La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán y Líbano continúa, una llama a fuego lento que no solo causa daño por sí misma, sino que podría estallar en una tormenta furiosa en cualquier momento. Esta guerra sigue causando estragos reales en la economía global: provocando inflación, escasez de fertilizantes en la agricultura (que afectarán al hambre mundial), etc. Además, crímenes horrendos —incluidos los cometidos por el aliado estadounidense en esta guerra, Israel, y la horrible privación en Irán combinada con el terror periódico yanqui desde el cielo— forman un ritmo constante y sangriento. (Véase “La guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán: Actualización de noticias”). Hemos instado a la gente a hablar y actuar contra esto con una fuerza mucho mayor, y el artículo del mes pasado del líder revolucionario Bob Avakian —“El New York Times insiste en apoyar crímenes de guerra — cuando son ‘nuestros’ crímenes de guerra”— analiza y desafía directamente parte de la forma en que se moldean las ideas de la gente para que acepte esto.
El Ejército de Estados Unidos analiza las implicaciones estratégicas en la sede de la OTAN. Foto: U.S. Army
Al mismo tiempo, merece la pena analizar algunas de las contradicciones que Estados Unidos ha estado enfrentando desde el ángulo de cómo estos propios imperialistas ven las implicaciones estratégicas más amplias de hacia dónde podría llegar todo esto. En este sentido, Robert Kagan, un destacado “neoconservador”, ha escrito un análisis provocadoramente titulado “Checkmate in Iran—Washington can’t reverse or control the consequences of losing this war” (Jaque mate en Irán — Washington no puede revertir ni controlar las consecuencias de perder esta guerra) (The Atlantic, 10 de mayo de 2026)1.
Kagan escribe que, “Es difícil imaginar un momento en que Estados Unidos sufriera una derrota total en un conflicto [como en Vietnam o Afganistán], un revés tan decisivo que la pérdida estratégica no pudo ser ni reparada ni ignorada, [en gran parte porque estas derrotas no tuvieron tanto impacto en la situación estratégica global]”. Continúa diciendo que:
“La derrota en el actual enfrentamiento con Irán será de carácter completamente diferente. No puede repararse ni ignorarse. No habrá retorno al statu quo ante, ningún triunfo estadounidense definitivo que deshaga o supere el daño causado... Se refuerzan los papeles de China y Rusia, como aliados de Irán; el papel de Estados Unidos, sustancialmente disminuido. Lejos de demostrar el poderío estadounidense, como han afirmado repetidamente los partidarios de la guerra, el conflicto ha revelado un Estados Unidos poco fiable e incapaz de terminar lo que empezó. Eso va a provocar una reacción en cadena en todo el mundo, mientras amigos y enemigos se adapten al fracaso de Estados Unidos”.
En otra entrevista, más reciente, Kagan profundizó en esto. Añadió que “No estoy defendiendo esto, pero creo que la única solución militar tendría que ser una invasión terrestre que desaloje al régimen iraní del poder. Y como no creo que Estados Unidos vaya a hacer eso, realmente no sé cuál es la respuesta. A veces, no existe una respuesta”2.
Fracturas, fragilidades y peligros reales para la humanidad
Tumbas de las víctimas, en su mayoría niñas, de un ataque estadounidense contra una escuela primaria femenina en Minab, Irán, el 28 de febrero de 2026. Foto: AP
El humo se eleva tras un ataque de Estados Unidos e Israel contra una fábrica de petróleo en Teherán, Irán, el 8 de marzo de 2026. Foto: AP
De nuevo, Kagan —partiendo de una perspectiva imperialista en la que la vida y el sufrimiento de millones de personas no importan para nada frente a los cálculos de los “intereses de las grandes potencias”— puede ser, o puede que no sea, total o incluso fundamentalmente correcto en su análisis. Pero 1) señala tendencias y posibilidades reales, mientras este llamado “alto el fuego”, que en realidad es una guerra continua de “baja intensidad” que sigue y sigue semana tras semana; y 2) seguro que él va a ser escuchado. Aunque Kagan dice que se opone a una “invasión terrestre”, es muy probable que haya más personas con cargos de poder e influencia que (como Kagan) también verían tal invasión como “la única salida” — y que, basándose en eso, estarían a FAVOR.
Tal invasión sería horrible y terriblemente injusta — superando con creces el nivel de destrucción criminal y asesinato que Estados Unidos ya ha llevado a cabo allí. Una invasión así afectaría drásticamente y podría fácilmente engullir todo Medio Oriente, y potencias como China, Rusia y varios otros imperialistas europeos y asiáticos. Y supondría el verdadero peligro de desatar una dinámica que hasta podría derivar en una guerra nuclear.
Otros en la clase dominante, incluidos tanto demócratas como republicanos, argumentan que Estados Unidos necesita zafarse —llegar a un acuerdo de paz y salir— lo antes posible, incluso con la pérdida de influencia a corto plazo. ¿Por qué? Muchos argumentan explícitamente que Estados Unidos necesita centrarse mucho más en prepararse febrilmente para hacer frente con más fuerza al principal rival imperialista de Estados Unidos, China. Esto surge dentro del movimiento fascista de Trump e incluso en su administración, y es la postura, de nuevo, de muchos demócratas influyentes.
Pero seamos claros: todas las partes están discutiendo sobre cuál es la mejor manera de competir violentamente para seguir gobernando un sistema capitalista-imperialista mundial que exige la explotación y opresión diaria de literalmente miles de millones de personas, y la destrucción continua y acelerada del medio ambiente. No hay ningún lado de esta ecuación en el que se representen los intereses de las masas y ningún poder dentro de esta locura que pueda presentar una solución a lo que Bob Avakian ha llamado “una marcha forzada hacia el abismo” de este sistema.
La urgente necesidad de forjar una salida a la locura
Ya no podemos darnos el lujo de permitir que estos imperialistas continúen dominando el mundo y determinando el destino de la humanidad. Hay que derrocarlos cuanto antes. Y es un hecho científico que la humanidad no tiene que vivir así. —Bob Avakian
Nadie en este desacuerdo entre los de arriba defiende seriamente un mundo sin tales conflictos, un mundo en rumbo a erradicar el saqueo y la represión de la mayoría del planeta por parte de las “grandes” potencias, un mundo en el que las masas de la gente se movilicen para salvar y luego reparar el medio ambiente, por un mundo en el que todas las formas de opresión están erradicadas.
Nadie, en ningún momento de este debate entre los de arriba, defiende seriamente un mundo sin ese tipo de conflictos, un mundo que avance hacia la erradicación del saqueo y la represión de la mayoría del planeta por parte de las “grandes” potencias, un mundo en el que se movilicen a las masas para salvar el medio ambiente y de ahí ponerse a repararlo, un mundo en el que se desarraiguen todas las formas de opresión.
Sin embargo, sí existe tal salida, y esta está cristalizada en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte. Y como dice NECESITAMOS Y EXIGIMOS: UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE,
La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte es completa y fundamentalmente diferente a la Constitución de los Estados Unidos. Esta Constitución para una nueva república socialista brinda una visión panorámica, una base firme y un plano concreto para crear una sociedad y, en última instancia, un mundo, libre de todas las formas de esclavitud, de toda explotación y opresión por motivos de clase, raza, sexo y género, de todas las relaciones en las que una parte de la humanidad esté subordinada y dominada por otras.
El nuevo sistema socialista basado en la Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte hará lo que nunca se podrá hacer bajo este sistema del capitalismo-imperialismo: por medio de sus instituciones, las elecciones y de manera omnímoda, este nuevo sistema socialista brindará los medios para darles poder políticamente a las masas de personas, a fin de llevar a cabo la transformación revolucionaria de la sociedad, y contribuir a este proceso en el mundo en su conjunto.
Un mundo así solo puede empezar a realizarse mediante una revolución real de millones de personas que actúen de manera organizada para romper el yugo de la clase dominante; y tal revolución solo puede producirse cuando, entre otras cosas, la clase dominante ya no pueda gobernar de la manera que la gente ha sido condicionada a aceptar. Conflictos como los que describimos y analizamos arriba no solo arrojan luz sobre por qué este sistema debe largarse; también podrían formar parte de la mezcla más amplia que podría juntarse para poner una revolución así directamente en la agenda.