El ícono de drag RuPaul se ha unido a las filas de las celebridades que logran reconocer que algo terrible está pasando, e incluso le llaman el fascismo, solo para dirigir a las personas derechito a la pasividad y la capitulación. En un reciente video en las redes sociales, tras una ola de decisiones de la Corte Suprema que han intensificado los ataques contra la gente LGBTQ y han aniquilado del derecho de votar de los negros, el mensaje de RuPaul es, en esencia: el fascismo ya está aquí, los malos ganaron, y “lo único que podemos hacer” es andar de fiesta, bailar y divertirnos.
Transmitió este consejo de capitulación después de la decisión de 6 a 3 en la Corte Suprema en Luisiana contra Callais que trituró lo que quedaba de la Ley del Derecho de Votar, que provocó una avalancha de intentos por supremacistas blancos de redistribuir distritos electorales en estados controlados por republi-fascistas a fin de debilitar y dividir distritos electorales de mayoría negra y latina a nivel nacional. Las personas tienen razón de alarmarse, y las que describen este intento fascista de amañar las elecciones venideras como un “terremoto político” tienen razón.
RuPaul reconoce los horrores que un Estados Unidos fascista implicará para el pueblo negro, la gente LGBTQ, y toda persona que anhele la justicia, pero saca una conclusión muy incorrecta. Dice, en efecto: Ya es tarde. Los fascistas han ganado — así que, pónganse a bailar, diviértanse, y hagan fiesta mientras el reloj marca la proximidad a la aniquilación.
Esto es la lógica de la cual advierte Cabaret, la obra musical sobre la vida nocturna en los primeros años 1930 en Berlín mientras los nazis ascendían al poder: que el show no para mientras los fascistas marchan, y al final aplastan bajo sus botas militares todo espacio artístico que no conforme. Eso encarna lo de la tragedia que se convierte en farsa. La primera vez, en la Alemania nazi, las personas no reconocieron el peligro hasta que fuera tarde. La segunda vez, ante el destello de todas las señales de advertencia ante nuestros ojos, ante el grito de las lecciones de la historia, se está dirigiendo a la gente a prender la música y fingir que no hay nada más que hacer. Debe ser claro que la lógica de RuPaul no solamente representa la ruindad moral, sino que se basa en una ilusión. Si alguien se imagina que no le vayan a tocar los horrores, pues no capta lo grave que es el peligro. Lo que el régimen de Trump representa no es solamente el sufrimiento fuertemente intensificado para las masas de personas, sino una amenaza a la propia existencia de la misma humanidad.
Que quede claro: el problema no está con el baile. El problema no está con el placer, la cultura queer, la vida nocturna, el arte, el sexo, la belleza, la presentación, ni la negativa a permitir que los fascistas conviertan la vida en una sola marcha forzada de obediencia y vergüenza. Los fascistas odian todo ello. Lo odian porque representa el rechazo de parte de la gente, quizás de manera parcial y contradictoria, al orden fascista cristiano, supremacista blanco, patriarcal y sofocante que aquellos quieren imponer.
En un momento en que las cortes vienen legitimando los ataques contra la gente trans; en que el movimiento fascista MAGA se impone por medio de las leyes, el poder ejecutivo, la violencia oficial y la intimidación; en que trituran el derecho de votar de formas que ataquen al pueblo negro y a otros oprimidos; en que los fascistas cristianos obligan a las mujeres y a la gente LGBTQ a volver a someterse a una interpretación textual de la Biblia de antaño — nuestra respuesta no puede ser: ellos ya ganaron, pues gocemos mientras aún podamos. Eso no es resistencia, sino capitulación ante los horrores que sólo se intensificarán si nos quedamos callados.
Los fascistas sí vienen avanzando. Hay que hacer frente a ese hecho sin ilusiones. Cuentan con tribunales, la policía, muchos gobiernos estatales, cadenas de los medios de comunicación, iglesias fundamentalistas, milicias supremacistas blancas y un importante partido burgués (el Partido Republicano) transformado a su imagen.
Tienen el poder, y eso es sumamente grave. Pero no han ganado en un sentido final. No han consolidado su dominio en toda su extensión… aún no. No lo tienen todo consolidado permanentemente bajo su mando… aún no. Aún hay enormes divisiones y contradicciones que recorren el país — entre las personas, dentro de las instituciones, y dentro de la propia clase dominante. Millones de personas odian lo que está pasando, aunque aún no se les ha dirigido ni organizado para actuar a la escala requerida.
Ahí existe la base material para sacar al régimen: no en las meras ilusiones, ni en esperar a “las próximas elecciones” mientras los fascistas trabajan tiempo extra amañando dichas elecciones, y no en escapar de forma individual, sino en los millones de personas que se levantaran en lucha y asumieren la tarea de unir a todos los que se pueda unir en una movilización no violenta, sostenida y masiva para derrotar este fascismo.
Grito de batalla de ¡Romper las Cadenas!, Día Internacional de la Mujer 2023 en Los Ángeles.
Necesitamos bailar, alegrarnos y divertirnos, en la lucha para expulsar al régimen y en la lucha por un sistema diferente y un mundo completamente nuevo. Una visión auténticamente liberadora basada en el nuevo comunismo no quiere un mundo de la conformidad gris. Necesitamos un mundo en el que los seres humanos pueden florecer en toda su diversidad —en que el arte, la música, el baile, la ciencia, el amor, el debate, el disentimiento y la experimentación pueden brotar en una escala que es imposible bajo el capitalismo-imperialismo.
Se necesita un núcleo sólido: una comprensión científica del sistema, una orientación revolucionaria, un compromiso con sacar de raíz toda explotación y opresión y una negativa a permitir que la sociedad sea arrastrada hacia atrás a la noche larga y oscura de la sociedad de clases que está ligada con el patriarcado, la supremacía blanca, el chovinismo nacional, y el oscurantismo religioso. Pero ese núcleo sólido debe dar origen, y dar espacio, a mucha elasticidad: muchas diferentes formas de cultura, muchas diferentes voces, una amplia esfera de disentimiento y experimentación, personas que abordan la lucha desde diferentes ángulos, arte que nos provoque a pensar de maneras diferentes, que nos sacuda y nos saque de modos de pensar estrechos, que cuestione suposiciones dichas y no dichas, que llore nuestras pérdidas colectivas e individuales, e imagine nuevas formas de ser humano.
Todo esto debe incluir y abarcar a l@s RuPaul del mundo, al mismo tiempo que les reta agudamente a romper con enfoques perjudiciales que van en contra de la resistencia a lo peor del orden existente, y en contra de la lucha por la emancipación humana.
Dicho esto, ¡NO! Bailar no es “lo único que podemos hacer” — pero sí debe ser parte de lo que hacemos ahora. Bailemos en las calles mientras luchamos para cambiar el rumbo de todo. Llevemos el club a las calles y llevemos la alegría de la resistencia a los clubs. Activemos a todo tipo de artistas en desafío y protesta jubilosos para derrotar el fascismo.
El día en que el régimen de Trump sea expulsado del poder, hay que decir, sería la pachanga más grande que el mundo haya visto jamás. Ni hablar de las celebraciones tras una revolución real.
Washington, D.C., en frente de la Corte Suprema, 7 de noviembre de 2025. Foto: revcom.us