Crimen Yanqui

Caso #39: Las redadas de Palmer de 1919-1920

| Periódico Revolución | revcom.us

 

Bob Avakian escribió recientemente que una de las tres cosas que tiene “que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor: Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles”. (Ver “3 cosas que tienen que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor“).

En ese sentido, y en ese espíritu, “Crimen yanqui” es una serie regular de www.revcom.us. Cada entrega se centrará en uno de los cien peores crímenes de los gobernantes de Estados Unidos, de entre un sinnúmero de sanguinarios crímenes que han cometido por todo el mundo, de la fundación de Estados Unidos a la actualidad.

Crimen Yanqui

La lista completa de los artículos de la serie Crimen Yanqui

 

 

Detenidos en una redada.

EL CRIMEN

A raíz de la Revolución Rusa de 1917 y enseguida de la Primera Guerra Mundial, movimientos y organizaciones revolucionarios se difundieron por todo el mundo, inclusive en Estados Unidos. A partir de noviembre de 1919 y hasta 1920, el Departamento de Justicia (DOJ) lanzó las redadas de Palmer: redadas masivas de inmigrantes, comunistas, socialistas, radicales y anarquistas. El manifestado blanco fue “los rojos” — o sea quienquiera que se sospechaba de simpatizar con la Revolución Rusa o de ser miembro de una organización comunista o anarquista.

Por todo Estados Unidos, en más de 50 ciudades, agentes federales invadieron reuniones, lugares de trabajo y viviendas, repartiendo palizas y arrestando a todos los que encontraron. No existen cifras oficiales de la cantidad de arrestados, pero se calcula que fue entre 4.000 y 10.0001. Estas redadas fueron dirigidas por el Procurador General A. Mitchell Palmer y J. Edgar Hoover (luego director del FBI). Estas redadas representaban una gran escalada del aparato represivo gubernamental y se efectuaron en medio del “Red Scare” (Temor rojo), una campaña para fomentar histeria, odio y violencia en masa contra los inmigrantes, los revolucionarios y los radicales.

Si bien no había ningún fundamento legal para la mayoría de los arrestos, y la mayoría de los arrestados fueron luego puestos en libertad, deportaron a muchas personas y mantuvieron detenidos a muchos más por meses sin cargos. Golpearon y torturaron a muchas personas, arruinaron la vida a mucha gente, y desgarraron a muchas familias.

Uno de los arrestados recordó después:

[M]ientras yo enseñaba [una clase de] algebra y ruso, un agente del Departamento de Justicia abrió la puerta de la escuela, entró con un revólver en la mano y ordenó a todos en la escuela a abrirle paso; y a mí me ordenó acercarme. Yo tenía puestos lentes y el agente me ordenó quitármelos. Entonces, sin motivo alguno, me golpeó en la cabeza y al mismo tiempo otros dos me dieron una paliza salvaje. Después de la paliza, sin fuerzas para levantarme, me tiraron escaleras abajo y mientras rodaba otros hombres, supongo que eran otros agentes del Departamento de Justicia, me golpeaban con pedazos de madera que después me enteré que los habían arrancado del pasamanos de las escaleras. Tenía fracturas en el cráneo, el hombro izquierdo, el pie izquierdo, y el costado derecho2.

Cuando Estados Unidos entró a la Primera Guerra Mundial el 1° de abril de 1917, se presentó el Proyecto de Ley de Espionaje ante el Congreso, lo que se ratificó dos meses después. Esta ley prohibía la intromisión en operaciones o conscripción militares, la insubordinación en las fuerzas armadas, así como el apoyo a los enemigos de Estados Unidos en tiempos de guerra, y se usaba específicamente para parar la oposición a la guerra y otras actividades radicales.

En mayo de 1918 enmendaron La Ley de Espionaje con la Ley de Sedición que prohibía específicamente muchas formas de expresión, entre ellas “todo lenguaje desleal, profano, calumnioso o abusivo sobre la forma de gobierno de Estados Unidos… o la bandera de Estados Unidos, o el uniforme del Ejército o la Marina”. A esto lo siguió la Ley de Inmigración de 1918 que enumeró una serie de “infracciones” por las cuales un “extranjero” podría ser deportado, las que incluían ser miembro o afiliado de una organización anarquista o una que predicaba el derrocamiento del gobierno.

Durante la guerra, el gobierno aprovechó este conjunto de leyes para arrestar en masa a los activistas anti-guerra y los radicales, para atacar a organizaciones radicales y para clausurar muchos periódicos radicales como The Masses (Las masas), una importante voz contra la guerra, prohibiéndoles usar el servicio postal. En marzo de 1919, la Corte Suprema ratificó la Ley de Espionaje y así estableció el precedente de un “clear and present danger” (peligro obvio y presente) como base para suprimir la libertad de expresión.

En junio de 1919, Palmer estableció la División Radical bajo J. Edgar Hoover. Para fines de 1919, según se informa, la División había recogido los nombres de 60.000 “sospechosos”; y así todo estaba listo para las redadas de Palmer.

El DOJ, encabezado por Palmer y Hoover, hizo la primera de estas redadas el 7-8 de noviembre de 1919, la fecha intencionalmente escogida para concordar con el segundo aniversario de la Revolución Rusa. Las redadas se llevaron a cabo en más de 15 ciudades y atacaron principalmente la Unión de Trabajadores Rusos y a los inmigrantes rusos en general. Una de las redadas se llevó a cabo contra la Casa de los Pueblos de Rusia en Nueva York, un centro comunitario de inmigrantes rusos donde la Unión de Trabajadores Rusos tenía una pequeña oficina. Saquearon el edificio, y a todos presentes los golpearon, tiraron por escaleras y arrestaron. La mayoría de los detenidos no tenía ninguna afiliación con la Unión de Trabajadores Rusos que se había convertido más que nada en una organización social de inmigrantes rusos. Varios de los detenidos relataron el salvajismo de la redada:

Me dieron un golpe en la cabeza, y… un detective me atacó, me tiró al suelo otra vez, se sentó sobre mi espalda y, con la rodilla oprimiéndome en el piso, me dobló el cuerpo hasta que sangre salió de mi boca y nariz.

Me llevaron a un cuarto en el sótano de la cárcel con un piso de cemento, paredes de cemento y una puerta de hierro. El cuarto era absolutamente oscuro, y la única luz o ventilación… entraba por un pequeño agujero en la puerta. El piso del cuarto estaba caliente y las paredes se sentían calientes. Me dejaron en ese cuarto por 36 horas… me dieron un vaso de agua y una raja de pan… Desde que salí… no he podido conseguir trabajo; dondequiera que solicite empleo y declare mis antecedentes me dijeron que no desean a personas sospechosas de ser bolcheviques3.

Yo… solicité un permiso para ver a un amigo, Mike Lozuk, que fue arrestado el 8° día de noviembre de 1919 en una reunión de rusos en Bridgeport [en el estado de Connecticut]… En cuanto me presenté… me registraron e inmediatamente me arrestaron y me interrogó un agente del Departamento de Justicia. Seis hombres, supongo que fueron agentes del Departamento de Justicia, me interrogaron y me amenazaron con ahorcarme si no les digo la verdad. En un momento, un agente… entró con una soga y me la puso alrededor del cuello, diciendo que me ahorcaría inmediatamente si no les dijera quien dirigía las reuniones y quiénes son los trabajadores principales de la organización llamada la Unión de Trabajadores Rusos. Esta inquisición duró 3 horas en total, después de que volvieron a amenazarme con meterme en un cuarto de gas y sofocarme si no les dio más detalles sobre otros hombres de la Unión de Trabajadores Rusos.

Para promover la propaganda del Temor rojo, agentes de Palmer habían avisado de adelantado a los periódicos principales, que mandaron reporteros para cubrir las redadas. Según un informe en el [periódico] New York World, después de las redadas el edificio parecía “como si una bomba había explotado en cada cuarto”4. Al día siguiente, Hoover había enviado informes de las redadas a periódicos por todo Estados Unidos, que resultó en titulares como este: “ROJOS HABÍAN PLANEADO ATACAR CON BOMBAS A TIENDAS DE LA QUINTA AVENIDA” y “COMPLOT PARA MATAR A ALTOS FUNCIONARIOS, APODERARSE DE PROPIEDAD, ACABAR CON LA RELIGIÓN”5.

Si bien es difícil encontrar información sobre la oposición popular a las redadas, según el Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice (Informe sobre las prácticas ilegales del Departamento de Justicia de Estados Unidos — publicado por un grupo de personas de la esfera legal en mayo de 1920), el día después de las redadas, el 7 de noviembre, se celebró una reunión de masas en el Madison Square Garden en Nueva York6.

La segunda ronda de redadas de Palmer se dirigió al Partido Comunista y al Partido Obrero Comunista en los que donde el DOJ tenía agentes infiltrados. Esos agentes recibieron instrucciones de organizar reuniones la noche del 2 de enero 1920 para poder detener a la mayor cantidad de personas posible así como incautar archivos al mismo tiempo7. Las redadas se llevaron a cabo en por lo menos 33 ciudades y docenas de pueblos8.

A los arrestados los torturaron, golpearon y sometieron a humillación pública, y en Boston los hicieron desfilar encadenados por las calles. A algunos de estos los detuvieron sin cargos por meses en aislamiento con muy poco de comer y nada de higiene o atención médica9.

El Informe sobre las prácticas ilegales da una descripción de las redadas en Detroit del 2 de diciembre de 1920, en las que arrestaron a 800 personas en la sede del Partido Comunista y otros locales. Los encarcelaron por entre tres y seis días en un corredor estrecho, oscuro y sin ventanas del Edificio Federal, con solo una pila de agua, un inodoro, nada de comer por 24 horas, y ningún contacto con familiares o abogados. Estaban “tan apretados que tenían que pasar por sobre cuerpos solo para cambiar de posición”. Tres meses después todavía quedaban 450 personas detenidas en ese lugar10.

Después de las redadas de enero de 1920, el DOJ mandó a periódicos por todo Estados Unidos cartas, dibujos y otra propaganda para que los publicaran para crear opinión pública a favor de la represión11.

Para proteger a sus agentes secretos, el DOJ consiguió que unos de los arrestados confesaran de ser comunistas o anarquistas o delatar a otros. Pero esto fue dificultado por un artículo que salió en muchas publicaciones radicales en octubre de 1919 que popularizó el conocimiento de que los inmigrantes detenidos en redadas tenían el derecho a un abogado, y el artículo también les aconsejó a los arrestados que no dijeran nada a las autoridades12. Antes de las redadas de 1920, las reglas del DOJ dictaban que una persona detenida tenía el derecho a tener un abogado al principio de su detención. Apenas tres días antes de las redadas de 1920, cambiaron la regla para que no se tuviera que proveer representación legal hasta “más tarde” en la detención13.

Si bien las Leyes de Espionaje, Sedición e Inmigración proveyeron un marco judicial para las redadas, en realidad el DOJ no tenía ninguna autoridad legal para llevar a cabo redadas y detener a personas para deportarlas. La autoridad oficial para hacer cumplir leyes de inmigración y girar órdenes de deportación radicaba con el Departamento del Trabajo. No obstante, el DOJ arrestó a miles de personas sin órdenes de arresto. De hecho, los agentes del DOJ tenían instrucciones de enviarle a Hoover por telégrafo una solicitud de una orden de arresto del Departamento del Trabajo, después de arrestar al individuo14 15.

A medida que se dio a conocer ampliamente de la violencia y actos ilegales durante las redadas, incluso elementos de la clase dominante expresaron su oposición. En mayo de 1920, un grupo de reconocidos abogados, jueces y profesores de derecho firmaron y publicaron el Informe sobre las prácticas ilegales del Departamento de Justicia de Estados Unidos. Los autores dejaron en claro su posición y lo que les preocupaba: “No presentamos ningún argumento a favor de ninguna doctrina radical como tal, ya sea socialista, comunista o anarquista. Ninguno de nosotros pertenece a ninguna de esas escuelas de pensamiento…. Ninguna organización de radicales hubiera sido capaz mediante propaganda de crear tanto sentimiento revolucionario en Estados Unidos como ha sido creado por las acciones del propio Departamento de Justicia”16.

El informe desenmascaró los actos ilegales y anti-constitucionales que el DOJ había cometido durante las redadas, estropeando derechos democráticos y civiles. El informe publicó las instrucciones que habían recibido los agentes del DOJ para convocar reuniones el 2 de enero, el día de las redadas, así como publicó la propaganda que el DOJ había enviado a la prensa. Principalmente el informe reprodujo relatos de primera mano de quienes fueron arrestados y agredidos durante las redadas. El informe documentó seis maneras en las que el DOJ violó la Constitución de Estados Unidos en las redadas: 1) el castigo cruel e inusual; 2) arrestos sin orden de arresto; 3) el registro e incautación sin justificación legal; 4) el uso de “agentes provocadores” secretos (agentes que instigan a otros a cometer actividades ilícitas); 5) presionar a las personas a ser testigo en contra de sí misma; 6) la propaganda del Departamento de Justicia.

LOS CRIMINALES

Mitchell Palmer, Procurador General de 1919 a 1921, fue el arquitecto de las salvajes redadas de noviembre 1919 y enero 1920. Cuando asumió el cargo, Palmer era un demócrata liberal — apoyó el derecho de la mujer a votar y el derecho de los trabajadores a la huelga, y puso en libertad a unas personas que habían sido arrestadas previamente bajo la Ley de Espionaje. Después de una serie de atentados con bombas en la primavera de 1919 atribuidos a anarquistas, Palmer, en nombre de la clase dominante, lanzó con rabia una persecución de todos los que se consideraban comunistas, anarquistas, socialistas u otros radicales. Más tarde Palmer le culparía al Congreso por no tomar medidas inmediatas en contra del “Temor rojo” y, después de las redadas, dijo: “No pido disculpas por nada de lo que ha hecho el Departamento de Justicia en este asunto. Estoy orgulloso de ello”17.

Edgar Hoover, a quien en 1919 Palmer designó director de la División Radical de la Unidad General de Inteligencia, cuya tarea era vigilar y trastornar el trabajo de radicales en el país. Hoover jugó un papel importante en la organización y ejecución de las redadas de Palmer y su secuela. Manipuló la prensa para crear opinión pública dándole propaganda a la prensa antes, durante y después de las redadas. Hoover luego pasó a ser el director del Buró Federal de Investigaciones (FBI), que se estableció poco después de las redadas de Palmer. Permaneció como director del FBI hasta que murió, continuando con su misión de perseguir a los comunistas, atacar a causas y personas progresistas y radicales, incluida la feroz represión bajo el programa COINTELPRO en los años 1960 y 1970. (Vea la serie de revcom Crimen Yanqui, en particular Caso #74: El asesinato de Fred Hampton a manos del FBI y la policía de Chicago, Caso #42: COINTELPRO — el FBI pone en la mira a la lucha por la libertad negra, 1956-1971, y Caso #41: COINTELPRO — El FBI pone en la mira a la Nueva Izquierda, 1964-1971).

Woodrow Wilson. Como presidente de Estados Unidos, Wilson era el principal responsable de las acciones del Departamento de Justicia y de las redadas de Palmer. Durante la campaña presidencial de 1916, Wilson pidió a la legislatura que adoptara legislación en contra de las personas que demostraron comportamiento desleal, diciendo que no se merecían ningún derecho de libertades civiles debido a su comportamiento: “El hombre que lleva con él un guion [como alemán-americano, italiano-americano, etc.] lleva una daga, listo para clavarla en las partes vitales de esta República”18. Después de la Revolución Rusa, el presidente Wilson mandó 13.000 soldados para intervenir en la guerra civil en Rusia con el fin de destruir la revolución socialista y obligar a Rusia a volver a participar en la Primera Guerra Mundial. Durante la Primera Guerra Mundial, Wilson estableció el Buró sobre Enemigos Extranjeros como sección del Departamento de Justicia para arrestar y encarcelar sin juicio a extranjeros supuestamente desleales. Presionó al Congreso para que adoptara las Leyes de Espionaje, Sedición, e Inmigración, las que ampliaron el criterio para deportaciones.

Los medios de comunicación fueron un factor importante en fomentar sentimientos anti-inmigrantes, anti-radicales y anti-la Revolución Rusa. La prensa publicó con entusiasmo y prominentemente la propaganda del DOJ que azuzaba la opinión pública en contra de los comunistas, los radicales y los inmigrantes.

LA COARTADA

En el período inmediatamente después de la Primera Guerra Mundial, sacudió a Estados Unidos un tremendo auge de lucha contra la arrolladora inflación y la falta de empleo para los excombatientes que regresaban de la guerra. Durante 1919 surgieron grandes huelgas en las industrias siderúrgicas y del carbón y en las empacadoras de carne, así como cientos de otras huelgas a través de Estados Unidos. Ese año, cuatro millones de personas salieron en huelga con un promedio de 200 huelgas por mes. A principios de 1919, hubo una huelga general en Seattle de 60.000 trabajadores que paralizó los servicios normales de la ciudad por aproximadamente una semana. La huelga siderúrgica nacional de septiembre de 1919 contó con más de 365.000 huelguistas. Los historiadores dicen que a través de ese auge de lucha surgieron nuevas reivindicaciones y terminología revolucionaria inspiradas por la Revolución Rusa19.

Además, en el verano y principios del otoño de 1919, chusmas de racistas blancas atacaron a más de dos docenas de comunidades negras. Por primera vez la prensa reconoció la resistencia del pueblo negro ante estos ataques, y al mismo tiempo trató de demonizar esa resistencia. Por ejemplo, un titular en Chicago decía: “Rojos tratan de instigar rebelión de negros”20.

En medio de todo esto, en mayo y junio de 1919, sí ocurrieron intentos y atentados reales con bombas, atribuidos a anarquistas, contra las residencias de varios capitalistas y funcionarios del gobierno prominentes, entre ellos Palmer. Los atentados con bomba sirvieron de punto nodal en la intensificación de la guerra de propaganda diseñada a azuzar sentimientos “anti-rojos” y “anti-inmigrantes”. Un titular del New York Times del 8 de junio de 1919 declaró: “LOS ROJOS RUSOS ESTÁN ACTIVOS AQUÍ — La Unión de Trabajadores tiene 500 agentes que propagan el bolchevismo en Estados Unidos”.

En el período después de la Primera Guerra Mundial y la victoria de la Revolución Rusa de 1917, discursos desde los más altos niveles del gobierno y editoriales y artículos en la prensa acusaron a inmigrantes, sindicalistas radicales, comunistas, socialistas y anarquistas de tener planes para derrocar el gobierno en el futuro cercano. En particular demonizaron y persiguieron a los inmigrantes como una amenaza para Estados Unidos. El gobierno aprovechó los atentados con bombas de los anarquistas en 1919 para crear opinión pública y justificar las redadas, aunque las redadas atacaron a una amplia gama de personas, no solo a los anarquistas.

Palmer justificó las redadas en un ensayo que escribió en febrero de 1920, “El caso contra los ‘Rojos’”:

Como un incendio en la pradera, las llamas de la revolución barrían a toda institución estadounidense de ley y orden…. Abrían camino entrando a los hogares de los trabajadores estadounidenses, sus afiladas lenguas de fuego revolucionario lamían los altares de las iglesias, subían a los campanarios de las escuelas, entraban a hurtadillas a los cotos sagrados de los hogares estadounidenses, pretendían reemplazar las promesas del matrimonio por leyes libertinas, incendiaban los cimientos de la sociedad.

En un discurso ante el Congreso en diciembre de 1915, el presidente Woodrow Wilson dijo:

Me da vergüenza admitir que haya ciudadanos de Estados Unidos, nacidos bajo otras banderas pero bienvenidos por nuestras generosas leyes de naturalización a la plena libertad y oportunidad de Estados Unidos, que han inyectado el veneno de deslealtad en toda artería de nuestra vida nacional; que han buscado que se vean con desdén nuestra autoridad y el buen nombre de nuestro gobierno, que quieren destruir nuestras industrias donde sea que les parezca que podría servir a sus propósitos vengativos de atacarlas, y degradar nuestra política con fines de intriga extranjera…. Les ruego que adopten dichas leyes a la mayor brevedad posible y pienso que al hacer esto les estoy suplicando que no hagan nada menos que salvar el honor y auto respeto de la nación. Hay que aplastar a estos desgraciados de pasión, deslealtad y anarquía21.

EL VERDADERO MOTIVO

En Estados Unidos, temprano de los años 1900 fue marcado por tremendo descontento laboral y masiva actividad radical y anti-guerra. Mucha gente trabajadora, entre ellos muchos inmigrantes, eran seguidores de partidos socialistas, comunistas o anarquistas. Si bien Estados Unidos salió de la Primera Guerra Mundial como una potencia imperialista ascendiente, el cambio más significativo en el mundo tras esa guerra fue la Revolución Rusa: la primera vez en la historia mundial que una revolución comunista había triunfado. A raíz de esta revolución, en muchas partes del mundo, incluido Estados Unidos, crecieron y se volvieron aún más fuertes los sentimientos radicales y revolucionarios. El crecimiento de movimientos revolucionarios, la amplia ola de apoyo para la revolución, y la influencia de ideas revolucionarias prendieron temor de revueltas y revolución entre los gobernantes de todos los países capitalistas.

Como gran potencia imperialista, los gobernantes de Estados Unidos no podían permitir que se difundiera y creciera el comunismo. El gobierno federal necesitaba un aparato represivo centralizado y comenzó a forjarlo. Las redadas de Palmer, junto con la supresión del disentimiento, la violación de derechos constitucionales, los arrestos ilegales y la extensa propaganda contra actividades e ideas “anti-estadounidenses”, todas fueron parte de una campaña para consolidar este aparato y aplastar la oposición comunista y radical.

LOS REINCIDENTES

La base judicial para las redadas de Palmer —la Ley de Espionaje— sigue vigente y en uso. A Daniel Ellsberg lo acusaron bajo la Ley de Espionaje por divulgar los documentos del Pentágono. La han usado, o amenazado con usarla, contra Chelsea Manning, Julian Assange, Edward Snowden y Reality Winner, entre otros.


Fuentes clave:

Libros

Ackerman, Kenneth D., The Young J Edgar: Hoover, the Red Scare and the Assault on Civil Liberties [El joven J Edgar Hoover: Hoover, el Red Scare y el asalto a las libertades civiles], Carroll & Graf, 2007.

Hoyt, Edwin P., The Palmer Raids 1919-1920: An Attempt to Suppress Dissent [Las redadas de Palmer 1919-1920: Un intento de suprimir el disentimiento], The Seabury Press 1969.

Preston Jr., William, Aliens and Dissenters: Federal Suppression of Radicals, 1903-1933 [Extranjeros y disidentes: La suppression federal de radicals, 1903-1933], segunda edición, University of Illinois Press, 1994.

Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice [Informe sobre las prácticas ilegales del Departamento de Justicia de Estados Unidos], The National Popular Government League, mayo de 1920.

Artículos

Espionage Act of 1917” [Ley de Espionaje de 1917], Wikipedia.org, inglés

“The Case Against the Reds” [El caso contra los rojos], A. Mitchell Palmer, The Forum, febrero de 1920


1. Las únicas cifras oficiales que se dieron a conocer sobre personas detenidas fueron divulgadas por el Departamento de Justicia la medianoche del 2 de enero de 1920: 2585, enumeradas según ciudad o estado. Una fuente calcula que se arrestaron a 5000 personas en la redada de enero. No se dio a conocer ninguna otra cifra oficial de las redadas de noviembre o enero. No están disponibles números sólidos para las redadas de noviembre sino las 211 personas detenidas en Nueva York en la Casa de los Pueblos Rusos, todos menos 38 puestas en libertad en la mañana, y el día siguiente detuvieron a hasta 1000 personas, la mayoría puestas en libertad sin cargos. El senador estadounidense Thomas J. Walsh de Montana alegó que 10.000 personas fueron detenidas. Otras fuentes dicen que 6500 personas fueron puestos en libertad sin cargos finalmente. [regresa]

2. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, The National Popular Government League, mayo de 1920. Todos los informes de primera mano provienen de este informe. [regresa]

3. “Bolcheviques” se refiere al Partido Bolchevique que dirigía V.I. Lenin, quien dirigió la victoriosa Revolución Rusa de 1917. [regresa]

4. Ackerman, Kenneth D., The Young J Edgar: Hoover, the Red Scare and the Assault on Civil Liberties, Carroll & Graf, 2007, p. 116. [regresa]

5. Ackerman, p. 121. [regresa]

6. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, p. 18. [regresa]

7. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, págs. 39-40. [regresa]

8. Ackerman, p. 180. [regresa]

9. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, Declaraciones Juradas 1-1c, 2-2f, 5a, 5b y 9. [regresa]

10. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, págs. 22-23. [regresa]

11. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, p. 66. [regresa]

12. Preston Jr., William. Aliens and Dissenters: Federal Suppression of Radicals, 1903-1933. Segunda edición. Urbana: University of Illinois Press, 1994. págs. 214-215. [regresa]

13. Preston, págs. 212-217. [regresa]

14. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice, p. 44. [regresa]

15. Preston, págs. 210-211. En 1919, no existían ni el Departamento de Inmigración ni ICE (Inmigración y Control de Aduanas). En “El caso contra los ‘rojos’” (The Forum, 20 de febrero de 1920, p. 4) el propio A. Mitchell Palmer defiende el hecho de que el DOJ y el Departamento de Trabajo llegaron a trabajar juntos ilegalmente:

Aunque esta ley [Ley de Inmigración de 1918] es totalmente bajo la jurisdicción del Departamento de Trabajo, me pareció que era el único medio a mi disposición para atacar el movimiento radical. Para avanzar ese plan, ya que el Congreso había decidido rechazar apropiaciones para el Departamento de Trabajo que pudían haberle permitido actuar de manera vigorosa contra los “rojos”, yo ofrecí cooperar plenamente con los funcionarios de inmigración. Mi apropiación se hizo disponible el 19 de julio de 1919. Entonces organicé lo que es conocido como la División Radical [encabezada por Hoover]. [regresa]

16. Report Upon the Illegal Practices of the United States Department of Justice págs. 3-4. [regresa]

17. Hoyt, Edwin P., The Palmer Raids 1919-1920: An Attempt to Suppress Dissent, The Seabury Press, 1969, p. 55. [regresa]

18. Schmidt, Regin, Red Scare: FBI and the Origins of Anticommunism in the United States, 1919-1943 [El Red Scare: El FBI y los orígines del anticomunismo en Estados Unidos, 1919-1943], Museum Tusculanum Press, University of Copenhagen, 2000, p. 74. [regresa]

19. Película de PBS, American Experience: The Bombing of Wall Street [La experiencia estadounidense: El atentado con bomba en la Calle Wall], 2018. [regresa]

20. “First Red Scare,” Wikipedia.org, ingles. [regresa]

21. Espionage Act of 1917,” Wikipedia.org, ingles. [regresa]

Las oficinas de los Trabajadores Internacionales del Mundo (IWW por las siglas en inglés) tras una redada de Palmer, Nueva York, 15 de noviembre de 1919.

Las oficinas de los Trabajadores Internacionales del Mundo (IWW por las siglas en inglés) tras una redada de Palmer, Nueva York, 15 de noviembre de 1919. Las oficinas de los Trabajadores Internacionales del Mundo (IWW por las siglas en inglés) tras una redada de Palmer, Nueva York, 15 de noviembre de 1919.

Cuando un monopolio del poder político —y, de una manera concentrada, el monopolio de la fuerza armada “legítima”— está en manos de un grupo de la sociedad, y este grupo excluye a otras personas de tener ese monopolio de poder y fuerza, pues esto es una dictadura del grupo —o clase— en el poder, no importa si ese grupo en el poder permite que los que excluye del poder, y que domina en los hechos, participen en elecciones para escoger entre diferentes representantes de la clase dominante, como ocurre en Estados Unidos y varios otros países. El dominio político en Estados Unidos, no importa si hay una tiranía abierta e indisimulada o no, es y siempre ha sido una dictadura burguesa, una dictadura de la clase dominante capitalista (o antes de la derrota y abolición del sistema de esclavitud en Estados Unidos, por medio de la guerra de Secesión, existía una dictadura de las clases dominantes: los esclavistas y los capitalistas, o la burguesía).

Bob Avakian, Lo BAsico 1:23

 
 
 
 

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