Reflexiones sobre el libro Legacy of Violence: A History of the British Empire: 
Aprendiendo del pasado para forjar un futuro libre de imperio, de imperialismo y toda explotación

Primera parte

Nota de la redacción: Esta es la primera de tres partes de un ensayo de Raymond Lotta sobre el libro Legacy of Violence: A History of the British Empire [Legado de violencia: Una historia del Imperio Británico] de Caroline Elkins. En la segunda y tercera partes se tratarán aspectos cruciales de la transición del dominio colonial directo al mundo en el que vivimos hoy, las observaciones históricas de Elkins y las reflexiones de Lotta al respecto — y además las “lecciones de ese pasado” para llegar a un mundo más allá del imperio, “reconocer” la revolución que necesita la humanidad.

Procedimos sistemáticamente, aldea por aldea, destruimos casas, sellamos pozos, volamos torres, tumbamos grandes árboles que daban sombra, quemamos cultivos y reventamos embalses en devastación punitiva. Siempre que las aldeas estuvieran en las llanuras, hacer todo eso era muy fácil. Los miembros de la tribu se sentaron en las montañas y observaron con hosquedad la destrucción de sus hogares y medios de subsistencia.... Al cabo de una quincena, el valle se había quedado hecho un desierto, y el honor estaba satisfecho.

Winston Churchill, al recapitular una incursión “punitiva” en la India, citado en Legacy of Violence

Legacy of Violence bookcover.

 

Caroline Elkins es una historiadora ganadora del Premio Pulitzer y directora fundadora del Centro de Estudios Africanos de Harvard. Pasó diez años viajando por cuatro continentes, investigando y escribiendo Legacy of Violence: A History of the British Empire. Se trata de un estudio muy importante y oportuno sobre la historia, el funcionamiento y los horrores, y las justificaciones ideológicas del imperio británico.

Legacy of Violence es una obra de inmensa y meticulosa erudición procedente de alguien que no sólo ha buscado la verdad histórica sin ambages, sino que también ha puesto esa verdad al servicio de la justicia social. Elkins contribuyó, como testigo experto, a la batalla por reparaciones que durante años libraron los supervivientes de las torturas y abusos sistemáticos contra los detenidos por parte de Gran Bretaña durante el levantamiento por la libertad de los Mau Mau en Kenia en la década de 1950.

Dada la importancia de este libro, recibí a Caroline Elkins para una conversación en Libros Revolución. A su presentación le siguió una discusión en el que participamos ella, la profesora de Harvard Maya Jasanoff y yo. Se puede ver el vídeo aquí en inglés.

Conversación en Libros Revolución-ciudad de Nueva York, de la historiadora ganadora del Premio Pulitzer Caroline Elkins, con su libro Legacy of Violence: A History of the British Empire, junto con Maya Jasanoff, autora de The Dawn Watch: Joseph Conrad in a Globalized World y Raymond Lotta, articulista de revcom.us y portavoz de Libros Revolución.

I. Introducción: El Imperio Británico en un sistema mundial de imperialismo

Legacy of Violence es un contundente desenmascaramiento e impugnación al imperio británico y su violencia genocida. Elkins destapa la historia, en gran parte no contada, de las matanzas y los encarcelamientos en masa; los campos de concentración; los horrendos interrogatorios, violaciones y torturas; las migraciones forzadas y los trabajos forzados; el terror desde los cielos; y la contrainsurgencia “sin tomar prisioneros”, entre otras cosas llevadas a cabo por los británicos en la India, Irlanda, Palestina e Irak, Kenia, Malaya y otros lugares.

Reconstruye esta historia de ocupación y terror colonial con rigor e indignación. Al leer estas historias, me quedé boquiabierto y luego me vinieron a la mente imágenes en que el ejército estadounidense quemaba aldeas al por mayor en Vietnam, sus sádicas prácticas de tortura en la prisión de Abu Ghraib en Irak, los “escuadrones de la muerte” que Estados Unidos entrenó y financió en América Central. Esto es el imperialismo. 

In Malaya, smoke from British scorched-earth policy, 1942.

 

En Malasia, fuerzas británicas prendieron fuego a miles de fardos de caucho, destruyeron fábricas de caucho y destrozaron maquinaria antes de retirarse, circa 1942. Foto: Biblioteca del Congreso   

Smoke from U.S. napalm bombs dropped 15 miles inside the small country of Laos, which was neutral in the Vietnam War. 

 

El humo de las bombas de napalm estadounidenses lanzadas 25 km dentro del pequeño país de Laos, que fue neutral en la guerra de Vietnam.    Foto: AP

Legacy of Violence analiza la práctica de la “violencia sistematizada” (título de uno de sus capítulos). Existe la coacción “cotidiana” del imperio, nacida de la lógica capitalista-imperialista: para explotar y disciplinar la mano de obra en lugares remotos del mundo; para extraer riqueza, desde los cultivos comerciales que se siembran en las laderas de Ceilán hasta los minerales que se extraen de las minas africanas; para desviar los ingresos hacia el tesoro británico desde las colonias que producen el petróleo, el algodón, el caucho, el estaño, el cacao, el café, etc.

Pero la violencia que ocupa el centro de este estudio es la violencia extrema y a gran escala que va más allá de las leyes ordinarias y la labor policial, que acompañó a lo que ella llama “crisis de legitimidad”. Para atajar y reprimir los motines, la resistencia, la rebelión y el peligro de revolución en las colonias.

A 1916 road bloccade in Dublin to halt the British, was part of "Easter Rising," resistance that aimed to establish an independent Irish Republic. 

 

1916, esta barricada en una calle de Dublín para impedir el avance de los británicos fue parte del “Alzamiento de Pascua”, la resistencia cuyo objetivo era establecer una República Irlandesa independiente. Foto: Dominio público   

Y parte de esta historia es la forma en que Gran Bretaña también reclutó a sus súbditos coloniales como soldados en los frentes, como carne de cañón, en las Primera y Segunda Guerras Mundiales, para la defensa global violenta y la extensión violenta del mismo imperio que los subyugó y negó su humanidad.

Todo en nombre de la libertad y de “civilizar” al mundo.

Elkins da una estadística sorprendente: en su apogeo después de la Primera Guerra Mundial, el imperio británico cubría una cuarta parte de la masa terrestre del mundo y gobernaba a más de 700 millones de “súbditos” coloniales (un tercio de la población mundial de la época). Señala que ningún imperio ha rivalizado con el británico en cuanto a poderío global, dominación y violencia sistemática. Eso es, añadiría yo, hasta el surgimiento, tras la Segunda Guerra Mundial, del imperio global hegemónico de Estados Unidos, que, a diferencia del británico en su apogeo colonial, adopta principalmente la forma de gobierno “indirecto”, de neocolonialismo.

Legacy of Violence se centra en el imperio británico desde el siglo 19 hasta las luchas anticoloniales y por independencia nacional de los años 1950 y 1960. Pero esta obra también se erige como una impugnación más amplia y urgente contra la sangre y los huesos sobre los que descansa y funciona la sociedad occidental “liberal-democrática” contemporánea.

No es posible, en el marco de esta reseña, hacer justicia a la profundidad y amplitud de Legacy of Violence. No obstante, quiero destacar algunos de sus temas y conclusiones centrales que creo que pueden ayudar a la gente a entender el funcionamiento brutal del imperio, que es el mundo del imperialismo que nos envuelve. Espero que esto estimule a la gente a sumergirse en el libro.

Al ofrecer estas reflexiones, también quiero poner el reto a las personas indignadas por el sufrimiento en este planeta y la destrucción del mismo. Aprendan de esta historia como parte de entender lo que ha configurado al mundo en el que vivimos y por qué necesitamos la revolución para eliminar por fin el imperio, el sistema mundial del imperialismo y todas las relaciones de explotación y opresión. Y aprendan y formen parte de la revolución para hacer realidad un mundo radicalmente diferente y mucho mejor.

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II. La ideología legitimadora del imperialismo liberal

Elkins comienza su estudio mostrando la manera en que el imperio británico se unificaba por una cierta “coherencia ideológica” arraigada en lo que ella denomina el “ideal imperial liberal” y la “imaginación propia” de la nación (Gran Bretaña) más ampliamente. En su Introducción, identifica una aparente paradoja:

Planteaba nuevos retos gobernar a cientos de millones de súbditos conquistados, la mayoría de los cuales eran negros o de tez oscura y no estaban esclavizados ni libres. ¿Cómo Gran Bretaña podía justificar y mantener su dominación sobre los pueblos conquistados en un momento en que los ideales liberales hacían que su propio estado-nación fuera cada vez más democrático? [p. 10]

Me interesaba el Imperio Británico porque éste adoptó una configuración particular que se hizo cada vez más violenta con el paso del tiempo, al tiempo que ensalzaba las virtudes del liberalismo de tal manera que podía legitimar episodios de coacción extrema como desafortunadas excepciones al triunfo evolutivo de la modernidad. [p. 24]

Legacy of Violence revela que eso no es tanto una paradoja como un paquete: “El imperialismo liberal perduró porque tanto la reforma como la represión eran inherentes a su lenguaje y a sus sistemas”. [Ndlr: “lenguaje” se refiere aquí al lenguaje y a las características distintivas y al “estilo” del imperialismo liberal].

En este caso, se trataba de una maquinaria de violencia que asegura y extiende el imperio. Es un imperio coronado por un ideal liberal, contrario al absolutismo y a los viejos vínculos aristocráticos, y que quiere que sus súbditos vean que la sociedad esté constituida de individuos autónomos con derechos.

Este “ideal” sirve a la causa de un imperio “benévolo” e “ilustrado”: difunde los valores del individualismo virtuoso y duramente ganado y los derechos del individuo... santificar la propiedad privada y el libre mercado como vehículos para consumar el bien común... e instituir un proyecto de "desarrollar" y "civilizar" las sociedades del mundo no occidental para hacerlas aptas para la modernidad. Elkins señala la manera en que la filosofía liberal-democrática del siglo 19 justificaba con explicaciones la dominación y el sometimiento coloniales:

Las ideas universalistas abrieron paso a que la cultura y la historia condicionaran el carácter humano. Pronto surgieron discusiones sobre quién era capaz de acoger las nociones de racionalidad y progreso social y económico. En una ciudadanía global emergente, la inclusividad se daría por etapas, si es que llegaba. [p. 151]

Y señala además la manera en que el “ideal imperial liberal” estaba completamente entrelazado con las nociones de diferencia racial y jerarquía racial.

Violencia salvaje infligida por el estado bajo el estandarte del “estado de derecho” (imperialista)

Al desmenuzar la ideología y la práctica del “imperialismo liberal”, Elkins destaca la centralidad del “estado de derecho” en la conducta asesina del imperio.

El “estado de derecho” en la Palestina gobernada por los británicos se tradujo en bombardeos aéreos en masa, “escuadrones nocturnos” terroristas y redadas brutales, torturas por parte de la policía, detenidos enjaulados y obligados a beber su propia orina para sobrevivir — a medida que Gran Bretaña intentaba reprimir la revuelta árabe en la década de 1930. Este “estado de derecho” aplicado en Kenia en la década de 1950 por los gobernantes coloniales británicos facilitó la detención en redadas de casi 1.5 millones de kĩkũyũ (pueblo bantú de las tierras altas del centro de Kenia) junto con otros africanos durante la guerra de guerrillas Mau Mau, una lucha por la tierra y la libertad. Los detenidos y prisioneros fueron sometidos a hambre y a trabajos forzados, a descargas eléctricas y a la introducción de botellas en las cavidades corporales.

1936, Palestinians search through rubble left from British dynamiting their homes in Lydda.

 

1936, unos palestinos buscan entre los escombros que dejaron los británicos al dinamitar sus casas en Lydda.   

¿Cómo, se podría preguntar con razón, era eso el “estado de derecho”? ¿Cómo corresponde la posición “sacrosanta” del estado de derecho en la tradición liberal británica, considerada una herramienta crítica contra el despotismo, con la violencia extrema de este imperio? Elkins acuña el calificativo de “legalización de la ausencia de ley” para responder a ello:

Utilizo [esa frase] para describir la creciente legalización, burocratización y legitimación de la violencia excepcional dirigida por el estado cuando las leyes ordinarias resultaron insuficientes para mantener el orden y el control. [p. 140]

La “legalización de la ausencia de ley” implicaba la declaración por ley de “estados de emergencia” que otorgaban a los gobiernos coloniales un amplio derecho “por ley” para llevar a cabo atrocidades, y a los tribunales de emergencia el poder de detener y ejecutar a personas, entre otras cosas. Esta “legalización de la ausencia de ley” se ensayó y consolidó en Jamaica, India, Irlanda y Sudáfrica, y se generalizó a lo largo del imperio. Administradores, agentes de policía, fuerzas militares y paramilitares, funcionarios vestidos de forma elegante, espías y agentes — todos defendían el honor del imperio. El “estado de derecho” imperialista y sus declaraciones de emergencia también confirieron “impunidad por ley” a los torturadores e interrogadores.

Members of a British Army patrol search a captured Mau Mau suspect.

 

Miembros de una patrulla del Ejército británico registran a un sospechoso Mau Mau capturado.    Foto: Imperial War Museum

El “estado de derecho” también engendró sus propios mecanismos para aplacar la indignación y la protesta de los opositores radicales, y disipar las inquietudes social-liberales, cuando ya no era posible negar u ocultar las atrocidades. Elkins documenta las comisiones y paneles parlamentarios creados para investigar los actos indebidos, cuyos hallazgos suelen ignorarse o culpar a “manzanas podridas”. Me recordó la forma en que el Congreso de Estados Unidos llevó a cabo las investigaciones sobre la tortura por parte de la CIA en los primeros años de la “guerra contra el terror” tras el 11 de septiembre de 2001 — pero por espeluznantes que fueran las revelaciones, nunca se clausuraría la colonia de tortura de Guantánamo.

III. Se avecinaba una guerra mundial, la ideología imperial liberal en crisis

Como se ha mencionado, Legacy of Violence muestra la forma en que la misión imperial británica conjugó la coacción con la “reforma” y el “desarrollo”: rehacer las sociedades mediante la violencia para “prepararlas” para obtener los beneficios de un orden liberal. Pero los colonizados, como ha dicho Elkins, “no obstante nunca lo lograron”, casi nunca estuvieron listos para realizar su plena humanidad. El mantenimiento y la defensa del imperio —de saqueo, control y explotación— se racionalizó de esta manera. El fin injusto requería los medios más despiadados. Pero ese “fin” se disfrazaba de ilustrado y civilizador, mientras que los “medios” tenían el camuflaje de la legalidad.

Se impugnaba a esta ideología de la beneficencia liberal en una situación mundial cada vez más aguda. En la década de 1930, se acercaba una segunda guerra mundial inter-imperial (la Segunda Guerra Mundial). El fascismo había consolidado el poder en importantes zonas del mundo. El imperio británico pronto iba a movilizar a sus súbditos para luchar contra el “mal” del fascismo nazi y su agenda de imperio, así como la del imperialismo japonés — en esencia, llamaba a los colonizados a dar su vida para perpetuar los horrores de este imperio. Y mientras Hitler destruía la democracia burguesa e Italia hacía la guerra a Etiopía y Japón ocupaba partes de China... los británicos imponían regulaciones de “emergencia” en grandes extensiones del imperio para sofocar la resistencia y el levantamiento.

1935, Buckley's Riots: sugarcane cutters organized an island-wide strike against conditions at sugar plantations, St. Kitts, West Indies.

 

1935, Disturbios de Buckley contra Gran Bretaña: los cañeros organizaron una huelga en toda la isla contra las condiciones en los cañaverales, San Cristóbal y Nieves, Indias Occidentales.    Foto: Wikipedia

Ethiopian warriors going to the northern front during the Second Italo-Ethiopian War, November 1935.

 

1935, guerreros etíopes rumbo al frente norte contra la Italia fascista durante la Segunda Guerra Italo-Etíope, noviembre de 1935.    Foto: Wikipedia

Con este telón de fondo, ardía una “guerra de ideas” (título de un capítulo del libro) — lo que revelaba tensiones y desafíos a la ideología imperial liberal. Por un lado, el desafío provenía de los intelectuales y autores de la humanidad colonizada y oprimida (muchos de ellos influenciados por el comunismo) y, en un tono muy diferente, proveniente del fascismo.

Elkins analiza las formas en que los pensadores radicales negros y panafricanistas de todos los rincones del imperio ponían el descubierto y denunciaban las afirmaciones hipócritas del discurso liberal dominante:

El aglutinante represivo que mantenía la articulación del racismo, capitalismo e imperio ponía de relieve las promesas apolilladas de redención del imperialismo liberal en algún momento futuro no especificado. Desde su posición en el tiempo y el espacio, [George] Padmore, [C.L.R.] James, [William] DuBois, [Ralph] Bunche y otros distinguieron poca diferencia entre el imperialismo británico y el fascismo. [p. 303]

Gran parte de este “pensamiento de las diásporas” radical se centró en Londres, y Elkins da una útil información de fondo y un estudio de esta importante labor intelectual.

Los británicos intentaban ocupar el terreno de la superioridad moral contra el fascismo. Para muchos, dada la “violencia sistematizada” del imperio, el moralismo británico era, en el mejor de los casos, una bandera andrajosa. E, irónicamente, como Elkins le recuerda al lector, el propio Hitler admiraba al imperio británico, citando de Mein Kampf: “[N]ingún otro país supo preparar mejor, ni más brutalmente que Inglaterra, sus conquistas económicas, valiéndose siempre de la espada, para después defenderlas resueltamente”. Cabe señalar que Hitler también admiraba enormemente, e incluso aprendió, el sistema de segregación racial por ley de Estados Unidos, documentado en el reciente estudio Hitler’s American Model: The United States and the Making of Nazi Race Law.

Pero a pesar de toda esta similitud, había un cierto elemento de diferencia en la ideología imperial liberal, un tropo ideológico y una práctica colonial, que importaba en esta “guerra de ideas”. Como dice Elkins:

la misión civilizadora [británica] tenía un impulso reformista... [E]n cambio, las ambiciones imperiales nazis no tenían nada de reformistas. En el régimen de Hitler, las diferencias raciales eran inmutables, y el imperio debía durar a perpetuidad. [p. 304]

En otras palabras, la Pax Britannica ofrecía la promesa de un cambio institucional hacia la futura soberanía política (autogobierno e independencia). Y los británicos sí llevaron a cabo algunas reformas sociales y políticas en las colonias. Por ejemplo, en la India, la expansión de la educación (para las capas sociales superiores), y el aumento de los grados de representación política — aunque, llamativamente, en el caso de la India, las reformas electorales promulgadas bajo el gobierno británico también tenían el propósito de exacerbar las divisiones entre las castas y otras agrupaciones socio-religiosas (por ejemplo, crear bloques de votación separados para las diferentes comunidades religiosas). 

Así pues, el puño de hierro y el guante de seda del dominio colonial británico. Elkins habla de la “capacidad de absorción” de la ideología imperial liberal. Escribe:

Al dirigir sus atenciones a los disturbios y protestas que estallaron en todo el Caribe [en la década de 1930], la capacidad del gobierno británico de reconfigurar su propio discurso para atraer a una amplia gama de partidarios imperiales reflejó una elasticidad ideológica que estuvo ausente en el fascismo nazi. Esta elasticidad fue crucial para la supervivencia del imperialismo liberal. [pp. 305-306]

Esta es una observación importante, especialmente a la luz de la continua adaptabilidad de la ideología imperialista liberal, incluido en sus actuales iteraciones “inclusivas”... y el control ideológico que la ideología liberal-democrática sigue ejerciendo sobre aquellos que buscan el cambio social. Volveré a este tema en cierto detalle en mi siguiente entrega.

IV. El imperio de ultramar y el imperio en territorio interno

Legacy of Violence pone de manifiesto la manera en que el proceso de forjar el imperio estaba ligada al proceso de forjar la identidad, unidad y comodidad material de la nación inglesa — sustentada en la riqueza extraída de las colonias.

Está el papel de la literatura, y el infame premio Nobel Rudyard Kipling: creador de “la carga del hombre blanco” y de cuyos escritos se empapaba el público británico. Hubo formas de cultura popular, los medios de comunicación, el sistema educativo, los pronunciamientos de los políticos, la creación de “héroes” como “Lorenzo de Arabia” (que en realidad era un espía y agente del imperio). En toda una sarta de sentidos, la población en el territorio nacional de Gran Bretaña fue instruida en la bondad “excepcional” de este imperio, a diferencia de otros imperios (rivales). Al fin y al cabo, estaba motivado por ideales liberales de derecho y libertad del individuo... para conquistar pueblos y tierras. 

Una nota al margen: Gran Bretaña en el siglo 20 tenía dos grandes partidos políticos de la clase dominante: el Partido Conservador y el Partido Laborista. El Partido Laborista, con su tenue barniz de “socialismo”, también desempeñó su papel en el proyecto nacional unificador del imperio. Y el Partido Laborista estuvo en el poder durante un período crítico tras la Segunda Guerra Mundial, al presidir durante varios años una nueva ola de atrocidades en África y Asia, al presentarse, según sus propias palabras, como “imperialistas constructivos” [p. 361].

Al calibrar los cimientos imperiales de la sociedad inglesa, Elkins cita un ensayo de 1937 de George Orwell (no amigo de la revolución pero ciertamente capaz de hacer observaciones penetrantes):

Bajo el sistema capitalista, para que Inglaterra pueda vivir en una comodidad comparativa, es necesario que cien millones de indios vivan al borde de la inanición — un estado de cosas malvado.... La alternativa es tirar el Imperio por la borda y reducir a Inglaterra a una pequeña isla fría sin importancia donde todos tendríamos que trabajar muy duro y vivir principalmente de arenques y patatas. [p. 586]

Es un pasaje evocador. A este respecto, hace poco la economista política india Utsa Patnaik ha calculado que, entre 1765 y 1938, Inglaterra desvió a su tesoro 45 millones de millones de dólares de ingresos procedentes de la India1.

V. La enfermiza adulación a Winston Churchill; la fea verdad de la devoción de Churchill por el imperio

En Gran Bretaña (y en Estados Unidos), se celebra a Winston Churchill como un líder y estadista de altísimo valor político y fibra moral — como un paladín de la democracia que convirtió los tiempos oscuros en “horas mejores”. La verdad es que Winston Churchill fue un ideólogo racista, practicante y defensor del imperio.

El papel de Churchill como ejecutor e ideólogo del imperio y sus crímenes son un hilo conductor que recorre varios capítulos de Legacy of Violence (así como en la obra anterior de Elkins, Imperial Reckoning: Britain's Gulag in Kenya). En este espacio limitado, algunos de sus “momentos brillantes”:

  • Churchill ayudó a establecer “auxiliares” policiales especiales en Irlanda en 1920, al reclutar a ex soldados desempleados de la Primera Guerra Mundial. Se hicieron famosos por aterrorizar a la población civil de Irlanda, y fueron el modelo para otros escuadrones de este tipo que llevaron a cabo crueles incursiones para erradicar la resistencia y castigar a las aldeas y pueblos de los territorios controlados por los británicos en el Medio Oriente y África.
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  • A medida que la lucha por la independencia en la India se intensificaba durante la Segunda Guerra Mundial, y con la creciente resistencia en la India a los esfuerzos de Gran Bretaña por asegurar el apoyo y el sacrificio en tiempos de guerra, Churchill tomó represalias. En 1943, se negó a enviar ayuda de socorro a millones de bengalíes afectados por la peor hambruna de la región desde el siglo 18. Elkins explica que “unos tres millones de personas murieron debido a las políticas británicas de requisición en tiempos de guerra” (con la desviación de cereales, incluso de la región afectada por la hambruna, hacia las fuerzas armadas).
1943 Bengal famine food lines

 

Por una hambruna en Bengala en 1943, 3 millones de personas resultaron muertas en la India. Una sequía causó una escasez de alimentos, exacerbada por las exportaciones de alimentos a gran escala a los teatros de guerra en la Segunda Guerra Mundial y a Gran Bretaña. Foto: Archivos Bettmann   

  • En 1954, el gabinete de Churchill encontró formas de circunvenir los tratados internacionales a fin de llevar a cabo detenciones en masa y trabajos forzados en Kenia como parte de reprimir al levantamiento Mau Mau. Los perpetradores fueron amnistiados.

 

Vea la Segunda parte

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NOTAS:

1. Para obtener un resumen de la investigación de Patnaik, véase Jason Hickel, “How Britain Stole $45 Trillion From India, And Lied About It”, Al Jazeera, 19 de diciembre de 2018. [volver]

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