falta una revolución cultural para derrotarlas así como seguir transformando las cosas en el camino revolucionario, incluida la manera de pensar de la gente. El objetivo político era derrotar estas acciones por parte de poderosas fuerzas al interior del partido y del estado para restaurar el capitalismo. Supuestamente, Mao “inventó” este peligro para que pudiera ser un tirano aún más poderoso. Bien, el hecho lisa y llanamente es que: lo que esas personas han hecho, a partir de Deng Xiaoping tras la muerte de Mao, es precisamente lo que Mao dijo que ellas iban a hacer — precisamente ponerse a restaurar el capitalismo en China. Y aquí vemos, una vez más, que lo que realmente estaba en juego eran dos caminos distintos. No como una abstracción sino cómo —con cuáles medios, por cuál camino— desarrollar, por ejemplo, la economía, tal como en general se reconocía como una meta muy importante de la revolución: desarrollar la economía, sacar al país de la pobreza que aún padecen las masas de personas.
Aquí voy a contar una breve historia: Cuando fui de visita a China en 1971, los de la delegación en la que yo participaba salimos a cenar en Shanghái. Una de las personas dirigentes en Shanghái fue anfitrión de la cena para nosotros. Bueno, antes de la cena, durante casi una hora él nos entretuvo con estadísticas sobre el trabajo para desarrollar la economía en Shanghái y para contribuir al desarrollo general de la economía en China. No se trataba de una especie de burócrata sin alma. Durante la cena, por ejemplo, el mismo tipo — comíamos cangrejo, y el mismo tipo exclamó con humor en un momento: “¡Es un genio quien inventó el cangrejo!” Bien, ese no era el típico comunista dogmático, o funcionario burocrático anónimo. Pero el motivo por el que nos daba una explicación tan detallada del desarrollo de la economía se debía a todas las calumnias según las cuales a las personas —Mao y otros— que querían seguir en el camino revolucionario, y Shanghái fue una plaza fuerte de éste, supuestamente no les importaba el desarrollo de la economía, simplemente querían librar la “luchas de clases”, y perseguir a la gente, y así sucesivamente.
Así que lo que estaba en juego no era si desarrollar la economía, o no, sino por cuál camino. Y ¿hacía cuál fin? ¿Se desarrollará la economía a partir de reestablecer y restaurar el capitalismo y sus principios de desarrollo? — que básicamente implica explotar a la gente dentro del país y en lo fundamental a nivel internacional. O, ¿se hará a partir de actuar para superar la explotación y las profundas diferencias que acompañan la explotación — tales como la diferencia entre las ciudades y el campo, según la que las ciudades tienden a dominar al campo, con mayores privilegios digamos, y la diferencia entre las personas que viven en esos dos lugares; la diferencia entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, entre las personas que trabajan principalmente en la esfera de las ideas y las que trabajan con las manos, principalmente. ¿Se hace de modo que avance para superar estas grandes diferencias, así como las diferencias en ingresos, etc., que son parte de esa panorama general? O, ¿se hace meramente dando rienda suelta en toda su extensión a todas esas diferencias? — el cual es el camino que China ha seguido desde la muerte de Mao y la restauración del capitalismo que se inició a fines de 1976.
Se habla mucho —aquí va una ironía— todas estas personas que dicen “el socialismo nunca ha funcionado, el comunismo nunca ha funcionado”: reconocerán, por otro lado, que China ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas; y que eso ocurrió bajo un sistema que estos idiotas llaman “comunismo”, aunque no lo es — aunque el Partido Comunista de China sigue siendo el partido gobernante, desde hace mucho ha abandonado todo objetivo de continuar transformando la sociedad y el mundo hacia el comunismo. Así que esta es la gran ironía en boca de las personas que dicen que “el comunismo y el socialismo nunca han funcionado”: este país dirigido por el Partido Comunista en China ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas.
Otra ironía es que, si bien la clase dominante en el poder en China, desde poco después de la muerte de Mao en 1976, es capitalista, y definitivamente no es “comunista”, los cimientos sobre los que ha llevado a cabo el desarrollo capitalista de hecho se construyeron mediante el desarrollo de la economía sobre una base socialista, durante el período de la dirección de Mao. Sin ello, China habría seguido siendo un país atrasado y profundamente empobrecido. Al mismo tiempo, la restauración del capitalismo en China ha venido acompañada del resurgimiento de profundas desigualdades y terribles males sociales, como la prostitución; y, junto con todo esto, en el ámbito de la ideología y la cultura, se ha promovido el lema “enriquecerse es glorioso” en lugar del principio popularizado en la China socialista bajo la dirección de Mao: “servir al pueblo”.
Ahora, hablemos de esto. Si se hubiera continuado el camino que Mao trazó, el camino revolucionario, ¿eso implicaría que no se hubiera sacado de la pobreza a la población? Tal vez hubiera tardado un poco más de tiempo. Pero la economía de China ya se desarrollaba rápidamente — algo que se refleja en lo que mencioné sobre la expectativa de vida. Eso refleja el desarrollo de la economía, o si no, eso no podía haber ocurrido. Y de paso, eso ocurría mientras la población crecía, no se contraía. No mataron a un montón de pobres para que fuera más elevada la expectativa de vida en las estadísticas. La población crecía mientras se duplicaba la expectativa de vida. Si hubieran seguido por el camino por el que luchaban Mao, y la gente que estaba con él, también habrían sacado de la pobreza a millones, cientos de millones de personas — pero por un camino distinto. Y China no habría estado en un camino de gran potencia que explotara a la gente por todo el mundo, en África y otras partes del mundo, tal como lo hace bajo el dominio de estos gobernantes del falso comunismo —y verdaderos capitalistas— en la China de hoy.
Así que, si examinamos la verdadera experiencia que solo he podido describir a grandes rasgos aquí —y recomiendo que exploren más a fondo las obras que he citado, como las entrevistas a Raymond Lotta y a mí, y vean lo que en realidad se enfrentaron y lo que concretamente lograron—, es posible ver la idiotez total, sí, volveré a repetirlo — y la forma en que alientan deliberada o, en todo caso, sistemáticamente, la ignorancia, con tal de negarles a las personas que sienten el peso de vivir bajo este sistema y anhelan algo mejor: negarles un conocimiento cabal de esa experiencia y por lo tanto una comprensión de que podría haber una verdadera alternativa.
Bien, a la vez, he abordado algunas deficiencias, y algunos errores muy serios en la experiencia general de las sociedades socialistas dirigidas por los comunistas — y sí, he utilizado la palabra “graves” en referencia a los errores de parte de Stalin en particular, pero también he abordado algunos problemas significativos con la dirección de Mao, algunas debilidades en la orientación y enfoque de Mao. Por ejemplo, por medio de la Revolución Cultural se reconocía la importancia de la efervescencia y el debate, practicados como lo estaban en gran escala, a lo largo de la Revolución Cultural (tal como he descrito brevemente aquí). Pero no obstante el ámbito de eso fue muy restringido. Se dio demasiado según: Si se quiere lograr algo en este debate, se tiene que conducir sobre la base de defender la dirección de Mao y estar por el camino socialista, mientras los que se les oponen no lo están. No fue un debate tan abierto y con una base tan amplia como tenía que ser.
Eso también se reflejó en la esfera del arte y la cultura, incluso con los avances importantes muy grandes y las tremendas hazañas que he descrito brevemente. Se dio, para repetir, cierto constreñimiento del arte y la cultura a temas revolucionarios y no hubo suficiente florescencia e irónicamente, no hubo suficiente florecimiento de diferentes tendencias en el arte, y, de hecho, no hubo suficiente apoyo para el arte que no fuera directamente político — aunque importa mucho el arte revolucionario, arte que promueve directamente la revolución, lo que incluye en las formas más artísticas. Pero se dio cierta limitación ahí y cierto constreñimiento al menos en cuanto a lo que recibía apoyo.
En la dimensión más filosófica, digamos, se dio cierta “reificación” de las masas oprimidas: la opinión común que ejercía influencia, que de hecho se promovía allá, de que por la propia naturaleza de su posición las masas oprimidas tenían, según el lenguaje corriente, un conocimiento propio de la verdad — o cuando menos que espontáneamente tendrían una mayor inclinación a luchar por la revolución. Ahora bien, es cierto que donde haya opresión, habrá resistencia — pero ello no lleva espontáneamente a que la gente capte adónde la resistencia tiene que llevar, que necesita desarrollarse y transformarse en revolución, cuál es el carácter de esa revolución y cómo abordar los problemas de la revolución. Todo eso requiere ciencia — no simplemente reside en las masas oprimidas en virtud de su situación oprimida.
Así que se dio esta tendencia, que incluía la idea de la “verdad de clase” — en contraposición a la verdad objetiva. La idea de que para el proletariado y otros oprimidos existía una verdad que correspondía a sus intereses, y en contraposición a eso, una “verdad” que correspondía a los intereses de los explotadores y opresores, por lo que había que apoyar la “verdad proletaria”, no la “verdad burguesa”. Eso está en oposición a la comprensión científica de que la verdad no tiene carácter de clase. Es posible utilizar la verdad en nombre de una clase, pero la verdad en sí no tiene un carácter de clase — tiene un carácter objetivo. La verdad reside en, o representa, un acertado reflejo y concentración de la realidad objetiva — no la perspectiva subjetiva de esta o aquella clase, sea burguesa o proletaria.
Al mismo tiempo, de parte de Mao y de ese partido en general, existía una especie de mezcla ecléctica de comunismo como principal concepción y método guía, aunque secundariamente, pero de manera importante, eso se mezclaba con una buena cantidad de nacionalismo. En cierto sentido, eso es comprensible en vista de la larga historia de la opresión de China como país, como nación (el agudo comentario de Mao, al que me he referido, y el ejemplo más bruto del letrero en el parque en Shanghái, abordan esto). No obstante, la perspectiva de los comunistas tiene que ser internacionalista, no nacionalista. Pero se dio una especie de mezcla ecléctica, inclusive en Mao. Eso también se reflejó en la esfera de la cultura, en que uno de los lineamientos que se promovían fue “hacer que lo extranjero sirva a China”. Y eso concretamente llevó a un lugar negativo con un rechazo a cierta “cultura extranjera” que en realidad era muy positiva, tales como el jazz y el rocanrol en Estados Unidos en ese entonces (los años 1960 e inicios de los 1970), que fue criticada esencialmente como decadente por la línea dominante en China en ese entonces.
Esta tendencia nacionalista negativa se manifestó muy dramáticamente cuando, a inicios de los años 1970, con la dirección de Mao, China adoptó una política de apertura hacia el Occidente — identificó a la Unión Soviética como el enemigo principal (una Unión Soviética que, para repetir, desde mediados de los años 1950, había sido un país capitalista y se había desarrollado y transformado en un poderoso país capitalista-imperialista, pero bajo el nombre del comunismo). La Unión Soviética representaba una amenaza directa de invadir e incluso usar armas nucleares contra China en los años 1960, particularmente a fines de los 1960. Ante eso, a inicios de los 1970, Mao y el partido chino adoptaron una política de “apertura hacia el Occidente”. En otras palabras buscaba ciertas relaciones e incluso cierto tipo de alianza con Estados Unidos en particular, a fin de hacer frente específicamente a la amenaza de la Unión Soviética. Pero eso condujo a toda suerte de terribles políticas y acciones de parte del gobierno chino, lo que incluyó apoyar a gente como Marcos en las Filipinas, un brutal opresor mantenido en el poder por mucho tiempo por Estados Unidos. La ironía es que entonces en las Filipinas, existía una fuerza revolucionaria maoísta que libraba una lucha armada contra el régimen de Marcos — y no obstante el partido chino, como parte de esta apertura hacia el Occidente, apoyaba al gobierno de Marcos.
Hay muchos otros ejemplos de esto. Algunos se volvieron muy —bueno utilizaré la palabra— asquerosos. Leí algunas de las cosas que se han rescatado de las conversaciones que Mao sostuvo con Henry Kissinger, quien representaba al gobierno estadounidense, durante esos años 1970 de apertura hacia el Occidente, y ahí casi cuesta trabajo distinguir a Mao como comunista, para ser franco. Así que eso fue una extensión de la idea de que era necesario maniobrar así a fin de hacer frente a la amenaza de la Union Soviética. La cuestión es no ser dogmático. Una cosa es hacer alianzas tácticas incluso con los imperialistas — pero sin transigir los principios fundamentales. Pero, lamentablemente, como parte de esto se transigieron demasiado los principios fundamentales. Aquí no me alcanza para analizar esto más a fondo, pero es una experiencia muy importante que hay que reconocer con seriedad y abordar científicamente.
Hasta aquí cierta discusión importante de la experiencia histórica del comunismo, en particular de las sociedades socialistas dirigidas por los comunistas, en la Unión Soviética y en China. En un sentido concreto, la importante obra mía, Breakthroughs (Abriendo Brechas): El avance histórico hecho por Marx, y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, Un resumen básico, tiende un puente entre la experiencia histórica del movimiento y la síntesis posterior con el nuevo comunismo. (En adelante en esta presentación, retomará una discusión de algunos elementos clave del nuevo comunismo como una continuación, pero también como un salto cualitativo más allá, y en unos aspectos importantes como una ruptura con la teoría comunista tal como se había desarrollado anteriormente. Y en una entrevista en dos partes conmigo a inicios de 2025 —que está disponible en inglés en revcom.us y thebobavakianinstitute.org— abordo más a fondo los principios y métodos básicos del nuevo comunismo).
Pero aquí cabe volver al siguiente punto esencial: Una vez que se cierre la posibilidad de una alternativa realmente radical y verdaderamente emancipadora —un sistema y forma de vivir fundamentalmente diferentes, como lo que representa la revolución comunista—, en realidad y en la mente de las personas, continuarán los horrores de todo tipo, y tarde o temprano esas personas cuya mente hay resultado cerrada a esta alternativa se volverán cómplices, o al menos se adaptarán, a esos horrores, en un sentido u otro. Esto se expresa en términos especialmente agudos ahora, en la situación en que este sistema se está topando con sus límites — algo que he comentado aquí (y en lo que me he adentrado con mayor detalle que en otros lugares, p.e., en mi e-mensaje #118).
Pero sigamos examinando las contradicciones del capitalismo. Lenin hizo la siguiente observación muy importante sobre el capitalismo y su efecto en las personas que viven bajo el sistema capitalista: señala que el capitalismo obliga a la gente a hacer cálculos con la tacañería de un tacaño. Pensemos en la experiencia cotidiana y lo que obliga a la gente a padecer. No existe alguna naturaleza humana inherente de egoísmo. El funcionamiento del sistema constantemente enfrenta las personas unas contra otras en formas de diverso tipo, y las obliga a competir con otros por empleos, ascensos, admisiones universitarias, y así sucesivamente. Y eso sí, como dijo Lenin, fomenta esta tendencia de hacer cálculos con la tacañería de un tacaño: “¿Cómo lo voy a lograr, contra las demás personas que están compitiendo conmigo? ¿Cómo voy avanzando?” Y hay cosas reales en juego. No se trata simplemente del arribismo de las personas en muchos casos — en especial entre las masas más oprimidas y explotadas se trata literalmente de sobrevivir, o al menos tener una capacidad de proveedor en algún sentido para quienes son sus dependientes en muchos casos. Por eso, cabe entender: no se trata simplemente de que el capitalismo engendre un florecimiento de estos cálculos con la tacañería de un tacaño — compele a las personas, según Lenin, a hacer cálculos con la tacañería de un tacaño.
Para citar una vez más de “Esperanza para la humanidad”:
Aquí va una declaración muy importante de Marx, de los Grundrisse —una de sus principales obras— tal como se cita en Cavilaciones y forcejeos:
...en las relaciones monetarias, en un sistema de intercambio desarrollado (apariencia seductora para los demócratas), los lazos de dependencia personal están destruidos, fragmentados, igual que las diferencias de sangre, educación, etc. (aunque estos lazos no dejen de presentarse como relaciones personales); y los individuos parecen independientes (independencia puramente ilusoria que más exactamente debería denominarse indiferencia); parecen libres de enfrentarse y de intercambiar en el seno de esta libertad....
Esta es otra manera de desarrollar lo que señalaba Lenin al enfatizar que el capitalismo obliga a las personas a hacer cálculos con la tacañería de un tacaño. En esta afirmación de Marx tiene una importancia particular el análisis de que esta “independencia” de las personas bajo el capitalismo es en realidad “ilusoria”, que “exactamente debería denominarse indiferencia”. Se suele celebrar que el capitalismo otorga un margen cualitativamente mayor al individuo que los sistemas como el feudalismo (por no hablar de la esclavitud pura y simple), en que las posiciones y las restricciones sobre los individuos son mucho más fijas y rígidas. Marx señala que, si bien esta es una diferencia real con el feudalismo, no obstante es cierto que, dentro de las relaciones de intercambio del capitalismo (fundamentalmente arraigadas en sus relaciones económicas y de producción), la “independencia” de los individuos no es tan real, ni tan expansiva, como parece, y en última instancia es esencialmente ilusoria: las personas siguen confinadas y condicionadas por las relaciones fundamentales del sistema.
Y la “indiferencia” —el “no preocuparse”, en particular por otros— se relaciona con la competencia entre individuos (“libres de colisionar unos contra otros”) bajo el capitalismo y la forma en que, como dijo Lenin, este sistema compele a las personas a calcular con la tacañería de un tacaño.
Se habla mucho de la naturaleza humana — y fácilmente podríamos identificarla como habladuría tautológica, de dar vueltas con razonamientos circulares. Y Marx y Engels también señalaron esto en El Manifiesto Comunista. Marx señaló que el desarrollo de la sociedad supone la transformación continua de la naturaleza humana. Así que cualquiera que sea el sistema prevaleciente de relaciones económicas y sociales, y sus correspondientes ideas y cultura y sistema político, así será el carácter dominante de la “naturaleza humana”. En otras palabras, la filosofía o la ideología y la moral de la gente. “Compelidos a hacer cálculos con la tacañería de un tacaño” bajo el capitalismo — señalaron Marx y Engels en El Manifiesto Comunista, que esto es otra tautología, otra ronda en el argumento circular, que en realidad equivale a decir que bajo el sistema capitalista (parafraseo, pero esa es la esencia), el punto de vista dominante que prevalece será aquel que corresponde al sistema capitalista. O tal como dicen en esa obra: Las ideas dominantes en cualquier época no han sido nunca más que las ideas de la clase dominante.
Y Marx señaló, como dije, que el desarrollo de la sociedad humana y su transformación suponen la continua transformación de la naturaleza humana — que no existe ninguna “naturaleza humana” inmutable, sino lo que se llama naturaleza humana se refiere a las ideas, actitudes, perspectivas, moral y demás, tales como están configuradas por el sistema prevaleciente. Contra las cuales la gente puede rebelarse y sí se rebela, pero no obstante, van a seguir siendo las ideas dominantes en la sociedad siempre que a la sociedad la domine una clase dominante cuyos intereses corresponden a la promoción de esas ideas. Así que esto es algo muy importante que hay que comprender en oposición a todo lo que… sabemos que la gente siempre dice que “bueno, eso es simplemente humano…” — si no dice “es la voluntad de dios”, dice que se trata de la naturaleza humana, o dice las dos cosas. Y eso, claro, es un grillete sobre las personas, impide que reconozcan la posibilidad del cambio real, el cambio fundamental. (Hablo más a fondo sobre esta cuestión de la naturaleza humana en mi e-mensaje 21: “No existe tal cosa como la ‘naturaleza humana’”).
Bien, me he referido a “Cavilaciones y forcejeos”, la cual es una importante obra mía, con el título completo: Cavilaciones y forcejeos: Sobre la importancia del materialismo marxista (algo al cual volveré), el comunismo como una ciencia, el trabajo revolucionario con sentido y una vida con sentido. Me refiero específicamente a la sección, “Más sobre los individuos y las relaciones sociales”, que contiene una importante discusión de esta cuestión del individualismo y la contradicción entre la existencia de las personas como individuos y como parte de las relaciones económicas fundamentales y otras relaciones sociales.
Se trata de una contradicción básica de la sociedad burguesa (capitalista) — y de hecho, de todas las sociedades, pero que se manifiesta de manera muy pronunciada en la sociedad capitalista: las personas obviamente existen como individuos, pero a la vez forman parte de las relaciones sociales más amplias, más fundamentalmente las relaciones de producción, y bajo la sociedad capitalista se tratan de las relaciones de producción y las relaciones sociales de explotación y opresión.
Para citar otra vez “Esperanza para la humanidad” respecto a esta contradicción:
Como he señalado, en Cavilaciones y forcejeos (y en otras obras), la contradicción según la cual las personas existen como individuos, pero también existen en un contexto social más amplio y en gran medida están formadas por ese contexto social, es una contradicción complicada que es importante manejar correctamente. Y esta contradicción se expresa agudamente hoy en el hecho de que, aunque las personas sí existen como individuos, el terrible sufrimiento de las masas de la humanidad y los retos urgentes que enfrenta la humanidad en su conjunto como resultado de la escalada de destrucción del medio ambiente por este sistema del capitalismo-imperialismo, así como la posibilidad de una conflagración nuclear que continúa asomándose como una amenaza existencial sobre la humanidad — pues, no es posible abordar todo eso con seriedad, y ni hablar de realmente resolverlo, mientras cada individuo persiga sus intereses particulares, y de hecho, cuando las personas actúen de esta manera, eso constituye un obstáculo importante a la consecución de la solución necesaria.
Cabe repetir esa parte: Y esta contradicción se expresa agudamente hoy en el hecho de que, aunque las personas sí existen como individuos, el terrible sufrimiento de las masas de la humanidad y los retos urgentes que enfrenta la humanidad en su conjunto como resultado de la escalada de destrucción del medio ambiente por este sistema del capitalismo-imperialismo, así como la posibilidad de una conflagración nuclear que continúa asomándose como una amenaza existencial sobre la humanidad — pues, no es posible hacer frente a todo eso con seriedad, ni hablar de realmente resolverlo, mientras cada persona persiga sus intereses individuales particulares, y de hecho, la gente al actuar de esta manera constituye un obstáculo importante a la consecución de la solución necesaria. (Para seguir con la cita de “Esperanza para la humanidad”:)
El individualismo es un factor significativo y un “elemento unificador” en muchas de las tendencias negativas que juegan un papel importante en impedir que las personas reconozcan la realidad y la profundidad de los horrores que continuamente causa este sistema — y que reconozcan la urgente necesidad de actuar, junto con otros, para abolir y arrancar de raíz todo esto, en su fuente misma. Esto resalta y realza el hecho de que el individualismo, que se nutre y se expresa en formas extremas en esta sociedad particular en este momento, es un problema profundo al que hay que hacer frente y transformar.
Con al parasitismo extremo de Estados Unidos, y (para tomar prestada una frase de Marx) la cultura condicionada por él, para nada sorprende que se promueva extensamente el individualismo extremo y que éste constituya un serio obstáculo a la transformación social positiva.
Lo que complica el problema es que el “funcionamiento” —las dinámicas así como las relaciones e instituciones— de este sistema obran para crear las condiciones en que “en tiempos normales”, no sólo existe una clara inclinación “espontánea” sino una fuerte necesidad y compulsión materiales, a que los individuos actúen según sus propios intereses individuales (y los de su entorno inmediato). En los momentos poco comunes y las circunstancias de crisis seria para el sistema y el trastorno del “funcionamiento normal” de la sociedad, se desarrolla la base para que las masas de personas actúen más ampliamente en pos de preocupaciones más amplias. Y, una vez más, éste es uno de esos momentos y circunstancias poco comunes.
Al individualismo tan típico de esta sociedad lo acompaña el problema del infantilismo (la infantilización de los adultos más jóvenes y hasta los adultos un tanto mayores — de tratarlos y condicionarlos de modo que piensen y actúen como niños dependientes, y en algunos casos mimados, aunque a la vez se les obligue a cargar con la “expectativa” de que deben “salir adelante” de acuerdo con las normas y estándares de este sistema — una verdadera “combinación tóxica”) junto con el filisteísmo ampliamente promovido: un desprecio o disgusto por el conocimiento y por la búsqueda del conocimiento (conocimiento serio, en oposición a rumores y chismes). O, en otras palabras, el embrutecimiento puro y duro, que incluye mediante la influencia de gran parte de las redes sociales.
La “política de identidad woke (concienciada)” es, en efecto, una especie de individualismo. El individualismo se extiende a la “identidad” de la cual forma parte un individuo (una raza, género, etc.) a la vez que se presentan (objetivamente y en muchos casos conscientemente) las distintas “identidades” en oposición de unas a otras, a pesar de los esfuerzos de algunas personas por superar esto mediante la “interseccionalidad” de distintas identidades. Esto se expresa, en epistemología (la teoría del conocimiento) con la noción de que cada “identidad” tiene su propia “verdad” particular.
Como explico en “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, en una sociedad como la estadounidense, con su base en la explotación y opresión: “La clase dominante repetidamente pretende oponer unos sectores de la población a otros y, a diferencia de las ilusiones de la ‘interseccionalidad’, la clase dominante cuenta con muchas formas poderosas de hacerlo si no actuamos según el punto de vista de la emancipación de la humanidad en su conjunto”, sino al contrario desde la perspectiva de diferentes “identidades”.
En oposición de todo eso, enfatizo una vez más, en mi declaración de Año Nuevo de enero de 2021:
Para entender por qué nos enfrentamos a la situación en la que nos encontramos, es necesario no solo responder a lo que está pasando en la superficie en un momento dado —y de hecho dejar que semejante situación nos zarandee de un lado para otro—, sino explorar debajo de la superficie, para descubrir los resortes principales subyacentes y causas de las cosas, y llegar a entender el problema fundamental y la solución real. Esto significa llegar a entender de manera científica que vivimos bajo un sistema, y lo que ese sistema es en realidad (el sistema del capitalismo-imperialismo); trabajar para captar las relaciones y dinámicas más profundas de este sistema y la forma en que eso está determinando el marco para la manera espontánea de pensar y de reaccionar de los diferentes sectores de la sociedad en relación a los acontecimientos en la sociedad y en el mundo, y cuál es el camino posible hacia adelante para transformar todo eso en concordancia con los intereses de las masas de la humanidad y, en última instancia, de la humanidad en su conjunto.
Y:
Esto significa romper completamente con un enfoque, y avanzar más allá de un enfoque, de meramente acoger verdades —o supuestas verdades— con las que uno se siente cómodo, mientras rechaza, descarta o elude la verdad real que quizá le incomode. Una dimensión importante en este sentido es dejar de lado el relativismo filosófico de la “política de identidad” y repudiarlo metodológicamente, lo que hace mucho daño con su propia versión de reducir la “verdad” a una experiencia parcial, no sistematizada y un sentimiento subjetivo (“mi verdad”... “nuestra verdad”...) en oposición a la verdad objetiva real, a la que se llega a conocer de manera correcta y científica mediante un proceso basado en la evidencia, para determinar si algo (una idea, teoría, afirmación, etc.) corresponde a la verdadera realidad material, o no. Si bien políticamente quizá esta “política de identidad” parta de un deseo de oponerse a varias formas de opresión —aunque a menudo se caracteriza, y se vicia, por personas de diferentes “identidades” que quieren decirse “propietarias” de la oposición a la opresión—, en términos de la epistemología (la orientación para llegar a entender la realidad y llegar a conocer la verdad de las cosas), la “política de identidad” tiene mucho en común con confiar en los “hechos alternativos” (afirmaciones que están en contraposición a los hechos reales, a menudo de manera alocada), lo que es el distintivo de los fascistas. Aunque es importante reconocer las diferencias políticas en juego, la situación es muy pero muy seria y los riesgos son muy pero muy grandes como para dejarnos caer en cualquier forma de oponerse al método científico y a su búsqueda de la verdad objetiva acerca de la realidad material, o conciliarnos con semejante forma.
Lo que está estrechamente relacionado con la epistemología errónea de la “política de identidad”, en oposición al método científico y su búsqueda de la verdad objetiva sobre la realidad, es la insistencia “posmodernista” en que no es posible llegar a conocer la verdad objetiva, e incluso en que la verdad objetiva no existe. Esto se refuta extensamente en “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, mientras que lo siguiente de mi artículo “Filosofía y revolución”, Primera parte, también ofrece una importante refutación:
En última instancia, el criterio de cualquier teoría, etc., es si lo que proyecta sobre la realidad se confirma (o no). Al mismo tiempo, una teoría científica, en su aplicación correcta, puede proyectar de manera acertada —sobre la base de la experiencia y el conocimiento históricos acumulados— lo que probablemente resulte de una trayectoria en desarrollo de las cosas. Ésta, por ejemplo, es la base sobre la cual los climatólogos pueden hacer proyecciones esencialmente correctas sobre lo que se desarrollará a partir de las tendencias históricas y actuales. Y es por eso que se puede afirmar científicamente que el derrocamiento del capitalismo, y su reemplazo por el comunismo, corresponden a los intereses fundamentales de las masas de la humanidad y, en última instancia, de la humanidad en su conjunto.
Al mismo tiempo —y algo mucho más peligroso que la “política de identidad” y su epistemología errada— está el ataque contra el intelectualismo (e incluso contra ciertas expresiones del individualismo) de parte de los “intelectuales” fascistas (tales como JD Vance, y diversos multimillonarios de la industria de la tecnología, descritos con razón por alguien como el “tech reich” (reich de la tecnología), en referencia al tercer Reich nazi) al servicio del fascismo de hoy, “al estilo estadounidense”.
Junto con todo eso, en los “movimientos” que se oponen (o que se hacen pasar por oponentes) al sistema político existente (en que algunos se dicen oponerse al capitalismo — pero que de hecho no saben qué es el capitalismo, como digo en mi e-mensaje 38), se tiene lo que llamo EIP: Economismo Imperialista Parásito.
Se trata de una manera de abordar la política —y específicamente la política electoral— que argumenta a favor de apoyar y promocionar a las personas que se postulan en el Partido Demócrata con una plataforma de “asequibilidad” como eje, con otras cuestiones sociales (o “culturales”) como acompañamientos secundarios en esencia.
Como explicación del problema esencial, y fundamental, con este enfoque, se tiene lo siguiente (de “Breakthroughs [Abriendo Brechas]”):
Como señaló Marx, una de las características que distinguen a los reformistas —entre ellos los “socialistas” reformistas— es que, en la medida en que identifican a la economía como la fuente de la desigualdad y otros males sociales, tienden a situar el problema en la esfera de la distribución, aunque la fuente fundamental de la opresión y la desigualdad que caracterizan una sociedad explotadora, como el capitalismo, se encuentra en la esfera de la producción, y más específicamente en las relaciones de producción.
En el mundo de hoy, estas relaciones de producción en lo fundamental son relaciones internacionales, en que la riqueza que los reformistas pretenden “redistribuir” (mediante mayores impuestos a los superricos, etc.) descansa en el parasitismo extremo de “la economía estadounidense” como sistema internacional de explotación y súper-explotación. Junto con eso —y junto con el hecho de que una buena parte del programa “economista” socavaría concretamente el funcionamiento de este sistema y la posición competitiva del imperialismo estadounidense en el mundo— se tiene la siguiente terrible verdad la que es posible ignorar pero en la realidad no se puede evitar:
En sus mítines contra la “Oligarquía”, Bernie Sanders ha revivido la fórmula del movimiento “Ocupa” del “99%” contra el “1%” de los superricos. Pero el problema es que casi la mitad del “99%” son fascistas. ¿Por qué? Debido a que, como ya he señalado, no es solo su situación económica, sino también su posición social lo que les obsesiona. Para las filas de los fascistas de MAGA, aún más allá de su situación económica, un poderoso y perverso factor motivador es su insistencia en la supremacía blanca y la supremacía masculina, el odio a las personas LGBT y a los inmigrantes (especialmente a los inmigrantes de “países pozos de mierda”, en los repugnantes términos racistas de Trump). A eso es a lo que se refieren estos fascistas con “Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza”. Y todo esto está envuelto e impulsado por mentiras descaradas, demencia anticiencia y teorías conspirativas descerebradas — en que convierten a los grupos vulnerables en objetivo de odio y persecución, tal como denuncian a los inmigrantes como “delincuentes peligrosos” y tratan a las personas trans como depredadores pervertidos. [Lo anterior es de mi e-mensaje 114]
Con el desarrollo e intensificación del capitalismo y su transformación en capitalismo-imperialismo, Lenin abordó las consecuencias al respecto para el movimiento revolucionario en lo que escribió en El imperialismo y la escisión del socialismo. Señala que este desarrollo de lo que hoy reconoceríamos como el parasitismo del imperialismo (de hecho, para ser justo, de paso ese fue el término de Lenin, al referirse al parasitismo), de todos modos, con el parasitismo del imperialismo, Lenin reconoció que existía un sector de la clase obrera que recibía sobornos del botín de este imperialismo parásito, y estaba más o menos aburguesado. Bueno, él no los descartó totalmente en cuanto a la revolución —dijo que con el avance de la marcha de los acontecimientos, veremos cómo se definirán diferentes partes de estos trabajadores aburguesados— pero enfatizó la importancia de desarrollar el movimiento revolucionario en los sectores inferiores, más a la hondo, en los sectores más amargamente explotados de la clase obrera, del proletariado.
Pero en estos social demócratas hoy, como los DSA —los Socialistas Democráticos de América—, vemos una vez más una tentativa de desarrollar un movimiento basado en el parasitismo imperialista; ese es el meollo de su atractivo de “asequibilidad”. No se trata de que se deba ignorar las condiciones de las masas de personas, incluso en la clase media, ni hablar de los amargamente explotados. No se trata de que no haya problemas reales con eso. Pero intentar basar un movimiento que se propone cambiar la sociedad en la “asequibilidad” implica que los cambios que se proponen van a ser muy limitados y a la larga van a quedar incorporados en este sistema imperialista parásito. Así que esta es una diferencia fundamental entre, por un lado, los social demócratas como los DSA, que básicamente son parte del Partido Demócrata y quiere tomar el control de él, como instrumento del dominio imperialista, y por otro lado, el verdadero socialismo y su objetivo final del comunismo por todo el mundo.
La verdad profunda y básica es que no es posible “reformar” este sistema del capitalismo-imperialismo — no se puede hacer que de alguna manera sea un sistema justo que actúe según los intereses de las masas de la humanidad.
Este sistema descansa en una despiadada explotación, y no puede prescindir de ésta, en Estados Unidos, y en la (súper) explotación por todo el mundo, sobre todo en el tercer mundo (América Latina, África, el Medio Oriente y Asia).
Está destruyendo rápidamente el medio ambiente, a un ritmo acelerado.
Una vez más está propulsando las cosas hacia la amenaza existencial de una guerra nuclear.
En el propio Estados Unidos, la opresión muy real y literalmente mortífera es una parte integral del sistema dominante y sus relaciones esenciales; la supremacía blanca, el patriarcado y la supremacía masculina, y otras desigualdades despiadadas y opresiones brutales.
Y ahora, como un perverso intento de conservar el dominio de este sistema y la dominación del imperialismo estadounidense en el mundo, se tiene el ascenso al poder del fascismo. Esto abarca lo que es, en esencia, un “renacimiento” (o, una continuación) de la Confederación esclavista: junto con la “resucitación” de los monumentos y “héroes” de esa Confederación, los fascistas incluso dicen que la esclavitud no fue tan mala, que incluso fue buena. Este fascismo también abarca de manera importante los ataques a las personas trans y LGBT, junto con el ejercicio forzoso de la subordinación de las mujeres (no solo arrebatarles el derecho al aborto y amenazar al control de la natalidad, sino que incluso algunos fascistas sostienen abiertamente que a las mujeres una vez más se debería negarles el derecho de votar).
Este fascismo tiene, como ariete, el ataque a los inmigrantes, sobre la base de una “crisis de la inmigración” que están exagerando extremadamente — e incluso en el grado en que es real, están tergiversando burdamente esta realidad. Este fascismo desafía y pisotea flagrantemente el estado de derecho, tanto en Estados Unidos como en las relaciones internacionales, con la declaración abierta de que rechaza reconocer, o dejarse restringir por, cualquier ley nacional o internacional relativa a librar guerras, lo que incluye mediante ataques deliberados y no provocados contra no combatientes. Este fascismo está cometiendo, e intensificando, continuamente toda suerte de atrocidades, a un ritmo vertiginoso deliberado, a fin de desorientar y desmoralizar a los que se le opondrían.
Aunque derrotar —sacar del poder— a este régimen fascista es un objetivo urgente e inmediato, es necesario, repito, y crítico entender lo siguiente: cualquier esperanza de que confiando en el Partido Demócrata y siguiendo a su cola es posible atraer una solución justa a la crisis, cualquier intento de hacer del Partido Demócrata algo distinto a lo que es —un partido de la clase dominante— y, de manera más amplia, cualquier intento de “trabajar dentro de este sistema” como mecanismo para poner fin a su terrible opresión y despiadada explotación, sus amenazas existenciales a la humanidad mediante la destrucción ambiental y el peligro de una guerra mundial— cualquier esperanza semejante, cualquier intento semejante, es fundamentalmente ruin y va a resultar en el fracaso, con la resultante continuación, de hecho la acentuación y aceleración, de horrores muy reales.
Así que permítanme concluir la primera parte de esta presentación con la siguiente conclusión muy importante:
Siempre y cuando la gente, no solo en uno u otro país sino en el mundo en su conjunto, permanezca encerrada en el marco y los límites de este sistema del capitalismo-imperialismo, no puede existir ninguna resolución buena a la situación ya terrible a la que se enfrenta hoy la humanidad y al sufrimiento al que las masas de la humanidad están sometidas constantemente — y se continuará forzando a la humanidad a estar en una marcha hacia desastres aún peores, hacia un abismo aún más terrible, y posiblemente incluso hacia la extinción.
La solución: Arrancar una revolución radicalmente emancipadora a esta locura
En primer lugar, ¿a qué se refiere una revolución? Lo siguiente, de “Algo terrible, O algo verdaderamente emancipador”, habla de la esencia de este tema: “es necesario que por fin una fuerza revolucionaria organizada haga añicos, derrote y desmantele las instituciones de supresión violenta de este sistema. Ello es lo que se necesita para que las cosas vayan más allá de las protestas de masas, por combativas y decididas que sean, y se conviertan en una revolución real”. Y para citar de la “Declaración y Llamamiento” de los revcom:
Una revolución implica una fuerza de millones de personas, de muchos diferentes sectores de la sociedad y organizadas para una lucha total para derrocar este sistema y reemplazarlo por un sistema económico y político radicalmente diferente y mucho mejor, un sistema socialista, que se base en satisfacer las necesidades de la gente y en llevar adelante la lucha por un mundo comunista donde por fin se ponga fin, por todas partes, a la explotación, la opresión y la destrucción del medio ambiente que están integradas en este sistema del capitalismo-imperialismo. Cualquier cosa menos que esta revolución no lidiará para nada con la raíz de todos los problemas ni conducirá hacia la verdadera solución.
En pocas palabras: en el mundo de hoy, para cambiar la sociedad en lo fundamental, hay que tomar el poder — derrocar el poder estatal existente y establecer un nuevo poder estatal.
En “tiempos normales” —o, para expresarlo en otras palabras: salvo en tiempos extraordinarios cuando el funcionamiento básico, las relaciones y las “reglas” del sistema están seriamente trastornados, y se cuestiona seriamente su “permanencia” no sólo entre unas pocas personas sino en sectores muy amplios en toda la sociedad— las personas están formadas y confinadas, “encerradas” en el sistema dominante existente. Por eso es que, como fenómeno general (pero no algo para convertirse en dogma), en tiempos de crisis aguda, ese cambio fundamental se vuelve posible.
Así que, ¿cuáles son las condiciones necesarias para una revolución? Como se explica en “Este es un momento poco común en que la revolución se vuelve posible”:
Una revolución se vuelve posible, incluso en un país poderoso como Estados Unidos, cuando se hayan gestado tres factores principales:
Una crisis en la sociedad y en el gobierno que sea tan profunda y que trastorne tanto “la manera acostumbrada de hacer las cosas”, que aquellos que nos han gobernado, durante tanto tiempo, ya no puedan hacerlo de la forma “normal” la que, por su condicionamiento, la gente acepte.
Un pueblo revolucionario que cuente con millones y millones de personas, cuya “lealtad” a este sistema se haya roto, y su determinación de luchar por una sociedad más justa sea más grande que su temor por la represión violenta de este sistema.
Una fuerza revolucionaria organizada —conformada por cantidades cada vez más grandes de personas, de entre los más oprimidos pero también de muchas otras partes de la sociedad— una fuerza que se base en el enfoque más científico para impulsar y luego llevar a cabo una revolución y que trabaje sistemáticamente por aplicar ese enfoque, y a la cual masas de personas recurran cada vez más para que las dirija a fin de realizar el cambio radical que se necesita con urgencia.
Estos factores para la revolución, en su conjunto, claramente no existen en este momento — pero, para repetir, éste es uno de los momentos poco comunes en que sería posible gestar estos factores para la revolución.
Sin ser mecánico al respecto, tiene una clara importancia comprender, de manera viva, el rol de estas tres condiciones —y su interconexión continua, o relación dialéctica tal como diríamos— respecto a la posibilidad de una revolución. En esencia, la primera condición existe ahora, y esta situación se está intensificando constantemente — en particular mediante el avance acelerado implacable del régimen fascista de Trump.
En cuanto a las segunda y tercera condiciones, se encuentran seriamente “rezagadas” en relación al desarrollo de la primera condición. En cuanto a la segunda condición, si bien hay millones, y decenas de millones, de personas que están profundamente consternados e indignados debido a los atropellos intensificados del régimen fascista de Trump, hasta ahora ha habido muy poca (casi nula) sed y búsqueda de una solución radical fuera del marco del sistema existente. Algo estrechamente interconectado en particular con el estatus de las cosas en relación con la segunda condición, aunque sí existen fuerzas comunistas revolucionarias basadas en el nuevo comunismo, en este momento éstas se han quedado muy cortas a lo que con urgencia necesitan ser, tanto cuantitativamente (números muy reducidos) como cualitativamente (una comprensión y aplicación muy dispares del nuevo comunismo).
En el contexto de la situación cada vez más profunda, y que sigue intensificándose en general en torno a la primera condición, con la dialéctica entre las atrocidades del régimen y la resistencia en contra, hace falta tomar la iniciativa para transformar las segunda y tercera condiciones, mediante lucha — tanto lucha contra el sistema opresivo y la intensificación de sus atrocidades bajo el régimen fascista de Trump, como la feroz lucha ideológica que hay que librar para elevar la vista de la gente más allá de los límites estrechos de este sistema, a fin de ganarnos a cantidades rápidamente crecientes de personas (lo que incluye entre los que hoy todavía no están en movimiento) para que reconozcan y aprovechen la necesidad y la posibilidad de una revolución real para barrer con este sistema en su conjunto — que, junto con sus atrocidades generales en marcha, ha engendrado el régimen fascista de Trump.
Como se ha enfatizado en previas obras mías (y de otros), lo que se necesita es una repolarización —para la revolución— que supone la lucha crucial contra el régimen fascista de Trump pero también el reconocimiento de que este fascismo ha surgido del desarrollo particular del sistema de explotación y opresión en Estados Unidos, en el contexto del mundo más amplio, y es todo este sistema del capitalismo-imperialismo el que tiene que desaparecer.
Una vez más, la realidad es que éste es un momento poco común en que es posible una revolución para abolir y arrancar de raíz este sistema, y crear un sistema fundamentalmente diferente y mucho mejor. Y no se debe desperdiciar este momento poco común —ni despilfarrarlo, descartarlo— sino que todos los que, en cualquier momento dado, sí anhelan y buscan una forma totalmente diferente, muy liberadora y edificante en que las personas podrían vivir y relacionarse unas a otras, deben aprovecharlo, y actuar al respecto.
Si bien la realidad objetiva —en particular la dominación de este sistema sobre la gente, no sólo en la forma material de la explotación y la opresión, sino también en cuanto a la cultura y la ideología y la manera en que las personas están condicionadas a pensar— si bien todo esto es un importante factor en las dificultades las que estamos experimentando en el proceso de ganarnos a las personas hacia la revolución, con el nuevo comunismo como fundamentación y lineamiento, la realidad es que las deficiencias significativas entre los partidarios del nuevo comunismo también han contribuido a esto. En esencia, se trata de actuar de manera sistemática, o no, sobre la base del nuevo comunismo, sobre todo su método y enfoque científico, y sobre esa base llevar a cabo el trabajo necesario, y desarrollar la lucha necesaria, para ganarnos a la gente, sobre esa fundamentación básica sólida, a comprender la necesidad profunda, y la verdadera posibilidad, de una revolución real —sí, incluso en Estados Unidos, el país capitalista-imperialista más poderoso— y por qué no existe nada que tenga mayor sentido que trabajar por hacer nacer esta revolución. En la medida en que eso no se ha hecho de manera sistemática, representa un motivo importante por el que las filas de los revolucionarios seguidores del nuevo comunismo no estén superando los obstáculos muy reales que tienen que superar a fin de continuar fortaleciéndose, cuantitativa así como cualitativamente, de la manera que tienen que hacerlo con urgencia.
Para expresar las cosas en términos contundentes —pero científicos—, no se trata únicamente de que la humanidad está al borde del precipicio… sino también lo está el “proyecto comunista”, y la importante brecha que se ha abierto con el nuevo comunismo, el cual representa el único camino a un futuro digno en el que vivir para las masas de la humanidad y en lo fundamental para la humanidad en su conjunto.
Volveré a tratar esta realidad profunda — y al tema general de lo que tenemos que hacer al esforzarnos con seriedad por transformar la situación. Pero, para empezar y como fundamentación respectiva, es importante examinar en mayor detalle la manera en que todos los horrores a los que la gente está enfrentada ahora en lo fundamental han surgido de la propia naturaleza y dinámicas —impulsadas por las contradicciones básicas— del sistema capitalista, en particular en estos momentos en los que este sistema ha llegado a ser un sistema basado en la explotación a nivel mundial — el sistema del capitalismo-imperialismo.
Y es importante, a su vez, tratar la orientación, método y enfoque científico básico que lleva a esta comprensión crítica.
Esto abarca la necesidad y la importancia de adoptar y aplicar sistemáticamente el método científico del materialismo dialéctico e histórico, en oposición a toda la sarta de nociones y racionalizaciones no científicas que contribuyen a mantener este sistema monstruosamente caduco.
En términos básicos, el materialismo es el reconocimiento de que toda la realidad se compone de materia, y nada más — no existen fuerzas ni seres sobrenaturales, nada que no tenga una existencia material real (como una expresión importante de esto, el pensamiento humano es en sí mismo el resultado de procesos materiales reales dentro de los seres humanos, especialmente sus sistemas nerviosos y en particular sus cerebros, en interacción con el mundo material más amplio). La dialéctica se refiere al hecho de que la realidad material (incluida la sociedad humana) no es estática, sino que está llena de contradicciones, cambia constantemente y, en ciertas circunstancias, puede experimentar un cambio cualitativo importante (de una forma de materia a una forma cualitativamente diferente — como la experiencia cotidiana donde el agua que se hierve se convierte en vapor; o cuando surge una nueva especie en el proceso de evolución natural; o cuando una revolución en la sociedad humana da origen a un sistema cualitativamente nuevo — por ejemplo, cuando el socialismo resulta del derrocamiento del capitalismo). El materialismo histórico es la aplicación del materialismo dialéctico al desarrollo de la sociedad humana (así como a la naturaleza en general).
Empecemos con lo siguiente: ¡modo de producción… modo de producción… modo de producción!
Eso se refiere al sistema económico —la manera en que funciona— la manera en que se producen, intercambian y distribuyen las cosas. Esto constituye la base, y en lo fundamental determina el carácter, de la sociedad en general: las relaciones sociales, las instituciones políticas, las formas dominantes de pensar, y la cultura. El siguiente texto, de “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, ofrece una importante explicación de la relación entre la base económica de la sociedad (el modo de producción) y la superestructura (la política, que incluye las leyes, así como la ideología y la cultura), y por qué la superestructura está, y tiene que estar, en concordancia básica con la base económica:
Aquí veamos otro componente importante del entendimiento científico marxista: la relación entre la base económica de la sociedad y la superestructura política e ideológica (las estructuras e instituciones políticas y la cultura e ideas dominantes). En última instancia —no en el sentido mecánico de que es posible reducirlo todo a esto, sino en última instancia y fundamentalmente—, la superestructura de la sociedad tiene que corresponder a las relaciones de producción subyacentes. La base económica de la sociedad, el “modo de producción” —la forma en que la sociedad realmente lleva a cabo la producción y la reproducción de los requisitos materiales para la vida y hace que la gente pueda reproducirse— establece los términos para lo que serán las instituciones y procesos políticos y para lo que serán las ideas y cultura prevalecientes. Y he señalado, por ejemplo en Los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos, pero la humanidad puede volar más allá del horizonte, que si la superestructura de alguna manera importante o durante un período de tiempo dado está en desequilibrio, está en conflicto de alguna manera esencial, con la base económica, la sociedad se parará en seco…. Hay una interconexión entre estas dos cosas; las ideas y la cultura de una sociedad y las instituciones y procesos políticos tienen cierta “vida propia”, pero también están entretejidos estrechamente con las relaciones sociales y de producción y, en última instancia, se determinan por dichas relaciones.
Una vez más, si de alguna manera esencial y por cualquier período de tiempo la superestructura está en desequilibrio con las relaciones subyacentes de producción, eso hará que la sociedad se pare en seco, y luego algunas fuerzas se intervendrán para intentar restaurar el “orden” con unos u otros medios, incluso con los medios más extremos.
Para ilustrar esta cuestión básica, he utilizado la cuestión del “derecho de comer” — por qué dicho “derecho” no puede ser un principio operativo del sistema capitalista: como mencioné anteriormente, bajo este sistema, si las personas que no tienen para adquirir comida y otras necesidades básicas declararan que, pase lo que pase, tienen el derecho a éstas, y procedieran a obtenerlas sin pagarlas, todo el sistema capitalista entraría en una profunda crisis y dejaría de funcionar. Esto expresa la cuestión crítica que Marx enfatizó: los derechos se determinan por el carácter y las relaciones básicas del sistema económico (el modo de producción) y no pueden estar en conflicto fundamental con ellos; y la superestructura de la política, ideología y cultura, incluidas las leyes, será una expresión de esta realidad profunda. O, en palabras del propio Marx: “el derecho no puede ser nunca superior a la estructura económica ni al desarrollo cultural de la sociedad por ella condicionado”. (En “Pájaros y cocodrilos”, así como en “Breakthroughs [Abriendo Brechas]”, la entrevista que me hicieron a principios de 2025 y una entrevista anterior en El Show RNL [Revolución, y Nada Menos] de 2022, explico con mayor profundidad la relación entre la base económica y la superestructura y por qué, en cualquier sistema, la superestructura tiene que estar en correspondencia esencial con la base económica, el modo de producción).
El modo de producción de cualquier sociedad dada, en cualquier momento dado, no es estático ni inmutable, sino que de manera constante está en desarrollo y está cambiando, a medida que el desarrollo de las fuerzas productivas genera cambios. (Las fuerzas productivas se refieren a la tierra, las materias primas, los edificios, la maquinaria y otra tecnología utilizada en la producción — y a las personas con sus conocimientos y habilidades, que generan cambios en las fuerzas productivas). En ciertos momentos, el desarrollo de las fuerzas productivas requiere una transformación importante, cualitativa de las relaciones de producción — lo que a su vez requiere una revolución en la superestructura, para abolir el sistema político, en particular el poder estatal, que está reforzando el viejo sistema económico (o modo de producción).
Esto se aplica a todos los modos de producción, incluido el modo capitalista de producción, en el que tenemos que centrarnos aquí.
(En la entrevista de inicios de 2025, hablo de lo que es el capitalismo —y lo que no lo es—, las relaciones y dinámicas básicas del capitalismo como un sistema y las maneras en que se manifiesta a una escala mundial en estos tiempos en que el capitalismo desde hace mucho tiempo se ha desarrollado y transformado en el sistema del capitalismo-imperialismo. A continuación voy a tratar algunos aspectos esenciales de esto).
Existe una contradicción crucial y básica inherente al capitalismo como un sistema de producción e intercambio de mercancías. Como explica mi artículo Mercancías y capitalismo — y las terribles consecuencias de este sistema, Una explicación básica, una mercancía es algo que se produce con el fin de ser intercambiado, no algo para el consumo de la persona que lo produce (por ejemplo, si se producen los alimentos para su venta en el mercado, esos alimentos son mercancías; pero si los consume la persona que los cultiva, no son mercancías). En el sistema capitalista, se producen e intercambian en su inmensa mayoría las cosas como mercancías.
Otro rasgo que distingue el capitalismo es que la fuerza de trabajo (la capacidad de trabajar en general) es una mercancía. (Esto es lo que ocurre cuando una persona llena una solicitud para conseguir un empleo: busca vender su mercancía única, su fuerza de trabajo —su capacidad de trabajar— a cambio de un sueldo, o salario). Esto se refiere no sólo a un empleo particular en una situación particular, sino a la capacidad de trabajar en general. Eso es una importante análisis y distinción.
Eso es distinto a la esclavitud y a otras formas de explotación. Bajo la esclavitud, el rasgo que la distingue y la define es que la clase explotada es la propiedad de la clase explotadora — literalmente esclavitud. Bajo el feudalismo, por ejemplo, la clase explotada —sobre todo los siervos, los campesinos que trabajan pequeñas parcelas de tierra— están amarrados a la tierra en relaciones de las que no pueden escapar fácilmente.
Por otro lado, la clase explotada bajo el capitalismo, el proletariado, es una clase mucho más móvil, debido a la naturaleza del capitalismo. Bajo el capitalismo, no es rentable que la clase explotadora, los capitalistas, posee materialmente a la gente a la que explota, debido a que eso requiere una gran inversión en la compra de los que posee, y luego tienen que recuperar esa inversión. Bajo el sistema capitalista, la situación es mucho más dinámica, y es probable que al capitalista que de hecho intente comprar y poseer esclavos en la forma de personas a las que explota, lo saque del negocio alguna otra fuerza. Así que esa es una distinción importante. Dada la naturaleza y las dinámicas del capitalismo, corresponde a los intereses del capitalista pagar un sueldo a los trabajadores durante el tiempo que éstos trabajen para el capitalista — y creen riqueza para el capitalista: eso le da margen al capitalista para despedir a los trabajadores, en caso de que corresponda a los intereses del capitalista, sin tener que desembolsar una suma considerable para comprar físicamente a los trabajadores, como esclavos de hecho, antes de que éstos hayan creado riqueza para el capitalista. Esa es una diferencia importante entre la esclavitud directa y la explotación capitalista — la que, una vez más, guarda relación con la naturaleza básica y las dinámicas del capitalismo, a diferencia de la esclavitud.
La clase explotada bajo el capitalismo, el proletariado, como ya he mencionado, tiene que ser libre en dos sentidos. Libre de toda propiedad sobre los medios de producción de modo que no tenga ninguna otra opción salvo trabajar para una persona que sí los posee. No puede ser dueño de una fábrica, no puede poseer un pequeño negocio, no puede tener ningún otro medio para vivir salvo ser explotado por un capitalista. Esa es una “libertad” del proletariado bajo el capitalismo: libertad de toda propiedad sobre los medios de producción. Si no, nunca sería posible forzar a la gente a trabajar bajo las condiciones de la explotación capitalista. La otra libertad es la siguiente: tiene que ser libre de ser móvil, desplazarse, trasladarse de un lugar a otro, incluso viajar lejos del lugar donde estaba en cierto momento. Y tiene que ser móvil para que lo puedan despedir y luego volver a contratar/explotar (y ser vulnerable en su condición de desempleado, a ser aún más duramente explotado, como condición para volver a ser contratado por algún capitalista).
Todos esos elementos diferencian al capitalismo, y la forma de explotación bajo el capitalismo, a otros sistemas de explotación.
Lo que tienen en común todos los sistemas de explotación es que se crea y acumula la riqueza de la clase explotadora sobre la base de explotar a la clase subordinada. Eso es lo que tienen en común todos los sistemas de explotación.
No obstante, es importante entender la particularidad del capitalismo, pues guarda relación con el dinamismo del capitalismo: qué tan rápidamente esté compelido a transformar las propias condiciones de producción, y buscar nuevos ámbitos de explotación en el país —por ejemplo, trasladar fábricas del Norte al Sur— o incluso por el mundo. Así, el capitalismo se vuelve un fenómeno global, al extender sus tentáculos por todo el mundo — abarcando, y encadenando, a masas de la humanidad y en lo fundamental a toda la humanidad.
Además, existe la contradicción fundamental del capitalismo —la cual es distinta, una vez más, a la de los demás sistemas explotadores— la contradicción entre la producción socializada y la acumulación privada. Bajo el capitalismo, vemos fábricas en que literalmente miles de personas trabajan bajo un techo, con una división de trabajo —en que los individuos llevan a cabo distintas tareas, por ejemplo, en un línea de montaje— y en general millones y de hecho miles de millones de personas participan en la producción y transporte de los artículos producidos, lo que incluye las cadenas de suministro del capitalismo internacional, y así sucesivamente. Eso es distinto, una vez más, a los otros sistemas de explotación; aunque grupos de personas trabajaban juntos en la esclavitud, o lo que sea, eso es distinto a la masiva socialización de la producción bajo el capitalismo, que es un rasgo que define el capitalismo. No obstante, la acumulación de lo que se produce y la riqueza resultante no es social — es privada, en las manos de distintos capitalistas en competencia. Y tiene importancia la frase “distintos capitalistas en competencia” debido a que resulta en la anarquía del capitalismo, y contribuye a ésta, en la que constantemente hay trastornos y unas empresas se apoderan de otras. En los medios de comunicación vemos a estas gigantescas fusiones de empresas, y demás. En ese sentido, se trata de un sistema muy dinámico. Y su dinamismo, como señaló Marx, de hecho ha creado la base material para un sistema distinto, radicalmente diferente y mucho mejor, en el que la sociedad en su conjunto resuelva la contradicción entre la producción socializada y la acumulación privada, mediante su gobierno, el que se apropie socialmente de los medios de producción y la riqueza que se produzca, y luego la utilice por los intereses de las masas de personas para satisfacer sus necesidades fundamentales, no solo en lo material sino en las esferas culturales, intelectuales, etc. (Los medios de producción bajo el capitalismo en sí son el resultado de la producción social).
Esta contradicción básica del capitalismo —entre la producción socializada y la acumulación privada (o apropiación privada)— lleva, o contribuye, a la anarquía del capitalismo por el hecho de que la acumulación privada no se trata de una sola clase capitalista que acumule en colectivo sino de capitalistas distintos en competencia que acumulan en rivalidad unos contra otros. Y de fondo esto se manifiesta a una escala internacional, incluida la forma en que diferentes países capitalistas están en rivalidad y contienda unos contra otros, incluso al extremo de librar guerras, lo que ya ha ocurrido en dos ocasiones en dos guerras mundiales devastadoras.
Volvamos a las mercancías. Al centro de todo esto, de todas las contradicciones esenciales del capitalismo, se halla la contradicción inherente a las mercancías, siendo una parte integral de las mercancías. Marx, por una razón muy importante, inició su gran obra, El capital, examinando el desarrollo de las mercancías. Debido a que la contradicción de las mercancías en última instancia está al centro de las contradicciones del capitalismo. ¿A qué me refiero por eso? Para que una mercancía rinda remuneración, que recupere algo a cambio, existen dos cualidades que tiene que tener. Una, un valor de uso: en otras palabras, tiene que tener uso para alguna persona o grupo de personas, o grandes números de personas (eso puede referirse a algo que prefieren, no necesariamente a un uso en el sentido material más estrecho, de satisfacer una necesidad material). Pero tiene que tener uso para las personas. Tiene que tener valor de uso. Y tiene que haber realizado un valor de cambio: de hecho tiene que venderse o cambiarse en el mercado a fin de que se realice el valor de cambio. (El valor de cambio de una mercancía se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario que se utiliza en su producción).
En otras palabras, en palabras sencillas, creas cosas y tienes que venderlas — o si no, estarás en un gran lío. El motivo de ese gran lío es que no empieces desde cero al poner las mercancías en el mercado. Para crear la mercancía en primer lugar, hay que gastar mucho. Conseguir materias primas, trabajarlas, pagar a personas, pagar por una instalación en que esto se realiza, y así sucesivamente. Por eso, esta mercancía cuando entre al mercado, ya contiene mucho valor (valor que, a su vez, se determina por la cantidad de trabajo socialmente necesario, en cada etapa, que se utiliza para su producción), pero ese valor también supone gastos que tú, como productor de la mercancía, ya has desembolsado (y en el caso del capitalista, éste está explotando a otras personas a fin de producir esta mercancía, o mercancías). Así que entra al mercado, pero el problema es que ya has desembolsado los gastos para hacerlo, pero nadie puede conocer —debido a todos los capitalistas en competencia— nadie puede conocer qué cantidad del producto, o si algo del producto, de hecho va a consumirse, si de hecho va a realizar su valor de cambio potencial.
Así que esto contribuye a la anarquía del capitalismo, debido a que todos estos diferentes capitalistas están colocando productos en el mercado en una competencia de unos contra otros, pero toda una serie de factores pueden influir en que un producto específico, o incluso los productos en general, en realidad encuentren algo a cambio, es decir dinero, en alguna u otra forma como la forma más común de intercambio. Así que, una vez más, empezando con esta célula básica de la sociedad capitalista, que generaliza la producción de mercancías, con esta célula de la mercancía, se ve el desenvolvimiento de todas las contradicciones en el capitalismo en torno a la necesidad de apoyarse concretamente en el valor de uso a fin de realizar el valor de cambio — en otras palabras, a fin de recuperar lo que se ha invertido, y con la esperanza de obtener más de modo que se pueda expandir y competir.
Ahora bien, eso es lo que se oculta, obviamente, en la vida cotidiana y a los ojos de la mayoría de las personas. Éstas no lo comprenden. La opinión común —y los social-demócratas y personas progresistas, y toda esa gente que simplemente dice “no me gusta el capitalismo, odio el capitalismo, estoy en contra del capitalismo”, pues piensan que es simplemente avaricia. Pero existen dinámicas internas del capitalismo que conducen a la anarquía, conducen a la despiadada competencia y conducen al conflicto, no sólo entre los explotadores y los explotados sino también entre los propios explotadores unos contra otros, incluso al nivel de la contienda y guerras entre estados capitalistas.
Pero todo eso está arraigado en última instancia en esta contradicción inherente, e integrada en estas mercancías, que se generalizan bajo el capitalismo. En muy raras ocasiones, una parte minúscula de esta situación es que las personas producen y utilizan (consumen) los artículos que producen por su cuenta sin colocarlos en el mercado y sin obtener algo a cambio. Pero en un sistema capitalista altamente desarrollado, claramente todo eso no es tan aparente a la gente. Por ejemplo, al tomar tu móvil y ponerlo a escanear para hacer un pago, no te das cuenta que debajo de todo eso hay todo un montón de trabajo en marcha y todo un montón de intercambio de mercancías incluida la mercancía de la fuerza de trabajo.
Así que este sistema resulta en tremendas consecuencias que ahora se han manifestado extremadamente bajo este sistema del imperialismo, en especial tal como se está topando con sus límites, este sistema capitalista-imperialista. No sólo consecuencias para los que están duramente explotados, como los niños en el Congo, las mujeres en Bangla Desh, y la gente en Egipto y por todo el mundo, en América Latina, sino también las consecuencias para el medio ambiente, el peligro de una guerra nuclear — las consecuencias para la sociedad en general en cuanto a la manera en que se ha pervertido para que se conforme con las dinámicas del capitalismo.
Así que para los que están explotados bajo este sistema, la única manera fundamental de salir a su condición de explotados y eliminarla es abolir el sistema en su conjunto. Sin hacer eso, pues constantemente van a volver a forzar a las personas a subordinarse a los términos del sistema. Por eso, utilizo la expresión de obligar a “marchas forzadas” a la gente. A la gente las dinámicas del sistema la están condicionando, compeliendo, limitando y obligando a marchas forzadas en cierta forma. Y siempre que vivan dentro de los límites esclavizantes de dicho sistema, como individuos no tienen ninguna alternativa real y ninguna opción real, o son muy limitadas. Quizá individuos particulares puedan cambiar de posición, pero, como señaló Marx, en el caso de las masas de personas, éstas no pueden cambiar sus condiciones salvo con la abolición del sistema opresiva.
He enfatizado tanto el modo de producción… modo de producción… modo de producción, debido a que es fundamental. Pero sería dogmático y estaría mal abordar esto de manera mecánica, como si el modo de producción y las relaciones que abarca fueran las únicas relaciones importantes en la sociedad. En cuanto a las “4 Todas” de las cuales hablaba Marx, incluye las relaciones sociales que corresponden a las relaciones de producción en las que se basa la explotación de clases, o en que se basan las relaciones de clase. Y eso es una de las cosas que dice la gente a manera de una supuesta crítica al marxismo: “Bueno, el marxismo aborda únicamente las clases, no las razas, no las mujeres…”. ¡No es así! En su representación de esas “4 Todas”, lo aborda todo. Reconoce que el modo de producción es fundamental, pero también existe todo un complejo de relaciones que están interconectadas y en última instancia están basadas en el modo de producción como los cimientos, pero también tienen vida propia, por decirlo así, y una cultura que se desarrolla en relación concomitante. No se trata simplemente de que la cultura imperante prevaleciente refleje únicamente el modo de producción, en un sentido lineal; también refleja las demás relaciones sociales — la opresión racial, la opresión de las mujeres, la opresión por motivos de género en general, etc. Y refleja la manera de abordar el medio ambiente. Todo eso se refleja en la cultura, en la superestructura, en la ideología y la política de la sociedad que en última instancia, en esencia y en lo fundamental, se basa en el modo de producción, pero no se puede reducir a eso. Es muy importante no ser reduccionista al respecto.
Así que aquí tenemos dos temas importantes. Modo de producción… modo de producción… modo de producción — que es fundamental. A la vez, existe todo un complejo de relaciones sociales concomitantes, que no se debe y no se puede ignorar si se propone gestar cualquier tipo de cambio positivo.
(Se comentan estas relaciones en mayor detalle en “Breakthroughs [Abriendo Brechas]” así como en Los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos, pero la humanidad puede volar más allá del horizonte, los que están disponibles en mis Obras escogidas).
Para volver a la cuestión de una revolución para transformar la sociedad —y esto se aplica en especial a la revolución comunista como la transformación más fundamental, una transformación histórica— la que ocurre, y debe ocurrir, únicamente puede ocurrir, en la superestructura. No se hace una revolución en el modo de producción. No es posible cambiar en lo fundamental el modo de producción sin cambiar el sistema en su conjunto — y en particular el sistema de gobierno, el poder estatal, que mantiene y apuntala el modo de producción (y las relaciones sociales correspondientes). Se hace una revolución en la superestructura, que apuntala ese modo de producción, de manera que sea posible romper ese apuntalamiento, y de ahí pasar a trabajar en torno al modo de producción y las relaciones sociales. Y hay que derrocar el viejo poder estatal capitalista, la dictadura concreta de la burguesía, que impone la explotación y opresión, y en su lugar, hay que establecer un poder estatal socialista (la dictatura del proletariado) — con el objetivo de abolir la explotación y opresión, no solo en un país socialista específico sino a la larga y en lo fundamental en el mundo en su conjunto. Al realizar el comunismo, por todo el mundo por fin se pondrá fin a cualquier necesidad o base para una dictadura de cualquier tipo, y en lugar de eso, se creará una comunidad mundial de seres humanos, basada en los principios de la cooperación y la toma de decisiones colectiva, y dando cada vez mayor ámbito al florecimiento de los seres humanos sobre esos cimientos y en ese marco.
La necesidad fundamental y objetiva más decisiva de esta revolución socialista y el nuevo poder estatal socialista es la transformación radical de la economía (el modo de producción), a fin de arrancar de raíz la base para toda explotación, toda situación en que una parte de la sociedad acumule riqueza, y poder, mediante el control, dominación y lucro con el trabajo de otros. Esta transformación de la economía es la base en que se puede y se debe transformar las relaciones sociales (de raza, sexo y género, y otras relaciones sociales), junto con la cultura y moral prevalecientes, a fin de eliminar las divisiones opresivas. Ya he abordado la manera en que hay que tratar esto de manera dialéctica, no mecánica ni reduccionista.
La transformación del modo de producción también constituye los cimientos —no la totalidad, sino los cimientos— para llevar a cabo la orientación y responsabilidad internacionalista de apoyar el avance de la revolución comunista por todo el mundo, a partir de comprender científicamente que en última instancia puede darse la eliminación y desarraigo cabal de las relaciones opresivas y explotadoras únicamente con la realización del comunismo, que a su vez únicamente se puede lograr a nivel mundial. (Aunque aquí un examen mayor de aspectos esenciales del internacionalismo y el avance hacia el comunismo rebasa el ámbito de lo que puedo abordar aquí, diversas obras en revcom.us —entre ellas “Breakthroughs [Abriendo Brechas]”, “Pájaros y cocodrilos” y “La explotación: qué es, cómo ponerle fin”, incluidas las notas de ese artículo, que en sí son importantes— contienen un examen importante al respecto. Además, contiene un examen muy importante de este tema la polémica “¿Comunismo o nacionalismo?” de la Organización Comunista Revolucionaria, México, que aparece en la e-revista teórica Demarcations, No. 4).
A la vez, como he venido enfatizando, no existe una relación “estática” y “unidireccional” entre la base económica de una sociedad (el modo de producción) y la superestructura de política, ideología y cultura, así como las relaciones sociales. Existe una relación dialéctica —una relación de estire y afloje, en la que la base económica constituye los cimientos, que en general establecen las condiciones, pero otras relaciones, y la superestructura, ejercen un impacto e influencian el carácter y el rumbo de la base económica. En el caso de que haya intención de desarrollar el modo de producción sobre la base de relaciones que no supongan explotación, pero las relaciones sociales son opresivas, y la política, la ideología y la cultura promuevan la opresión y explotación, se socavará fuertemente, y en última instancia se revertirá, el desarrollo de un modo no explotador de producción.
Lo siguiente (del libro El Nuevo Comunismo, que también se cita en “Breakthroughs [Abriendo Brechas]”), sintetiza las dinámicas esenciales que operan en la relación entre el modo de producción y la transformación de las relaciones sociales para abolir la opresión:
[E]n última instancia, el modo de producción sienta las bases y pone los límites para el cambio, en cuanto a la manera de tratar cualquier problema social, como la opresión de las mujeres, la opresión del pueblo negro o de los latinos, la contradicción entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, la situación con el medio ambiente o la situación de los inmigrantes, etc. Aunque todas esas cosas tienen una realidad y dinámicas propias, y no se pueden reducir al sistema económico, todas ocurren en el marco y en medio de las dinámicas fundamentales de ese sistema económico; y ese sistema económico, ese modo de producción sienta las bases y establece los límites fundamentales del cambio con respecto a todas esas cuestiones sociales. Por lo que, para deshacerse de todas estas diferentes formas de opresión, es necesario tratarlas en sí, pero también es necesario hacer cambios fundamentales al sistema económico para crear la posibilidad de poder llevar a cabo esos cambios en términos fundamentales. En otras palabras: Es necesario tener un sistema económico que no impida hacer esos cambios y que, por el contrario, no sólo permita sino que siente una base favorable para hacer esos cambios.
Todo esto, una vez más, se puede lograr únicamente sobre la base de una revolución, en la superestructura, para establecer el poder estatal socialista (la dictadura del proletariado) en lugar del poder estatal capitalista (la dictadura de la burguesía).
Desde la perspectiva fundamental de avanzar más allá de los horrores del capitalismo-imperialismo —y en términos más inmediatos, a fin de abrir el camino hacia la posibilidad de relaciones decentes en Estados Unidos y en el mundo en general—, es crucial derrotar y expulsar al régimen fascista de Trump, sobre la base de una masiva movilización no violenta pero sostenida y decidida, con la participación de personas desde muchas perspectivas políticas diversas, tal como Rechazar el Fascismo ha llamado a hacer y por lo que ha venido trabajando activamente.
Respecto a esta lucha contra el fascismo de Trump y MAGA y la lucha por el futuro, tenemos las siguientes posibilidades:
** Primero, una consolidación fascista con todo lo que eso implica: que el régimen de Trump permanezca en el poder e imponga brutalmente su reino de terror y atrocidades, al interior de Estados Unidos y en el resto del mundo. Las cosas ya han avanzado muchísimo en este sentido — y esto sigue enfatizando la importancia crítica de una masiva movilización contra este régimen con el objetivo de sacarlo del poder concretamente.
** Segundo, que mediante una combinación entre una lucha no violenta masiva pero decidida desde abajo, en interpenetración con las contradicciones muy reales, agudas y crecientes en la cúpula, se saque del poder al régimen.
** Tres, que el torbellino de acontecimientos conduzca a una situación en que una revolución, para abolir el sistema entero, se presente de forma inmediata y aguda como la necesidad, incluso a fin de sacar del poder al régimen fascista de Trump. O, se saque del poder al régimen, sin darse una revolución. En tal caso, la destitución del régimen muy probablemente conduciría al menos a un enfriamiento temporal de la lucha desde abajo, suscitando ilusiones, y nuevos desafíos — pero una resolución revolucionaria fundamental todavía podría ser posible (si bien ciertamente sin garantías, especialmente en términos muy inmediatos). Al mismo tiempo, una verdadera guerra civil es una posibilidad real en tal situación, en el caso de que las fuerzas fascistas, al interior de la clase dominante así como en la sociedad en general, se nieguen a aceptar una derrota y destitución del régimen de Trump, y recurran a una guerra civil para volver a establecer el dominio fascista.
A la luz de esto, y de las consecuencias generales de permitir que este régimen fascista permanezca en el poder, lo que enfatizo en mi e-mensaje 111 tiene una importancia crucial: “Nosotros, los revcom, tenemos seriedad —y todas las personas decentes necesitan tener seriedad— acerca de realmente derrotar a este fascismo de Trump y MAGA”. Y:
Uno de los principios más fundamentales del nuevo comunismo que he desarrollado es la necesidad de sistemáticamente abordar las cosas de manera seria y científica — y esto significa hablar de manera franca y honesta acerca de cuáles son nuestros objetivos. Como dije al principio, nosotros los revcom (comunistas revolucionarios, basados en el nuevo comunismo) tenemos seriedad acerca de derrotar a este fascismo — debido a que este fascismo representa un horror muy concreto no solo para la gente en Estados Unidos sino para la gente en todo el mundo.
Al mismo tiempo, como he subrayado en repetidas ocasiones, el sistema del capitalismo-imperialismo y su desarrollo a lo largo de la historia de Estados Unidos han engendrado este fascismo, lo que ha crecido del propio suelo de ese sistema. Por su propia naturaleza, este sistema ha engendrado continuamente horror tras horror, y únicamente una revolución real puede abrir el camino para poner fin definitivamente a las terribles atrocidades y a los sufrimientos innecesarios que constantemente causa este sistema.
Nosotros, los revcom, seguiremos trabajando urgentemente para ganarnos a la gente, primero a miles y luego a millones de personas, para que vean la necesidad de una revolución — y actúen en torno a dicha necesidad. Si resultara que un movimiento masivo de hecho lograra derrotar al fascismo de Trump y MAGA, sin que eso implicara el derrocamiento revolucionario de todo el sistema del capitalismo-imperialismo, pues ¡ciertamente no estaríamos “decepcionados”! Reconoceríamos la gran importancia de esta victoria, para la causa de la humanidad. Y seguiríamos trabajando incansablemente para llevar adelante la lucha hacia el objetivo de la revolución que es necesaria para poner fin a los horrores interminables de todo este sistema del capitalismo-imperialismo y crear un sistema mucho mejor — tal como se expone en la Declaración en revcom.us: NECESITAMOS Y EXIGIMOS: UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE.
En la situación actual, no han tenido éxito, al menos en términos inmediatos, los esfuerzos por expulsar al régimen de Trump, tal como están concentrados en el Llamamiento de Rechazar el Fascismo y su movilización hacia Washington, D.C., en noviembre de 2025. A la luz de esto, si bien debe continuar y continuará la resistencia contra la embestida general del régimen (y contra los diversos atropellos atroces particulares, tales como las redadas del ICE), cada vez más se atraerá la atención de las personas decentes (de manera espontánea y mediante las acciones del Partido Demócrata y aquellos que estén alineados con él) hacia las elecciones de mitad de mandato de 2026 (e incluso más allá de eso hacia 2028). Al respecto, también existen distintas posibilidades significativas:
* Debido a una combinación de factores, podría surgir una crisis aguda y profunda para el régimen, la que pondría la destitución del régimen de manera destacada, y más o menos inmediata, a la “orden del día”, de una u otra manera. En esta conexión, una vez más tenemos la cuestión concreta de si, en el caso de una acción seria para sacar a Trump, esto podría conducir a una guerra civil en alguna forma, en que los fascistas de Trump y MAGA, incluidas figuras en las estructuras gobernantes, se nieguen a aceptar esto y se pasen a una rebelión armada.
* El régimen de Trump podría actuar para impedir (o “retrasar”) las elecciones de mitad de mandato.
* El régimen podría actuar en (otras) formas para mantener el control republicano sobre ambas cámaras del Congreso: “amañando” las elecciones y/o negándose a aceptar unos resultados que permitan que los demócratas ganen una mayoría en una o las dos cámaras del Congreso.
* De alguna manera, como resultado de esas elecciones, los demócratas logren obtener una mayoría en al menos una cámara del Congreso a la vez que de todos modos el régimen de Trump permanezca en el poder, muy probablemente con la continuación del apoyo de la Corte Suprema dominada por los fascistas.
En relación a todos estos (y otros posibles) escenarios, será crucial mantener una resistencia activa y una “estructura organizativa” básica para dar orientación y efecto a la lucha general contra el régimen fascista de Trump.
En todo caso, lo que dice mi e-mensaje 141 seguirá siendo válido:
“A diario lo siguiente se evidencia con cada vez mayor fuerza y crueldad: No se puede vivir con este fascismo de Trump y MAGA”.
No es posible, en este momento, determinar cuál de estos escenarios —o quizá alguna otra situación— se desarrolle. Pero la siguiente orientación es crucial: si bien debe continuar la resistencia contra el régimen fascista, los partidarios del nuevo comunismo, sin dejar de participar activamente en esta resistencia, deben tener la firme orientación y estar preparados para llevar a cabo trabajo continuo por la revolución —trabajo teórico, político, práctico y organizativo— incluso ante la necesidad de hacer este trabajo bajo condiciones que probablemente sean cualitativamente más represivas y difíciles.
Una pregunta muy importante al respecto es: ¿cuáles son las fuerzas para la revolución?
Un factor claro y potencialmente muy importante es que entre los que se oponen activamente al régimen fascista de Trump, existe un cuestionamiento relativamente extenso de “qué es lo que va a ser el siguiente paso”, después de que este régimen ya no esté en el poder —y un sentimiento relativamente amplio de que la respuesta no es “simplemente volver a lo que existía antes”— aunque, en este momento, esta forma de pensar y cuestionar todavía permanece en el marco del sistema existente. Así que, al tiempo que se una ampliamente para derrotar y sacar al régimen fascista de Trump, es vitalmente importante abordar a fondo, y llevar a cabo debates y luchas basados en los principios, sobre la pregunta: ¿qué ha engendrado este fascismo y cuál a la solución fundamental a todo esto?
Fuerzas esenciales y problemas críticos.
El pueblo negro.
Mi Declaración de Año Nuevo de enero de 2021 habla de los siguientes cambios importantes:
Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (hace 75 años), la situación del pueblo negro ha cambiado dramáticamente.... En las últimas pocas décadas, debido a la intensificación de la globalización y la automatización de la producción, en interacción con la discriminación continua, se ha eliminado una gran cantidad de los empleos en las fábricas los que les proporcionaban a los hombres negros (y a algunas mujeres negras) trabajos mejor pagados en las zonas urbanas. Al mismo tiempo, como resultado de las luchas por los derechos civiles y para la liberación negra de los años 1960 y principios de los 1970, y otros factores, se ha dado un crecimiento de la clase media negra. Pero también se ha dado un aumento de la llamada “underclass” [subclase marginada], concentrada y contenida en ghettos urbanos y que más o menos está permanentemente excluida del empleo regular en la economía “formal”.
Las fuerzas gobernantes en la sociedad, sin capacidad de proporcionar una resolución positiva a las agudas contradicciones ligadas a estos cambios —sin capacidad de poner fin al racismo sistémico que implica una discriminación degradante incluso contra sectores económicamente más acomodados del pueblo negro, sin capacidad de integrar a grandes cantidades de los negros en la economía “formal”—, han respondido a esta situación con la encarcelación en masa de millones de varones negros (y crecientes cantidades de mujeres negras) con arrestos, juicios, condenas y penas que conllevan aún más discriminación e injusticia, y al desatar y respaldar el terror policial sistemático, el que se dirige especialmente contra las personas negras en las comunidades marginadas de las ciudades pero que puede poner en la mira a cualquier persona negra, en cualquier lugar y en cualquier momento. El intento de ejercer brutalmente “la ley y el orden”, dado que una solución más justa es imposible bajo este sistema, realza la volatilidad de toda esta situación, lo que conduce a trastornos adicionales —incluidas protestas y rebeliones completamente justificadas y justas—, situación la que, a su vez, aprovechan las fuerzas fascistas para promover su grotesca representación supremacista blanca de las masas del pueblo negro como “delincuentes” y “animales sueltos”.
Los fascistas trumpistas aprovechan la existencia de la delincuencia, conflictos entre las pandillas y la violencia en las comunidades pobres urbanas como parte de aplicar agresivamente en general la supremacía blanca y una represión despiadada, no solo para justificar los continuos asesinatos desbocados de parte de la policía, especialmente contra el pueblo negro y los latinos, así como los indígenas, sino también ahora para movilizar a la Guardia Nacional y otras fuerzas militares en contra de la gente en las zonas urbanas con grandes poblaciones del pueblo negro, y latinos. La verdad es que, como digo en mi e-mensaje 130: “No se trata de ‘combatir la delincuencia’, sino de imponer un régimen fascista de estado policial y llevar a cabo el terror racista que está al centro del fascismo de Trump y MAGA”.
Esos fascistas —y, de hecho, todos los sectores y representantes de la clase dominante— no reconocen y no admiten, o se niegan a reconocer y admitir, que las condiciones que constituyen la fuente fundamental de la delincuencia y la violencia tienen sus raíces en las relaciones básicas, y la ideología y cultura imperante, fomentada e impuesta por este sistema monstruosamente criminal del capitalismo-imperialismo.
(Dos artículos importantes míos, “Es posible eliminar la opresión racial — pero no se puede hacer bajo este sistema” y “La policía y las prisiones: ilusiones reformistas y la solución revolucionaria”, examinan estos temas con cierta profundidad — muestran la manera en que todo esto tiene sus raíces fundamentalmente en este sistema, y por qué no es posible transformar esto fundamentalmente mediante reformas dentro de este sistema, pero que sí es posible hacerlo mediante una revolución real para barrer y arrancar de raíz este sistema y las relaciones y condiciones que impone a la fuerza a las masas de oprimidos y a la sociedad en general).
Por una parte, los grandes cambios en la situación del pueblo negro, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, abarcaron un fin de la segregación por ley y la subyugación abierta del pueblo negro en el estatus de “ciudadanos de segunda clase” (en el mejor de los casos), mientras a la vez estos cambios han creado nuevas dificultades para el pueblo negro en general y la lucha por su emancipación total de los siglos de opresión y terror racista. El crecimiento de la pequeña burguesía (clase media) negra ha conducido al crecimiento del número de intelectuales negros, de los que una buena parte ha hecho importante trabajo académico para denunciar no sólo la historia sino la realidad actual de la terrible opresión a la que el pueblo negro sigue sometido. A la vez, existe el fenómeno que se examina en “Esperanza para la humanidad”, en referencia a la importante observación de Marx de que cada perspectiva de clase identifica el interés específico de la clase que representa con los intereses generales de la sociedad. En “Esperanza para la humanidad”, trato específicamente la forma en que esto se aplica al pueblo negro:
[E]ntre los negros… en su conjunto como pueblo sufre una opresión horrible en muchas formas, entre ellas una de sus expresiones más atroces, el asesinato policial, así como la discriminación y el racismo rampantes en la sociedad entera; pero diferentes clases, capas y sectores de la población negra viven y responden a esto de maneras diferentes. Eso se ve en las personas como Beyoncé y Jay-Z. El punto de vista básico que tienen, y propagan, es, en esencia: la manera de lidiar con todo esto es consiguiendo mucha plata — pues háganse de mucho billete y asunto resuelto. Bueno, obviamente eso es el punto de vista y la aspiración de las capas burguesas, aquellos que se han convertido en capas burguesas entre los negros. Y además hay otras manifestaciones de ese mismo tipo de punto de vista entre las capas más burguesas y pequeño burguesas del pueblo negro que consideran que la solución es trabajar dentro del sistema y conseguir una mejor posición dentro de este sistema. Eso es su inclinación espontánea, su perspectiva espontánea sobre el problema y la solución. Y, entre otras cosas, esto explica por qué se dio tanto entusiasmo por tener a Obama como el primer presidente negro.
Junto con esto, en la clase media negra, y con una importante influencia en el pueblo negro en general, se tiene el fenómeno de la “política de identidad”, que abarca una comprensión incorrecta de la causa fundamental de la opresión del pueblo negro, y de su solución concreta.
Entre las masas del pueblo negro que no son parte de la clase negra media (o alta), y especialmente entre los jóvenes negros, definitivamente existe la influencia de lo que promueven Jay-Z y Beyoncé (y la idea general de “superarse” dentro de este sistema — o en todo caso “lograr salirse” de las terribles condiciones a las que están sometidos especialmente los negros más empobrecidos — a como dé lugar). Y los cambios que se han operado entre los negros a lo largo de las últimas décadas —entre ellos el crecimiento de la clase media negra, la eliminación de los empleos fabriles más estables para grandes números de hombres negros en especial, y la desintegración y desmoronamiento de lo que eran comunidades negras más cohesionadas que habían existido incluso bajo las terribles condiciones de opresión brutal— todo esto, a corto plazo, ha socavado la base del tipo de poderoso movimiento de liberación negra que surgió en los años 1960. (En la película Bulworth, el personaje representado por Halle Berry le da voz a cierta parte de esto, si bien no de una manera científica completamente desarrollada).
Aunado a eso, están las acompañantes pútridas influencias culturales e ideológicas que se promueven constantemente en los medios “del espectáculo” y por el sistema en general. “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, Segunda parte, aborda este tema con mayor detalle. Uno de los fenómenos que señala es el “reaganismo” entre las masas del pueblo negro (y de otros): la noción de que enriquecerse por cualquier medio necesario (para invocar una perversión de la posición desafiante contra la opresión de Malcolm X).
(Este “reaganismo”, claro está, no se ha limitado al pueblo negro, ni al período reciente en la historia de Estados Unidos. En la primera parte del siglo 19, el historiador francés Alexis de Tocqueville, en su libro La democracia en América, señala, entre otros rasgos que caracterizan a la gente en Estados Unidos, que había una codicia servil muy pronunciada, una búsqueda incansable de obtener riqueza. Si bien esto ha sido un rasgo del “carácter de Estados Unidos”, desde el comienzo, ha alcanzado nuevas alturas —o nuevos abismos— con el mayor parasitismo de este país capitalista-imperialista, en particular desde los años 1970).
Junto con este “reaganismo”, ciertos buscavidas, “influenciadores” y otros que se promueven a sí mismos y sus intereses estrechos, a menudo lo hacen en nombre del pueblo negro, aunque esta “influencia” y promoción de hecho están en conflicto, y obran en contra de, poner fin a la continua opresión del pueblo negro en general.
En la canción “Luchar contra el poder”, Chuck D proclama: “La mayoría de mis héroes no aparecen en ningún sello postal”. Y la realidad es que los que buscan una verdadera salida a la locura, no encontrarán “héroes” en la “cultura” podrida imperante que este sistema promueve incesantemente, en diversos sentidos.
Condiciones desesperadas, desmoralización, una lógica de derrota — pero, a pesar de todo…
Aquí presento un análisis importante de los grandes cambios durante el período reciente, desde los años 1960, el potencial que continúa para una revolución, y la crucial importancia de un enfoque científico de todo esto:
Hemos visto la posibilidad de un mundo sin opresión expresada poderosamente en un pasado no tan lejano, durante el auge de lucha radical que tomó lugar en Estados Unidos y en todo el mundo durante los años 1960 y principios de los 1970. En Estados Unidos, la lucha del pueblo negro estaba al frente de todo eso, y al radicalizarse más esa lucha en oposición al propio sistema, y al crecer y cobrar influencia grupos como el Partido Pantera Negra, impulsados por la impaciencia y la osadía de los jóvenes negros, el papel avanzado de la lucha por la liberación negra venía ejerciendo un papel positivo aún más poderoso. Y, como una parte muy importante de la convicción sostenida fuerte y ampliamente en la sociedad de que no solamente era necesario sino posible ponerle fin a la pesadilla que habían soportado por tanto tiempo:
[E]ntre los negros —a quienes siempre se nos dice que son inherentemente religiosos— cundía un distanciamiento en masa de la religión, especialmente entre los jóvenes. ¿Por qué? En vista de que las personas estaban llenas de esperanza, no creían que no hubiera esperanza para un mundo mejor. Estaban llenas de esperanza para un mundo mejor aquí mismo en este mundo. Y por lo tanto, entre los negros, se dio, por parte de los jóvenes en particular, un importante distanciamiento de la religión y de todas las viejas convenciones que acompañaban a la religión que eran influencias a favor del conservadurismo que mantenían abajo a la gente….**
Pero no se realizaron la gran promesa del auge de lucha radical de los años 1960, ni las esperanzas que éste despertó — en lo fundamental porque las cosas no se desenvolvieron por todo el camino hasta una revolución real. Y, durante las décadas desde ese entonces, por medio de las políticas conscientes de los poderes gobernantes de fomentar el desarrollo de capas más burguesas y pequeñoburguesas entre los negros, a la vez que han mantenido y contenido a las masas del pueblo negro en condiciones de privación, opresión y represión cruel, esta realidad amarga ha resultado en que:
Entre las masas básicas, incluido el pueblo negro…., surgió muchísima desmoralización y una sensación de derrota, y la inyección (incluso mediante políticas y acciones deliberadas de la clase dominante) de masivas cantidades de drogas intensificó más las condiciones desesperadas de las masas básicas y reforzó más la sensación de desmoralización. Muchas personas estaban muriéndose o, al recurrir a las drogas por desesperación, quedaban reducidas a miserables desdichados — la ausencia de esperanza, o la muerte, en términos inmediatos, de la esperanza que había inspirado a tantas personas, sobre una base real, en el transcurso del auge de lucha de los años 1960, lo que ahora se había amainado y se había transformado. Y esta situación se volvió aún más desesperada y desmoralizadora con el crecimiento de las pandillas en los ghettos y barrios de Estados Unidos (así como a nivel internacional), y la situación atraía a los jóvenes hacia las pandillas ante las condiciones de creciente privación y desesperación y lo que para la mayoría de ellos era la ilusión de enriquecerse, con la orientación de “enriquecerse o morir al intentarlo”, impulsada por el crecimiento del narcotráfico y la influencia de la pútrida cultura promovida en toda la sociedad que fomentaba y ensalzaba la explotación y la degradación de otros como mecanismo para triunfar en grande, en Wall Street y en el escenario mundial, o en las calles de las comunidades marginadas de las ciudades.**
Ante todo esto, en medio de una sensación de desesperanza fatalista, de parte de grandes cantidades de personas negras se ha dado una retirada hacia la religión. Con frecuencia se dice que la religión es lo que ha permitido que el pueblo negro aguante y persevere ante todas las vicisitudes —los verdaderos horrores— a los que ha estado sometido a lo largo de su experiencia en Estados Unidos, y que esto continúa en la actualidad. Pero, esto es una lógica de derrota — se basa en la suposición subyacente de que el sistema continuará así como ha sido básicamente, y que continuarán el desprecio, discriminación, persecución, brutalización y terror contra el pueblo negro, y que lo mejor a lo que pueden esperar conseguir es de alguna manera sobrevivir, y esforzarse por prosperar, a lo largo de todo esto — o, si uno sufre en esta vida pero “queda bien con Dios”, o se somete a Alá, recibirá su recompensa en alguna “otra vida”.
De nuevo, se suscita de manera aguda la pregunta: ¿Cómo es posible que se emancipe por fin y totalmente al pueblo negro de los siglos de opresión, y qué relación tiene eso con la eliminación de toda opresión, de toda la gente, en todas partes?
La respuesta es que sí es real la posibilidad de hacerlo, pero únicamente puede ocurrir sobre la base de un enfoque científico de cambiar el mundo y el entendimiento fundamentado en la ciencia de que esta opresión tiene sus raíces y su causa en el sistema del capitalismo-imperialismo —el mismo sistema que cruelmente explota y asesinamente oprime a las personas, no sólo en Estados Unidos sino por todo el mundo y está saqueando el medio ambiente natural— y que es necesario y posible derrocar este sistema por medio de una revolución real y reemplazarlo con un sistema radicalmente diferente y mucho mejor: el socialismo, cuyo objetivo final es un mundo comunista, sin ninguna opresión ni explotación de nadie, en ninguna parte….
Quizá la religión dé la apariencia de consolar a las personas ante la opresión y la angustia a las que están forzadas a soportar, o les dé la idea de que con la religión puedan abstenerse de “hacer males” — o que, aunque quizá “hagan males”, aún tengan cierto valor. Y es cierto que, para algunas personas, sus creencias religiosas las motivan a luchar contra varias formas de opresión, y muchas personas que abordan las cosas desde un punto de vista religioso tienen observaciones y conocimientos los cuales es importante conocer y de los cuales sacar lecciones. Pero también es cierto que la religión, como una manera de pensar y una guía para actuar, confía en la invención de seres sobrenaturales que no existen, pero los que, según se dice, en última instancia configuran y controlan la realidad, incluido la suerte de los seres humanos. La religión llama a las personas a que se sometan a esos seres sobrenaturales imaginarios (o a las autoridades muy humanas que hablan en nombre de esos seres sobrenaturales imaginarios) y que observen las escrituras que en realidad no llevan a poner fin a la opresión, sino que de hecho promueven y refuerzan todo tipo de degradación y horror. (Eso es algo que ilustré muy concretamente en el libro ¡Fuera con todos los dioses! Desencadenando la mente y cambiando radicalmente el mundo, particularmente con respecto a las tres principales religiones monoteístas [de un solo dios]: el judaísmo, el cristianismo y el islam). De esta manera, la religión está en directa oposición a asumir un enfoque consecuentemente científico de entender la realidad y emprender una lucha fundamentada en la ciencia para poner fin a toda opresión….
No es ni posible ni corresponde a los principios forzar a las personas a abandonar las creencias que sostienen en un momento dado — y nadie nunca debería intentarlo. En los términos más fundamentales, la emancipación —de toda forma de esclavitud y opresión— debe ser el acto voluntario y consciente de las personas. Pero es muy necesario e importante desarrollar la lucha ideológica, conforme a los principios, pero de la forma tan firme que sea necesario, para ganar a las personas a asumir un enfoque científico de conocer, y cambiar, el mundo y romper con las formas de pensar que de hecho contribuyen a mantener oprimidas a ellas, y a otras personas.
Una vez más, es cierto que muchas personas religiosas toman parte ahora en luchas importantes contra la opresión; también es cierto que muchas personas religiosas figurarán entre los millones que participarán en la revolución para deshacerse de este sistema opresivo en su conjunto. Pero, esta revolución, y la lucha continua para eliminar toda opresión y plasmar la emancipación real y completa, tienen que contar con la dirección de aquellos, de entre los más oprimidos, y también de entre otras personas, que han asumido un enfoque científico de cambiar el mundo y que han roto con la esclavitud mental de la religión, en adición a las demás maneras de pensar que promueven la opresión, o que al menos la racionalizan y la justifican objetivamente.
(Esto es de mi artículo Bob Avakian: “Sobre emanciparse de la esclavitud mental y de toda opresión”. Las partes que se indican con ** son citas de Esperanza para la humanidad - sobre una base científica, Romper con el individualismo, el parasitismo y el chovinismo pro estadounidense. Además, un importante análisis al respecto se halla en mis e-mensajes 91-94 @BobAvakianOfficial, sobre la pregunta crucial: “Una lucha profunda por el alma del pueblo negro: ¿un pueblo derrotado — O un pueblo revolucionario?)
A pesar de todo a lo que este sistema ha sometido al pueblo negro, y de todas las formas en que ha trabajado para degradarlo, permanece, en las profundidades del alma del pueblo negro, un “deseo sentido muy profundamente de liberarse de estos largos siglos de opresión”.
Dada la naturaleza abiertamente racista del régimen de Trump —y el hecho de que el renacimiento del racismo más burdo, grotesco y vil está al centro de la embestida fascista del régimen—, “Las personas negras deberían estar en las primeras filas en la lucha para derrotar al fascismo de Trump y MAGA”, como señalo en mi e-mensaje 116. Es un hecho contundente, evidenciado a diario, que:
Los fascistas de Trump y MAGA hubieran estado del lado de la Confederación esclavista en la Guerra Civil, en la lucha por mantener, y expandir, la esclavitud….
Tras la derrota de la Confederación esclavista en la Guerra Civil en Estados Unidos, estos fascistas de Trump y MAGA hubieran estado del lado del Ku Klux Klan, con sus repetidos linchamientos y otras formas de terror para reforzar la segregación abierta y la discriminación brutal. [Esto es de mi e-mensaje 113.]
De manera aún más fundamental, el pueblo negro tiene un papel crucial que desempeñar en hacer que se realice una revolución verdaderamente emancipadora hasta el final. Y es una verdad profunda que:
Existe el potencial de que algo de una hermosura inaudita surja de una incalificable fealdad: de que el pueblo negro juegue un papel crucial para, por fin, deshacerse de este sistema que no sólo lo ha explotado sino que por tanto tiempo y de tantas formas lo ha deshumanizado, aterrorizado y atormentado —deshacerse de todo este sistema de la única manera posible— luchando por emancipar a la humanidad, para poner fin a la larga noche en que la humanidad ha estado dividida en amos y esclavos, y en que las masas de la humanidad han sido azotadas, golpeadas, violadas, masacradas, encadenadas y amortajadas en ignorancia y miseria.
Y permítanme repetir una parte importante de esto:
[D]eshacerse de todo este sistema de la única manera posible — luchando por emancipar a la humanidad.
Otro aspecto importante de la situación hoy es que, en términos fundamentales, los mismos grandes cambios que se han operado debido al funcionamiento del sistema capitalista-imperialista han creado el terreno propicio para el crecimiento del fundamentalismo religioso, así como las pandillas, especialmente en el tercer mundo, pero también entre las masas oprimidas en los países imperialistas como Estados Unidos. Tanto las pandillas, cárteles y demás, como el fundamentalismo religioso entre las masas de personas, surgen de los trastornos y dislocaciones, así como de las privaciones, creados por este sistema, a escala mundial así como en países específicos. Y la única alternativa a todo eso, que en realidad corresponde a los intereses de las masas de personas envueltas en esta situación, es una revolución para derrocar este sistema y arrancar de raíz las condiciones que está imponiendo a dichas masas, y en última instancia a la humanidad en su conjunto.
Inmigrantes.
Tal como se manifiesta cruelmente todos los días, los inmigrantes, en especial aquellos de lo que Trump considera “países pozos de mierda” en el tercer mundo, están singularizados por el ICE, y por otras fuerzas represivas del régimen de Trump. Entre ellos no sólo figuran las personas indocumentadas sino aquellos que cuenten con estatus legal, e incluso ciudadanos (respecto a que Trump brama de eliminar la ciudadanía de muchos).
Para repetir la primera línea de mi e-mensaje 124: “Todo el régimen fascista de Donald Trump está envuelto en una contradicción de su propia creación: las continuas Grandes Mentiras de Trump”.
Desde su regreso al poder, en enero de este año (2025), Trump ha violado repetidamente la Constitución y el debido proceso legal, pisoteando despiadadamente lo que se supone son los derechos básicos de las personas, ya sean inmigrantes sin documentos, residentes legales o ciudadanos.
Un ejemplo concentrado de esto han sido las redadas contra los inmigrantes por parte del régimen de Trump, y sus medidas para deportarlos velozmente —lo que incluye a una prisión-cámara de tortura en El Salvador— sin una audiencia ni siquiera la oportunidad de hablar con un abogado….
… en cuanto a las elecciones de 2024, … lo que estaba al frente de la campaña de Trump fue repetir las mentiras racistas de su primera campaña presidencial (2016) —calumniando a millones de inmigrantes como criminales, violadores y asesinos—, cuando la inmensa mayoría de los inmigrantes, con o sin documentos, son simplemente personas comunes que buscan una vida mejor para sí y sus familias, y que hacen importantes aportes a la sociedad.
Así que, dado que la realidad es que no existen hordas de criminales inmigrantes monstruosos, a fin de llevar a cabo su perversa “promesa” de campaña de perseguir y deportar masivamente a los inmigrantes, ¡los golpeadores de Trump están persiguiendo a los inmigrantes, entre ellos a los niños, en su día a día —en el trabajo, la escuela, una tienda, una iglesia, en sus hogares— o cuando se presentan a sus audiencias de estatus migratorio programadas regularmente!
Todo eso ha suscitado protestas y resistencia masivas sostenidas. Han participado inmigrantes provenientes de América Latina, así como de otras partes del mundo, y personas que son ciudadanos pero que tienen familiares y amigos con un estatus menos seguro; y esto también ha activado a personas de otras partes de la sociedad.
Todo esto demuestra el potencial de los inmigrantes, con o sin documentos, como una poderosa fuerza, no solo en la lucha inmediata contra el régimen fascista de Trump sino, más allá de eso, en la revolución contra este sistema del capitalismo-imperialismo, que en lo fundamental es responsable de las condiciones que han impulsado a los inmigrantes a migrar, a menudo a largas distancias y frente a grandes peligros — un sistema que sigue explotando, discriminando y persiguiéndolos en los países a los cuales han emigrado.
Estudiantes y “jóvenes educados”.
La lucha contra la opresión y la injusticia requiere la participación activa de los jóvenes, entre ellos los “jóvenes educados” en las universidades y escuelas de estudios superiores. Para parafrasear una declaración de V.I. Lenin, el líder de la Revolución Rusa en 1917: si bien es necesario que participen activamente las personas de diversas edades, una verdad esencial es que las personas menores de 30 hacen las revoluciones. Las personas menores de 30 a menudo tienen más libertad, no están tan enchufados al sistema ni enredados en el sistema como la gente mayor, y también tienen condiciones físicas y otros atributos que posibilitan que desempeñen el papel de mayor importancia en una revolución de verdad.
En el apogeo (hasta ahora) de la oposición al genocidio israelí contra el pueblo palestino, y al respaldo estadounidense a dicho genocidio, se dieron importantes protestas con la participación de estudiantes universitarios por todo Estados Unidos, en que los estudiantes de otros países, sobre todo del Medio Oriente, constituían una fuerza impulsora pero muchos otros estudiantes también participaron — protestas que fueron reprimidas con saña, represión que ha continuado, y se ha intensificado, con el regreso al poder al régimen fascista de Trump.
Pero ahora, en las masivas manifestaciones que se han dado contra el régimen fascista de Trump, han faltado en gran medida los estudiantes universitarios y otros jóvenes. ¿Cómo se explica esto — y el fenómeno general de que los jóvenes, y en particular los estudiantes universitarios, en tiempos recientes, no han representado una fuerza impulsora y destacada en las positivas protestas y rebeliones políticas contra las injusticias de este sistema, ni hablar de una fuerza para la revolución, tal como representaron en el pasado, en Estados Unidos y más en general?
Pesan factores materiales importantes. A diferencia de las generaciones anteriores, las recientes generaciones de estudiantes universitarios se han encontrado ante dificultades financieras significativas, con la carga de deudas muy fuertes que tardan mucho en pagar, y que los concentra y canaliza hacia empleos, y hasta a una educación que los prepara para empleos, que les den mayores capacidades de pagar las deudas. Así que, ese es un factor material.
Pero también hay factores ideológicos y culturales: el individualismo que he mencionado, el relativismo y la política de identidad, la influencia del embrutecimiento por las redes sociales. Y sí se presenta la pregunta: después de todo, ¿qué tan educados están estos “jóvenes educados” hoy? Esta es una pregunta real.
Al mismo tiempo, cunden el derrotismo y la depresión entre los jóvenes, incluidos los estudiantes universitarios. Según todos los indicios, está a un máximo histórico la ocurrencia de la depresión así como de la ansiedad en este sector de la sociedad.
Pero, para repetir, operan el “reaganismo”, el parasitismo imperialista y el supremacismo pro estadounidense que influencian a todos los sectores de la sociedad, sin excluir a los jóvenes. A menudo las personas “progresistas” ni incluyen este supremacismo pro estadounidense, entre los “supremacismos” muy perjudiciales, tales como la supremacía blanca y la supremacía masculina, pero es un factor muy real con una poderosa influencia.
Además, se tiene la cuestión de la “masculinidad”, que se ha promovido en las formas más grotescas durante varias décadas ya, lo que incluye a esos “machos podcasteros” y sus públicos. La misoginia entre los varones jóvenes, entre ellos los estudiantes universitarios, es un factor pronunciado en el terreno ideológico y político.
En su libro Jesús y John Wayne: Cómo los evangélicos blancos corrompieron la fe y fracturaron una nación, Kristin Kobes Du Mez hace el siguiente balance conciso, importante respecto a los fundamentalistas cristianos “evangélicos” blancos que forman la columna vertebral del fascismo estadounidense de hoy día:
Los evangélicos blancos han tejido este mosaico de temas, y el compromiso nostálgico con una masculinidad blanca ruda, agresiva y combativa sirve como hilo que lo hilvana en un todo coherente. El gobierno del padre en el hogar está inextricablemente ligado al liderazgo heroico en el panorama nacional, y el destino de la nación depende de ambos.
El fascismo bruto de Trump y sus secuaces se ha vuelto tan flagrante y desvergonzado que el cofundador multimillonario de la empresa de tecnología Palantir ha llamado abiertamente a reinstaurar las ejecuciones públicas en la horca en Estados Unidos, ¡como importante forma de reestablecer el “liderazgo masculino”! (Palantir ya tiene triste fama por su tecnología de vigilancia en coordinación con el ICE y las medidas represivas generales del régimen de Trump).
Algunas personas me han dicho que yo no debería decir lo siguiente, pero de todos modos lo voy a decir: es una desgracia la ausencia de los estudiantes universitarios, como fenómeno general, en la crucial lucha contra el régimen fascista de Trump. Y voy a agregar: Si esto hubiera ocurrido en tiempos anteriores —por ejemplo, en los años de las luchas por los derechos civiles y para la liberación negra, y el movimiento contra la guerra de los años 1960—, se habrían paralizado todos los campus universitarios a lo largo del país y los estudiantes habrían inundado las calles en protestas sostenidas.
“Vale, boomer” — sé que tal sería una respuesta probable. Pero, en primer lugar, digo que en realidad no soy un “boomer”. Nací antes del inicio de los “años boomer” en 1946 — durante, no después de la Segunda Guerra Mundial. Pero más al grano, esa respuesta “Vale, boomer” es una tergiversación total de lo que esa generación ha representado y el tremendo aporte que hizo a la lucha contra la opresión, no solo en Estados Unidos sino por todo el mundo, en su participación en los movimientos por los derechos civiles y para la liberación negra, de las mujeres y por los derechos de la gente gay, la lucha contra la expoliación del medio ambiente, contra la guerra en Vietnam, y así sucesivamente. Ese es el verdadero legado que queda, aunque algunos, de hecho una cantidad exageradamente grande, de personas de dicha generación se ha retirado de él hacia un reformismo insulso.
En esos años, había toda una generación, o el elemento que definía una generación, que estaba decidida a llevar a cabo el cambio radical y manifestaba apoyo para una revolución, cualquiera que fuera su concepción de la revolución.
La noción, sostenida ampliamente en la generación de hoy, de que las generaciones anteriores simplemente jodieron tan feo al mundo, y lo dejó como legado para los jóvenes de hoy, no corresponde a la realidad material, y no se puede invocar con legitimidad como justificación por no participar activamente en la lucha de hoy por cambiar el mundo en un sentido positivo.
Gracias a Tom Hanks y a Tom Brokaw, hemos escuchado mucha cháchara de que la generación de la Segunda Guerra Mundial era “la generación más grandiosa”. ¡Puras tonterías! La generación con mayor grandeza hasta ahora fue la generación de los años 1960. No sólo fue la generación con mayor grandeza, sino que se puede decir honestamente, que fue la primera generación que en la cualidad que la definió, reconoció y actuó —o sea, actuó en oposición a— la verdadera naturaleza del sistema en Estados Unidos, enfrentándose al poder de este sistema.
Pero permítanme decir lo siguiente: cabe tomar todo lo que he dicho sobre “desgracia”, etc., como un estímulo para transformar esto. Sería genial que otras generaciones superaran a “la generación de los años 1960”. Asuman esto como un reto. Záfense de los límites, tanto materiales como ideológicos, y súmense a la lucha contra el régimen fascista de Trump y por un mundo mejor mediante una revolución.
Aun así, fundamentalmente no se trata de “generaciones” — se trata del sistema. Lo siguiente aborda la realidad más profunda detrás de toda la cháchara sobre “generaciones”:
Es muy común en estos días oír cosas expresadas en términos de generaciones, y las cuales oponen unas generaciones a otras….
Las generaciones son agrupaciones reales en la sociedad, y las generaciones particulares tienen experiencias comunes que difieren de aquellas de otras generaciones. Pero, en primer lugar, las generaciones no son “homogéneas” — se componen de diferentes clases, nacionalidades (o “razas”), géneros, etc. Y, aún más fundamentalmente, el sistema en el cual viven las personas —sobre todo, el sistema económico (el modo de producción) y sus relaciones y dinámicas básicas, así como las relaciones sociales correspondientes (por ejemplo, las relaciones raciales y de género) y el sistema político y la cultura y las ideas dominantes que reflejan y refuerzan estas relaciones económicas y sociales— configura todo lo que las personas, de todas las diferentes generaciones, experimentan. (Esto es de mi artículo “‘Los boomers’ — ‘X, Y, Z’: El problema no son las ‘generaciones’, sino el sistema”. En esta conexión, también tiene mucha relevancia el artículo “Bob Avakian responde a Mark Rudd sobre las lecciones de los años 1960 y la necesidad de una revolución real — Expresiones infantiles de indignación, o acomodarse con este sistema monstruoso, no son las únicas alternativas”).
Con todas las contradicciones muy reales, en Estados Unidos existen las fuerzas potenciales para una revolución verdaderamente emancipadora. En adición a lo que se ha comentado aquí respecto al pueblo negro, así como los latinos y otros inmigrantes, como señalo en “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, las potenciales fuerzas impulsoras esenciales y “más sólidas” para la revolución son las personas que son objeto del peor infierno bajo este sistema, las masas empobrecidas y amargamente oprimidas y reprimidas, de las cuales sí existen decenas de millones en Estados Unidos, especial pero no únicamente entre los negros, latinos e inmigrantes y otros oprimidos — aunque la revolución no puede, y no debe, limitarse a eso, sino que también debe abarcar en un sentido amplio a personas de otras partes de la sociedad, entre ellas en particular, sí, a los jóvenes y los estudiantes, que constituyen lo que deben llegar a ser una fuerza crucial en el proceso revolucionario. Tal como ha ocurrido en el pasado, un auge no sólo de rebelión espontánea sino el crecimiento de fuerzas revolucionarias entre los amargamente oprimidos, y una cultura que dé expresión a eso, pueden inspirar y activar a crecientes números de personas de otras partes de la sociedad.
En resumen, y en términos básicos, el siguiente es el reto: mediante lucha —tanto lucha contra el sistema opresivo, como lucha contra las formas de pensar perjudiciales en la gente que en realidad reflejan y refuerzan el sistema opresivo— activar a las fuerzas impulsoras más sólidas y básicas para la revolución, y a la vez activar a fuerzas de entre todos los sectores de la población.
En adelante, volveré a hablar de una fuerza clave para la revolución, en Estados Unidos específicamente así como en el mundo más en general, un tema del cual aún no he hablado. Pero, primero, el siguiente problema clave:
Orientación estratégica en un mundo cambiado.
En diversas obras, incluida “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, he hablado de la separación entre el movimiento comunista y el movimiento laboral. Un distintivo de los socialistas reformistas es que intentan basar las cosas, cuando menos en una medida importante, en lo que Lenin identificó como los obreros más aburguesados, o al menos sindicalizados, lo que también resulta ser una parte muy pequeña del proletariado en Estados Unidos y no es lo que constituye la verdadera base social para la revolución en la clase obrera — es decir, los sectores inferiores y más a lo hondo del proletariado que Lenin identificó al hablar del imperialismo y la escisión en el socialismo.
Hay, obviamente, un papel para el sector inferior y más a lo hondo del proletariado en el proceso revolucionario, pero no se llevará a cabo la revolución ni se realizará el avance hacia el socialismo como resultado de una huelga general, ni simplemente al apoyarse en tal sector — y sin duda no con una orientación que apele a los intereses inmediatos y más estrechos de la clase obrera.
Además, tenemos la realidad de que en el mundo en general, los “antiguos modelos” para la revolución no funcionarán ahora, ni siquiera en el tercer mundo, por regla general. El modelo de la revolución china, que tantos han intentado repetir —aunque Mao dijo que no se repita lo que nosotros hacemos— ese modelo de librar una lucha armada en el campo y de ahí con el tiempo llevarla a las ciudades se ha topado con condiciones objetivas cambiadas muy significativas que han presentado obstáculos muy formidables a dicha estrategia.
Si examinamos la experiencia, por ejemplo, en el Perú en los años 1980 y 1990 y Nepal entrando a los 2000, en ambos casos hicieron avances en el campo donde el dominio del régimen opresivo está menos uniformemente impuesto, donde hay más margen de maniobra en torno a las estructuras gobernantes, y donde la gente padece un empobrecimiento muy fuerte; todos esos factores implicaron que era posible hacer ciertos avances importantes al librar una lucha armada en el campo y al activar mucho apoyo de entre las masas de personas para dicha lucha armada, por lo que no fue aplastada rápidamente en el campo. En pocas palabras, el dominio del sistema estaba menos uniformemente impuesto y no contó con tanto poder en el campo, y las condiciones de la población también se combinaron con eso para sentar una base material favorable para que la lucha armada revolucionaria recibiera mucho apoyo.
Pero en ambos casos, tanto en Nepal como en el Perú, tropezaron con serias contradicciones que no pudieron superar una vez que intentaron llevar la revolución del campo a las ciudades, donde es necesario hacer frente a la columna vertebral del estado, a las fuerzas armadas del régimen opresivo. Y en ninguno de los casos lograron abrir paso. De hecho, se podía decir que hubo polos opuestos del mismo error cometidos en este contexto: en un caso, los revolucionarios en el Perú intentaron llevar a cabo la lucha armada como forma principal de lucha en las ciudades, antes de que se hubiera creado las condiciones para eso, y eso los llevó a unas situaciones negativas en que de hecho llevaron a cabo acciones violentas contra personas contra las cuales no debían haberlas hecho; y eso hizo que fuera más fácil reprimirlos. Por otro lado, cuando los revolucionarios en Nepal llegaron al mismo momento básico, abandonaron por completo la lucha armada y se postularon en las elecciones, para conseguir cargos electos en el gobierno, lo que sí lograron a corto plazo, pero no había cambiado nada fundamental, ni el carácter de la sociedad en general ni el carácter del estado y específicamente de las fuerzas armadas encargadas de mantener el sistema.
Bien, las dos luchas tuvieron cualidades muy positivas, así como errores serios, que también estaban relacionados con problemas y errores ideológicos, algo que no examinaré a fondo aquí.
Pero lo importante es que: sin, para repetir, hacer un dogma de esto y convertir la ciencia viva en dogma, es necesario reconocer que no se puede repetir un modelo así no más cuando, en primer lugar, la revolución china en sí fue una especie de excepción — no se trataba de que en todo país del tercer mundo se pudiera hacer una revolución de esa manera; pero además, más allá de eso, el hecho es que las condiciones han cambiado radicalmente en el mundo y específicamente en el tercer mundo, lo que incluye el hecho de que por primera vez en la historia de la humanidad, la mayoría de las personas viven en las zonas urbanas, y se ha despoblado el campo de una manera significativa. Ello, junto con el crecimiento de las clases burguesas en estos países del tercer mundo y su capacidad de hacer cumplir sus intereses, así como su colaboración con los imperialistas — todas esas son condiciones que han cambiado dramáticamente. Por tanto, como de hecho dijo el propio Mao, no se puede copiar y repetir así no más algo que tuvo éxito anteriormente, aunque la revolución china en un sentido general fue una tremenda inspiración y apoyo para la revolución por todo el mundo, especialmente en su momento álgido.
Algo relacionado a esto en Estados Unidos es algo a que podemos referirnos, y a lo que nos hemos referido, como “la cuestión de George Jackson” o “la contradicción de George Jackson”. George Jackson fue un preso negro quien se transformó en revolucionario mientras estaba en la cárcel, y posteriormente las autoridades lo asesinaron en esencia por haberse transformado en revolucionario. Y él presentó las cosas así, o una de las contradicciones importantes que planteó fue la siguiente: para un esclavo (parafraseo, pero así es la esencia), para un esclavo que no espera vivir más allá del mañana, no tiene caso hablar de la revolución en un sentido distante abstracto vago. Esto es tanto cierto como una contradicción aguda para la revolución en general, pero también particular y agudamente en Estados Unidos.
Si pudiéramos iniciar la lucha total, y sostenerla y hacerla avanzar, a partir de ahora, eso contribuiría en gran medida a la resolución de esta contradicción. Crearía la base para ganarnos a grandes números de jóvenes en particular, entre los más amargamente oprimidos pero también entre otros sectores de la población, y crearía una base favorable para desarrollar la lucha para transformar su modo de pensar — su concepción del mundo. (Esto ocurrió en la revolución china, incluso desde el inicio de la lucha armada allá). Podríamos transformar no solo la situación, sino la perspectiva, orientación y moral básicas de las masas de jóvenes oprimidos, y de otros: a qué estén dispuestos, y decididos, a dedicar la vida en la lucha, y de ser necesario ofrendar la vida.
Pero no podemos hacer eso ahora — e intentar iniciar alguna forma de lucha total ahora, cuando las condiciones no existen para hacerla posible, conduciría a una fuerte derrota, no solo en términos muy inmediatos sino más estratégicamente, con la resultante desmoralización entre las masas de personas.
Un principio fundamental de una revolución real es que tiene que contar con la participación y apoyo activo de masas de personas, y no la puede llevar a cabo —y no debe intentarla— un pequeño grupo de personas aislado y sin tal participación y apoyo de las masas.
En ese sentido, lo que podemos hacer, y necesitamos hacer, es hacer preparativos activos, de manera ideológica así como práctica: preparar mentes y organizar fuerzas —luchar contra el poder (oponer una resistencia activa a la opresión y la injusticia) y transformar al pueblo, para la revolución— todo con el objetivo de crear bases para que, cuando las condiciones cuajen, o cuando sea posible cuajar las condiciones, no se pierda, o se desperdicie, la oportunidad poco común para una revolución, sino que se aprovechará activamente. Esto es importante en tanto una orientación y enfoque básico — y es particular y agudamente importante en la situación actual, que es un momento poco común en que una revolución podría volverse posible. Mediante todo esto, al trabajar sistemáticamente sobre esta base, es necesario y crucialmente importante mantenernos tensos ante la posibilidad de oportunidades para dar saltos en los preparativos para la revolución, y además mantenernos tensos ante los indicios de que se esté desarrollando la aglutinación de los factores los que hacen que una revolución sea posible.
A corto plazo, e incluso la mayor parte del tiempo, las condiciones desesperadas sobre todo de los más duramente oprimidos, de hecho pueden obrar en contra de que participen activamente en la revolución — debido a que, por necesidad, están consumidos y cargados por la lucha desesperada para impedir que se hundan y que tengan capacidad de mantener a sus cercanos— pero su situación de ser oprimidos por este sistema, y su anhelo de una salida, son estratégicamente favorables para la revolución. Captar y actuar según esta comprensión —tratar, de una manera viva, esta contradicción— es muy importante en los tiempos y circunstancias en que estamos viviendo ahora, cuando todo podría llegar a un desenlace y “estar para quien lo arrebate”, y las personas en sentido amplio estén forzadas a dejar su “rutina cotidiana”.
En cuanto al enfoque básico de trabajar por la situación y luego aprovecharla cuando sea posible emprender la lucha total por el poder, obras en revcom.us —entre ellas la serie en cinco entregas Revolución: Una verdadera oportunidad de ganar y La revolución: Desarrollar las bases para jugárselo el todo por el todo con una verdadera oportunidad de ganar, Orientación estratégica y enfoque práctico— contienen importantes elementos de la estrategia que se necesita para una revolución real, sí en Estados Unidos, el más poderoso país capitalista-imperialista. Pero si bien tiene una crucial importancia de que cualquiera que considere con seriedad (o que cuestione) la posibilidad de esta revolución le entre a estas obras, también es cierto que se necesita que se continúe el trabajo para desarrollar y refinar este enfoque estratégico para la revolución, especialmente en vista de la manera en que las condiciones en Estados Unidos, y en el mundo en general, sigan desarrollándose profunda y rápidamente y experimentando cambios importantes.
Mujeres.
Examinemos una fuerza crucial para la revolución a la cual aludí anteriormente: Otro factor muy importante, con un potencial tremendamente favorable para la transformación radical de la sociedad, es el papel esencial de la lucha contra el patriarcado — y en torno a las relaciones de género en general entre todos los sectores de la población.
Las condiciones que este sistema ha creado y sigue reforzando, con el resultado de una horrorosa opresión de las mujeres en muchas formas diferentes, tiene otra cara en el papel potencialmente crucial de las mujeres en la gestación de una solución revolucionaria positivamente radical. Sí, la fuente más profunda de la opresión de las mujeres es la naturaleza opresiva y explotadora del sistema en su conjunto, y la contradicción entre hombres y mujeres, resultante de la relación dominante desigual de los hombres en relación con las mujeres, es una parte de dicha naturaleza opresiva más amplia y más fundamental del sistema en su conjunto —y sí, es necesario dirigir la punta de lanza de la lucha contra el sistema en su conjunto— pero eso no niega ni elimina el hecho de que en la relación entre los hombres y las mujeres, a menudo los hombres actúan en el papel del opresor, y es necesario transformar radicalmente esta relación como parte de la revolución para transformar el mundo radicalmente.
Lo siguiente capta la relación crucial entre la liberación de las mujeres y una revolución cuyo objetivo es la emancipación de toda la humanidad de todas las relaciones de opresión y explotación:
No se pueden romper todas las cadenas menos una. No se puede decir que uno quiere eliminar la explotación y la opresión, pero quiere que persista la opresión de la mujer por el hombre. No se puede decir que uno quiere liberar a la humanidad, pero mantener a una mitad esclavizada por la otra. La opresión de la mujer está íntimamente ligada a la división de la sociedad en amos y esclavos, explotadores y explotados, y acabar con todo esto es imposible sin liberar completamente a la mujer. Por eso la mujer desempeñará un enorme papel en el proceso de hacer la revolución y garantizar que esta no pare a medias. Es posible e imprescindible desencadenar plenamente la furia de la mujer como una fuerza poderosa para la revolución proletaria. (Lo BAsico 3:22, de los discursos y escritos de Bob Avakian)
Hoy en Estados Unidos, y en el mundo en su conjunto, de hecho existe el poderoso potencial de que se desencadene a las mujeres —y la lucha contra la opresión de las mujeres, en tantas formas nefandas y horrorosas— como una fuerza poderosa para la revolución proletaria (comunista), con su objetivo fundamental de eliminar todas las formas de opresión y explotación, en todas partes por todo el mundo.
Es necesario que lo que escribí en “Algo terrible, O algo verdaderamente emancipador” se exprese de manera liberadora, poderosa ahora, en oposición al fascismo de Trump y MAGA, y a todo el sistema que ha engendrado este fascismo:
[A] pesar de todas las formas en que las gruesas cadenas de cientos y miles de años de tradición opresiva pesan sobre las masas de personas —y colocan una pesada carga particularmente sobre la mitad de la humanidad que es femenina—, existe un profundo anhelo de liberarse de todo ello, lo que, además de conducir a esperanzas imaginarias de salvación sobrenatural, también estalla en una furia desenfrenada en este mundo real. Y hay que convocar a esa furia en toda su extensión, darle una expresión científica y revolucionaria —con vistas hacia la emancipación de todos los oprimidos y explotados del mundo, y en última instancia de toda la humanidad— con el fin de luchar contra la fuente fundamental de todo el sufrimiento: este sistema del capitalismo-imperialismo, con su supremacía masculina patriarcal asfixiante y brutal, junto con todos sus otros ultrajes. Esto adquiere un sentido aún más poderoso y una importancia urgente en la situación actual de Estados Unidos (y en otros países), donde la afirmación forzosa de la misoginia cruda (odio por las mujeres) y la subyugación patriarcal de las mujeres es cada vez más flagrante y desenfrenada, centrada a un grado importante ahora en la escalada de acciones para seguir quitándoles aún más a las mujeres un control sobre su propia vida y su propio cuerpo, con los crecientes ataques al derecho al aborto, y hasta al control de la natalidad. En este mero momento, es necesario asumir ampliamente esta consigna y este llamamiento y transformarla en una fuerza material poderosa: ¡Romper las cadenas, Desencadenar la furia de las mujeres como una fuerza poderosa para la revolución!
Tal como ya he comentado anteriormente, se han operado cambios profundos en la situación y posición social de grandes números de mujeres, tanto en Estados Unidos como a nivel internacional. Para citar una importante dimensión al respecto, las mujeres realizan una buena parte del trabajo en las maquiladoras en el tercer mundo, forzadas a trabajar en condiciones horrorosas. Al mismo tiempo, decenas de millones de mujeres y niñas están enredadas y literalmente esclavizadas en las horrorosas condiciones de la trata sexual y prostitución internacional. (Raymond Lotta analiza esto en todas sus dimensiones terribles, en el ensayo La “industrialización” de la explotación sexual, la globalización imperialista y el descenso al infierno, que está disponible en revcom.us).
En Estados Unidos, los cambios en el funcionamiento y la estructura de la economía (como parte de la creciente globalización de la economía mundial) han conducido a la extensa contratación, y a la extensa explotación, de mujeres negras (y otras mujeres de color), en particular en los sectores servicios y minorista. Números significativos de mujeres, entre ellas mujeres negras, han estado contratadas en los organismos del gobierno — en que ha habido drásticos recortes y reducciones crueles bajo el régimen fascista de Trump. A la vez, no sólo existen mayores oportunidades para que grandes números de mujeres (especialmente las mujeres blancas, pero también algunas mujeres de color) encuentren empleos en las profesiones y en las empresas, pero esto también se ha vuelto una necesidad a fin de que sus familias mantengan un “estilo de vida clasemediero”. Esta situación en que grandes números de mujeres cuentan con empleos fuera del hogar, incluido un aumento significativo en el número de mujeres en posiciones de clase media de mejor paga, ha puesto bajo fuertes tensiones y socavado de forma importante a la familia patriarcal “tradicional” (dominada por el hombre) y las relaciones patriarcales en la sociedad en general.
Pero es imposible eliminar la supremacía masculina dentro de los límites de este sistema. Esto es cierto debido a que la supremacía masculina ha estado profundamente tejida en la trama de esta sociedad, y a que este sistema se basa en las relaciones capitalistas de mercancías y en la explotación —se producen los artículos para el intercambio (venta), mediante un proceso en que las masas de personas trabajan, por un sueldo o salario, para crear ganancias que acumulan los capitalistas que las emplean y controlan su trabajo— un sistema en que la unidad familiar patriarcal sigue siendo un componente y requisito social y económico esencial, a la vez que se le está poniendo bajo crecientes tensiones. Y el sector fascista de la clase dominante, durante varias décadas ya, ha librado un implacable ataque contra los derechos en la Constitución, y ha movilizado a su base social de fanáticos fundamentalistas religiosos, para ejercer forzosa y a menudo violentamente la opresión patriarcal “tradicional” — con la arremetida contra el derecho al aborto, e incluso el control de la natalidad, un importante eje de este intento de esencialmente esclavizar a las mujeres.
Lo que ha acompañado la posición cambiante de las mujeres ha sido una creciente posibilidad y “espacio” para las manifestaciones de “identidades” y relaciones de género que se contrapongan a las relaciones de género opresivas tradicionales —y, en despiadada oposición a eso, las acciones a menudo violentas para reafirmar y reforzar las relaciones tradicionales y suprimir todo lo que no se ajuste a esto. Ahora, el régimen fascista de Trump ha dirigido su veneno contra las personas LGBT, y en particular contra las personas trans, lo que recalca y acentúa el hecho de que la imposición forzosa de los “papeles y relaciones de género tradicionales” constituirá un agudo eje de la contienda general sobre cuál rumbo la sociedad pueda y deba tomar.
Otra notoria manifestación de las acciones para imponer los roles y relaciones tradicionales son las expresiones de “venganza” contra los logros que las mujeres han obtenido en la lucha contra el patriarcado opresivo tradicional, en muchas formas diferentes. Una manifestación destacada y vil al respecto es la degradación de las mujeres por medio de la extensa promoción de la pornografía, a menudo en las formas más grotescas y violentas, junto con la abierta afirmación de la “cultura de la violación” — “tu cuerpo, mi decisión” tal como corearon los fascistas tras la reelección de Trump.
Lo que escribí hace 40 años es aún más cierto hoy y se presenta más agudamente hoy:
La cuestión general de la posición y el papel de la mujer en la sociedad se presenta cada día más agudamente en las extremas circunstancias de hoy — esto es un polvorín en Estados Unidos hoy. No se puede concebir la resolución de todo esto salvo de la manera más radical y mediante formas extremadamente violentas. La cuestión que pende es: ¿será una resolución radical reaccionaria o una resolución radical revolucionaria, implicará reforzar las cadenas de esclavitud o destruir los eslabones más decisivos de esas cadenas y abrir la posibilidad de realizar la eliminación completa de todas las formas de dicha esclavitud?
Qué hacer frente a la represión.
En relación con todo esto, es importante reconocer y actuar no solo para oponernos sino de hecho derrotar a la severa represión que el régimen de Trump está amenazando con imponer, y que está actuando velozmente para aplicar — por ejemplo, con su singularización a los llamados “antifa” como operación persecutoria y de amplio marco con lo que perseguir a todo el que es (según ellos) “anticapitalista”, “anticristiano”, “antiestadounidense”, que asume supuestas “posturas extremas” contra la deportación de inmigrantes, y así sucesivamente. Es simplemente realista y científico tener la expectativa de que esta represión dé saltos, y muy probablemente en el futuro cercano. Así que es necesario que se prepare, activa así como ideológicamente en cuanto a orientación, para encontrar y derrotar a esta represión, lo que incluye la amplia movilización de personas en oposición a esta represión, entre ellas gente que tiene desacuerdos políticos con aquellos que están bajo persecución en un momento dado.
Y por medio de esta lucha, es necesario ganarnos a más personas, desarrollar más fuerzas organizadas, para la lucha contra el fascismo de Trump y MAGA, respecto a la situación inmediata, y por el objetivo fundamental de una revolución — dándole vida a lo que describimos como el fenómeno R/CR/Más R (es decir, revolución y resistencia contra el sistema, enfrentada por la contrarrevolución de la represión de parte del régimen, y a su vez enfrentarla convocando a una resistencia más poderosa y haciendo preparativos para la revolución). Esto va a constituir un eje y frente extremadamente agudo de la lucha contra el régimen de Trump y para la posibilidad de que cambie algo aún más fundamental. Así que es necesario, como dije, que estemos preparados tanto ideológica como prácticamente, y que hagamos que este tema se conozca y debata entre las masas, y demos vida a la orientación de unir a todos los que se pueda unir contra esta represión, independientemente de incluso las diferencias significativas entre aquellos que así se unan — pero, al mismo tiempo, sin permitir que esto, por serio que es probable que se vuelva, cause que las personas entren en pánico y retrocedan de la lucha contra el régimen y por el cambio más fundamental.
Ésta obviamente es una contradicción muy difícil de abordar e irá cobrando cada vez mayor intensidad, y requiere que se aplique de la mejor forma la ciencia y los principios necesarios a fin de manejarla correctamente. Pero es necesario y crucial manejarla correctamente por lo que se refiere a todo lo que se está discutiendo, y a cualquier posibilidad de un camino decente hacia adelante y en lo fundamental de una revolución.
Algunos rasgos esenciales del nuevo comunismo.
Así que, en el contexto de todo lo que he dicho hasta ahora, quisiera remitirme a la cuestión del nuevo comunismo como una continuación, pero también como un salto cualitativo más allá, y en unos aspectos importantes como una ruptura con la teoría comunista tal como se había desarrollado anteriormente. (Aquí cabe señalar un importante forcejeo con las grandes contradicciones en juego en la historia del comunismo, incluidas las cuestiones de la epistemología y su relación con la revolución comunista, que contiene el documento de 2004 Conversación de Bob Avakian con unos camaradas sobre epistemología — Sobre conocer y cambiar el mundo).
En “Breakthroughs (Abriendo Brechas)”, al inicio de la segunda parte, sobre el nuevo comunismo, se enfatiza la siguiente cuestión crítica:
el comunismo no solo no es una religión, tampoco es una filosofía o una ideología en el sentido equivocado (o sea, subjetivo, no científico), algo que está desvinculado y en última instancia en oposición a un método y enfoque científico. Es un método y enfoque fundamental y esencialmente científico para analizar y sintetizar el desarrollo social humano y sus perspectivas. Pero en el comunismo se han desarrollado algunas tendencias no científicas, las cuales en una medida importante han ido en contra de su base fundamentalmente científica.
Y la primera de las Seis Resoluciones del Comité Central del Partido Comunista Revolucionario, Estados Unidos, 1º de enero de 2016, contiene la siguiente declaración importante:
La nueva síntesis del comunismo desarrollada por Bob Avakian, a partir de 40 años de trabajo revolucionario, representa un avance cualitativo del enfoque científico de hacer la revolución y emancipar a la humanidad. Sienta las bases y punto de partida de una nueva etapa de la revolución comunista que urge tanto en el mundo de hoy.
Este ulterior salto con el nuevo comunismo es de importancia decisiva, debido a que como este Resolución deja en claro:
Dondequiera que haya opresión, habrá resistencia — las masas populares se levantarán a continuo contra las condiciones de su opresión y contra aquellos que refuerzan tal opresión. Pero, sin la necesaria teoría y dirección científicas, la lucha de los oprimidos se verá contenida y seguirá confinada en el marco del sistema que es la fuente de la opresión, y seguirán y seguirán los horrores de los cuales las masas son objeto. La nueva síntesis y la dirección de Bob Avakian representan y encarnan el análisis y enfoque científicos que las masas de oprimidos necesitan para hacer la revolución que les hace falta —una revolución cuyo objetivo final es un mundo comunista— para emanciparse a sí mismas y a la larga a la humanidad en su conjunto.
Como Bob Avakian ha señalado, la nueva síntesis:
representa y encarna una resolución cualitativa de una contradicción crítica que ha existido en el comunismo y en su desarrollo hasta este momento, entre su método y enfoque fundamentalmente científicos, y los aspectos del comunismo que han ido en contra de eso.
“Breakthroughs (Abriendo Brechas)” incluye un análisis importante de las diferentes dimensiones de este salto crucial en el desarrollo del comunismo como método y enfoque consecuentemente científico, en contraste con la manera, en formas secundarias pero significativas, en que la anterior teoría comunista había “ido en contra” de su método y enfoque científico fundamental.
Lo que sobresale en esto es la cuestión extremadamente importante que se recalca en “Breakthroughs (Abriendo Brechas)” respecto a la necesidad de buscar sistemáticamente la verdad, aun cuando incomode, y la relación entre esto y el objetivo general del comunismo:
En relación a la nueva síntesis —el nuevo comunismo, y el desarrollo continuo del comunismo por medio de éste— es importante centrarnos en la epistemología, en la teoría del conocimiento. La cuestión de qué es la teoría de conocimiento de uno y en cuál enfoque uno se basa para determinar la verdad —o si uno siquiera cree que existe la verdad como tal— obviamente ocupa un punto esencial y central para poder tener un enfoque científico de las cosas, o no. Esta declaración mía, que se encuentra en Observations on Art and Culture, Science and Philosophy, concentra mucho, incluidas las líneas divisorias fundamentales en la epistemología y el enfoque general de la realidad y su transformación radical: “Todo lo que es realmente verdad es bueno para el proletariado; toda verdad nos ayuda a llegar al comunismo”….
A lo que esto se refiere aquí es a la relación dialéctica, y a veces agudamente contradictoria, entre ir en busca de la verdad y actuar en consecuencia y llevar adelante la lucha por el comunismo, e insistir en que aun cuando, a corto plazo, ir en busca de la verdad y actuar en consecuencia podría causar que suframos reveses y causar que tropecemos con mayores dificultades, no obstante tenemos que hacer eso porque si no, jamás vamos a alcanzar el objetivo del comunismo.
Junto con este avance crucial en el desarrollo del comunismo como método y enfoque consecuentemente científico, se tiene el firme rechazo a una tendencia que con demasiada frecuencia ha caracterizado, y plagado, al movimiento comunista:
Y aquí vemos la estrecha interconexión entre la epistemología y la moralidad. La orientación y el principio de que “Todo lo que es realmente verdad es bueno para el proletariado; toda verdad nos ayuda a llegar al comunismo” no solo es sumamente importante en sí, sino que se relaciona estrechamente con el hecho de que el nuevo comunismo repudia cabalmente, y está decidido a arrancar de raíz en el movimiento comunista, la venenosa noción, y la práctica, de que “el fin justifica los medios”. Es un principio central del nuevo comunismo que los “medios” de este movimiento tienen que provenir de (y corresponder con) los “fines” fundamentales de abolir toda explotación y opresión mediante una revolución que se dirija sobre una base científica.
Un elemento central y distintivo del nuevo comunismo está concentrado en la formulación núcleo sólido, con mucha elasticidad basada en el núcleo sólido como un principio y método básico en dirigir un proceso, incluido en la sociedad socialista. La Constitución para la Nueva Republica Socialista en América del Norte aborda este principio y lo aplica respecto a su relevancia y aplicación en la sociedad socialista y la transición hacia el comunismo a nivel mundial. Pero también constituye un principio general que va más allá de su mera aplicación en la sociedad socialista, por importante que eso sea. Aborda la necesidad de un núcleo sólido en torno al objetivo básico de lo que todo esto representa —a decir, avanzar más allá de la explotación y opresión, entrando a una etapa completamente nueva de desarrollo humano en que no habrá divisiones y opresión entre amos y esclavos y todas las terribles consecuencias que conlleva. Así que eso es necesario, por un lado: el núcleo sólido tiene que tener firmemente en cuenta dicho objetivo, en cuanto al avance hacia el comunismo. Pero además tiene una importancia increíble el método y enfoque científico básico para desarrollar y dirigir dicha lucha. Dicho método y enfoque, y los principios relacionados, tienen que estar al centro de dirigir todo el proceso. Pero, al mismo tiempo, esto tiene que dar margen e iniciativa a toda suerte de tendencias y a toda forma de explorar diferentes ideas y tendencias — de emprender un forcejeo en torno a éstas a fin de determinar lo que de hecho dirigirá las cosas hacia donde tienen que ir. Es esta dialéctica entre el núcleo sólido y la amplia elasticidad que se basa en dicho núcleo sólido, pero que cuenta con vida propia — es el manejo correcto de esa dialéctica muy compleja y a veces intensa, el que es crucial en cuanto a concretamente poder continuar haciendo el avance hacia el comunismo, aun cuando se haya llegado a la etapa del socialismo.
Esto abarca el principio al que también he dado énfasis: la disposición a estar preparados para ir al borde de ser “descuartizados”, en particular en la sociedad socialista. ¿A qué se refiere eso? “Descuartizado” se refiere a una bárbara forma de ejecución en tiempos antiguos, mediante la que literalmente desmembraban los cuerpos de las personas con cuatro caballos. Aquí la metáfora es una referencia a la extrema tensión resultante de no solo realmente permitir, sino de alentar, la necesaria elasticidad: de personas que exploren distintas tendencias, trabajen para conocer y bregar sobre distintas ideas y tendencias, y demás, lo cual se necesita para hacer de la sociedad socialista el ente vivo que necesita ser y que tenga una base para avanzar y que no resulte revertida, para avanzar concretamente hacia el objetivo del comunismo. La aplicación de dicho principio por todo el camino, lo que incluye pero no se limita a la sociedad socialista, puede volverse extremadamente intensa, y habrá ocasiones en las que te sientes —si estás al centro de esto, al dirigir todo este proceso y al tener una participación con el núcleo sólido y al aplicar dicho núcleo sólido—, puedes sentirte como que literalmente se te esté desmembrando. Se trata de ir al borde del precipicio, en otras palabras, al borde de perderlo todo sin permitir que eso ocurra. Y para repetir, el manejo de dicha contradicción, una contradicción muy compleja y a veces intensa, va a ser una de las cosas cruciales que un creciente núcleo de dirección tendrá que desarrollar la capacidad de hacer.
Volveré a abordar este tema un poco más en adelante, pero al contrario de todos los ataques de parte de las personas que ni siquiera saben qué es un principio, no tengo ningún deseo de ser un espectáculo unipersonal, ni puede resultar nada positivo de tal espectáculo. Sí, se necesita dirección, y cuando se cuenta con una dirección sobresaliente, eso es algo genial. Pero hace falta un creciente núcleo de personas que vaya aplicando los mismos principios — y sí, que forcejeen unas con otras sobre la manera de aplicarlos al mundo vivo y cambiante.
Este enfoque general del que he hablado, en cuanto a epistemología y al núcleo sólido con mucha elasticidad basada en el núcleo sólido, representa un importante avance más allá de la anterior experiencia del movimiento comunista y de las sociedades socialistas dirigidas por los comunistas, lo que incluye la revolución y la sociedad socialista en China y la Revolución Cultural allí.
Otro aspecto esencial del nuevo comunismo es lo que hemos llamado satisfacer las necesidades materiales de la gente y de la revolución, no solo en el país particular sino por todo el mundo, sin que “se apaguen las luces”. Bien, una cosa interesante de la que me enteré hace poco es que cuando algunos de nuestros camaradas dirigían una discusión sobre este tema con gente nueva (personas que vienen conociendo por primera vez este nuevo comunismo en general), varias de estas personas nuevas de hecho lo interpretaban literalmente como “no apagar la luz”. Creían que literalmente se refería a que nos quedáramos sin electricidad. Bueno, eso es un aspecto importante, una parte de satisfacer las necesidades materiales. Pero “sin que se apaguen las luces” es una forma metafórica de decir: sin asfixiar la vida en las cosas. Es decir, darle a la gente aire para respirar, espacio para expresarse y aire para respirar. A eso se refiere. Se refiere a suscitar, alentar y fomentar una efervescencia cultural e intelectual, aun cuando no concuerde directamente con las políticas del gobierno en un momento determinado en la sociedad socialista, por ejemplo. A eso se refiere: que no “se apaguen las luces”. Se refiere a no dejar que todo se oscurezca en el sentido de que las cosas se vuelvan deprimentes y represivas y asfixiantes. Así que, se identifica dicha contradicción como una de las cuestiones esenciales en las que hay que centrarse, incluso en el desarrollo del movimiento hacia la revolución para derrocar al viejo sistema y en el proceso de crear el nuevo sistema, así como en la manera concentrada en que esto se manifieste en la sociedad socialista en sí y para la dirección de dicha sociedad socialista.
Ahora, para volver a la cuestión de aplicar el “núcleo sólido, con mucha elasticidad basada en el núcleo sólido”, la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte le da énfasis a la importancia del disentimiento así como de la efervescencia cultural e intelectual, lo que he mencionado — que no “se apaguen las luces”. La Declaración de los revcom, Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente, trata aspectos importantes de esto:
Como se establece en esta Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, a las personas en esta nueva sociedad no solo se les permitirá sino que se les alentará y habilitará para que digan lo que piensan políticamente, se expresen libremente por el arte y otros medios, disientan y protesten con amparo constitucional e institucionalizado de su derecho a hacerlo. Se les proporcionarán los medios para hacerlo, porque será una parte importante de la creación de una atmósfera en la que las personas puedan “respirar” y sentirse a gusto, y donde se les inspirará para unirse a otros para bregar con lo que contribuirá, y lo que no contribuirá, a la transformación emancipadora de la sociedad y del mundo en su conjunto.
Por eso no he rehuido a hacer la siguiente declaración sin duda controvertida pero también profundamente cierta e importante:
Es un hecho que no existe en ningún otro lugar, en ningún documento de fundación o guía real o propuesto de ningún gobierno, nada que se parezca no sólo a las protecciones sino a las disposiciones para el disentimiento y la efervescencia intelectual y cultural que están encarnadas en esta Constitución [para la Nueva República Socialista en América del Norte], mientras que ésta tiene, en su núcleo sólido, una cimentación en la transformación socialista de la economía, con el objetivo de abolir toda explotación, y la correspondiente transformación de las relaciones sociales e instituciones políticas, para arrancar de raíz toda la opresión, y la promoción, por medio del sistema educativo y en la sociedad en su conjunto, de una orientación que [para citar la Constitución] “habrá de capacitar a las personas en buscar la verdad dondequiera que ésta conduzca, con un espíritu de pensamiento crítico y curiosidad científica y de esta manera aprender continuamente acerca del mundo y estar mejor capacitadas para contribuir a cambiarlo en conformidad con los intereses fundamentales de la humanidad” [fin de la cita de la Constitución]. Todo esto desencadenará y desatará una tremenda fuerza productiva y social de seres humanos con la capacidad e inspiración de trabajar y luchar juntos para satisfacer las necesidades fundamentales de la gente —con transformar la sociedad de manera fundamental y con apoyar y ayudar a la lucha revolucionaria por todo el mundo—, hacia el objetivo final de un mundo comunista, sin toda explotación y opresión, mientras que al mismo tiempo aborde la crisis ambiental y ecológica verdaderamente existencial, con sentido y de manera integral, lo cual es imposible hacer bajo el sistema del capitalismo-imperialismo. (Originalmente de mi Declaración de Año Nuevo de 2021).
(Para repetir, en la entrevista que se me hizo a inicios de 2025, hablo con mayor detalle de los principios y métodos básicos del nuevo comunismo, como una continuación, pero también como un salto cualitativo más allá, y en unos aspectos importantes como una ruptura con la teoría comunista tal como se había desarrollado anteriormente).
Ahora, aquí presento unos de los elementos cruciales que se necesitan para aplicar concretamente el nuevo comunismo y desarrollar el movimiento no sólo hacia la derrota y destitución del régimen fascista de Trump, sino hacia el objetivo final de la revolución. Se necesita a un cuadro de revolucionarios con una fundamentación mucho más profunda y más sólida en el método y enfoque científico del nuevo comunismo, lo que incluye su análisis y síntesis respecto a la historia del movimiento comunista. Esto es una necesidad crítica e inmediata, y hace falta dar un salto real mediante lucha para gestar este cuadro — este cuadro de revolucionarios que puede ser un núcleo dirigente.
Y tenemos la cuestión de la dirección en sí, que una vez más es un tema controvertido, particularmente con todo el individualismo que se circula en el mundo, y con su concentración particular en esta sociedad, en este país imperialista parásito. La cuestión de tener a un partido comunista, a una vanguardia organizada, como la dirección crítica y necesaria para lo que es de veras una revolución comunista histórico-mundial cuyo objetivo fundamental es nada menos que emancipar a toda la humanidad de miles de años de las cadenas de la tradición — y con la realización del comunismo, eliminar de hecho la necesidad de grupos especiales que actúen como una vanguardia. Pero no antes de haber creado dichas condiciones.
Así que esto nos lleva a las controvertidas cuestiones de vanguardias y de líderes individuales en el proceso revolucionario que están estrechamente ligadas entre sí (al igual que están estrechamente ligadas entre sí las objeciones al respecto).
A manera de introducción y fundamentación para una discusión científica de esta cuestión crucial, tenemos lo siguiente:
En el Manifiesto de nuestro Partido El comunismo: El comienzo de una nueva etapa, se trazan paralelos entre el desarrollo y el cambio (la evolución) en el mundo natural y el cambio en la sociedad humana. Como dice el Manifiesto, el análisis materialista dialéctico de la sociedad humana y su desarrollo histórico:
da la respuesta básica para aquellos que preguntan: ¿qué derecho tienen ustedes los comunistas de decir cómo se pueda organizar la sociedad, qué derecho tienen los comunistas de dictar qué cambio sea posible y cómo deba darse? En esencia, estas preguntas están mal planteadas y representan una mala interpretación básica de la dinámica del desarrollo histórico —y de los posibles caminos del cambio— en la sociedad así como en el mundo material en general. Es como preguntar por qué los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos —o por qué los seres humanos no pueden tener hijos capaces de volar alrededor de la tierra por sí mismos en un instante, saltar sobre edificios altos de un solo brinco y tener una vista de rayos X que traspasa objetos sólidos— y pedir que se conteste: ¿qué derecho tienen ustedes de dictar qué resulte de la reproducción, qué derecho tienen de decir que los vástagos humanos tengan ciertas características y no otras? No se trata de “qué derecho tienen” sino de qué es la realidad material, y qué posibilidades para el cambio residen en el carácter —contradictorio— de esa realidad material.
Al examinar por qué las vanguardias son necesarias, y a la vez las contradicciones que ello supone, “Breakthroughs (Abriendo Brechas)” contiene la siguiente observación importante: “En EL NUEVO COMUNISMO [o sea, el libro] se expresa así, y es importante centrarse en eso: Las mismas contradicciones que hacen que sea necesaria una vanguardia son también las contradicciones [en particular en la situación de una sociedad socialista, tras el derrocamiento del capitalismo] que pueden conducir a esa vanguardia a volver al camino del capitalismo”.
¿A qué se refiere y por qué importa? Entre otras cosas guarda relación en particular con el papel de los intelectuales. Aunque haya habido mucho anti-intelectualismo en los llamados movimientos del socialismo o movimientos progresistas, la realidad es que los intelectuales son indispensables para cualquier transformación seria de la sociedad. Al mismo tiempo, existe una tendencia a que los intelectuales se alejen de la realidad material y de la lucha concreta que hay que llevar a cabo para transformar el mundo. Por lo que se trata de una lucha y de si dichos intelectuales permanecerán fundamentados en un método y enfoque científico y en la orientación del objetivo de todo esto —de ir más allá de toda explotación y opresión— o de si se vuelven en contra de eso o se alejan de eso hacia intereses personales, particulares y más estrechos.
Pero, lo cierto es que no se va a hacer una revolución sin forcejear con la realidad compleja de manera continua y en ocasiones en circunstancias muy intensas. Y se necesita un núcleo de intelectuales para dirigir el proceso de hacer eso. Por lo general, esos intelectuales provienen de las partes más privilegiadas de la sociedad, por decirlo así, son personas que tienen la oportunidad de recibir una educación formal. Pero en ciertas ocasiones también pueden provenir de entre individuos particulares, incluso de personas en condiciones muy desesperadas, que de alguna manera recurran a un espacio o forjen un espacio para formarse como intelectuales, entre ellos las personas en las cárceles, por ejemplo, tal como ha ocurrido y tal como hemos presenciado en nuestras propias filas de la revolución. Por lo que, proveniente de una fuente u otra, este núcleo de intelectuales se necesita.
¿Por qué se necesita? ¿Por qué se necesita una vanguardia en primer lugar? Debido a que las condiciones a las que están sometidas las masas de personas bajo este sistema, tal como he mencionado aquí, impiden que adquieran las bases y la capacidad de dedicarse de manera sistemática a realmente forcejear científicamente con las preguntas de cuál es la causa de lo que pasa en el mundo, y cuáles son los medios posibles para realmente transformarlo de una manera que correspondería a los intereses de las masas de personas, y en última instancia de la humanidad en su conjunto. Se trata de un proceso complejo en una forma continua. Y, para repetir, no se va a poder hacerlo sin una dirección, que incluya a un núcleo de intelectuales que sea capaz de forcejear con esto y se dedique a ello. Así que para ponerlo en términos concisos, son las propias contradicciones del sistema capitalista (y de hecho de todos los sistemas opresivos) las que crean la necesidad de tener una vanguardia. Debido a esta disparidad, a estas divisiones, la rara circunstancia de que una pequeña parte de la sociedad tenga la oportunidad de formarse así, mientras las masas de personas no: eso es lo que hace que una vanguardia sea necesaria.
Por otro lado del panorama, esa diferencia se extiende, y a veces es una brecha enorme, no solo algo menor, que se extiende a la sociedad socialista, y puede interpretarse de una u otra manera: avanzar hacia la superación final de este antagonismo mental-manual, por decirlo así, o puede reforzar la posición dominante de quienes, debido a las contradicciones de la vieja sociedad que no pueden eliminarse de golpe, se mantienen objetivamente en una posición por encima de las masas de personas. Y ya he señalado esto antes: existe una verdadera tensión —y lo vi al leer la discusión de Mao con Kissinger, por ejemplo— cuando se trata del ámbito de las ideas enrarecidas, o hasta de cuestiones prácticas pero a gran escala, cuando te reúnas y hables en el ámbito de las ideas enrarecidas, y te puedes desvincular y olvidar lo que se supone que debes representar al hacerlo. Las presiones pueden hacer que pierdas de vista, o incluso le des la espalda, a lo que te llevó a estar en esa posición en primer lugar.
Así que se trata de una lucha constante, pero no se puede resolver prescindiendo de las vanguardias. Lo único que resultará de eso es garantizar que se permanezca dentro de los terribles confines del sistema existente.
Para volver al tema básico, las contradicciones que hacen que sea necesaria una vanguardia —y sí un núcleo de líderes— son también las contradicciones que podrían llevar a que eso se convierta en su contrario; pero no se puede prescindir de eso al no contar con ese núcleo de dirección. Pero hace falta desarrollar una lucha continua para mantenerla en el camino en el que se inició al comienzo y hacia donde tiene que seguir avanzando.
“Breakthroughs (Abriendo Brechas)” tiene un extenso tratamiento de esta contradicción, en el que sin duda es importante adentrarnos. Aquí voy a centrarme en unos aspectos esenciales de esto que, sobre todo en las condiciones de hoy, son muy controvertidos, a la vez que son muy importantes.
Para comenzar, aunado al papel dirigente de las vanguardias comunistas, en ciertas circunstancias sobresalen unos líderes individuales en su papel particular, como concentración del papel de tales vanguardias — y, de hecho, como una concentración de las objeciones a este tipo de dirección de vanguardia.
Una queja que se repite con frecuencia en los ataques oportunistas contra los revcom y contra mí es el énfasis en la importancia de mi dirección, y la afirmación de que por eso somos un “culto”, y que yo soy un “líder de culto”. En diversos lugares, lo que incluye en artículos en revcom.us, yo y otros hemos mostrado que esto es una tergiversación deliberada y burda. Un rasgo particular que distingue a estos ataques oportunistas es que reflejan descarnadamente una ignorancia abrumadora —en muchos casos total— y a menudo deliberada de lo que yo y los revcom en realidad representamos y por lo que estamos trabajando, y específicamente del contenido del nuevo comunismo, el que ha resultado de las décadas de trabajo que he llevado a cabo, de sintetizar las experiencias positivas y negativas del movimiento comunista y de extraer lecciones de una amplia gama de actividades humanas.
Una de las variaciones de estos temas oportunistas dice que yo quiero ser un dictador. Como de hecho la hora ya se hace tarde (para parafrasear una estrofa de Bob Dylan), permítanme hablar claramente sobre esto. La realidad es que yo no deseo ni me interesa ser un dictador — pero sí tengo un profundo interés y determinación de hacer surgir la dictadura del proletariado (el poder estatal socialista) como vehículo político con el cual hacer surgir la transformación fundamental de la sociedad y en última instancia del mundo en su conjunto, con dimensiones completamente nuevas de libertad humana, con la abolición de todas las relaciones de explotación y opresión.
Así que examinemos directamente esta cuestión de los individuos sobresalientes y de los líderes individuales. Es un hecho, que por lo general cuenta con un amplio reconocimiento de parte de la gente, de que sí emergen en muy diversos ámbitos de la sociedad individuos sobresalientes. Hasta existen cultos en torno a estas personas: siendo Taylor Swift una de entre las más recientes. Pero sale algo diferente, y las personas reaccionan de manera distinta, a la hora de tratar el ámbito de la política o de concreta o potencialmente “manejar la sociedad”. Ahí, las personas reconocen que el papel de los individuos sobresalientes ejercerá una influencia desproporcionada en el tipo de sociedad que exista — y por lo tanto en estas personas, en la manera en que esto las afecta. Pero, espontáneamente, las personas tienen una comprensión no científica de esto. A menudo se expresa —una vez más, especialmente con el individualismo extremo— así: “No quiero que nadie me diga qué pensar”. (Incluso a veces: “Ni siquiera quiero que nadie me diga qué libros debo leer”). Tonterías así. Como si el funcionamiento de este sistema a diario y en cada instante no te dijera qué pensar, algo que obra en tu forma de pensar constantemente, aunque algunas personas se niegan a reconocerlo. La realidad es que, este sistema y sus dominantes relaciones e ideología y cultura e instituciones políticas y el funcionamiento del sistema ejercen una constante influencia en ti, lo que influye en lo que piensas en todo momento. Por eso, para repetir, la gente cree que existe la “naturaleza humana”. Pues, existe una forma en que las personas piensan y actúan que se basa en que el sistema las influencia — y cuanto menos tengan conciencia de que esto es lo que está pasando, más vulnerables serán al sistema, y más serán mantenidas bajo su influencia.
Así que, en realidad, la cuestión no es decirle a la gente qué pensar, sino que existe una cuestión real de llevar lucha con la gente sobre cómo pensar. O sea, si pensar sobre una base científica, con un método y enfoque científico, o si aferrarse a cualquier onda subjetiva — por lo general bajo la influencia más o menos directa del funcionamiento de este sistema, o por los individuos que estén reflejando la perspectiva y valores, y en última instancia, las relaciones, de este sistema. Por lo que no se trata de decirle a la gente qué pensar, y no se trata de decirle a la gente cómo pensar en un sentido estrecho; se trata de la manera de pensar que la gente necesita en el sentido más amplio — si aplican un enfoque a la realidad objetiva que de hecho analice y sintetice científicamente, examine los patrones y relaciones más profundas, y extraiga las necesarias conclusiones de la realidad, y de ahí compare eso con la realidad aplicándolo. La verdadera cuestión es si aplican dicho método — o si simplemente le entran a toda suerte de inclinaciones subjetivas personalmente gratificantes.
Las personas pueden reconocer fácilmente, pueden sostener un debate: “quién es el GOAT” [el más grande de todos los tiempos] en el basquetbol. ¿Es Michael Jordan, es Lebron James, o es Wilt Chamberlain? Pueden llevar toda una serie de debates sobre quién es el GOAT en el basquetbol. Pero a veces se dice: “bueno, ¿por qué ustedes ponen tanto énfasis en un individuo — no es la ciencia un proceso colectivo?” Sí, lo es. Al igual que una revolución es un proceso colectivo. Por eso tiene una dirección. Cualquier equipo de científicos que actúa en la forma que tiene que actuar, necesita tener y sí tiene dirección.
¿Por qué se le llama “darwinismo”? Debido a que Darwin —había otros individuos que se aproximaban a conclusiones similares— pero fue Darwin el que sintetizó y desarrolló el análisis científico de la evolución. Por eso la evolución está asociada con Darwin, pues Darwin fue el que de hecho hizo este importante avance y lo popularizó. ¿Por qué la gente dice “bueno, no tienes que ser un Einstein” para hacer esto o aquello? Debido a que Einstein hizo un gran avance en la ciencia de la física. Y así sucesivamente. La gente puede reconocer eso.
Por supuesto eso no significa que, al hacer un gran avance —al establecer algo firmemente sobre una base científica— se detenga la ciencia. No. Aún es necesario seguir aplicando el método científico, pero continúa sobre la base del importante avance que se haya hecho (aunque esto abarque, y con frecuencia sí abarca, el desarrollo adicional de lo que supone dicho avance, tal como, por ejemplo, en el caso de la ciencia de la evolución).
Lo mismo se aplica en el ámbito de las relaciones sociales y la transformación de la sociedad y el mundo objetivo más amplio. Pero las personas objetan debido a que el individualismo les dice: “Ay, no, esto podría afectarme, de hecho podría compelerme a hacer frente a lo que en realidad está pasando en el mundo, en lugar de seguir la misma onda subjetiva de siempre que vi en las redes sociales ayer, o alguna idea que se me ocurrió, o ‘lo que todos saben’… ‘lo que mucha gente dice…’” Así es el tipo de lucha que hay que desarrollar sobre cuál perspectiva y método se va a aplicar. Y cuando dicha perspectiva y método estén asociados con cierto grupo o cierta persona que ha hecho un avance importante — si de hecho se aplica por la emancipación de la humanidad, eso es algo genial, no algo malo. Es algo genial si eso ocurre.
Y respecto a mí, todo lo que he hecho ha guardado relación con impulsar la posibilidad y el carácter emancipador de la transformación de la sociedad. La gente lo puede aceptar o lo puede rechazar — pero ahí está, está ahí para quien lo quiera: no voy a cobrar nada, y no me interesa en absoluto recibir ninguna remuneración. Ahí está para quien lo quiera. Como dije, eso es lo que yo represento, y esto es lo que nosotros representamos colectivamente, no imponer nuestro dominio sobre la gente y ser un “dictador” en el sentido no científico en que la gente habla de ello.
Así que, que quede claro, el surgimiento de individuos en esos diferentes campos, incluido el campo del comunismo, de la transformación radical de la sociedad para arrancar de raíz y eliminar la explotación y la opresión, no se trata de un “genio individual” aislado del resto del mundo y del resto de la sociedad. Se trata de las características específicas que tengan las personas. Pero va mucho más allá del “genio individual” o algunas capacidades y cualidades especiales en un sentido “reificado”; más bien se trata de una combinación de factores, individuales pero sobre todo sociales, incluido el papel del accidente, en la manera en que individuos particulares surgen para desempeñar un cierto rol dirigente en distintos campos en diferentes momentos.
También es necesario comprender esto científicamente. La pregunta básica que todos deberían examinar es la siguiente: ¿Qué contenido tiene? ¿Cuál es su objetivo? ¿Cuáles son los métodos y principios en torno a los que actúa y que aplica? ¿A qué llama a que las personas hagan, y hacia dónde conducirá si las personas sí lo adoptan y lo aplican? Así son las preguntas que deberían incidir de forma central en la evaluación de la cuestión de los líderes individuales. Cuando escribimos esa polémica en respuesta a este ataque, este ataque bajo de parte de Hannah Zeavin, nuestra respuesta planteó la pregunta: BA tiene todo un conjunto de obras; ¿cuáles obras de BA ha examinado Zeavin (quien, de hecho, está en el mundo académico), cuáles de estas obras escogidas de BA ha examinado con seriedad (o que haya examinado en primer lugar)? Y no me parece que se requiere mucha imaginación para dar una respuesta.
Esto es típico de esos ataques oportunistas. Pero por otro lado, lo central es: Ahí está, ahí está el nuevo comunismo. Está a la disposición de todos. Se invita a todos a examinarlo, a bregar por determinar lo que en realidad representa y hacia dónde conduciría. Y a hacerlo no solo a título individual, sino colectivamente con otros. Y de ahí, sobre esa base, extraer conclusiones. Tenemos que luchar por eso.
Así que, una vez más, las vanguardias —y, sí, a veces, los líderes individuales— son tanto una necesidad como algo genial para la causa de la emancipación de la humanidad si en eso se basan en realidad, por eso están trabajando y haciendo una contribución sobresaliente, y necesaria.
Por lo que podemos decirlo así: en cuanto a la oposición relativamente extensa (y en ocasiones muy virulenta) a los líderes individuales, independientemente del contenido y del rol de tales líderes, cabe decir, una vez más, que una gran parte de esta objeción a los líderes individuales es el individualismo que es tan extendido en Estados Unidos, el más parásito de todo los países capitalista-imperialistas. En esencia, una buena parte de esta objeción se reduce a “¡¿y yo qué — cómo es posible que alguien sea más importante, que pueda desempeñar un papel más importante, que yo?!”
Respecto a todo esto, lo siguiente de Ardea Skybreak, en la entrevista a ella, Ciencia y revolución, tiene mucha relevancia:
También hay otra idea que algunas personas expresan: “¿No es que todos somos iguales?”. O, ¿no es que nuestro objetivo tiene que ser “hacer que todos seamos iguales”? ¡¿Por qué dice la gente tantas idioteces?!
[se ríe] Mira, una cosa es decir que todos los seres humanos son “iguales”, en el sentido de que cada ser humano es un pleno ser humano y hay que reconocerlo como tal. No existe un ser humano “ilegal”, no existe un ser humano que es “la mitad, o tres quintos” de un ser humano, no existe un ser humano intrínsecamente “inferior”. Todo ser humano es un ser humano pleno. Así es, por un lado. Pero cuando una persona plantea la pregunta, ¿no es que todos debamos ser iguales?, en realidad lo que pregunta es, ¿no es que todos debamos tener la posibilidad de ejercer nuestro peso al mismo grado, no es que todos debamos tener la posibilidad de ejercer exactamente la misma influencia? Pues, eso no es la realidad. No sé en qué mundo de fantasía vive esa persona, pero la realidad es que en las sociedades humanas, diferentes personas ejercen diferentes grados de influencia, por razones buenas y malas.
Pues, por ciertas razones malas, algunas personas ejercen una influencia y peso desproporcionados. Por ejemplo, las personas que manejan el gobierno, que manejan la sociedad, que manejan la policía y las fuerzas armadas, usted no es igual a dichas personas. ¿Me entiendes? [se ríe] Los patrones donde usted trabaja, los que pueden echarlo a la banqueta, pues usted tampoco es igual a dichos patrones. No se debe a que usted sea un ser humano menos valioso, sino a que objetivamente usted no es igual a dichos patrones en lo que concierne a la posición social que usted tiene y la influencia que usted puede ejercer. Así que se ve en esos ejemplos que no todos somos “iguales”, puesto que algunas personas ejercen un peso e influencia desproporcionados, de una naturaleza negativa.
Por otro lado, también hay personas que tienen un peso e influencia desproporcionados de una naturaleza positiva, en maneras que pueden contribuir positivamente a la sociedad, que pueden “servir al pueblo” en varias maneras. Veamos las personas que son “los mejores” en su campo, como el mejor doctor o el mejor mecánico de auto o el mejor atleta o músico. No los considero un ser humano “mejor” que yo en algún sentido, pero no tengo problema en reconocer que a mí me hacen falta las capacidades y experiencia que ellos tienen en esos campos, y por lo tanto no todos somos “iguales” en ese sentido y por lo tanto yo no espero ejercer la autoridad o la influencia al mismo grado que aquellos mejores expertos en un quirófano, en una cancha de básquetbol o en un escenario de concierto, para usar esos ejemplos. Pero eso no me preocupa. No me siento amenazada por eso. No es necesario que seamos “iguales” en cada dimensión de la vida. Y la realidad es que no todos somos iguales respecto a la experiencia, las capacidades y las habilidades. En relación a las cosas positivas, eso no es malo, más bien es excelente, el que algunas personas ejerzan más peso e influencia. Lo que me lleva de nuevo al tema de BA. No solamente no es malo sino que es excelente, el que BA ejerza un peso e influencia desproporcionados al interior del Partido que él dirige, en el movimiento mayor para la revolución y en la sociedad más amplia. Si él tiene la experiencia, las capacidades y las habilidades que lo hacen “el mejor del campo” de analizar los problemas sociales más importantes de la época actual y de qué hacer al respecto, si objetivamente él es “el mejor del campo” respecto al desarrollo de la ciencia de la revolución y el comunismo, pues yo, por mi parte, ¡quiero que él tenga la posibilidad de ejercer la máxima influencia desproporcionada que sea posible!
(Ardea Skybreak es una científica con formación profesional en ecología y biología evolutiva, y es promotora de la nueva síntesis del comunismo. Es autora, entre otras obras, del muy importante libro La ciencia de la evolución y el mito del creacionismo: Saber qué es real y por qué importa).
Esto nos lleva de vuelta a la cuestión de los “líderes breakthrough [que abren brechas]” y la relación entre los “líderes breakthrough” de este tipo —los individuos sobresalientes que sí emergen de esta manera, tal como acaba de mencionar la cita de Skybreak— y el proceso colectivo más amplio. Ambos son indispensables si va a darse una revolución triunfante y una transformación de la sociedad que realmente conduzca a la emancipación.
Pero al respecto ha habido un problema en la experiencia del movimiento comunista, desde los inicios. Por ejemplo, con el desarrollo de los movimientos socialistas en la época de Marx, después de cierto momento, al ver que estas personas para nada estaban planteando lo que él representaba, sino que lo hacían en nombre de eso, Marx se vio obligado a comentar: algo que sé es que no soy un marxista. Bien, obviamente eso es un comentario irónico. Pero refleja la contradicción objetiva de que las personas, en nombre de Marx y del marxismo, estaban planteando cosas que en realidad divergían mucho de lo que Marx estaba desarrollando, y en muchos sentidos se oponían a lo que de veras Marx estaba desarrollando, los avances importantes que Marx hizo que eran de importancia histórica.
O podemos examinar el ejemplo de Lenin. Él estaba rodeado de personas que a un grado importante no estaban con él en el transcurso de desarrollar la revolución e incluso posteriormente, pero de una manera aguda, justo en el momento en que la toma del poder estaba objetivamente a la orden del día y Lenin lo reconocía mientras ninguno de los demás lo hacía. Se dio una situación tan intensa que en cierto momento, Lenin tuvo que amenazar con renunciar al Comité Central de los bolcheviques si ellos no se le unían a él para llevar a cabo la insurrección que ya estaba madura para realizarse — o se hubiera perdido la oportunidad, lo que hubiera sido un crimen histórico.
Lo mismo con Mao. Mao contaba con un cierto pequeño núcleo de personas a su alrededor al mero final, pero, en líneas generales, la mayoría de la dirección del Partido Comunista, por las razones que ya traté anteriormente —entre ellas que muchas de estas personas estaban en la revolución únicamente para hacer que China fuera un país poderoso, una vez más, y en realidad, no estaban a favor de la emancipación de toda la humanidad con el comunismo—, en muchos casos, Mao se encontró a solas y aislado, especialmente al final. Le comentó en tono de ironía a alguien que lo entrevistó, que le dijo a él: “Ah, usted ha cambiado tanto al mundo”; él replicó que únicamente he cambiado unos kilómetros alrededor de Pekín (o Beijín, tal como se le llama ahora).
Así que se trata de una contradicción histórica que, una vez más, se está manifestando en el contexto del nuevo comunismo. Y esto es algo que hay que transformar. No podemos repetir la experiencia que acabo de resumir con estos otros lideres del movimiento comunista y los avances importantes o cruciales que estaban dirigiendo y por los que estaban luchando. Sí, va a haber una diferencia —es importante hablar de esto objetivamente y no me refiero a esto a título personal— va a haber una diferencia cuando emerjan líderes sobresalientes y haya otros que no están al mismo nivel. Pero no se puede convertir eso en un principio, y no se puede permitir que eso crezca espontáneamente. Es necesario trabajar en torno a esto de modo que cada vez más personas estén por el mismo camino y estén esforzándose por estar al mismo nivel, pero que de hecho no alcancen el mismo nivel, sino que se esfuercen por estar al mismo nivel y por formar parte de un proceso colectivo en que, en ese sentido, sí, todos sean iguales — en el sentido de que se tiene que evaluar todas las ideas por igual, independientemente de quién sea la fuente de esas ideas, sobre la base de si son ciertas en realidad o no. Si de hecho se conforman o no a la realidad tal como está y tal como está avanzando y cambiando, y hacia dónde conducirán.
Por eso, existe una aguda contradicción que hay que tratar directamente — y es necesario hacer avances importantes, avances importantes adicionales. Por una parte, existen líderes sobresalientes. Por otra parte, no podemos tener un espectáculo unipersonal. Se necesita una colectividad en constante expansión con un núcleo, sí un núcleo sólido, de personas que estén firmemente con eso y que estén esforzándose por estar al mismo nivel, y que en el contexto de ese proceso colectivo sean iguales todas las ideas. Es necesario evaluar las ideas de todos sobre la base que acabo de describir y no sobre la base de “bien, usted es un individuo sobresaliente, y usted no lo es”. Así que esta es una contradicción aguda que tiene una expresión histórica que tenemos que encontrar una manera de transformar rápidamente en un sentido positivo, en lugar de dejar que la espontaneidad la lleve en un sentido negativo.
En este momento, en las filas de los revcom, urge y apremia mucho que se dé un salto adicional —ahora mismo— en forjar un núcleo colectivo de líderes con fundamentación científica, basados firmemente en el método y el enfoque del nuevo comunismo, que lo apliquen sistemáticamente y forcejeen con la forma de aplicarlo a una realidad compleja y continuamente cambiante. Esto es necesario para atraer, formar y solidificar —en un marco de tiempo “finito”, no en un marco de tiempo amorfo— a una “masa crítica” de revolucionarios dedicados con una fundamentación científica con un cuadro de “comandantes estratégicos” cada vez más templados y en continua expansión — que sea capaz de atraer, formar y dirigir a unas filas revolucionarias más amplias continuamente crecientes con una fundamentación sólida en el método y enfoque científico del nuevo comunismo y de manera concomitante una capacidad de aplicarlo creativamente, capaz y con la orientación de emprender la lucha con confianza y energía para desarrollar la lucha para ganarse a crecientes números de personas a esto, lo que incluye emprender una lucha convincente basado en principios contra la oposición y ataques oportunistas carentes de principios.
Así que esto es la esencia de la dirección comunista y lo que tenemos que ponernos a la altura de hacer: de manera científica analizar y sintetizar la realidad; identificar y determinar el peso de las distintas contradicciones en cualquier situación dada, así como en general, y conocer la manera de centrarnos en la contradicción principal en un momento determinado, pero manejar correctamente, en esa conexión, las contradicciones secundarias pero todavía importantes. Al tener en cuenta que esto, sí, supone aprender de seres humanos reales y a la vez dirigirlos —aprender de seres humanos reales y a la vez dirigirlos— no máquinas u objetos. Tener claramente en cuenta y actuar según el objetivo fundamental de emancipar a la humanidad, aplicar la ciencia del nuevo comunismo, y específicamente el método y enfoque del nuevo comunismo, hacia ese objetivo. Y, para repetir, manejar correctamente la relación entre fines y medios la que no sólo es compleja en ciertos momentos, sino que puede volverse extremadamente aguda, tal como hemos visto en la historia del movimiento comunista y la sociedad socialista.
No se trata de algo de menor importancia que la Unión Soviética y posteriormente China, incluso con la dirección de Mao, dieron ciertos pasos y se encaminaron en ciertos sentidos que en realidad iban en contra de sus objetivos generales, en la forma en que se manejó la Segunda Guerra Mundial en la Unión Soviética y la apertura hacia el Occidente, por ejemplo, por parte de China. Hubo razones apremiantes reales. Las armas nucleares no son una broma. No es de poca importancia la matanza de 25 millones de personas en la Unión Soviética. Éstas son contradicciones reales, y en ocasiones extremadamente agudas, con implicaciones monumentales. Y por eso es tanto más importante mantenernos firmemente fundamentados en el necesario método y enfoque científico, y luchar colectivamente por aplicarlo, a fin de manejar correctamente la relación entre las contradicciones. ¿Qué es lo principal y qué es lo secundario en un momento determinado? ¿Cómo tal vez esté cambiando eso? ¿Cómo manejar todo eso en el sentido que conduzca a donde las cosas tienen que ir, aun cuando a corto plazo, las cosas puedan estar en contradicción con el objetivo fundamental? No obstante, todavía es necesario manejar eso de modo que en general haga avanzar las cosas hacia el objetivo fundamental de la revolución comunista emancipadora.
Así que, a manera de conclusión, volvamos a un tema importante: la naturaleza sangrienta (y represiva) de las revoluciones burguesas (capitalistas), incluida la Revolución Americana, es algo que hay que reconocer. Una de las cosas que se recalcan, al ver la serie de Ken Burns sobre la Revolución Americana, es qué tan sanguinaria lo fue. Qué tanta violencia —sabemos que ellos siempre hablan de “ah, no podemos tener esa violencia”— pues, qué tanta violencia hubo en esa Revolución Americana. Qué tanta represión brutal que hubo, como la de las diferentes fuerzas que se vengaban de las personas de uno u otro bando — el estire y afloje entre los que eran leales a la Corona británica y los que estaban en la Revolución Americana combatiendo por la independencia, y así sucesivamente. En el caso de ver dicha serie, la que sin duda vale la pena ver, se puede ver qué tan sanguinaria y brutal estuvo esa revolución, en una forma que de hecho no queremos que sea la revolución por la que estamos luchando — y tenemos que trabajar para que no sea sanguinaria en ese sentido, con represalias vengativas incluso contra los civiles. Pero eso no borra el hecho de que la Revolución Americana fue sanguinaria por una razón. Las revoluciones, como dijo Malcolm X, son sangrientas. No es posible eludir el hecho de que así es el carácter de las revoluciones — en lo fundamental debido a la resistencia a la revolución por parte de las clases dominantes existentes, su violencia sangrienta para ejercer brutalmente su dominio. Pero al ver la serie de Ken Burns, se ve que esa fue una revolución sanguinaria y sí, represiva y en momentos vengativa, la cual de hecho la dirigieron los propietarios de esclavos, y los aspirantes a capitalistas de diversa índole, y estuvo sobre todo al servicio de sus intereses — y, como sale en la serie de Ken Burns, dicha revolución marcó el comienzo de la búsqueda de un imperio estadounidense, que incluía la expansión hacia el Occidente (que ocurrió al mismo tiempo que dicha revolución) con el genocidio real de los pueblos indígenas. Así que esto se desenvolvía al mismo tiempo que el lanzamiento de un imperio de explotación cruel y, sí, opresión empapada de sangre.
Y se dio toda la terrible destrucción y horroroso sufrimiento causados por el sistema capitalista, tal como se ha desarrollado desde esa época (e incluso en sus orígenes aún más remotos) en un sistema mundial de despiadada explotación y sangrienta opresión.
Lo que está a la “orden del día histórica” en este momento, si va a haber un camino hacia adelante para la humanidad hacia un futuro digno en el que vivir —lo que se necesita desesperadamente ahora para hacer realidad esta posibilidad— es una revolución para abolir este sistema el cual se engendró por medio de acontecimientos como la revolución americana inicial. Una revolución en esta época para abolir este sistema de explotación, opresión y destrucción masiva, y para reemplazarlo por algo mucho más emancipador. Independientemente de las afirmaciones de la serie de Ken Burns de que la Revolución Americana fue lo más emancipador y brindó la inspiración para las cosas más emancipadoras en la historia del mundo, tal revolución fue insignificante en comparación con el carácter emancipador de la revolución comunista. No solo fue insignificante, sino que estuvo repleta de despiadada y horrorosa opresión y explotación a las que dio mayor ímpetu y las que desató. Por otro lado, la revolución comunista tiene que dar un salto más allá de todo eso, hacia la abolición de todo eso.
Así que se trata de una revolución para abolir este sistema de explotación, opresión y destrucción masiva, y para reemplazarlo por algo mucho más emancipador especialmente en vista de que el sistema capitalista-imperialista se ha vuelto totalmente obsoleto (desde hace mucho tiempo caducó) y representa una amenaza existencial a la humanidad, como ya he mencionado.
La revolución que se necesita ahora depende de una situación revolucionaria: una profunda crisis que afecte a toda la sociedad y sus instituciones gobernantes e imperantes — y esta revolución no debe incluir los actos de individuos aislados o de pequeños grupos desvinculados de las masas de personas, sino la acción y apoyo cada vez más conscientes y decididos de parte de millones de masas, dirigidas por una fuerza con fundamentación científica y visión a futuro, con profundos vínculos y una poderosa base organizada entre dichas masas. Y para repetir —a diferencia de las demás revoluciones anteriores lideradas por las clases explotadoras (tales como la Revolución Americana, o incluso de la Revolución Francesa de una época anterior)— esta revolución comunista debe tener por objetivo la transformación de toda la sociedad, y en última instancia del mundo en su conjunto, para abolir y arrancar de raíz todas las relaciones opresivas y explotadoras en todas partes y para posibilitar que los seres humanos, por fin, expresen su humanidad de la forma más excelsa.
Así, teniendo en cuenta todo eso, lo siguiente, de mi Mensaje de Año Nuevo de 2025, habla de la realidad esencial y la urgente necesidad y reto:
[Este fascismo de Trump y MAGA] fue engendrado por este sistema del capitalismo-imperialismo — un sistema que, por su propia naturaleza, perpetra horrores continuos, a un nivel mucho más allá de lo que se ha llevado a creer incluso a la mayoría de las “personas informadas”….
El fascismo de Trump y MAGA… habiendo surgido del suelo de todo este sistema (y de toda la historia de este país), desatará todo este horror más completamente y de formas más flagrantes, mientras que al mismo tiempo la naturaleza básica y las dinámicas de este sistema en su conjunto están sometiendo a las masas de la humanidad a un sufrimiento terrible, destruyendo el medio ambiente a un ritmo acelerado y aumentando el peligro de una guerra total entre Estados Unidos y sus rivales en Rusia y China — todos los que son potencias imperialistas dotadas de armas nucleares.
Lo que he dicho con claridad antes se destaca ahora con mayor urgencia:
Nosotros ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas dominen al mundo y determinen el destino de la humanidad. Hay que derrocarlos cuanto antes.
Hay una forma completamente nueva de vivir — con un sistema fundamentalmente diferente.
No existe ninguna razón buena por la que el mundo tiene que ser tal como es, con todos sus horrores muy reales.
No existe ninguna razón buena por la que, aparte de la masiva muerte y destrucción de la Segunda Guerra Mundial, en el tiempo transcurrido desde que terminó esa guerra (en 1945) más de 500 millones de niños hayan muerto innecesariamente de hambre y enfermedades evitables, en lo fundamental debido a la forma en que el mundo, y en particular los países más pobres del mundo, han sido dominados por el capitalismo-imperialismo, con Estados Unidos como el depredador imperialista “número uno”.
No existe ninguna razón buena por la que una persona, en cualquier parte del mundo, tenga que pasar hambre o carecer de vivienda digna, atención médica y otras necesidades básicas — o viva con el temor constante de carecer de estas necesidades.
No existe ninguna razón buena por las guerras interminables y la destrucción acelerada del medio ambiente, de las que este sistema es fundamentalmente responsable.
No existe ninguna razón buena por la que la cultura y las formas de pensamiento dominantes tenga que servir a reforzar relaciones asesinamente opresivas, mientras inculcan en la cabeza de la gente la ridícula noción de que no existe ninguna alternativa positiva a todo esto.
No existe ninguna razón buena por la que continúe la larga noche en la que la sociedad humana ha estado dividida en amos y esclavos, y las masas de la humanidad han sido objeto de latigazos, golpes, violaciones, masacres, encadenadas y amortajadas en la ignorancia y la miseria.
No existe ninguna razón buena por todo eso, pero sí existe una razón básica: el hecho de que el mundo y las masas de la humanidad todavía están obligados a existir bajo la dominación de este sistema del capitalismo-imperialismo.
Este sistema es completamente absurdo —criminal y monstruosamente absurdo— y completamente obsoleto: ha pasado mucho tiempo desde su fecha de caducidad, ha pasado el momento en que puede conducir a algo positivo para la humanidad — y, al contrario, se erige como la barrera directa a la emancipación de la humanidad de toda esta demencia, atrocidad y sufrimiento innecesario. El ascenso del fascismo, en muchos otros países, así como en el mismo Estados Unidos, es una clara señal de la naturaleza completamente anticuada de este sistema y del peligro cada vez mayor que representa para la humanidad en su conjunto.
Ahora nos encontramos en un momento en el que es cada vez más urgentemente necesario ir más allá de todo este monstruoso sistema — más allá de una situación en la que las personas están obligadas a luchar sólo por la supervivencia individual, en la que todos están compelidos a competir y estar en conflicto con los demás, y en la que las masas de personas en todas partes están encadenadas por relaciones opresivas anticuadas, mientras que el futuro, y la propia existencia, de la humanidad están cada vez más en peligro.
Y ahora es posible ir más allá de todo esto.
Es posible una forma de vivir completamente diferente: una forma completamente diferente de organizar la sociedad, con una base económica y sistema político, relaciones emancipadoras entre las personas y una cultura edificante radicalmente diferentes — todo ello orientado a satisfacer las necesidades básicas y cumplir los intereses más elevados de las masas de personas. Esto se expone, de manera panorámica y concreta, en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, que he escrito. En la Declaración NECESITAMOS Y EXIGIMOS: UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE, se exponen síntesis de los puntos básicos en esta Constitución — que arrojan una luz sobre la forma verdaderamente emancipadora en que podríamos vivir. (Esta Declaración, así como la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, están disponibles en revcom.us).
Llegar a formar parte de las filas organizadas de revolucionarios que asuman el reto de hacer realidad esto — unirse a EL CUERPO REVCOM Por La Emancipación De La Humanidad, trabajar activa y urgentemente por esta revolución — arriesgar la vida no solo para nosotros mismos, ni para un círculo o clica estrecha, sino para la emancipación de la humanidad: eso es algo por lo que verdaderamente vale la pena vivir y dedicar la vida.
¡EN NOMBRE DE LA HUMANIDAD, NOS NEGAMOS A ACEPTAR UN ESTADOS UNIDOS FASCISTA!
¡TODO ESTE SISTEMA ESTÁ PODRIDO E ILEGÍTIMO — NECESITAMOS Y EXIGIMOS UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE!