Agentes del FBI allanaron una oficina electoral en el Centro de Operaciones y Centro Electoral del Condado de Fulton el 28 de enero de 2026, en Union City, Georgia. Foto: AP
Para hacer la revolución, se necesitan tres condiciones. En palabras de Bob Avakian (BA), la primera es esta:
Una crisis en la sociedad y en el gobierno que sea tan profunda y que trastorne tanto “la manera acostumbrada de hacer las cosas”, que aquellos que nos han gobernado, durante tanto tiempo, ya no puedan hacerlo de la forma “normal” la que, por su condicionamiento, la gente acepte.
Cada semana, el régimen fascista de Trump profundiza esta primera condición. Y la semana pasada, tanto el régimen como el propio Trump dieron saltos importantes para subvertir lo que se considera una de las principales formas en que la gente ha sido condicionada a aceptar el dominio opresivo y explotador del capitalismo-imperialismo estadounidense: las elecciones estadounidenses.
Estos fascistas creen profunda y fanáticamente que únicamente ellos son los gobernantes legítimos de este sistema y trabajan activamente para amañar y robar las próximas elecciones, sin violencia si pueden, pero mediante la violencia si es necesario. Lo que se requiere con urgencia son millones de personas decididas a arrancar un futuro habitable para la humanidad a esta situación extremadamente volátil y peligrosa.
Amañamiento electoral, amenazas violentas y ensayos generales
Desde que se impidió que Trump robara las elecciones de 2020, a pesar de una campaña multifacética que de hecho estuvo muy cerca de triunfar, él y su entorno han estado trabajando activamente para robar las próximas elecciones. En su primer día en el cargo, Trump indultó a unos 1.500 insurrectos que tomaron por asalto violentamente el Capitolio el 6 de enero de 2021 para anular los resultados de las elecciones de 2020. En agosto de 2025, Trump pidió a los gobernadores fascistas que redibujaron los mapas electorales para favorecer abiertamente a los fascistas. Ha trabajado para rehacer el modo en que se llevan a cabo las elecciones estadounidenses y ha amenazado repetidamente con presentarse a un tercer mandato.
Esto se ha intensificado en las últimas dos semanas:
Esta semana, Trump ha amenazado repetidamente con tomar el control de las elecciones a nivel federal. Esto constituiría una gran violación y una ruptura con la propia Constitución de Estados Unidos, que estipula que los estados supervisen las elecciones.
Ha dicho en dos ocasiones que “los republicanos deberían nacionalizar el voto”. E incluso fue al extremo de detallar qué tipo de lugares debían ser “tomados”, señalando a Filadelfia, Detroit y Atlanta como incapaces de celebrar elecciones justas por ser “increíblemente corruptos”. Todas estas ciudades son mayoritariamente negras y latinas, y mayoritariamente demócratas.
Video en inglés: El ex jefe de estrategia de Trump, Steve Bannon, declara que el ICE estará en las urnas.
El 3 de febrero, el arquitecto e ideólogo fascista Steve Bannon dijo: “Vamos a tener al ICE cercando las urnas en noviembre”. Y al dirigirse a los demócratas, añadió: “No nos vamos a quedar aquí sentados y permitir que vuelvan a robar el país. Pueden chillar, llorar y despotricar todo lo que quieran, pero nunca más permitiremos que nos roben unas elecciones”.
Un salto en esta ofensiva tuvo lugar el 28 de enero, cuando el FBI allanó una oficina electoral en el condado de Fulton, Georgia, y confiscó 700 cajas de papeletas de las elecciones de 20201. En medio de la redada, el propio Trump habló por teléfono con los agentes del FBI para hacerles preguntas y elogiarlos por participar en esta indignante redada. Este tipo de intervención directa del comandante en jefe fascista no tiene precedentes.
Al analizar lo que realmente estaba pasando con esto, Marc Elías, abogado electoral de los demócratas, dijo:
Esto no se trata solo del negacionismo de los resultados electorales de 2020... se trata de una prueba de concepto para el futuro. La gente habla de incautar papeletas, rodear los centros de votación y robar elecciones como si estas cosas fueran fáciles de hacer. Se trata de marcos conceptuales con los que los miembros de la administración tienen que familiarizarse, marcos morales con los que tienen que sentirse cómodos. Tienen que lidiar con la Constitución, la ley, los jueces y todo lo demás, pero también tienen que lidiar con la logística pura y dura. ¿Cómo se hace esto en la práctica, cuando las papeletas están en posesión de un funcionario del condado? ¿Cómo vamos a conseguirlas y cómo vamos a contarlas de una manera que genere dudas sobre el resultado, o que genere dudas sobre el resultado vía otras campañas de propaganda y desinformación? Y creo que lo que está sucediendo en Georgia guarda tanta relación con esto que con las elecciones de 2020. Y en ese sentido, tenemos que ser honestos: Donald Trump y su administración lo están logrando. De hecho, incautaron papeletas. De hecho, se hicieron con ellas... al fin y al cabo, Tulsi Gabbard está en un camión lleno de documentos incautados de una oficina electoral. Y ahora esos documentos están en posesión del FBI de Trump...
Uno de los lamentos de Trump de 2020 es que no confiscó las máquinas de votación y, en una entrevista reciente, se preguntó abiertamente si las tropas de la Guardia Nacional eran “lo suficientemente sofisticadas” como para confiscar las papeletas en las próximas elecciones.
Como colofón brutal de la semana, Trump publicó un feo ataque racista contra Barack y Michelle Obama, representándolos como simios, en medio de un video que mentía sobre las “elecciones robadas de 2020”. Y en todos estos ataques, hay un ataque brutal y abiertamente supremacista blanco contra el derecho al voto de las personas negras y latinas.
Todo esto ocurre en un contexto en el que los fallos judiciales que van en contra del régimen de Trump son sistemáticamente ignorados, y en la gran mayoría de los casos que sí llegan a la Corte Suprema dominada por los fascistas, la Corte falla a favor de Trump.
Elecciones: Por qué no significan nada…
Lo que hemos citado aquí es tan sólo la punta del iceberg de una avalancha de demandas, propuestas legislativas, chantajes y otras maniobras de los fascistas para asegurarse de que los republicanos o bien “ganen” las elecciones (impidiendo que quienes se les oponen voten o que sus votos sean contados), y/o estén en una buena posición para revocar los resultados de las elecciones si los fascistas pierden.
Toda esta situación es políticamente explosiva. Millones de personas se oponen activamente a este régimen en todos los ámbitos de la sociedad. La Gestapo armada de Trump asesina a manifestantes sin remordimientos. Mientras tanto, Trump ansía enviar a las fuerzas armadas estadounidenses a las calles de las ciudades y sigue amenazando con ejecutar a sus rivales políticos.
En un país que ha confiado en la “transferencia pacífica del poder” como uno de los elementos centrales que dotan de legitimidad a este sistema, desmantelarla abiertamente no es un asunto menor. Hablaremos más sobre este tema en adelante, pero primero, aclaremos qué son y qué no son las elecciones.
A pesar de la fachada de “libertad y democracia”, las elecciones nunca han sido el proceso mediante el cual se toman las decisiones en este sistema del capitalismo-imperialismo. Sin embargo, han sido la base de por qué la gente acepta este sistema. Constantemente se le dice a la gente que si se opone apasionadamente a la supremacía blanca y la opresión patriarcal de las mujeres y las personas LGBT, si no soporta las deportaciones en masa y las guerras, si teme la continua destrucción del medio ambiente... pues debería votar por alguien que cambie todo esto. Pero como toda esta opresión está entretejida en este sistema capitalista y no puede erradicarse bajo este sistema, no puede haber un cambio significativo real mediante elecciones.
Sin embargo, las elecciones otorgan a este sistema un supuesto “mandato popular”. Dicen que las elecciones expresan “la voluntad del pueblo”. Pero la realidad es que los individuos por los que la gente vota y los temas que escuchan en los debates están preseleccionados para servir a los intereses de ese mismo sistema. No se cambia ni se controla este sistema mediante las elecciones, pero las elecciones son la forma en que se controla, se confina y se canaliza a la gente, tanto en su modo de pensar como en su actuar.
Pensemos en las elecciones de 2024, donde no se pudo votar con sentido contra el genocidio en Gaza. Debido a que, por profundas que sean las diferencias entre los demócratas y los republi-fascistas, comparten una unidad fundamental en cuanto a la necesidad de su imperio (aunque, de nuevo, tengan profundas e irreconciliables diferencias sobre cómo debería gobernarse dicho imperio). Y pase lo que pase, el imperio estadounidense necesita que Israel desempeñe un papel de perro de ataque y avanzada militar en la estratégica región del Medio Oriente.
...Y por qué (a veces) podrían significar mucho
Pero ahora esa estafa está en crisis.
Los republi-fascistas sienten existencialmente que no pueden preservar el imperio estadounidense sin una ruptura radical con la forma “normal” en que el capitalismo estadounidense ha funcionado durante los últimos 150 años y están decididos a hacer añicos por completo esa forma de operar. Estos peligrosos maniacos creen fervientemente que únicamente ellos, y únicamente su programa de flagrante e irrestricta supremacía blanca, supremacía masculina, eliminación de las personas LGBT, odio a los inmigrantes, demencia anticientífica, belicismo beligerante, aplastamiento de la protesta y el disentimiento, y aniquilación del estado de derecho, únicamente esa reestructuración de la sociedad estadounidense es legítima y puede “Hacer que Estados Unidos vuelva a tener grandeza”. Y el camino para lograrlo exige derrotar, aplastar y subordinar, con la violencia que sea necesaria, a sus oponentes, tanto en la clase dominante como en la población. Además, hace falta “reconfigurar” a las elecciones (suponiendo que continúen) para que se conviertan en una afirmación automática del régimen fascista. (Véase en el recuadro más de Bob Avakian sobre las raíces de esto.)
En las elecciones de 2020, Bob Avakian calificó los intentos de Trump de robarse las elecciones como un “golpe de estado en marcha”. La culminación de este esfuerzo multifacético se produjo el 6 de enero de 2021, cuando miles de fascistas descerebrados tomaron por asalto violentamente el Capitolio para detener la certificación del voto. Al finalizar, Bob Avakian lo calificó de ensayo general.
En esta ocasión, los fascistas están decididos a triunfar.
Esta situación exige que USTED, que todo ser humano decente, intensifique su compromiso para detener esto y buscar una salida a esta crisis verdaderamente existencial
Nadie puede predecir con exactitud cómo se desenvolverá esta situación en las próximas semanas y meses — la situación en Estados Unidos y en todo el mundo es extremadamente volátil. Pero el fascismo de Trump y MAGA se está acelerando, y está trabajando con esfuerzos redoblados para consolidar su control sobre la sociedad y su programa fascista.
Lo que podemos predecir es que aquellos los que ignoran o minimizan este peligro los están llevando al desastre. El Partido Demócrata y sus representantes líder están aferrándose desesperadamente a las mismas elecciones que los fascistas están intentando amañar y robar. Como institución de la clase dominante, trabajan para mantener la estabilidad del capitalismo-imperialismo y no se arriesgarán a la conmoción que podría requerirse para derrotar al fascismo de Trump. El propio Elias, aunque advirtió que las medidas de Trump son “aterradoras”, terminó por sostener que lo que la gente debería hacer es protestar, seguir presentando demandas, “hacer un plan para votar, prestar atención y asegurarse de que todos en sus círculos sociales entiendan lo que está ocurriendo”.
Ante este veloz arrollador avance fascista, esto es extremadamente inadecuado y profundamente irresponsable. Si se permite que este régimen se consolide, no solo significará un horror total para las masas en Estados Unidos y en todo el mundo, sino que podría aplastar cualquier posibilidad real de resistencia, o la lucha por un futuro mejor. Con el creciente peligro de catástrofe climática y guerra nuclear, no es exagerado decir que esto incluso podría significar la extinción de nuestra especie.
Es necesario que millones de personas reconozcan el programa fascista en su totalidad, en protestas sostenidas no violentas, decididas a expulsar del poder a todo este régimen fascista ¡YA! Es necesario defender los derechos de las personas, incluido su derecho fundamental al voto, como parte de la lucha contra esta fuerza destructora y su derrota. Y la gente, en general, necesita apoyarse mutuamente ante la severa represión que está ejerciendo el régimen fascista.
Al mismo tiempo, es muy urgente examinar a mayor profundidad el sistema que ha dado origen a este fascismo y a tantas otras atrocidades, y buscar respuestas fuera y más allá de este sistema. Si bien la situación está llena de peligros extremos y muy negativos, también existe la posibilidad de que una revolución que cree un sistema completamente nuevo pueda arrebatarse a toda esta demencia en caso de que, mediante esto, se desarrollen las dos condiciones siguientes para la revolución. De nuevo, de Bob Avakian:
Un pueblo revolucionario que cuente con millones y millones de personas, cuya “lealtad” a este sistema se haya roto, y su determinación de luchar por una sociedad más justa sea más grande que su temor por la represión violenta de este sistema.
Una fuerza revolucionaria organizada —conformada por cantidades cada vez más grandes de personas, de entre los más oprimidos pero también de muchas otras partes de la sociedad— una fuerza que se base en el enfoque más científico para impulsar y luego llevar a cabo una revolución y que trabaje sistemáticamente por aplicar ese enfoque, y a la cual masas de personas recurran cada vez más para que las dirija a fin de realizar el cambio radical que se necesita con urgencia.
Ese cambio radical se expone de manera inspiradora en la Declaración de los Revcom, Necesitamos y Exigimos: Una forma completamente nueva de vivir, un sistema fundamentalmente diferente:
Mientras sigamos viviendo bajo el dominio de este sistema del capitalismo-imperialismo, defenderemos a las personas contra los ataques a su vida y a los derechos que se supone que garantiza la Constitución de los Estados Unidos. Pero necesitamos un sistema completamente diferente, con una Constitución completamente diferente —la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte—, que proporcionará derechos mucho más amplios para las personas, incluido el derecho básico a tener el papel fundamentalmente determinante en una nueva sociedad y gobierno cuyo propósito y objetivo es eliminar toda explotación y opresión, en todas partes.
El hecho es que, a pesar de sus pretensiones de hablar en nombre de “nosotros, el pueblo”, la Constitución de los Estados Unidos es un documento escrito por explotadores esclavistas y capitalistas y [que está] al servicio de sus intereses, desde la formación de Estados Unidos al día de hoy. Es un documento que restringe la noción de la “libertad” a lo que es posible dentro de los confines asesinos de este sistema del capitalismo-imperialismo, un sistema de explotación brutal y opresión asesina. Es un documento que establece los términos para imponer este sistema que trata a las masas de personas, en Estados Unidos y por todo el mundo, como objetos para usarse y de los que abusar a fin de generar ganancias y aumentar el capital para un pequeño número de grandes explotadores… un sistema que desecha como inservibles y trata como peligrosas, a grandes cantidades de seres humanos que no puede explotar de manera rentable... un sistema que causa guerras interminables que matan a millones de personas y causan una destrucción masiva... un sistema que trata el medio ambiente como algo a lo que saquear en su afán de ganancias y su rivalidad para dominar el mundo.
La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte es completa y fundamentalmente diferente a la Constitución de los Estados Unidos. Esta Constitución para una nueva república socialista brinda una visión panorámica, una base firme y un plano concreto para crear una sociedad y, en última instancia, un mundo, libre de todas las formas de esclavitud, de toda explotación y opresión por motivos de clase, raza, sexo y género, de todas las relaciones en las que una parte de la humanidad esté subordinada y dominada por otras.
El nuevo sistema socialista basado en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte hará lo que nunca se podrá hacer bajo este sistema del capitalismo-imperialismo: por medio de sus instituciones, las elecciones y de manera omnímoda, este nuevo sistema socialista brindará los medios para darles poder políticamente a las masas de personas, a fin de llevar a cabo la transformación revolucionaria de la sociedad, y contribuir a este proceso en el mundo en su conjunto.
Al unir a todos los que se pueda unir para derrotar a este fascismo, a eso es a lo que la gente necesita elevar la vista — y ser parte de luchar por ello.
De “Este es un momento poco común en que la revolución se vuelve posible —por qué es así, y cómo aprovechar esta oportunidad poco común”, de Bob Avakian
Aunque “la democracia, con libertad y justicia para todos” es una mentira cruel, esta mentira ha sido crucial para que los gobernantes de este país mantengan la articulación de las cosas bajo este sistema — y especialmente para conseguir que las personas que están oprimidas bajo este sistema crean en la posibilidad de hacer que este sistema sea más justo. Por eso, ambos partidos de la clase dominante en general estaban de acuerdo, durante mucho tiempo, en trabajar dentro del mismo marco para gobernar a este país — estaban de acuerdo en aceptar los resultados de las elecciones y en llevar a cabo “la transferencia pacífica del poder” entre los diferentes representantes de este mismo sistema, ya sean demócratas o republicanos.
Con las condiciones cambiantes en este país, y en el mundo en su conjunto, durante el tiempo transcurrido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial (hace 75 años), ha sido necesario que la clase dominante, para mantener “el orden y la estabilidad” en este país, hiciera ciertas concesiones a la lucha contra la supremacía blanca, la supremacía masculina y algunas otras relaciones opresivas, mientras que al mismo tiempo insistiera en que todo eso fuera parte de “crear una unión más perfecta” y “perfeccionar aún más la gran democracia que siempre ha existido en este Estados Unidos”. Esto también ha sido necesario para que los gobernantes de este país continúen promocionándolo como “el líder del mundo libre”, que ellos dicen que es necesario que siga siendo la potencia dominante en el mundo — pero que, en realidad, es la potencia más opresiva y destructiva, que saquea a las masas de personas así como a la Tierra.
Pero un sector de la clase capitalista gobernante, representado por el Partido Republicano, siempre se ha resistido incluso a dar estas concesiones parciales a la lucha contra la opresión, y ha llegado a convencerse de que ahora estos cambios han ido muy lejos, que amenazan con destruir lo que ha mantenido la articulación de este país y lo que le ha permitido dominar al mundo.
Los republicanos se han convertido en un partido fascista —un partido basado en la abierta y agresiva supremacía blanca, supremacía masculina y otras relaciones opresivas— un partido convencido de que es el único que se merece gobernar, que actúa para manipular las elecciones y suprimir los votos con el fin de conseguir y aferrarse al poder, que se niega a aceptar los resultados de las elecciones que no gana, que está decidido a destripar y pervertir el “estado de derecho”, pisotear los derechos de la gente y adoptar lo que constituye una dictadura capitalista indisimulada, que está listo a utilizar la violencia no sólo contra las masas de personas sino también contra sus rivales en la clase dominante.
Estos republicanos han movilizado a un sector importante de la población que cree, con una pasión intensa e irracional, que hay que defender e imponer firmemente la supremacía blanca, la supremacía masculina y otras relaciones opresivas (así como el desenfrenado saqueo del medio ambiente). Esa gente ha sido impulsada hasta entrar en un estado de demencia cruel, al abrazar todo tipo de teorías conspirativas lunáticas, junto con un fundamentalismo cristiano enloquecido, como respuesta a la amenaza que ven a su posición de privilegio (o “ordenada por dios”) y su insistencia en que algunas concesiones adicionales a la lucha contra la opresión destruirán lo que ha “hecho que Estados Unidos tenga grandeza”.
Estas divisiones ya han llegado a estar profundamente arraigadas en las grandes instituciones de este país, incluidas las fuerzas armadas, y se agudizarán cada vez más y saldrán explosivamente a la luz, a medida que las cosas sigan agudizándose en la sociedad en general y al interior de la clase dominante.
No es posible superar estas profundas divisiones, esta intensificación del conflicto —no es posible volver a “componerse” todo esto— según los términos, y de la manera, que hasta ahora se ha mantenido la articulación de Estados Unidos bajo el gobierno de una clase capitalista más o menos unificada.