El imperialismo no es solo una palabra grandilocuente reservada para libros, círculos de izquierda y debates intelectuales; no para nosotros, el pueblo iraní. Hoy, el imperialismo se ha convertido en una bomba que nos ha caído encima en mil rincones de nuestra propia casa. Si hasta ayer permanecía oculto a muchos ojos en el laberinto de la economía y la política, hoy su realidad ha emergido de entre los escombros, como las manos de los niños de Minab.
Hoy, nuestro hogar se ha convertido en el escenario de la exhibición del crudo poder imperial de Estados Unidos. Un lugar donde debe demostrar al mundo que nada puede hacerle frente. El experimento que se llevó a cabo con éxito en Gaza ahora se está implementando en nuestro hogar y en nuestros amigos y seres queridos. Si hasta ayer este sistema nos dominaba a través de la República Islámica, hoy ha plantado el pie directamente sobre nuestras vidas y nuestro futuro.
Hoy es el momento de desafiar francamente nuestras ilusiones y falsas esperanzas de encontrar alguna salvación dentro de este sistema, y de reclamarles nuestro futuro —junto con todos aquellos que comparten nuestro destino en todo el mundo— a los locos armados con bombas nucleares que están decididos a preservar este sistema a costa de nuestra destrucción.
Hoy es el momento de una lucha más profunda y amplia que nunca contra un orden que hace mucho llegó a su fecha de caducidad y que a partir de ahora no tiene nada que ofrecer más que horrores mayores.