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Más allá de las ilusiones y las convicciones equivocadas

Reflexiones sobre el potencial radical de un momento poco común

Nota de la redacción: Este artículo de Paul Street, historiador y autor, apareció originalmente el 17 de agosto en el reporte de Paul Street.

Fulton County Jail

 

Cárcel del condado de Fulton (“Rice Street”), Atlanta, Georgia.    Foto: AP

La mejor acusación

El cuarto pliego de acusaciones contra Donald Trump (la lista de cargos dictada por un gran jurado en Atlanta, Georgia) es el mejor hasta el momento por cuatro razones. En primer lugar, se le acusa junto con otros dieciocho acusados, lo que repudia su constante afirmación infantil de que se le está señalando como martirio político personal. En segundo lugar, la acusación de crimen organizado provoca adecuadamente la imagen del “Don” Trump como un jefe de la mafia. En tercer lugar, se trata de un proceso por subversión electoral que él no puede cancelar ni perdonarse a sí mismo como posible próximo presidente de Estados Unidos en 2025, ya que se ha dado al nivel estatal, no federal. En cuarto lugar, los co conspiradores nacionalistas blancos del líder fascista y racista Trump muy apropiadamente podrían estar sometidos a los trámites de encausamiento y una detención breve en una cárcel metropolitana tristemente célebre por su maltrato a la gente pobre de color. Como informa el New York Times:

“Para los lugareños, la cárcel es conocida simplemente como ‘Rice Street’. Y durante los próximos nueve días, el extenso centro de detención de Atlanta será el lugar donde serán fichados los acusados en el caso de crimen organizado contra Donald J. Trump y sus aliados. El sheriff local, que supervisa la cárcel, dice que incluso los acusados de alto perfil como Rudolph W. Giuliani, ex abogado personal de Trump, y Mark Meadows, su ex jefe de gabinete, serían tratados como los demás si se entregaran allí. Eso significa que estarán sometidos a un examen médico, se les tomarían huellas dactilares y fotografías policiales, y podrían pasar tiempo en una celda de retención en la cárcel, semanas después de que el Departamento de Justicia anunciara una investigación por lo que llamó “acusaciones graves de condiciones de vida inseguras e insalubres” allí... La cárcel de Rice Street no es un lugar para los débiles de corazón, dijo Robert G. Rubin, un abogado defensor veterano que ha tenido muchos clientes recluidos allí. En las últimas semanas, dos reclusos han sido encontrados muertos en la cárcel. El año pasado, un detenido fue encontrado muerto en su celda, con el cuerpo cubierto de picaduras de chinches y otros insectos, según su abogado... Al menos dos canciones en Spotify se titulan “901 Rice Street”, la dirección de la cárcel. El popular rapero Latto tiene una canción cuyo título hace referencia a Rice Street con un insulto. Y una frase de un rap de Killer Mike dice: “Encerrado como en Rice Street sin fianza”. … Por lo general, tan pronto como un acusado se entrega a la policía, va a un área de detención con otros detenidos, dijo el Sr. Rubin. ‘Es miserable. Hace frío. Apesta. En general, es desagradable’, dijo, basándose en las descripciones anteriores de sus clientes... ‘hay un alto grado de ansiedad para cualquier acusado que se encuentre en esa posición’”.

Si hubiera alguna justicia real, Trump no estaría exento de la experiencia de Rice Street, como seguramente lo estará.

Asco y horror

Estoy asqueado, horrorizado, preocupado, inseguro y, sin embargo, extrañamente esperanzado, a la vez, por la situación política actual reflejada y creada por las acusaciones contra Trump. Me asquea que la cultura política estadounidense siga dominada por el nauseabundo narcisista e emulador de Hitler, Donald “Quitar el detector de metales” Trump, a quien Noam Chomsky describió con precisión en enero de 2020 como “el criminal más peligroso de la historia de la humanidad”. Que alguien tan letalmente degenerado y sádico como Trump sea de lejos el candidato presidencial líder de uno de los dos únicos partidos viables del país debería entenderse ampliamente como una gran señal de vergüenza nacional. ¡Una jodida “Ciudad en una colina”, algún “faro para el mundo sobre cómo debería ser la vida” (Kay Bailey Hutchison, en su discurso en apoyo de la autorización del Senado de los Estados Unidos al deseo de George W. Bush de invadir a Irak)!

La presidencia de Trump fue una pesadilla fascista (como lo documenté exhaustivamente en mi libro de 2021 This Happened Here) que, como era de esperar, culminó en un intento de golpe de estado contra la democracia burguesa de Estados Unidos previamente establecida, tal como es. Es repugnante, casi más allá de las palabras, que todavía estemos en “la Era de Trump” y que esta vil Era bien podría incluir una segunda administración Trump (más sobre esto a continuación).

Es repugnante y aterrador que cuatro acusaciones por delitos graves, incluidas dos federales —una por robo de documentos federales clasificados y dos por su descarado intento de subvertir y derrocar una elección que sabía perdida y luego instalarse como un hombre fuerte autoritario— no sólo no lograron sacarlo de la cima de la lista republicana, sino que en realidad solidificaron su posición como favorito del partido más derechista. Como escribió Peter Baker de El New York Times después de que se anunciaran las acusaciones de Georgia:

“Alguna vez la nación mostró rechazo ante los candidatos presidenciales pescados conduciendo bajo los efectos del alcohol o plagiando líneas en un discurso sin darles crédito. Ahora uno de los dos partidos grandes no ha descartado a un favorito acusado de conspirar para subvertir la democracia, poner en peligro la seguridad nacional [y] obstruir la justicia...El Señor Trump ha movido las líneas al extremo de que sus partidarios, incluida la mayoría de sus oponentes republicanos para la nominación presidencial del año entrante, no muestran señales de volverse contra él sin importar cuántas acusaciones se emitan, un testimonio de cuánto ha obligado a su partido a abrazar su narrativa del martirio. La noción de que un pliego de acusaciones con múltiples delitos graves no sería automáticamente descalificador habría sorprendido a los 44 presidentes que lo precedieron, incluidos los republicanos”.

Eso es bastante condenatorio y espantoso.

Es inquietante que el Maligno esté empatado con Joe Biden en las últimas encuestas para 2024, ello en un país plagado de un antiguo sistema de Colegio Electoral que fracasa en la democracia y que normalmente requiere que el candidato demócrata venza a su oponente republicano por cuatro a cinco puntos porcentuales en el voto popular como para asumir o mantener la presidencia. Los republicanos, por cierto, han reclutado a miles de trabajadores electorales para joder con el recuento de votos de 2024 a nivel de precinto y condado, es decir, para cancelar votos que no siguen el camino del nacionalismo blanco cristiano.

Es alarmante que Donald “Yo soy su retribución” Trump esté prometiendo represalias contra sus enemigos políticos si recupera el poder, que haya amenazado y degradado a las autoridades legales que simplemente intentan hacer su trabajo básico de estado de derecho en respuesta a su criminalidad fascista (“SI TÚ VAS POR MÍ, YO VOY POR TI”), y que ahora está rodeado de un ejército de expertos en políticas que están elaborando planes detallados para la toma total del poder ejecutivo de Estados Unidos por parte de los republi-fascistas y una expansión sin precedentes de dicho poder ejecutivo.

Es escalofriante contemplar el siniestro potencial de que Trump recupere el poder junto con la Corte Suprema fascista cristiana que él y Mitch McConnell crearon y un Congreso que bien podría caer bajo control bicameral total de la derecha en 2025, ello en una nación donde la mitad de los poderosos gobiernos estatales están bajo dominación neofascista. Gran parte de la base de “carne roja” / camisas pardas del partido Trump tiene ganas de una guerra civil y posee una parte tremendamente desproporcionada de las enormes existencias de armas de fuego en el país, incluido un número no pequeño de armas de estilo militar. Por si sirve de algo, el maníaco anaranjado ha afirmado de manera fascista, absurda y repetida que los colegios y universidades de la nación están bajo el control de “maníacos marxistas” y ha sugerido que quisiera deportar a todos los “marxistas, socialistas y comunistas” de la nación.

Ha sido aterrador presenciar cómo un estado rojo tras otro reimpone la violenta esclavización femenina que es la maternidad forzada al amparo del fallo Dobbs contra Jackson de 2022 de la Corte Trump y ver a estos estados aprobar y hacer cumplir leyes que tipifican como delito que los maestros les digan a los estudiantes la verdad sobre el papel central que ha desempeñado el racismo en la experiencia estadounidense pasada y presente.

Es desconcertante reflexionar sobre todo el fascismo a nivel local en marcha. Se ha vuelto casi normal en la Era de Trump que grupos e individuos neofascistas de derecha acosen e intimiden a juntas escolares locales, maestros, funcionarios de salud pública, trabajadores electorales, funcionarios electorales, bibliotecarios, activistas por la justicia social y periódicos.

Incertidumbre

Mi sensación de incertidumbre se debe a la naturaleza sin precedentes de la situación actual. Tenemos poco que aprender de la historia de Estados Unidos cuando se trata de predecir cómo resultará esta crisis política cada vez más aguda. Nunca hemos tenido a un presidente que haya intentado utilizar su cargo para cancelar una elección que perdió, para intentar dar un golpe de estado, para bloquear la antes sacrosanta y muy publicitada “transferencia pacífica del poder [presidencial de Estados Unidos]”.

Donald “El Alborotador” Trump es el primer presidente de Estados Unidos que intentó derrocar a la democracia burguesa de Estados Unidos que antes era la norma y el estado de derecho. Y es el primer expresidente que se enfrenta a acusaciones penales, y mucho menos a cuatro pliegos de acusaciones por delitos graves, incluidas dos pliegos resultantes de su intento de golpe de estado.

Parece poco probable que Trump pueda ser juzgado y condenado a tiempo para evitar que recupere el poder y cancele todos los cargos federales en su contra, y que se perdone a sí mismo y a otros involucrados en sus crímenes épicos. La gastada y trillada táctica legal de dilación de Trump está operando con efectos potencialmente efectivos aquí y si bien es cierto que no puede perdonarse a sí mismo por los cargos estatales en Nueva York y Georgia, la noción de que lo envíen a una prisión estatal mientras ocupa nuevamente la Casa Blanca es fantástico.

En el caso de Georgia, parece haber buenas posibilidades de que el equipo de Trump consiga que las últimas acusaciones se transfieran a un tribunal federal y se pongan bajo la supervisión de un juez republicano, posiblemente designado por Trump.

Las acusaciones no incluyen ningún cargo que impida que Trump asuma el cargo en 2025, ya que el fiscal especial del Departamento de Justicia, Jack Smith, no ha incluido ningún cargo de insurrección, algo que podría haber hecho y que, en teoría, todavía podría hacer.

Ilusiones

Me perturba el negacionismo y las ilusiones. Muchos en los medios de comunicación, la clase política y el público están perdiendo el panorama más amplio y las realidades de la crisis en marcha. Me perturba no solo la continua amenaza del fascismo amerikánder por parte del volk [pueblo] más reprensible y fascista del país bajo el liderazgo de Trump, sino también el negacionismo y las ilusiones por parte de muchos de los sectores más decentes, moderados y liberales del país, y gente progresista.

La versión en inglés de Wikcionario define “lanzar deseos” [wishcasting] de la siguiente manera: “El acto de interpretar información o una situación de una manera que la presenta como favorable o deseada, a pesar de que no hay evidencia para tal conclusión; un pronóstico ilusorio”. Veo que mucho de eso exactamente está pasando cuando me desplazo por Facebook y Twitter y cuando escucho la MSNBC, la CNN y la N”P”R. Muchas de las personas más decentes parecen haberse convencido de que Trump históricamente está acabado debido a las acusaciones. Algunos de ellos imaginan seriamente que Trump irá a la cárcel antes de las elecciones y, por lo tanto, no podrá volver a postularse para la presidencia. Escucho a supuestos expertos en la N”P”R hablar de que Trump es presidente y al mismo tiempo está preso en Georgia, como si eso fuera realmente cierto. En un nivel menos delirante, muchas personas decentes y no fascistas ven la gravedad y el increíble número de cargos contra Trump (creo que ya van 91) como una barrera imposible de superar para él en las elecciones preliminares y/o más especialmente en la elección general.

Mucha gente decente quiere pensar que el sistema electoral y de estado de derecho democrático burgués estadounidense está funcionando de manera que pronto finalmente podrán decirle adiós a Donald “Los tipos con los AR-15 no quieren hacerme daño” Trump.

Ello encierra dos problemas. La primera dificultad es que el violador acusado de múltiples acusaciones está lejos de ser cancelado. Está políticamente muy vivo. De ninguna manera se encuentra en jaque mate por el sistema estadounidense.

Trump aún no se enfrenta a ningún solo cargo que le prohibiría acceder a la Casa Blanca si es declarado culpable. Ha convertido las acusaciones en su contra en oro para recaudar fondos, un asunto no menor bajo un sistema político plutocrático que ha creado “la mejor democracia que el dinero puede comprar”. Las acusaciones han solidificado su posición como favorito republicano.

Gran parte del país ya está insensible ante el aparentemente interminable drama de Trump. El electorado de la nación marcadamente polarizado ha estado durante mucho tiempo atrincherado entre aquellos que están a favor del Reptil Fascista Anaranjado y aquellos que están en contra de él, ello en formas que tal vez no se alteren mucho, o nada, por los últimos vertiginosos detalles de las acusaciones y los espectáculos en los tribunales. La base republi-fascista no se deja inmutar por los problemas legales de su amo, que alimentan su “narrativa de martirio”. Trump podría ser grabado comiendo niños vivos y sus fanáticos lo llamarían “noticias falsas”.

La noción de que un ex presidente de Estados Unidos vaya a la cárcel o a prisión es fantástica: ¿cómo funciona eso con la protección del Servicio Secreto?

Mientras tanto, el oponente al aspirante a hombre fuerte fascista Trump, el demócrata neoliberal Joe “Nada cambiaría en lo fundamental” Biden (¡gracias, Obama!), es muy viejo, torpe y cómicamente poco carismático. Cada día que pasa, parece cada vez más un blanco fácil. El venenoso y escupe-odio Trump domina las noticias mientras el presidente en ejercicio intenta ser escuchado murmurando sobre sus amados, “aburridos” y “bipartidistas” proyectos de ley de infraestructura y “reducción de la inflación”. Las sorprendentemente bajas cifras de aprobación del “Estatus Quo” Joe rivalizan con las de Jimmy Carter en el mismo período a tres años de su presidencia de un solo mandato.

El Colegio Electoral de los propietarios de esclavos del siglo 18 está, como de costumbre, significativamente inclinado hacia la derecha y el partido de Trump está trabajando arduamente para inclinar el sistema aún más hacia el estribor desde el nivel del distrito electoral con un ejército de armas legales que se desplegarán durante y después de la elecciones de 2024. La intimidación violenta de los trabajadores electorales y de los propios votantes será parte de su caja de herramientas fascista. Tiene a la Corte Suprema y a gran parte del poder judicial federal de su lado y bien aún podría adjudicarse la Cámara de Representantes, todos ellos actores clave en la resolución de lo que probablemente será una contienda muy reñida y plagada de violencia aún mucho después del día de las elecciones.

El segundo problema es que Estados Unidos tiene un problema de fascismo nacionalista blanco cristiano que es más grande que Trump. El trumpismo-fascismo amerikánder tiene una vida insidiosa tipo corazón del país blanco que continuará cuando Trump muera política o físicamente. Un sector revanchista de la clase dominante estadounidense y entre un cuarto y un treinta por ciento de la población se han pasado al espacio neofascista, un tema sobre el que he escrito extensamente. Trump podría expirar mañana y el trumpismo-fascismo persistiría en busca de nuevos Führer maximalistas mientras causa estragos archirreaccionarios, racistas, sexistas, chovinistas, anti-LGBT, autoritarios, eliminacionistas y potencialmente genocidas en todo el país. (Una cosa que tal vez estemos aprendiendo este año es que el gobernador de Florida, “Ron DeFascista”, carece de lo necesario para convertirse en ese nuevo hombre fuerte nacional, aunque todavía está compitiendo por el puesto.)

La convicción equivocada

A mis amigos de “Rechazar el Fascismo”, de cuyo consejo editorial formo parte, les gusta un pasaje conmovedor de un poema de 1919 de WB Yeats:

Girando y girando en el remolino que se ensancha

el halcón no puede oír a su cetrero;

todo se desmorona; el centro no puede sostenerse;

La mera anarquía se ha desatado sobre el mundo,

La marea oscurecida de sangre se ha soltado, y en todas partes

Se ahoga la ceremonia de la inocencia;

Los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores

Están llenos de intensidad apasionada.

Piense en esa última línea: “los mejores carecen de toda convicción, mientras que los peores están llenos de intensidad apasionada”. Una de mis inquietudes acerca de las acusaciones es que podría parecer que intensifiquen lo que podríamos llamar “el problema Yeats”. Las acusaciones tienen el potencial de profundizar simultáneamente tanto la intensidad apasionada y letalmente armada de “los peores”, los fascistas, como la patética pasividad de “los mejores”, las personas más decentes, inclusivas, solidarias y no fascistas. Por un lado, Trump y la derecha están utilizando las acusaciones para alimentar la paranoia revanchista de la cuarta parte muy desproporcionadamente blanca y fundamentalista del país que se ha tragado la narrativa de estilo paranoico y nacionalista palingenésico de que Estados Unidos está bajo el control antiestadounidense de un Estado Profundo globalista y de “izquierda radical” que trabaja para “reemplazar” y degradar a los blancos supuestamente virtuosos, trabajadores y temerosos de Dios y su supuesto patriarcado noble, con personas de color supuestamente criminales y perezosas (y por lo demás inferiores y satanizadas) y una supuesta cultura degenerada de transgresión de género impía. Esta narrativa tal vez sea un cuento de hadas, pero es un cuento de hadas cargado de potencial para masacres en masa y guerra civil.

Por otro lado, las acusaciones refuerzan la desmovilización de moderados, liberales y progresistas al aparentar mostrar que, después de todo, el sistema constitucional burgués manejado por las elites está funcionando: que no se requiere ninguna intervención popular seria en las calles y plazas públicas para detener el avance inexorable hacia el fascismo. (Aquí el impacto es muy parecido al culto cargo de la política electoral estadounidense centrada en los candidatos.) El mensaje es que no necesitamos levantarnos de nuestros sofás, apagar la MSNBC y la “P”BS y organizarnos para luchar por una sociedad decente y liberada porque la llamada democracia estadounidense —realmente una dictadura de clase del capital— se está cuidando de sí mismo. Lo único que realmente necesitamos hacer es votar por el Mal Menor una vez cada cuatro o dos años y tal vez enviar un cheque de vez en cuando a la ACLU y/o la NAACP, Planificación Familiar, Conservación de la Naturaleza y quizás 350.org. La fe tácita es la siguiente: “Las élites lo tienen bajo control. Dejemos que los políticos, los expertos, los cabezas parlantes, los cabilderos y las organizaciones sin fines de lucro se encarguen de las cosas. Está todo bien”.

Pero las élites no lo tienen bajo control. El centro no puede mantenerse a mediados de la década de 2020. Las cosas han cambiado. La cantidad está cambiando a calidad. “La marea oscurecida de sangre se ha soltado” y “la ceremonia de la inocencia” está lista para “ahogarse”. La guerra civil nos llama. Sin una intervención popular masiva y sostenida en las calles y plazas públicas por parte de la gente decente debajo y más allá de los espectáculos electorales salvajemente escalonadas en el tiempo de parte de la clase dominante y los nuevos procedimientos judiciales peligrosamente prolongados, sin un movimiento por un tipo de política y sociedad muy diferente a lo que ha engendrado el trumpismo en primer lugar, el resultado será fascista.

El problema aquí no es total ni enteramente que “los mejores carecen de toda convicción”. Es cierto que muchas personas decentes o anteriormente decentes se han retirado por completo de la política, y se han embarcado en una forma de exilio interno. Muchos han caído en la depresión y la enfermedad. Pero el problema más grande es que muchos de “los mejores” —quizás debamos decir los “mejores qué”— creen excesivamente en el sistema democrático burgués. Tienen una convicción mal ubicada, quizá se podría decir anticuada. No les falta fe y confianza. Creen incorrectamente en el poder de las instituciones establecidas para mantener a raya al fascismo. Les falta convicción en la movilización de masas y la acción popular del tipo que dice: “tendrán que pasar por nosotros primero si quieren construir un Estados Unidos fascista” y que desafía a la dictadura de clase capitalista de facto que engendra el fascismo en primer lugar.

Puede parecer extraño encontrar alguna esperanza en la situación actual, pero sí la encuentro — y la encuentro por las razones expuestas por el líder comunista revolucionario Bob Avakian en una intervención de diciembre de 2021 titulada Algo terrible, O algo verdaderamente emancipador. Actualmente nos enfrentamos a graves amenazas existenciales arraigadas en el orden capitalista que desde hace mucho tiempo le ha encomendado, a “nuestra” (su) democracia burguesa, la tarea de legitimar y coordinar. La amenaza al frente es la creciente amenaza a la ecología habitable que plantea la catástrofe climática capitalógena, aunque problemas relacionados y, de hecho, que se refuerzan mutuamente, como la pandemia y la guerra interimperialista y nuclear, se han sumado para hacer avanzar el Reloj del Día Final del Boletín de Científicos Atómicos ¡más cerca de la medianoche de lo que nunca antes lo ha estado!

Ninguno de estos peligros trascendentales se abordará ni podrá abordarse ni superarse adecuadamente con las antiguas formas de gobierno democrático burgués y capitalista que han sido la norma en el Occidente desde el siglo 19. Es como escribió el Dr. Martin Luther King, Jr. cerca del fin de su vida (en su ensayo publicado póstumamente “Un testamento de esperanza”): “la verdadera cuestión que hay que afrontar” es “la reconstrucción radical de la sociedad misma”. Sin esa reconstrucción, King sentía, la alternativa era un estado policial fascista. Si a eso le sumamos la crisis ambiental que ha generado el sistema de ganancias, es como escribieron los jóvenes Marx y Engels en 1848: o es “la reconstitución revolucionaria de la sociedad en general” o la “ruina común” de todos.

Visto desde esas alturas magistrales y científicas, el ascenso del neofascismo en Estados Unidos es al mismo tiempo horroroso y una oportunidad. Señala una crisis de legitimidad, un período de cambio aplasta-normas en el que la clase capitalista opresora y explotadora, ahora críticamente dividida, ya no puede gobernar adecuadamente de las formas tradicionales y “normales”. Las seducciones de la política electoral y los arreglos legales que inducen a la pasividad están quedando cada vez más claramente al desnudo como inadecuadas, insuficientes para las tareas de emancipación humana y, de hecho, de la supervivencia. Se requieren nuevas formas de movilización popular para construir una nueva forma de vida más allá de los flagelos interrelacionados y que se refuerzan mutuamente del gobierno de clase, el racismo, el patriarcado, el ecocidio, el imperialismo-la guerra y el fascismo.

La nueva clase dominante y la polarización popular del siglo y década actuales auguran un “momento poco común” (Avakian) de transformación cualitativa en el que los resultados radicales son seguros, porque (nuevamente) el centro ya no puede mantenerse. Abre una promesa de repolarización que enfrenta una parte cada vez más grande de las masas contra todo el maldito sistema capitalista-imperialista. El futuro es radical: ya sea radicalmente opresivo y capitalista-fascista o radicalmente liberador y socialista revolucionario. Es responsabilidad de las personas decentes organizarse y tomar acción para hacer que el resultado radical venidero sea hermoso y liberador.

Algo Terrible O Algo Verdaderamente Emancipador

 

Nos encontramos en un punto de viraje en la historia. El sistema capitalista-imperialista es un horror para miles de millones de personas en Estados Unidos y por todo el mundo y amenaza al propio tejido de la vida sobre la tierra. Ahora, la elección del fascista Trump presenta peligros aún más extremos para la humanidad, y subraya la ilegitimidad total de este sistema, y la necesidad urgente para un sistema radicalmente diferente.

El sitio web Revcom.us sigue la dirección revolucionaria de Bob Avakian (BA), el autor del nuevo comunismo. Bob Avakian (BA) ha analizado científicamente que nos encontramos en un momento poco común cuando una revolución real se ha vuelto más posible en Estados Unidos. Ha trazado una estrategia para hacer semejante revolución, y ha expuesto una visión panorámica y plano concreto para “lo que sigue” en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte.

Revcom.us proyecta la voz, la dirección y la visión de BA por toda la sociedad. Postea su dirección oportuna para los revcom (comunistas revolucionarios) y para todo el movimiento para la revolución, incluidos sus posteos en las redes sociales, y organiza todo el conjunto de su obra.

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