El 24 de febrero, Trump pronunció su mensaje anual del Estado de la Unión.
Muchos comentaristas anti-Trump (con regocijo) consideraron el discurso un “fracaso” porque “no mejorará la caída de Trump en las encuestas” antes de las elecciones de mitad de mandato de noviembre. Y argumentaron que presentó pocas “propuestas de política” que aportarían reformas legislativas a los profundos problemas que aquejan a Estados Unidos (y al mundo).
Estos comentaristas están, al menos por ahora, anclados en una visión de “gobierno democrático” que ya no existe y por la que, en cualquier caso, Trump no siente ningún respeto ni lealtad. Están en estado de negación sobre la división fundamental que ha partido a la clase dominante precisamente sobre cómo resolver estos problemas. ¡Anhelan soluciones reformistas tradicionales para una crisis profundísima que el sistema ha generado!
Quienes están atrapados en este mundo de sueños en realidad caminan sonámbulos a través de una crisis existencial que se consolida rápidamente. Les convendría reflexionar sobre lo que Bob Avakian (BA) plantea en Revolución #118. BA comienza formulando y respondiendo a una de las preguntas más importantes y urgentes que la gente enfrenta… o se niega a enfrentar:
¿Por qué nos enfrentamos a este fascismo? La respuesta es que la causa fundamental de este fascismo es que este sistema de capitalismo-imperialismo está topando con sus límites.
Después de esbozar los profundos cambios en la sociedad, la economía y las estructuras políticas en los últimos 80 años, incluidas las concesiones hechas a las personas negras, las mujeres y otros cuya opresión y explotación han sido y siguen siendo pilares necesarios de este sistema y su orden social, BA dice:
Todo esto ha llevado a aquellos a los que estos cambios amenazan a que abracen teorías conspirativas descabelladas y otras tergiversaciones flagrantes de la realidad, a así apoyar al fascismo de Trump, con su virulenta insistencia en que si no se culpa y persigue a las personas vulnerables, los seguidores de él “ya no tendrán patria”. El objetivo de todo eso es conseguir un retorno a “la manera en que se supone que deben estar las cosas”, en que grupos enteros de personas —mujeres, personas LGBT, personas negras y otras personas de color, inmigrantes no europeos, entre otros— reciban abiertamente una consideración y trato como inferiores, sin merecer los mismos derechos que la “gente normal”, o ni siquiera tener derecho alguno de existir.
Trump es el líder de un régimen fascista y de un movimiento fascista. No pretende “conquistar a la mayoría”; su objetivo es destruir o amañar cualquier estructura o institución que limitaría su poder (incluidas las elecciones y el Congreso) y aplastar a cualquier oponente.
Este fascismo no tiene, y puede que no obtenga, un apoyo mayoritario… al menos al principio. Pero sí representa a un sector significativo de la clase capitalista dominante y cuenta con el apoyo de más de un tercio de la población, decenas de millones de fascistas acerrados de MAGA. Y este discurso iba dirigido principalmente a esa base acerrada (incluyendo fuerzas dentro del sector fascista de la clase dominante y las fuerzas armadas). Trump parecía querer consolidar su lealtad y prepararlos para actuar como la punta de lanza —tan ilegal y violentamente como fuera necesario— de esta transformación fascista de Estados Unidos y del mundo en los próximos días, semanas y meses.
Aquí hay tres elementos clave:
Fomentando el fanatismo fascista cristiano y la sed de sangre chovinista estadounidense
Especialmente ahora, a la luz de la guerra criminal lanzada por Estados Unidos contra Irán, esto resulta evidente. Trump pintó una imagen de Estados Unidos opuesta a su verdadera historia y su papel actual en el mundo.
Desde el principio, Trump afirmó que Estados Unidos es “la nación más increíble y excepcional que jamás haya existido sobre la faz de la Tierra”. Más tarde, fue aún más allá, declarando que Estados Unidos “ha elevado a la humanidad a los cielos con alas de aluminio y acero, y luego la hemos lanzado a las estrellas en cohetes impulsados por la pura voluntad estadounidense y el inquebrantable orgullo estadounidense”.
Como si toda la humanidad fuera una masa de salvajes sin mente que dependían completamente de Estados Unidos, incapaces de crear, inventar o construir por sí mismos. Y de hecho, explicó claramente que Estados Unidos tiene una misión de “dios”: “Cuando Dios necesita que una nación obre sus milagros, sabe exactamente a quién pedirle”.
Como parte de esto, Trump pasó por alto y encubrió los verdaderos cimientos de Estados Unidos. Borró el genocidio y el robo masivo de tierras de la población nativa, describiendo el Oeste americano que encontraron los colonos europeos como “pantanos vacíos y llanuras abiertas extensas”, haciendo “desaparecer” así a los millones de nativos que habían vivido allí durante siglos. Acogió abiertamente la esclavitud de diez generaciones de personas negras, celebrando el cambio de nombre de las bases militares estadounidenses en honor a generales confederados esclavistas, lo que convirtió a quienes lucharon por la esclavitud en héroes y modelos a seguir.
El suboficial jefe del ejército de EE. UU., Eric Slover, recibe la Medalla de Honor durante el mensaje del Estado de la Unión del presidente Donald Trump, el 24 de febrero de 2026. Foto: AP
Pero este discurso no se limitó a reescribir la historia; Trump tenía la intención de avivar un espíritu “guerrero” fascista cristiano1. Señaló —y utilizó— a una serie de soldados o veteranos, y se deleitó con una narración detallada y gráfica de la historia de todo lo que habían sufrido al servicio del imperio estadounidense.
Todo esto estaba impregnado de referencias religiosas. Trump designó como mártires a todos aquellos que mueren en la lucha reaccionaria por la dominación estadounidense del mundo, así como al asesinado “activista civil” Charlie Kirk, quien fue un líder en la lucha por un Estados Unidos fascista cristiana. Habló de las “esposas de guerreros” que bendecían con cariño las placas de identificación de sus esposos con “Agua Bendita” para prepararlos para la batalla. Se jactó de la “tremenda renovación de la religión, la fe, el cristianismo y la creencia en Dios” durante su mandato.
El mensaje de Trump a su base: Estados Unidos tiene una misión de dios de hacer del mundo un lugar justo; matar a otros en esta misión es para la gloria de dios; y quienes mueren luchando por ella son mártires cristianos.
Vomitando el racismo antiinmigrante y fomentando aún más la limpieza étnica
En los últimos meses, la política insignia de Trump de “deportaciones masivas” ha generado creciente repugnancia, ira y resistencia en todo Estados Unidos, alcanzando su punto álgido con el asesinato de dos ciudadanos estadounidenses a manos del ICE en Minneapolis, Minnesota, quienes se oponían pacíficamente a los brutales secuestros de “presuntos inmigrantes ilegales” por parte del ICE. Además, han estallado manifestaciones en docenas de pueblos y pequeñas ciudades contra la red de campos de concentración que el ICE está construyendo para albergarlos.
Trump nunca mencionó nada de esto. Pero sí habló del aumento de la “corrupción” en Estados Unidos, de la que atribuyó absurdamente a “miembros de la comunidad somalí” en Minneapolis y a los inmigrantes del tercer mundo en general. Afirmó que “los piratas somalíes que saquearon Minnesota nos recuerdan que hay grandes partes del mundo donde el soborno, la corrupción y la anarquía son la norma, no la excepción. Importar estas culturas mediante la inmigración sin restricciones y las fronteras abiertas trae esos problemas directamente a Estados Unidos”2.
La participación de un pequeño número de somalí-estadounidenses en un esquema de fraude fue la excusa falsa para la invasión masiva del ICE en Minneapolis. Así que sacarlo a relucir de esta manera ahora e incluso intensificar el ataque fue la forma en que Trump dijo: “Hice lo correcto... y voy a seguir haciéndolo”.
Trump repitió su habitual ataque racista contra los inmigrantes en general: “antes de mi llegada... millones y millones [de inmigrantes] llegaban a raudales desde las cárceles y las instituciones psiquiátricas. Había asesinos”. Estas son las mismas mentiras que ha estado usando desde siempre, y que a estas alturas han sido refutadas vez tras vez. De hecho, según las propias cifras del gobierno federal, solo un pequeño porcentaje de los aproximadamente 11 millones de inmigrantes indocumentados en Estados Unidos cometieron delitos violentos, y las tasas de delincuencia entre los inmigrantes son significativamente más bajas que las de las personas nacidas en Estados Unidos.
Trump abordó esto intentando eludir la lógica real con apelaciones al racismo. Describió a una serie de víctimas de delitos que, según afirmó él (a veces falsamente), habían sido cometidos por inmigrantes indocumentados. La hija de una mujer fue acuchillada en un tren por un ciudadano estadounidense. La hija de un hombre resultó gravemente herida en un terrible accidente de coche.
Cabe destacar que todas estas víctimas de delitos eran mujeres. Y al igual que con las descripciones de los heridos militares, Trump volvió a deleitarse con la sangre y las vísceras. Todo esto tiene como objetivo, en parte, aprovechar el tropo racista y patriarcal grotescamente invertido de “‘proteger’ a nuestras hermosas mujeres de estos salvajes de piel oscura”, que históricamente se utilizó para justificar miles de linchamientos de personas negras.
Por supuesto, la presencia de personas que habían resultado gravemente heridas o habían perdido a seres queridos a causa de la delincuencia era desgarradora. Pero, por decir lo obvio, hay millones de ejemplos de ciudadanos estadounidenses que también cometen delitos graves, así que ¿qué demuestra eso? Según la lógica de Trump, toda la población estadounidense debería ser deportada. Pero la cuestión no es la lógica. O, mejor dicho, es educar a la gente en una lógica racista y usarla para justificar delitos mucho mayores.
Demonizando a los demócratas
El discurso de Trump retrató repetidamente a los demócratas como si actuaran por odio al “pueblo”, en lugar de por desacuerdos sinceros, y los describió como peligrosos y merecedores de castigo. Trump dijo:
- Los demócratas votaron en contra de su masivo recorte de impuestos para la gente relativamente rica porque “querían… perjudicar a la gente”.
- “Esta gente [los demócratas] está loca, te lo aseguro. Está loca. Increíble. Terrible. Madre mía... Con gente como esta, los demócratas están destruyendo nuestro país, pero lo hemos detenido justo a tiempo, ¿verdad?”
- Quiere “establecer sanciones severas para los funcionarios públicos” que hacen cumplir las leyes que restringen al ICE en las ciudades santuario, es decir, por llevar a cabo sus responsabilidades legales.
Históricamente (desde el fin de la Guerra Civil), diferentes sectores de la clase dominante capitalista-imperialista —principalmente los demócratas y los republicanos— han compartido el poder, priorizando su interés común en controlar a la población, mantener la estabilidad y expandir el imperio. Pero la actitud cruel y amenazante de Trump hacia los demócratas refleja que ahora la clase dominante está profundamente dividida y que, a ojos de los fascistas, solo su gobierno es “legítimo”.
Como dice BA, “Lo que está ocurriendo ahora es que Trump toma acciones para establecer una dictadura, no de la clase dominante en su conjunto, sino de cierto sector —fascista— de la clase dominante, excluyendo al otro sector (“democrático-burgués”) de la clase dominante y aferrado a una vendetta en su contra.” (ver “Trump toma acciones para establecer una dictadura, no de la clase dominante en su conjunto, sino de cierto sector —fascista— de la clase dominante…”) Los comentarios de Trump tienen como objetivo satanizar a estos oponentes de la clase dominante y sentar las bases para su represión violenta.
Conclusión
Si intentas entender el discurso de Trump viéndolo a través de la lente de “un presidente impopular que enfrenta una importante elección de mitad de mandato que necesita ganar al ‘centro’, a los ‘independientes’, etc.”, entonces su discurso no tiene sentido. Pero en realidad, el discurso de Trump trató ante todo sobre endurecer, consolidar y motivar a una base que es grande, pero aún minoritaria, así como satanizar y marginar al sector de la sociedad que es hostil a MAGA o está siendo atacado por MAGA. Se trata de preparar a la base fascista para ayudar a “regular” a las decenas de millones que MAGA considera “el enemigo”, incluida una parte significativa de la propia clase dominante, e intimidar a todos los demás para que se acomoden.
Y desde ese punto de vista, el discurso “tuvo sentido” y debería servir como advertencia sobre hacia dónde se dirige realmente la sociedad y la extrema urgencia de prevenirlo.
LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO:
¿Una marcha forzada hacia el abismo,
o forjar una salida a la locura?Bob Avakian
(en inglés; próximamente en español)