Trump dirige a la turba en un juramento de lealtad personal hacia él.
La reciente “convención” republi-fascista en Dallas fue el primer disparo que preparó a la base de fascistas MAGA de Trump para las elecciones previstas para noviembre y más allá. Pretendía consolidar y entrenar a una fuerza dura para difundir el fervor y la determinación fascista por todo el país, y apoyar la masacre de personas en todo el mundo por bombas estadounidenses. Y no aceptar un “no” por respuesta.
En tiempos “normales”, tanto las convenciones republicanas como demócratas se celebran cada cuatro años, cuando se acercan las elecciones presidenciales. Pero no estamos en tiempos normales. Y esta convención fue diferente. No hay elecciones presidenciales programadas, pero Trump dijo a la multitud que “fingiera” que está en la papeleta y votara por sus compañeros fascistas que sí lo están. Dirigió a la turba, su público, en un juramento de lealtad personal hacia él. El juramento expresaba la voluntad de “hacer trampas como un demonio” para asegurarse de que los fascistas MAGA ganen las elecciones previstas para noviembre.
Un “híbrido de mega-iglesia y Tercer Reich”
En estos tiempos, como escribió Revolución en febrero, los fascistas MAGA “…creen profunda y fanáticamente que únicamente ellos son los gobernantes legítimos de este sistema y trabajan activamente para amañar y robar las próximas elecciones, sin violencia si pueden, pero mediante la violencia si es necesario”. Un comentario en la cuenta de Instagram del Dallas Morning News dijo que la convención más bien parecía a “un híbrido de mega-iglesia y Tercer Reich” que una convención. Esta convención tenía como objetivo fortalecer a la base más radical MAGA, especialmente a los fascistas cristianos, para el tumulto por venir.
Los fascistas que se congregaron en Dallas eran una turba grotesca y llena de odio formada por “influencers” desquiciados de las redes sociales, literalistas bíblicos patriarcales, “gym-bros”, “tradwives”, negacionistas de la ciencia, personas que odian a los inmigrantes, racistas descarados, agresores de personas homosexuales — junto con otros seres repugnantes y algunos de los principales artífices del fascismo MAGA como Ted Cruz, JD Vance y Mike Johnson.
Pero todos tenían dos cosas clave en común: apoyan a Trump totalmente, y todos odian a las mismas personas que Trump odia.
La convención motivó a la multitud en torno a varios temas, desde lo económico (incluida la promesa de Trump de dar $5.000 a cada adulto estadounidense si los republicanos ganan las elecciones de mitad de mandato), pasando por la seguridad fronteriza e inmigración, la sanidad y la política exterior. Un gran tema fue ideológico y político: convertirse en guerreros contra los “comunistas”, por la familia nuclear y para que Estados Unidos sea un país blanco y cristiano. Aquí nos centramos en los ataques fascistas anti-musulmanes que forman parte de un salto más amplio de los ataques contra musulmanes.
Una “Guerra Santa” — crecientes amenazas en el frente interno
El odio y la persecución contra los musulmanes siempre han sido elementos centrales del movimiento MAGA; millones de fascistas cristianos constituyen el núcleo de la “base” de Trump. Ven a los musulmanes y al islam como una amenaza mortal para la cohesión de Estados Unidos y para el propio cristianismo. Buscan montar una “guerra santa” para expulsar a los musulmanes de Estados Unidos y destruir el islam a nivel global.
Una semana después de comenzar su primer mandato como presidente, en 2016, Trump emitió una orden ejecutiva llamada la “prohibición musulmana”. Prohibía la entrada a Estados Unidos a personas de siete países predominantemente musulmanes. Tras miles de protestas en aeropuertos de todo el país y dos fallos judiciales en contra de la prohibición, la Corte Suprema de Estados Unidos confirmó la prohibición musulmana de Trump.
Nueve años después, Trump emitió nuevas órdenes que prohibían o restringían severamente la inmigración desde 19 países, muchos de ellos principalmente musulmanes, pero también países como Haití y Cuba. Mientras tanto, unos 13 estados estadounidenses dominados por fascistas MAGA aprobaron leyes para restringir el islam y a los musulmanes. Otros 31 estados tienen medidas similares pendientes, y todos los fascistas MAGA satanizan, amenazan y mienten sin descanso sobre los musulmanes. Son comunes las calumnias y vilipendia repugnantes contra destacados políticos islámicos como Abdul El-Sayed, candidato de Michigan del Partido Demócrata al Senado de Estados Unidos, e Ilhan Omar, congresista de Minnesota. Bo French, el candidato republicano-fascista a un cargo estatal ahora notorio por sus comentarios racistas sobre la multitud estudiantil en un partido de fútbol americano de la Universidad de Texas, juró que “no descansará hasta que todos los musulmanes se hayan ido”.
Los Diez Mandamientos expuestos en un pasillo del Capitolio de Georgia, el 20 de junio de 2024. En algunos estados, los Diez Mandamientos se exponen en todas las aulas. Foto: AP
Los ataques fascistas contra el islam han sido especialmente intensos en Texas, Florida y otros estados liderados por fascistas cristianos. Texas ha renovado y “cristianizado” su currículo para los estudiantes. Los Diez Mandamientos ahora están colocados en todas las aulas y el estudio de la Biblia protestante es obligatorio. Se instruye a los estudiantes que la historia islámica temprana consistió en “brutales campañas militares contra tribus cristianas y judías...”, y que “el ‘islam radical’ [no específicos grupos terroristas como al-Qaeda] motivó los ataques del 11-S”.
El programa de vales escolares de Texas excluyó arbitrariamente a más de 20 escuelas islámicas que cumplían todos los criterios estatales. El gobernador de Texas, Greg Abbott, ha declarado al Consejo de Relaciones Americano-Islámicas (un grupo de defensa de los derechos civiles) como una organización “terrorista” y “criminal transnacional”. Hizo un gran espectáculo firmando una ley que prohíbe el establecimiento de “recintos de la Sharía” en Texas. (Los recintos de la Sharía son comunidades exclusivamente musulmanas que existen solo en los delirios febriles de Abbott y sus compañeros fascistas).
Pero los ataques también se han extendido a nivel nacional. El senador fascista cristiano de Alabama, Tommy Tuberville, dijo en un discurso en el pleno del Senado a principios de este año que, a menos que los cristianos estadounidenses respondan a la intrusión del islam en Estados Unidos, este país pronto será conocido como el “Califato de América” y los estadounidenses tendrán que “luchar en las calles para recuperar el país”. Dijo que su consejo a una academia islámica que había propuesto trasladarse a Alabama es que deberían “mudarse fuera de Alabama y de nuestro país”.
El senador estadounidense Ted Cruz habló en la convención el día en que los fascistas reunidos honraron a Charlie Kirk, el líder juvenil fascista que fue asesinado un año antes. Cruz hipócritamente denunció la “violencia política” y luego afirmó que el islam produce “asesinato y opresión”. Mientras Cruz atacaba a varios destacados demócratas musulmanes, entre ellos Zohran Mamdani, alcalde de Nueva York, y Abdul el-Sayed, alguien en la multitud gritó “deberían ser fusilados” tras cada nombre. Ni Cruz, ni Trump, el Comité Nacional Republicano —ni ninguna figura destacada del partido Republi-fascista— ha denunciado esa llamada.
Una “Guerra Santa” — ríos de sangre en el Medio Oriente y Asia
Durante décadas, líderes fascistas cristianos han estado predicando y mintiendo sobre la violencia que afirman que es inherente al islam. Un artículo de opinión en la revista cristiana en línea Good Faith Media informó que Franklin Graham, “uno de los asesores religiosos más cercanos de Trump, ha presentado nuestras acciones [refiriéndose a Estados Unidos] en Irán como una cruzada... al estilo medieval, en el que los reyes cristianos bautizaban como una misión sagrada la sangre derramada que realizaban”.
Cuerpos de civiles muertos por un ataque aéreo estadounidense en Afganistán, 2009. Foto: RAWA
Es Estados Unidos quien ha provocado el flujo de ríos de sangre en los últimos 25 años. Un estudio realizado por la Universidad de Brown concluye que las guerras que comenzaron con la invasión estadounidense de Afganistán mataron “a más de 940.000 personas... por violencia directa posterior al 11-S en Irak, Afganistán, Siria, Yemen y Pakistán entre 2001 y 2023. De estas, más de 432.000 eran civiles... Se estima que entre 3,6 y 3,8 millones de personas murieron indirectamente en zonas de guerra posteriores al 11-S, elevando el total de muertos a al menos 4,5-4,7 millones y sigue contando”. Cabe señalar que este estudio concluyó hace tres años y no contiene información sobre las decenas de miles de muertos en la guerra genocida de Israel contra Gaza, que cuenta plenamente con el apoyo de Estados Unidos. Tampoco cuenta a las escolares ni a miles de personas en Irán que murieron por bombas estadounidenses.
En un reciente solemne memorial por las víctimas de los ataques al World Trade Center en Nueva York y al Pentágono del 11 de septiembre de 2001 se leyeron sus nombres en voz alta. Duró unas cuatro horas. Leer los nombres de todos los fallecidos en países mayoritariamente musulmanes de Asia y el Medio Oriente causados por Estados Unidos desde el 11 de septiembre duraría unos 109 días.
Desafíos de una situación que se acelera rápidamente
En marzo de este año, cuando Estados Unidos e Israel comenzaron su guerra contra Irán, John Hagee, un destacado fascista cristiano, dijo: “Dios Todopoderoso ha sido traído al campo de batalla y los enemigos de Sion y los enemigos de Estados Unidos pueden ser destruidos ante nuestros ojos. Que Dios se levante y que sus enemigos se dispersen”.
La respuesta del Partido Demócrata a toda esta locura, odio y violencia genocida ha sido, de vez en cuando, y de forma moderada, reprender la intolerancia abiertamente expresada de los republicanos fascistas, y decir que demócratas deberían ser elegidos en vez. Tras la convención fascista organizaron “campañas masivas de registro de votantes” en varias ciudades. Mientras tanto, la “gente decente” —el tipo de personas que inundaron los aeropuertos para protestar contra la primera prohibición musulmana de Trump— no se han unido a esta lucha para apoyar a los musulmanes sitiados.
La situación se está acelerando rápidamente a medida que se acercan las elecciones previstas para noviembre, y hacia dónde irá es incierto. Lo que está claro es que la pasividad ante este peligro creciente sería desastrosa. Los ataques contra musulmanes forman parte de un esfuerzo más amplio para asegurar y consolidar plenamente el gobierno fascista en Estados Unidos y expandir la dominación estadounidense a nivel mundial — y hay que oponérselo.
Hay que tomar esto muy en serio. En su convención, el régimen MAGA animó a sus seguidores más fanáticos para llevar a cabo y apoyar una represión masiva en Estados Unidos, y para dar respaldo total a los crímenes de guerra que comete contra aquellos que declara sus enemigos. Han soltado a los perros.
Pero las tensiones y obstáculos subyacentes que llevan este sistema a tales extremos también están abriendo la posibilidad de un gran cambio, incluso la posibilidad de un cambio revolucionario, cuando sectores de quienes gobiernan el sistema se dividan y las antiguas normas de cómo se gobiernan las cosas ya no sirven. Como escribió Bob Avakian en “LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura?”:
No es posible, en este momento, determinar cuál de estos escenarios —o quizá alguna otra situación— se desarrolle. Pero la siguiente orientación es crucial: si bien debe continuar la resistencia contra el régimen fascista, los partidarios del nuevo comunismo, sin dejar de participar activamente en esta resistencia, deben tener la firme orientación y estar preparados para llevar a cabo trabajo continuo por la revolución —trabajo teórico, político, práctico y organizativo— incluso ante la necesidad de hacer este trabajo bajo condiciones que probablemente sean cualitativamente más represivas y difíciles.
Sharia
Un tema anti-musulmán importante entre los fascistas es que los musulmanes buscan imponer la “ley Sharia” en Estados Unidos. A principios de este año, Andy Ogles, un congresista fascista de Tennessee, publicó en X que “los musulmanes no pertenecen a la sociedad estadounidense”. El líder del Congreso Mike Johnson aprobó a Ogles, diciendo que “Hay mucha energía en el país y mucho sentimiento popular de que la demanda de imponer la ley Sharia en Estados Unidos es un problema serio”.
En la convención de Dallas se proyectó un pseudo ”documental” llamado “Don’t Sharia My Texas” (No impongan Sharia a mi Texas), y el eslogan se ha convertido en el centro de la “marca” del partido estatal. Sesenta y ocho miembros del Congreso de Estados Unidos de 25 estados han formado un “Grupo parlamentario para un Estados Unidos sin Sharia”. La NPR informó que “Los anuncios de campañas electorales estatales y federales en todo el país han tratado temas sobre combatir el ‘islam radical‘ y la ‘ley Sharia‘, insistiendo en que ‘los movimientos islámicos han tomado terreno‘. Los musulmanes representan algo más del 1% de la población de Estados Unidos”. Chip Roy, un destacado fascista cristiano, en una audiencia en el Congreso afirmó que los musulmanes “quieren reemplazar el orden político y cultural de Estados Unidos”.
Todo esto es pura mentira — para avivar y aprovecharse de la ignorancia y el odio hacia los “extranjeros” en la “base” racista de MAGA.
Sí, la ley Sharia ES una pesadilla en lugares como Irán y Afganistán, que son teocracias fascistas. Pero a lo que nos enfrentamos aquí no es a la “ley Sharía”. Es la pesadilla de la LEY BÍBLICA fascista cristiana.