Durante el último mes, Donald Trump dejó que expirara el más reciente tratado sobre armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia. Este tratado congelaba el número de esas armas en 1.500 para cada parte, más que suficiente para aniquilar a toda la población de la Tierra muchas veces. Sin embargo, esto no fue suficiente para Donald Trump, ni hubo voces serias en contra por parte de otros políticos prominentes. Según el New York Times, esto “deja a ambas superpotencias sin límites en cuanto al tamaño o la estructura de sus arsenales, justo en el momento en que ambas están planeando nuevas generaciones de ojivas nucleares” [énfasis añadido].
Estados Unidos ha previsto un aumento del gasto en “defensa” en un 66 % para el próximo año, por encima del ya elevado aumento de este año, y nuevos aumentos para cada uno de los próximos diez años. Otras potencias, tanto las potencias imperialistas “menores” como Francia o Polonia, como aspirantes a imperialistas, están tomando medidas para aumentar sus “reservas” o para comenzar a producir sus propias armas nucleares si aún no las tienen. Mientras tanto, el principal rival de Estados Unidos por dominar al mundo, China, ha estado realizando sus propios avances rápidos y espectaculares en tecnología y armamento de guerra nuclear, al igual que Rusia.
Boletín de los Científicos Atómicos: Reloj del Juicio Final. GRÁFICO: TheBulletin.org
No es de extrañar que el Boletín de los Científicos Atómicos haya fijado recientemente su “Reloj del Juicio Final”1 a 85 segundos de la medianoche, la hora más cercana a la que ha estado nunca.
Esto es demencia. Demencia total. Existe la capacidad para eliminar la miseria humana, el hambre y la explotación... y, sin embargo, esta capacidad se está utilizando para desarrollar formas más rápidas, eficaces y completas de destruir a la humanidad.
Pero hay una lógica que impulsa esta demencia. Es la lógica mortal de expandirse o morir. Es la lógica que es parte integral del sistema bajo el que estamos obligados a vivir. Y ese sistema es el capitalismo-imperialismo, en el que un puñado de potencias están impulsadas a contender por el control de los pueblos y los recursos del planeta... a menos que resulten aplastadas por una potencia rival.
Ante esta amenaza creciente de extinción masiva de la humanidad, los muchos millones de personas decentes, que desearían ver un mundo sin guerras, han ignorado en gran medida lo que está ocurriendo. Esta FALTA de alarma pública, o incluso de concienciación, especialmente en comparación con épocas anteriores en las que la amenaza de una guerra nuclear se intensificó y la gente sí dio la voz de alarma y se resistió, es un aspecto muy llamativo de esta situación.
¿Por qué tanto silencio a las puertas del infierno?
Algunas personas se dicen a sí mismas que no hay esperanza... ¡y por lo tanto aceptan el peligro extremo y acelerado de que la humanidad sea incinerada! A quienes hacen esto: no quieren mirar demasiado de cerca, ¿verdad? No quieren pensar seriamente en este “problema” que amenaza a la humanidad. Pero ¿no es también demente este acto de aceptación (incluso en forma de ignorancia del tipo “no quiero pensar en ello”)? ¿Una demencia criminal?
Porque aquí va la dura pero liberadora verdad: no hay esperanza mientras insistan en limitar su pensar a términos basados en trabajar dentro (o en algunos casos en los márgenes) del sistema capitalista-imperialista que dio origen a estas armas y que ahora está acelerando el camino hacia el Armagedón.
Una base científica para la esperanza
Pero si se puede liberar del mito de que “no hay alternativa” al capitalismo-imperialismo, pues hay una base para la esperanza y una manera de ponerse a trabajar para hacer realidad esta esperanza. La verdadera esperanza, una esperanza basada en la realidad material y un enfoque científico de conocer esa realidad, lo que incluye su relación a la sociedad... y a la guerra. Bob Avakian ha abordado este tema, y cabe citarlo extensamente:
Es cierto que, siempre que existan estados imperialistas (y otros estados reaccionarios) que poseen armas nucleares, la gente del mundo estará sometida al chantaje nuclear. Eso subraya una vez más la importancia profunda, y aguda, de mi declaración de que la gente del mundo ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas dominen al mundo y determinen el destino de la humanidad — hay que derrocarlos cuanto antes. (Esta declaración es parte de las entrevistas que se hicieron conmigo en el otoño del año pasado en El Show RNL — ¡Revolución, y Nada Menos! en YouTube.)
Nosotros, la gente del mundo, ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas sigan dominando al mundo y determinando el destino de la humanidad. Y es un hecho científico que la humanidad no tiene que vivir así.
A fin de ya no tener que vivir así, es necesario llevar a cabo una revolución total, derrocar el sistema del capitalismo-imperialismo y crear un sistema radicalmente diferente y mucho mejor. La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de mi autoría, contiene una visión panorámica y un plano concreto para ese sistema radicalmente diferente y mucho mejor. En esta Constitución se deja muy claro lo siguiente:
“La Nueva República Socialista en América del Norte no desarrollará y no utilizará armas nucleares ni otras armas de destrucción masiva. Librará una lucha resuelta y polifacética para liberar al mundo de todas estas armas, y lo hará como parte de la lucha mayor y general para derrotar y desmantelar todos los estados y fuerzas imperialistas y reaccionarios y avanzar hacia la realización del comunismo en todo el mundo, lo que por fin hará que sea posible hacer realidad los deseos y los sueños de un mundo sin guerras que han tenido innumerables seres humanos en el largo desfile de la historia, y los intereses fundamentales de la humanidad”.
Esto no es tan sólo un sueño o simplemente una edificante aspiración. Como he comentado a lo largo de estos mensajes (y de manera concentrada en los números del Uno al Once), este es un momento poco común en el que una revolución para derrocar este sistema —sí, justo en este poderoso país capitalista-imperialista— no sólo es urgentemente necesaria pero es posible, y además esta revolución haría posible un salto crucial hacia un futuro emancipador en el que la humanidad verdaderamente podría florecer, sin el terrible sufrimiento al que están sometidas las masas de la humanidad, y sin la amenaza continua de la aniquilación nuclear. (de REVOLUCIÓN #42: El imperialismo — y la guerra imperialista: cuál es y cuál no es su motivación fundamental, su naturaleza y su papel, y cómo se le puede poner fin finalmente).
Éntrele a Bob Avakian. Entérese de la revolución que necesitamos, de la dirección emancipadora que tenemos y del mundo que podríamos ganar.