Bomba de extracción de petróleo en Texas. En 2023, Texas fue el principal productor de petróleo y gas de Estados Unidos, produciendo el 42 % del petróleo crudo estadounidense y el 27 % del gas natural comercializado. Foto: AP/Eli Hartman/Odessa American
La terrible e ilegítima guerra imperialista estadounidense-israelí contra Irán ha entrado en su segundo mes. Es una guerra de destrucción y desplazamiento masivos, de crímenes de guerra continuos, creciente número de muertes de civiles e inmensos daños ambientales.
Ante una guerra en la que Donald Trump ha amenazado con la “aniquilación” de la civilización iraní, varios activistas ambientalistas y antibélicos vislumbran un posible lado positivo. Argumentan que la interrupción del suministro de petróleo y el drástico aumento de los precios del petróleo y del gas natural podrían impulsar a los gobiernos a abandonar los combustibles fósiles. El escritor y activista Bill McKibben lo expresó de este modo: “cualquier líder con cerebro estaría tratando de potenciar su energía limpia para evitar el tipo de estrangulamiento provocado por los combustibles fósiles que se está produciendo actualmente”.
Este modo de pensar delirante y peligroso ciega a la gente ante el funcionamiento del sistema capitalista-imperialista que está en la raíz de esta guerra y de la emergencia ambiental global. Es un sistema regido por el afán competitivo de cada vez más ganancias, basadas en la explotación y el saqueo global del planeta. Es un sistema impulsado por el afán competitivo de las potencias imperialistas por dominar regiones y controlar materias primas.
La noción de que la guerra contra Irán pueda acelerar la transición a las energías renovables también aleja a la gente del reconocimiento de la única solución real que podría dar a la humanidad una oportunidad de afrontar y actuar decisivamente ante la crisis ambiental: la revolución para derrocar este sistema y forjar una economía socialista sustentable y una sociedad revolucionaria que pueda dedicarse a reparar y proteger el planeta.
ALGUNAS VERDADES BÁSICAS
1) A corto plazo, la guerra contra Irán en realidad está aumentando la dependencia de los combustibles fósiles.
Preparación de alimentos en una estufa de carbón debido a la escasez de gas licuado de petróleo en Mumbai, India, 11 de marzo de 2026.
La escasez de energía está impulsando a muchos países a buscar fuentes de energía más baratas y accesibles. El uso del carbón, altamente contaminante, ha aumentado a nivel mundial a raíz de la guerra. Al mismo tiempo, el alza de los precios del petróleo hace más atractivo y rentable expandir la perforación en busca de petróleo y gas natural, así como invertir en infraestructura, como nuevas terminales para cargar y transportar gas natural licuado.
Estas “soluciones” cortoplacistas contribuyen a que las economías de este sistema mundial de capitalismo-imperialismo dependan aún más de fuentes de energía que emiten carbono. Tenga en cuenta lo siguiente: a pesar de la creciente adopción de energías renovables como la solar y la eólica, ¡los combustibles fósiles aún abastecen el 80% de la demanda energética mundial! La nueva “inversión verde” en Estados Unidos es un complemento, no un sustituto, de la enorme y aún creciente base energética de combustibles fósiles de la economía estadounidense.
2) Los combustibles fósiles no son simplemente fuentes de energía; también son armas de la geopolítica y de la rivalidad entre grandes potencias propia del imperialismo.
El petróleo y el gas natural desempeñan un papel estratégico en el equilibrio de poder y en la competencia entre los imperialistas. Esta es una de las razones por las que no existe una transición rápida para abandonar los combustibles fósiles.
Estados Unidos es el mayor productor mundial de petróleo y gas natural, y no depende directamente del petróleo del Medio Oriente para satisfacer sus necesidades energéticas internas. Sin embargo, su dominación militar en el Medio Oriente y el hecho de que el petróleo se cotice en dólares en los mercados globales... estos y otros factores otorgan al imperialismo estadounidense un enorme apalancamiento sobre la economía mundial.
La cuestión es que el control del petróleo y el gas natural son armas de rivalidad. Rusia cortó la mayor parte del suministro de gas a Europa tras su invasión de Ucrania. Durante años, Estados Unidos ha impedido que Irán, aliado de Rusia, exportara y vendiera gran parte de su petróleo. Por lo tanto, la cuestión de quién controla el estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial, tiene enormes implicaciones en la rivalidad entre las grandes potencias dentro del sistema mundial imperialista.
Existe otro aspecto de importancia estratégica en relación con el petróleo y el imperio estadounidense. Las fuerzas armadas de Estados Unidos funcionan a base del petróleo: son el mayor consumidor institucional de petróleo del mundo y uno de los principales emisores de gases de efecto invernadero que contribuyen al calentamiento global.
3) Las energías eólica y solar se están desarrollando en el marco de la explotación imperialista, la rivalidad y la guerra.
Las energías renovables no pueden escapar a las dinámicas globales del capitalismo-imperialismo. Uno de los obstáculos de este sistema para la transición hacia fuentes de energía renovables es la enorme inversión en exploración, extracción, refinación, ingeniería y financiación en combustibles fósiles y otros procesos. Dichas inversiones deben ser rentables (es decir, deben recuperarse con ganancias). Así funciona el capitalismo.
Los mineros trabajan en el D4, cantera de coltán de Gakombe en la República Democrática del Congo, 9 de mayo de 2025. Foto: AP
En este sistema, las energías solar y eólica deben responder a las exigencias de la rentabilidad. Materias primas como el cobalto, el coltán y el cobre, esenciales para el almacenamiento de energía solar en baterías, están sujetas a la competencia para abaratar costos. La República Democrática del Congo es una importante fuente de algunos de estos materiales, y las cadenas de suministro que los proporcionan se basan en una explotación extrema, que a menudo incluye trabajo infantil.
Las guerras civiles y regionales, caracterizadas por asesinatos y destrucción masivos y atroces, han sido avivadas por potencias locales y externas que buscan acceder a los mercados de estos minerales y controlarlos. China domina el procesamiento global de estos minerales; Estados Unidos se esfuerza por asegurar derechos mineros; Rusia intercambia apoyo militar por concesiones mineras. Solo en 2025, más de un millón de personas en el Congo fueron desplazadas como consecuencia de la violencia relacionada con los minerales.
Mientras tanto, las fuerzas armadas estadounidenses están incorporando la energía solar a su arsenal de muerte y destrucción. Según un estudio académico reciente: “Junto con socios privados, el Ejército ha desarrollado una tecnología de baterías más avanzada para su uso en dispositivos de comunicación, drones, vehículos eléctricos y robots terrestres. De manera similar, la Armada desarrolla y ensaya ‘drones eternos’ propulsados por energía solar con almacenamiento de baterías integrado, creando vehículos aéreos no tripulados que nunca necesitan reabastecerse”.
4) El sistema capitalista-imperialista está llevando a la humanidad al borde del abismo... PERO es posible una forma diferente de vivir, un sistema mucho mejor.
El peligro de una guerra mundial, de una guerra nuclear, va en aumento. Los océanos se calientan a un ritmo acelerado; los glaciares se derriten con mayor rapidez; el nivel del mar sube más rápido de lo que los científicos climáticos habían previsto. El régimen fascista de Trump está derogando las regulaciones para frenar las emisiones de carbono y está utilizando recursos federales para aumentar la producción de petróleo, gas natural y carbón. Las cumbres climáticas de los gobiernos del mundo han fracasado estrepitosamente en adoptar medidas decisivas y significativas para abordar la crisis climática.
Es posible un futuro radicalmente diferente. Mediante una revolución real, podría establecerse una nueva sociedad organizada para satisfacer las necesidades humanas de forma sustentable y reparar, en la medida de lo posible, el daño ya causado a la Tierra.
Vídeo en inglés: El informe de 2021 del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático de las Naciones Unidas traza un panorama claro y vívido del impacto devastador que el cambio climático ya está teniendo. Este corto de El Show RNL — ¡Revolución, y Nada Menos! aborda cómo, mediante una revolución real, la humanidad puede comenzar a hacer frente a la emergencia ambiental.
La visión de un sistema completamente nuevo que sustituirá al actual se plasma de forma concreta en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la autoría del líder revolucionario Bob Avakian. Esta proporciona un marco para una sociedad que sitúa el internacionalismo, el florecimiento de la humanidad y la supervivencia del planeta en el centro de su existencia, sobre la base del derrocamiento del sistema actual y el establecimiento de un poder estatal liberador. El gobierno revolucionario tomaría el control y establecería la propiedad pública socialista de los medios de producción (¡nada de GM, Exxon-Mobil ni ChaseMorgan!) y forjaría una economía socialista planificada y sustentable.
El primer día, comenzaremos a desmantelar la red global de bases militares. Inmediatamente, la nueva economía se reestructurará para dejar atrás los combustibles fósiles en la manufactura, el transporte y la agricultura, con una inversión masiva en energías renovables. El nuevo sistema pondrá fin a las cadenas de suministro de explotación global del imperialismo estadounidense, que destruyen vidas y generan una gran contaminación. La nueva sociedad trabajará para desencadenar el conocimiento científico y la cooperación, y promoverá iniciativas internacionales como parte de la respuesta a este desafío sin precedentes de proteger y reparar el planeta. La nueva sociedad luchará por un sentido de responsabilidad hacia el planeta y movilizará a personas de todos los ámbitos de la vida. Esta será una sociedad de profundo debate y disentimiento sobre las cuestiones más importantes que enfrenta, tanto ella como toda la humanidad.
Ya no estarán al mando las ganancias ni las necesidades del imperio. La nueva sociedad utilizará sus puntos fuertes y recursos para impulsar la revolución en todo el mundo, liberar a la humanidad y sentar las bases globales que brinden una verdadera oportunidad para afrontar esta crisis ambiental planetaria.
Esa visión no es una vaga esperanza. Nos encontramos en un momento poco común en el que esta revolución es más posible que nunca. Ya es hora de informarse sobre esta revolución y formar parte de ella.