Bob Avakian escribe que una de las tres cosas que tiene “que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor: Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles”.
Tres cosas que tiene que ocurrir para que haya un cambio duradero y concreto hacia lo mejor:
1) Las personas tienen que reconocer toda la historia propia de Estados Unidos y su papel en el mundo hasta hoy, y las correspondientes consecuencias terribles.
2) Las personas tienen que adentrarse con seriedad y ciencia en la manera en que el presente sistema del capitalismo-imperialismo funciona en los hechos, y los correspondientes resultados concretos en el mundo.
3) Las personas tienen que examinar profundamente la solución a todo eso.
Bob Avakian
1 de mayo de 2016
En ese sentido, y en ese espíritu, “Crimen yanqui” es una serie regular de www.revcom.us. Cada entrega se centrará en uno de los más de cien peores crímenes de los gobernantes de Estados Unidos, de entre un sinnúmero de sanguinarios crímenes que han cometido por todo el mundo, de la fundación de Estados Unidos a la actualidad.
La lista completa de los artículos de la serie Crimen Yanqui
Después del bombardeo incendiario de Tokio por Estados Unidos el 9 de marzo de 1945, residentes buscan entre las ruinas chamuscadas. Foto: Kushu via Wikimedia
El crimen
En la noche del 9 al 10 de marzo de 1945, el general estadounidense Curtis LeMay mandó unos 300 aviones B-29 para sobrevolar Japón; allí arrojaron 1.5 toneladas métricas de bombas con el fin de causar incendios al impactar1 —incluido el napalm2, de reciente creación— sobre el distrito de Shitamachi, en Tokio3. Este bombardeo incendiario acabó con la vida de más de 100.000 civiles y destruyó 41 kilómetros cuadrados de la ciudad4, arrasando 267.171 viviendas, tiendas y negocios5. Hasta hoy, sigue siendo la incursión de bombardeo más destructiva de la historia de la humanidad6.
“El abrasador infierno hizo que los canales hirvieran, que el metal se fundiera y que las personas ardieran en llamas de forma espontánea. Las víctimas, según informó LeMay, murieron ‘quemadas, hervidas y asadas’”7.
Un informe del Estudio de Bombardeo Estratégico de los Estados Unidos señaló: “Probablemente, más personas perdieron la vida a causa del fuego en Tokio en un lapso de seis horas que en cualquier otro momento de la historia de la humanidad”8.
Funato Kazuyo, una alumna de sexto grado en aquel entonces, relató el horror y el terror de los bombardeos incendiarios:
Esta foto aérea tomada el 9 de marzo, 1945 muestra el sector industrial de Tokio antes del bombardeo incendiario por Estados Unidos el 10 de marzo, 1945. Foto: AP
Uno de los distritos comerciales más antiguos de Tokio destruido por el bombardeo incendiario de Estados Unidos el 10 de marzo, 1945. Foto: Wikimedia
Abandonando su hogar, Funato y el resto de su familia huyeron de los incendios en una ciudad que describió como un infierno en la tierra. Las casas ardían, los escombros caían, los cables eléctricos chispeaban y un viento mortal azotaba la ciudad. Funato encontró refugio con sus hermanos, pero este no sirvió de mucho para protegerse del calor de las llamas. Su hermano se prendió fuego y salió corriendo; su otro hermano salió tras él, pero ambos fueron arrastrados por el viento hasta desaparecer de la vista. Funato y su única otra hermana, Hiroko, que se encontraba en el refugio, no tuvieron más remedio que quedarse y soportar el calor abrasador. Hiroko tenía las manos gravemente quemadas y Funato intentó aliviarle el dolor sumergiéndolas en un charco de agua. Tras extinguirse el fuego, Funato y Hiroko regresaron a casa, pasando a cadáveres carbonizados y ennegrecidos esparcidos por la ciudad. Sus familiares supervivientes habían sufrido quemaduras, especialmente su madre, que aún cargaba a cuestas el cuerpo quemado y sin vida del hermano pequeño de Funato. Dos de sus hermanos y su abuela nunca fueron encontrados”. (Hiroko murió posteriormente a causa del virus del tétanos que contrajo al entrar en contacto con el charco de agua9).
LeMay llevaba seis meses bombardeando Japón con escasos resultados. En febrero de 1945, recibió un telegrama con órdenes de bombardear las zonas urbanas de Nagoya, Osaka, Kawasaki y Tokio. El 25 de febrero, inició un ataque aéreo limitado contra Tokio empleando bombarderos B-29 a baja altitud y bombas incendiarias10. La incursión resultó exitosa y destruyó 27.970 viviendas y comercios. El ataque redujo a cenizas 2.5 km cuadrados de Tokio, una superficie 10 veces mayor que la afectada por cualquiera de las incursiones anteriores. Esto sentó las bases para lo que ocurriría la noche del 9 al 10 de marzo y en los días posteriores11.
Dos días después del ataque a Tokio del 9 al 10 de marzo, las fuerzas armadas estadounidenses lanzaron bombas incendiarias y de napalm sobre Nagoya. Al día siguiente, lanzaron más napalm sobre Osaka. Cuatro días más tarde, hicieron lo mismo sobre Kobe.
El 13 de abril, Estados Unidos lanzó la “Operación Perdición”, un ataque aéreo que duró casi cuatro horas, convirtiéndose en el más prolongado de los seis bombardeos incendiarios de máxima intensidad realizados contra Tokio durante la guerra. Los incendios arrasaron una superficie de más de 28 kms cuadrados y destruyeron entre 160.000 y 180.000 viviendas, dejando desamparadas a una cifra de entre 575.000 y 625.000 personas. Durante la Operación Perdición fallecieron 2.459 personas. La menor cifra de víctimas en comparación con bombardeos anteriores se atribuyó a las diferentes condiciones del viento y del terreno12.
Tras el bombardeo incendiario de Tokio por parte de Estados Unidos el 10 de marzo de 1945, columnas de humo se elevaron a 4.572 metros de altura. Foto: AP/US Air Force
Estados Unidos llevó a cabo tres bombardeos incendiarios más contra Tokio en abril y mayo. En total, la serie de bombardeos incendiarios sobre la ciudad resultó en más de 145 kms cuadrados arrasadas por el fuego, más de 100.000 civiles muertos y más de 2,5 millones de personas sin hogar.
En un periodo de seis meses, LeMay bombardeó 67 ciudades. Continuó lanzando bombas incendiarias sobre ciudades japonesas incluso después de que se arrojaran las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. (Vea: Crimen Yanqui Caso #97: 6 y 9 de agosto de 1945 — La incineración nuclear de Hiroshima y Nagasaki). Se estima que la cifra de víctimas civiles de todos estos ataques ascendió a 300.00013. Esta cifra de muertos superó a la de los bombardeos atómicos combinados. En un periodo de tres meses, los bombardeos incendiarios de LeMay devastaron entre 194 y 233 kms cuadrados de las cuatro ciudades más grandes de Japón14. Aproximadamente el 50 % de Tokio (una ciudad del tamaño de Nueva York) quedó reducido a cenizas15. Los bombardeos incendiarios incineraron más de 337 kms cuadrados del país16.
Poco después del ataque japonés a Pearl Harbor, el teniente coronel James H. Doolittle elaboró planes para utilizar bombarderos B-25 en ataques contra varias ciudades japonesas. El 18 de abril de 1942, Doolittle inició la incursión bombardeando Tokio, Nagoya, Osaka y Kobe. Aunque los bombardeos causaron daños limitados y cobraron 50 vidas, sentaron las bases para que Estados Unidos desarrollara operaciones de bombardeo de largo alcance que culminarían en los brutales e inhumanos ataques con bombas incendiarias de 194517.
En total, la cifra de civiles japoneses fallecidos a causa de todos los ataques aéreos sobre el archipiélago nipón, así como en Okinawa y Saipán, durante la Segunda Guerra Mundial ascendió a unos 553.00018.
Los criminales
General Curtis LeMay: LeMay, comandante del XXI Mando de Bombarderos en el Pacífico, fue el encargado de dirigir los escuadrones de B-29 en dicho teatro de operaciones. Fue el artífice absoluto de todos los aspectos de las incursiones de bombardeo incendiario. LeMay declaró: “No existen civiles inocentes. Es su gobierno, y estás luchando contra un pueblo; ya no intentas combatir a una fuerza armada. Así que no me preocupa demasiado matar a los llamados transeúntes inocentes”19. “Hay que matar gente”, afirmó, “y cuando matas a suficientes, dejan de luchar20“.
Esta fotografía del 7 de septiembre de 1945 muestra viviendas improvisadas, construidas con techos de hierro galvanizado provenientes de edificios incendiados, en medio de zonas residenciales arrasadas por los bombardeos incendiarios estadounidenses sobre Tokio en marzo. Foto: AP
En 1965, LeMay escribió: “Sabíamos que íbamos a matar a muchas mujeres y niños cuando incendiáramos [la] ciudad [Tokio]. Había que hacerlo”21.
Más tarde se informó que LeMay había dicho: “...si hubiéramos perdido la guerra, todos habríamos sido procesados como criminales de guerra”22.
En sus memorias, se cita a LeMay diciendo lo siguiente sobre Vietnam del Norte: “Los bombardearemos hasta devolverlos a la Edad de Piedra”. Más tarde, LeMay afirmó que dicha cita fue “inventada”23.
En 1968, LeMay se postuló a la vicepresidencia junto al candidato presidencial George Wallace, exgobernador de Alabama y supremacista blanco. Durante la campaña, LeMay abogó por el uso de armas nucleares para forzar una victoria rápida en Vietnam.
Las fuerzas armadas yanquis:
Henry “Hap” Arnold, general de la Fuerza Aérea, fue quien situó al general Curtis LeMay en el puesto desde el que este pudo dirigir las incursiones de bombardeo incendiario. Arnold fue uno de los pocos altos mandos militares que tenía idea de lo que LeMay planeaba hacer. El 7 de marzo, dos días antes del ataque a Tokio, Arnold declaró: “No debemos ablandarnos; la guerra ha de ser destructiva y, hasta cierto punto, inhumana y despiadada”24.
Los pilotos y las tripulaciones que pilotaron los bombarderos B-29 en los ataques aéreos.
Los químicos y las empresas que elaboraron las bombas de napalm durante la Segunda Guerra Mundial:
Un equipo de científicos: Louis Fieser, profesor de química de la Universidad de Harvard; el Dr. E. B. Hershberg, profesor de química de la Universidad de Harvard; y Hoyt C. Hottel, profesor de ingeniería química del MIT, elaboraron el napalm en el laboratorio de química de Harvard25.
La empresa Nuodex Products Company produjo el polvo de napalm original utilizado en las bombas.
Standard Oil de New Jersey construyó las bombas de napalm26.
Presidente Franklin D. Roosevelt: En un discurso ante el Congreso el 8 de diciembre de 1941, Roosevelt declaró: “Por mucho tiempo que nos lleve superar esta invasión premeditada, el pueblo estadounidense, con su justa fuerza, logrará la victoria absoluta”27. Este discurso pasó a conocerse como el discurso del “Día de la Infamia”, ya que fue pronunciado al día siguiente de que Japón atacara las bases militares estadounidenses en Pearl Harbor, Hawai’i.
Inicialmente, Roosevelt se oponía a los bombardeos masivos de zonas urbanas; prefería ataques de precisión contra instalaciones militares. Winston Churchill, primer ministro del Reino Unido, era partidario de los bombardeos masivos y los empleó contra Alemania. Dado el éxito de esta estrategia, convenció a Roosevelt de apoyar los bombardeos incendiarios masivos sobre las ciudades28.
Presidente Harry S. Truman: Truman asumió el cargo el 12 de abril de 1945, cuando murió el presidente Roosevelt. Truman fue presidente durante algunos de los bombardeos incendiarios contra Japón. Truman obviamente conocía el terrible sufrimiento resultante y lo defendió. Dijo: “A pesar de sus grandes pérdidas en Okinawa y el bombardeo incendiario de Tokio, los japoneses se negaron a rendirse. El bombardeo de saturación de Japón tuvo un costo mucho mayor y causó de lejos más estragos que la bomba atómica. Muchos más. El bombardeo de Tokio fue una de las cosas más terribles que jamás hayan sucedido, y no se rindieron después de eso, aunque Tokio quedó casi completamente destruida”29.
La coartada
La justificación de los bombardeos incendiarios masivos contra Japón residía en la convicción de Estados Unidos de que, si fuera necesaria una invasión terrestre para ganar la guerra, las bajas estadounidenses serían muy elevadas, con una cifra de muertos estimada entre 50.000 y 250.00030.
Para evitar dichas bajas estadounidenses, se dio luz verde al general Curtis LeMay para hacer lo que mejor hacía: reducir ciudades a cenizas y matar a civiles. Estados Unidos esperaba, sin duda, que, al infligir daños considerables a la población civil japonesa, la moral de los japoneses se viera afectada. Se sostuvo que el bombardeo incendiario de Tokio tenía como objetivo quebrantar la voluntad del pueblo japonés31.
El New York Times informó que LeMay declaró: “Si la guerra se acorta, aunque sea un solo día, el ataque habrá cumplido su propósito”32.
El verdadero motivo
En septiembre de 1945, la Segunda Guerra Mundial concluyó con la rendición formal de Japón. En los meses previos, se asestaron golpes devastadores a Japón para forzar su rendición y establecer las bases del equilibrio de poder mundial en la posguerra.
“El imperialismo — y la guerra imperialista: cuál es y cuál no es su motivación fundamental, su naturaleza y su papel, y cóo se le puede poner fin finalmente”. Escuche este mensaje en inglés en las redes sociales de @BobAvakianOfficial o léalo en español.
Estados Unidos temía que la Unión Soviética (URSS) invadiera Japón y tomara el control del país, expandiendo así la esfera de influencia comunista en Asia, de manera similar a lo que la Unión Soviética estaba haciendo en Europa del Este en ese entonces. En agosto, la Unión Soviética invadió y derrotó a los japoneses en las islas Kuriles, situadas frente a la costa de Rusia y a 1126 kms al norte de las islas principales de Japón. Posteriormente, en agosto de 1945, la Unión Soviética declaró la guerra a Japón. Estados Unidos tenía motivos fundados para temer una invasión soviética de Japón. A medida que la derrota de Japón se volvía inminente, la Unión Soviética tomó el control de Corea del Norte, en virtud de un acuerdo alcanzado con Estados Unidos y los Aliados para dividir la península coreana. Además, la URSS apoyaba a los comunistas chinos en su guerra civil. La influencia y el control de la URSS en esa región iban en aumento. Cualquier incursión adicional de la Unión Soviética en esa zona del mundo se percibía como una amenaza mayor para los planes de Estados Unidos de dominar gran parte de la cuenca del Pacífico. Derrotar a Japón y tomar el control del país antes de que la Unión Soviética pudiera desplazar sus fuerzas militares más al sur hasta Japón y ganar más territorio era algo esencial para Estados Unidos en el contexto de su rivalidad con la Unión Soviética. Estados Unidos no quería perder su posición estratégica ni su influencia en una zona que había conquistado durante la Segunda Guerra Mundial.
Hacia el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos vio la oportunidad de ampliar su influencia en todo el mundo; para lograrlo, necesitaba derrotar definitivamente a Japón y poner fin a la guerra. Al referirse al verdadero propósito de los horribles bombardeos atómicos sobre Japón, Bob Avakian declaró:
Se motivó en lo fundamental por las necesidades e imperativos del imperialismo capitalista estadounidense. Lo hicieron como parte de las maniobras para establecer a Estados Unidos como el “Número Uno” al salir de esa guerra — el opresor imperialista número uno, el número uno en el saqueo y destrucción de personas y el medio ambiente. Fue una declaración de supremacía estadounidense —y una advertencia—, sobre todo para la entonces socialista Unión Soviética, que de hecho había sido una aliada de Estados Unidos durante la guerra, pero que al fin de la guerra volvió a ser considerada un enemigo que representó el principal obstáculo a la dominación imperialista estadounidense en el mundo33.