Este mes de julio (de 2026), seremos objeto de las celebraciones oficiales del aniversario número 250 de la Declaración de Independencia de este tan cacareado “gran país” que se ha inspirado en dicha declaración.
Como respuesta básica a esto, existe la siguiente verdad simple pero profunda sobre Estados Unidos:
Cualquier país que se inició con su fundación en la esclavitud (y en el genocidio contra los indígenas); que mantuvo, y expandió, la esclavitud (en tierras robadas a los pueblos indígenas y a México) durante casi 100 años después de su fundación; que durante otros 100 años después de la Guerra Civil llevó a cabo miles de linchamientos de personas negras, con celebraciones de masas de estos linchamientos, incluida la venta de postales de linchamientos por todo Estados Unidos; que todavía tiene miles de monumentos a la Confederación esclavista y a la supremacía blanca; y que hoy continúa la opresión racista en todas las dimensiones de la sociedad, reforzada por el continuo terror policial — pues, ¡ningún país parecido tiene ningún derecho en absoluto a ninguna celebración positiva de sí mismo ni de su historia y herencia!1
En la Segunda parte de esta serie sobre la Declaración de Independencia, resumí cuál fue, en realidad, la verdadera naturaleza del conflicto que condujo a la Revolución Americana, y cuál fue la naturaleza del sistema que surgió en los “Estados Unidos” de América como resultado de esta Revolución:
[E]n términos básicos y esenciales, esta implicó el conflicto cada vez más antagónico entre dos fuerzas explotadoras y opresoras diferentes: por un lado, el imperio británico, encabezado por un rey, y por otro, en lo que llegó a ser Estados Unidos, los propietarios de esclavos, junto con comerciantes y otros elementos de la incipiente clase capitalista. Como indico claramente en mi reciente obra LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO:
En los principios de Estados Unidos, al inicio de la guerra de independencia (que a ellos les gusta llamar una guerra revolucionaria), se declaró que “todos los hombres son creados iguales”. No obstante, toda la historia de Estados Unidos desde aquellos años en adelante ha demostrado claramente que no es cierto que en este país existe igualdad para todos. Pues, en los años en que redactaron la Declaración de Independencia y luego la Constitución, había enormes cantidades de esclavos. A los pueblos indígenas se les habían robado sus tierras y los sometieron a atrocidades genocidas. Básicamente, las mujeres no tenían derechos, y ciertamente no tenían los mismos derechos que los hombres. … las personas sin propiedad … no contaban con los mismos derechos que los hombres ricos….
En unas palabras, existía un sistema de explotación que cobró mayor impulso al zafarse del colonialismo británico2.
También en la Segunda parte de esta serie, como indica su título —“Los derechos no son ‘dotados’ por ‘dios’, y la razón por la que se establecen los gobiernos no es ‘para garantizar estos derechos’”—, analicé y refuté este famoso pasaje de la Declaración de Independencia:
Sostenemos como verdades evidentes que todos los hombres son creados iguales, que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables, entre los cuales se encuentran la Vida, la Libertad y la búsqueda de la Felicidad. Que para garantizar estos derechos, se instituyen gobiernos entre los hombres, que derivan sus justos poderes del consentimiento de los gobernados.
En esta Tercera y última parte de esta serie, examinaré más a fondo los inventos y las tergiversaciones de la realidad y la historia que, junto con la Declaración de Independencia, se han utilizado al servicio de —o, en cualquier caso, han servido de “tapadera” para— atrocidades reales y repetidas (incluida la burda racionalización supremacista estadounidense: “Está bien, este país tiene muchos defectos y se han hecho muchas cosas malas en y por este país — pero aún así es mucho mejor que cualquier otro país”).
Lo que “se creó” por medio de la Revolución Americana no fue una nueva nación “concebida en la libertad”, y no fue una nación “dedicada al principio de que todos los hombres son creados iguales”.
Esto hace referencia a unas frases célebres del Discurso de Gettysburg de Abraham Lincoln, pronunciado en noviembre de 1863, en un momento crucial de la Guerra Civil:
Hace ochenta y siete años, nuestros padres fundaron en este continente una nueva nación, concebida en la libertad y dedicada al principio de que todos los hombres son creados iguales…. aquí resolvemos firmemente que estos muertos no habrán muerto en vano; que la nación tendrá un nuevo nacimiento de libertad, y que el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo no perecerá de la faz de la tierra.
Lo que ya he indicado aquí (y he analizado con mayor detalle en el artículo anterior de esta serie) revela claramente que ni la Revolución Americana de 1776, ni la Guerra Civil de la década de 1860, se libraron en realidad para establecer o preservar un “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. La “libertad” esencial que creó la Revolución Americana fue la eliminación de las restricciones que el imperio británico imponía a los propietarios de esclavos y a los capitalistas emergentes de las colonias, quienes fueron los “padres” y principales beneficiarios de esta Revolución.
Sí, por las razones que examiné en la Segunda parte, la Guerra Civil finalmente condujo a la abolición de la esclavitud (y en ese sentido, sí hizo surgir “un nuevo nacimiento de libertad”). Pero “liberar a los esclavos” no era la intención inicial de Lincoln en esta Guerra Civil — y esto solo ocurrió cuando “resultó claro que los intereses básicos de los estados del Norte requerían la abolición de la esclavitud”3.
Además, como también analicé en la Segunda parte:
Por un lado, la derrota de la Confederación esclavista sí resultó en la preservación del país en su conjunto, con la abolición de la esclavitud. Pero, al mismo tiempo, tras un breve período de Reconstrucción (que se inició a mediados de la década de 1860, con el fin de la Guerra Civil), que proporcionó ciertos derechos básicos al pueblo negro, esto se revirtió tan sólo una década después, y el pueblo negro fue sometido una vez más a la cruel explotación de los terratenientes blancos de las plantaciones (muchos de ellos antiguos esclavistas) y al terror del Ku Klux Klan y la estructura de poder en el Sur en particular, con la colaboración de la clase capitalista dominante en su conjunto4.
Con respecto a la noción de que lo que ha existido (y lo que existe hoy) en Estados Unidos es un “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”, como he demostrado en esta serie, lo que en realidad existía al principio del país era el gobierno —y muy especialmente el poder estatal, una verdadera dictadura— de los propietarios de los esclavos y los capitalistas en desarrollo. Y, desde la derrota de la Confederación esclavista en la Guerra Civil y la abolición de la esclavitud, lo que ha existido es el gobierno y el poder estatal del, por y para el sistema capitalista y su clase dominante — un sistema que ahora se ha desarrollado y llegado a ser el sistema extremadamente parasitario del capitalismo-imperialismo, que se basa no solo en la explotación de las personas en Estados Unidos, sino en la superexplotación aún más despiadada y depredadora de literalmente miles de millones de personas, incluidos 150 millones de niños, en todo el mundo, en particular en el tercer mundo de América Latina, África, el Medio Oriente y Asia. (Todo esto se analiza en profundidad en el ensayo de Raymond Lotta, El parasitismo imperialista y la recomposición social y de clases en Estados Unidos de los años 1970 al presente: Una exploración de las tendencias y los cambios, que está disponible en revcom.us).
El “derecho divino de los reyes” y la “democracia”: Dos “mitologías que cohesionan”, de dos sistemas diferentes de explotación
Este es el título de una sección de mi obra de 2010, Los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos, pero la humanidad puede volar más allá del horizonte. La realidad plasmada en esta afirmación (sobre “dos mitologías que cohesionan”) se concentra en lo siguiente:
En la sociedad feudal, era “natural” que todos tuvieran su lugar particular…. Además, estaba el “derecho divino de los reyes”, una piedra angular de la sociedad feudal. Los revolucionarios y teóricos burgueses consideraban que eso era una atrocidad. Hace poco, estaba leyendo a Thomas Paine de nuevo y éste hable que hable sobre qué tan absurda y criminal es la idea del divino derecho de los reyes y el rol hereditario de los reyes….
Bueno, sí, esta condena del “derecho divino de los reyes” es entendible, desde el punto de vista de la naciente burguesía…. Para ellos eso era realmente una idea absurda y criminal — el derecho divino de los reyes y el orden absoluto de las cosas establecidos de tal manera que tratar de cambiar esto sería ir contra la propia trama de la realidad y del universo ordenado por Dios y mantenido por los designios de Dios. En la medida en que esos teóricos burgueses veían eso como absurdo y atroz, en el orden feudal eso era todo lo opuesto: rebelarse en contra del rey, el monarca, era rebelarse contra Dios y el orden concebido por Dios. Y se suponía que todos, desde los nobles hasta los siervos, conocieran su rol y lo desempeñaran en consecuencia y de manera apropiada.
Ahora, si nos alejamos un poco más de la era burguesa y la miramos desde la óptica histórica de a donde las cosas necesitan llegar y pueden llegar… podemos ver que el gran talismán* de la democracia burguesa, las elecciones y el derecho de los gobernados de elegir a aquellos que los gobiernen, de hecho, en la realidad del funcionamiento de la sociedad burguesa, no tiene más legitimidad absoluta que el derecho divino de los reyes. Esto es sólo otra forma en que los intereses y necesidades de la clase dominante se ejercen en este tipo específico de sociedad y un mecanismo a través del cual —y por medio del control sobre ese proceso de la política y las elecciones burguesas— se mantienen y refuerzan los intereses de la clase dominante. Esta es su versión —la DEMOCRACIA, las ELECCIONES son, en efecto, su versión— del derecho divino de los reyes. Esta es una mitología que cohesiona un sistema particular. No es mitología que tengan elecciones, lo que es mitología es lo que ellos pretenden que sean esas elecciones y lo que sucede por medio de ellas. De hecho, éstas no son una expresión de “la voluntad” o “la soberanía” del “pueblo”, sino una expresión del proceso a través del cual la clase capitalista mantiene su sistema de explotación y su dominación, su dictadura sobre las clases y grupos en la sociedad que explota y oprime. (énfasis agregado)* ”Talismán” se refiere a algo a lo que se cree tenga poderes mágicos).5
(En la Segunda parte de esta serie —y en las obras a las que se hace referencia allí— analizo más completamente cómo el proceso electoral bajo este sistema no es una expresión de “la voluntad” o “la soberanía” del “pueblo”, sino una expresión del proceso mediante el cual la clase capitalista mantiene su sistema de explotación y su dominación, su dictadura, sobre las clases y grupos de la sociedad que explota y oprime).
En la situación actual, con el régimen abiertamente tiránico de Trump, existe un sentimiento ampliamente expresado de que este régimen representa un intento de regresar al gobierno de un “rey” (Trump). Pero, por mucho que este sentimiento haya movilizado a multitudes de personas decentes en protesta contra este régimen, y muchas de sus atrocidades, la idea de que el régimen de Trump represente de alguna manera un retorno al gobierno de un “rey” es tan anticuada como la noción misma del “derecho divino de los reyes”. No estamos en la época de la Revolución Americana (hace 250 años), cuando la rebelión contra el gobierno de un rey sirvió de factor movilizador en esa Revolución que (como he analizado en esta serie, en particular en la Segunda parte) condujo al gobierno de los propietarios de los esclavos y los capitalistas en desarrollo en el incipiente “Estados Unidos” de América. Hoy en día, el sistema capitalista (que se ha desarrollado y llegado a ser un sistema de explotación internacional, capitalismo-imperialismo) está completamente obsoleto, y la comprensión esencial de lo que está ocurriendo ahora en Estados Unidos se encuentra en lo siguiente, de la Segunda parte de esta serie:
Y ahora, un sector de esa clase dominante —un sector fascista— ha surgido y ascendido al poder, decidido a que es necesario … pisotear los derechos básicos y los principios legales, dentro de Estados Unidos y a nivel internacional, a fin de mantener este sistema dentro de Estados Unidos y su posición dominante en el mundo, frente a serios desafíos, especialmente de China. (Poco después de la muerte de Mao en 1976, el socialismo en China fue derrocado y el capitalismo restaurado, y en las décadas posteriores China se ha desarrollado como un país capitalista-imperialista cada vez más poderoso).
Esta comprensión crucial se explica con mayor detalle en la HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO:
El sistema político en Estados Unidos es el dominio —la dictadura— del sector de la sociedad que domina el sistema económico —la clase capitalista-imperialista— una dictadura que se manifiesta de manera concentrada en el monopolio del poder político, y muy especialmente el monopolio de la violencia “legítima”, ejercido por los representantes políticos de este sistema y su clase dominante. Todos los procesos e instituciones imperantes de este sistema (inclusive las elecciones) en lo fundamental sirven a esta dictadura y la apuntalan. En su forma “normal”, y tal como la administra el sector “tradicional” de la clase dominante, se trata de una dictatura que representa los intereses de la clase capitalista en su conjunto, y esta dictadura se disfraza más o menos como “democracia” y “gobierno por el pueblo”, que en lo básico se adhiere a un “estado de derecho” que en lo fundamental encarna y refleja las relaciones básicas en la sociedad y sirve a los intereses fundamentales de la clase dominante a la vez que se aplica, por desigualmente que se ejerza, a las personas en la sociedad en general….
El dominio del régimen de Trump es la dictadura de un sector de la clase dominante, que está decidido a imponer el fascismo como forma de gobierno capitalista-imperialista, utilizando la fuerza y violencia del estado (la policía y las fuerzas militares y las instituciones represivas del gobierno, tales como el FBI, “Seguridad Nacional”, etc.) no solo contra las personas en la sociedad en su conjunto sino también contra el sector “tradicional” de la clase dominante. Con el fascismo, la dictadura es una dictadura abierta, flagrante, indisimulada, y la explotación y la opresión que constituyen los cimientos concretos y la naturaleza de este sistema del capitalismo-imperialismo, al interior de Estados Unidos y a nivel internacional, es la explotación y opresión flagrante e indisimulada, sin restricciones de las “normas” y las “reglas” de la dictadura capitalista-imperialista “tradicional”6.
Si bien la movilización masiva no violenta con el objetivo de llevar a la derrota y la destitución del régimen fascista de Trump sigue siendo de crucial importancia, es de aún mayor importancia que las masas de personas lleguen a tener la comprensión científica, y actúen decisivamente en consecuencia, de que la solución fundamental a todo esto no es hacer que se restaure la forma “tradicional” de la dictadura de este sistema capitalista-imperialista de explotación y opresión desde hace mucho obsoleto y verdaderamente monstruoso —no es volver a una Declaración y una Revolución de los propietarios de los esclavos y los capitalistas de hace 250 años—, sino en cambio: lo que es radicalmente diferente ahora es que la revolución que se ha vuelto posible, y que es urgentemente necesaria, es una revolución —la revolución comunista—, cuyo objetivo fundamental es de eliminar toda explotación y opresión, en todas partes.
El mito de la “democracia multirracial”
Esta idea de que lo que existía antes de que Trump llegara al poder era una “democracia multirracial” la propagan los representantes de la clase dominante “tradicional”, y otros cuyo forma de pensar no se ha zafado ni ha trascendido los estrechos y restrictivos límites de este sistema del capitalismo-imperialismo.
En esencia, según este argumento, en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, gracias a los avances logrados como resultado del movimiento por los derechos civiles, junto con la ampliación de los derechos a las mujeres, las personas LGBT y otros, Estados Unidos se convirtió, por primera vez, en una democracia real y multirracial (que ahora se ve seriamente amenazada por los decididos ataques del régimen de Trump contra estos derechos y contra los principios básicos de la “democracia”). No debería ser necesario repetir aquí todo el análisis de esta serie (y de otras obras que están disponibles en revcom.us) que demuestra claramente que la “democracia” en Estados Unidos es, de hecho, una forma de dictadura de la clase capitalista económicamente dominante. En un plano más evidente, si esta noción de una democracia real, y “multirracial”, significa que (por fin) todos en esta sociedad se han vuelto iguales —en el sentido de tener igualdad de oportunidades e igualdad ante la ley—, es muy evidente que no es así.
A pesar del significativo aumento de la pequeña burguesía negra (clase media) y, en menor medida, del surgimiento de una burguesía negra extremadamente rica, “la realidad (demostrada incesantemente en la vida cotidiana, y mediante innumerables estudios e investigaciones científicos) es que la segregación, la discriminación y la opresión racista en general continúan, y siguen teniendo consecuencias terribles, para el pueblo negro y otras personas que han sufrido el racismo sistémico, y a menudo mortífero, de este sistema —en la vivienda, la educación, el empleo, la atención médica, con la policía, los tribunales y las prisiones— en cada parte de la sociedad”. (Esto proviene de la Primera parte de esta serie, “Profunda desigualdad, brutal opresión — y burda tergiversación de los verdaderos cimientos y naturaleza de Estados Unidos, que también está disponible en revcom.us).
En el libro The New Jim Crow, Michelle Alexander documenta exhaustivamente cómo la profunda desigualdad, en particular en la actuación policial y el llamado “sistema de justicia” (incluidas prácticas como “Parar y registrar”, llevadas a cabo por departamentos de policía en todo el país mucho antes de que Trump llegara al poder), ha implicado precisamente nuevas formas de opresión, discriminación y represión sistemáticas, dirigidas contra la juventud negra (especialmente, aunque no exclusivamente, los jóvenes varones) en las comunidades urbanas pobres. Alexander muestra cómo la “guerra contra las drogas” —y en particular las enormes diferencias en su aplicación y castigo con respecto a la juventud negra, en comparación con la juventud blanca (y la población blanca en general)— ha sido un factor importante en el enorme aumento del encarcelamiento en masa de hombres negros (así como latinos). Elizabeth Hinton, en su libro From the War on Poverty to the War on Crime, pone de manifiesto con gran claridad cómo, de hecho, la “guerra contra la pobreza”, iniciada durante la administración Johnson a mediados de la década de 1960, se convirtió rápidamente en una “guerra contra el crimen”, lo que contribuyó de manera significativa a la “creación del encarcelamiento en masa en Estados Unidos”. (Es significativo que estos importantes libros de Hinton y Alexander fueran escritos durante las administraciones de Barack Obama, antes de que Trump asumiera la presidencia por primera vez)7.
Junto con el encarcelamiento en masa, persiste la indignación por los asesinatos policiales, con un número desproporcionado de personas negras asesinadas por la policía. Como he recalcado en varias obras:
Desde 1960, la policía ha matado a más personas negras que todos los negros linchados durante los días de la segregación del “Jim Crow” y el terror del Ku Klux Klan, y los negros en su conjunto viven con la amenaza siempre presente de ser brutalizados o asesinados por la policía.
Durante todo este período desde la Segunda Guerra Mundial, la satanización, la criminalización y las deportaciones de inmigrantes, y la militarización de la frontera, han continuado, tanto bajo administraciones demócratas como republicanas, incluso antes de que Trump intensificara esta situación con toda una campaña de terror contra los inmigrantes, pisoteando el debido proceso y lo que se supone que son derechos constitucionales básicos.
Al mismo tiempo que ha continuado esta opresión generalizada y literalmente asesina contra el pueblo negro, los inmigrantes, los latinos y otras personas de color a lo largo de los años desde el final de la Segunda Guerra Mundial (en 1945), existe la continua brutal opresión de las mujeres. Como ya he enfatizado, las estadísticas apenas alcanzan a captar la terrible magnitud de esto: en Estados Unidos (el cacareado Estados Unidos), una mujer es agredida cada 9 segundos, y cientos de miles son agredidas sexualmente cada año. Al igual que los padres de familia negros tienen que tener esa “conversación”, especialmente con sus hijos pequeños, sobre cómo evitar que la policía los brutalice o asesine, las mujeres viven con el temor constante de ser agredidas, incluso en muchas situaciones “cotidianas” que no pueden evitar. Y está la trata sexual que atrapa a decenas de millones de mujeres y niñas en todo el mundo, entre ellas millones dentro del propio Estados Unidos — y el imperialismo estadounidense es, en muchos sentidos, una fuerza importante que impulsa la trata sexual, la cual implica la esclavización literal de masas de mujeres y niñas, ejercida con la más grotesca brutalidad. Como analiza Raymond Lotta en La “industrialización” de la explotación sexual, la globalización imperialista y el descenso al infierno, junto con la trata sexual, existe el fenómeno de la pornografía generalizada y los clubes de striptease — que no implican una expresión de la “agencia” de las mujeres envueltas, sino que representan la explotación y degradación sexual no solo de las mujeres directamente envueltas, sino de las mujeres en general8.
Aún antes de que la Corte Suprema dominada por el fascismo arrebatara el derecho al aborto como un derecho nacional en 2022, ha habido décadas de ataques continuos contra el aborto, así como contra el control de la natalidad. Esto ha sido impulsado por las crecientes fuerzas del fascismo en Estados Unidos — mientras que los representantes del sector “tradicional” de la clase dominante han cedido durante décadas cada vez más terreno, política y moralmente, a esta ofensiva fascista misógina (odia-mujeres). (Los políticos del Partido Demócrata, incluidos los Clinton y otros, adoptaron la posición de que el aborto debería ser seguro y legal — pero poco frecuente. ¿Por qué “poco frecuente”? — ¡¿Por qué imponer una restricción innecesaria y perjudicial como esa si en realidad se defiende el derecho al aborto?! Esto, una vez más, fue simplemente una capitulación política y moral ante los fascistas y su ofensiva contra el derecho al aborto.)
Ahora, con el auge de las fuerzas fascistas de MAGA y el “segundo advenimiento” del régimen fascista de Trump, el ataque generalizado contra las mujeres ha seguido intensificándose — pero la realidad es que la opresión de las mujeres ha sido una parte integral de este sistema, desde los inicios de este país hasta hoy, y ha seguido siendo parte de la naturaleza opresiva general de este sistema durante la supuesta democracia “multirracial”, que de hecho solo ha existido en la imaginación de los representantes del sector “tradicional” de la clase dominante, y de otros desesperados por aferrarse, y promover, la ilusión de que, antes de Trump, este país había seguido avanzando hacia una “unión más perfecta”, cuando este sistema, de hecho, se ha vuelto cada vez más obsoleto y representa una amenaza existencial para la humanidad en su conjunto.
Junto con las formas de opresión muy reales y verdaderamente terribles que son componentes esenciales e inevitables de este sistema —la opresión racial, el patriarcado y la opresión de las mujeres, la discriminación y la brutalidad contra las personas LGBT, y otras—, existe la destrucción acelerada del medio ambiente y de nuevo el creciente peligro de una guerra entre Estados Unidos y sus rivales en Rusia, y especialmente China — todas potencias capitalista-imperialistas dotadas de armas nucleares. Al mismo tiempo, además de los cientos de millones de mujeres, y 150 millones de niños en todo el mundo, que son cruelmente explotados bajo este sistema, está el hecho de que, en los 80 años transcurridos desde el final de la Segunda Guerra Mundial (con toda su destrucción y la matanza de decenas de millones de personas), más de 500 millones de niños en el mundo, particularmente en los países más pobres del mundo, dominados por el imperialismo, han muerto como resultado del hambre y enfermedades prevenibles.
Tal es la naturaleza del sistema del capitalismo-imperialismo bajo el cual todavía estamos obligados a vivir, siendo Estados Unidos el depredador imperialista número uno del mundo durante las décadas transcurridas desde el final de la Segunda Guerra Mundial, y el país con mayor responsabilidad de las terribles condiciones que existen en el mundo, las cuales solo he podido mencionar brevemente aquí.
El “último refugio” de los apologistas de las atrocidades estadounidenses: “Sí, Estados Unidos ha hecho cosas malas, pero otros imperios y países han sido igual de malos, o incluso peores — y, a diferencia de esos, nosotros tenemos nuestro gran sistema de la democracia y las libertades que conlleva”.
Como ya he señalado anteriormente: la serie Crimen Yanqui de revcom.us documenta y analiza en profundidad los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad que Estados Unidos ha cometido continuamente a lo largo de su historia y en todo el mundo, así como en su propio territorio. En varias ocasiones, también he retado a personas como Bill Maher y otros defensores acérrimos del imperialismo estadounidense (y, en el caso de Maher, del sionismo y las atrocidades israelíes) a que examinen seriamente lo que se documenta en esta serie Crimen Yanqui y en la cobertura continua de revcom.us sobre estas atrocidades, incluido el respaldo total del gobierno estadounidense al genocidio que Israel ha estado perpetrando flagrantemente contra el pueblo palestino.
Hasta donde sé, ninguno de aquellos a quienes les lancé este reto lo ha aceptado. Lo que sí obtenemos de muchos de ellos es lo que indiqué en el subtítulo anterior: argumentos que insisten en que “Sí, Estados Unidos ha hecho cosas malas, pero otros imperios y países han sido igual de malos, o incluso peores — y, a diferencia de esos, nosotros tenemos nuestro gran sistema de la democracia y las libertades que conlleva”. Esto implica una burda distorsión y una repugnante muestra de mentalidad supremacista estadounidense.
En defensa del genocidio perpetrado por Israel, personas como Bill Maher suelen señalar el carácter verdaderamente atroz de fuerzas como Hamas y el régimen islámico en Irán, con sus ideas fundamentalistas religiosas propias de la Edad Oscura y la terrible opresión que ejercen sobre las mujeres, las personas LGBT y otros. Pero esto no es exclusivo de las fuerzas que, en mayor o menor medida, representan cierto tipo de oposición al imperialismo estadounidense. Por ejemplo, Arabia Saudita: ¿su gobierno es menos una expresión e instrumento de una mentalidad y moral fundamentalista religiosa propia de la Edad Oscura, y de la terrible opresión y explotación en concordancia con ese fundamentalismo religioso que la justifica? Existen muchos otros regímenes en el mundo que promueven perspectivas y llevan a cabo acciones no menos monstruosas, pero que no son “enemigos” ni obstáculos para el imperialismo estadounidense, y que a menudo están aliados con Estados Unidos. Así pues, con la típica ceguera voluntariosa y/o la repugnante hipocresía, estos apologistas del imperialismo estadounidense prefieren hablar de fuerzas como Irán y Hamas, que ni siquiera podrían concebir de forma realista cometer crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad a una escala ni remotamente parecida a la de los crímenes estadounidenses.
Pero volvamos a responder directamente al argumento de que, si bien se han cometido cosas terribles en Estados Unidos y por parte de Estados Unidos, esto también ocurre en muchos otros países e imperios por todo el mundo, y a lo largo de la historia, y que aún hay algo “especial” acerca de Estados Unidos, con su “gran sistema de la democracia y la libertad que conlleva”. En primer lugar, además de las muchas y terribles formas en que se niega la libertad y se suprime violentamente en cuanto a sectores importantes de la población en Estados Unidos, existe la siguiente realidad fundamental: en la medida en que se permiten incluso libertades políticas limitadas a las personas en Estados Unidos que no forman parte de la clase dominante, esto está directamente relacionado y depende esencialmente de las terribles atrocidades —la explotación despiadada, la opresión asesina y la destrucción masiva— perpetradas contra personas y países de todo el mundo por los capitalista-imperialistas que gobiernan en Estados Unidos. En efecto, se trata del “paralelo político” de los beneficios económicos que se distribuyen —aunque de forma extremadamente desigual— en la población en Estados Unidos como consecuencia del saqueo parasitario contra personas en todo el mundo por parte del capitalismo-imperialismo estadounidense.
En resumen, existe la siguiente verdad básica, que incluí en La Constitución de los Estados Unidos: Una visión de libertad según los explotadores: “La plataforma de la democracia en los países imperialistas (por apolillada que esté) descansa en el terror fascista en las naciones oprimidas”. (Este artículo mío está disponible en revcom.us. La afirmación citada aquí es una cita de Lenny Wolff, La ciencia de la revolución: Una introducción).
No se trata de que exista “democracia y libertad”, aquí (en Estados Unidos) y la opresión brutal “por allá”, en otros países, especialmente (aunque no exclusivamente) en el tercer mundo — sin conexión alguna entre el uno y los otros. No, la realidad es que “la libertad y la democracia” por aquí, por limitada que sea, depende de la opresión abiertamente brutal de masas de personas en los países dominados y saqueados por el capitalismo-imperialismo estadounidense, con la cruel explotación de esas masas en dichos países, a menudo con salarios de hambre o casi de inanición, lo que incluye a un gran número de niños9.
El hecho de que, a lo largo de la historia, y hasta nuestros días, exista una terrible opresión y un sufrimiento masivo del que otros países e imperios anteriores hayan sido responsables, no puede utilizarse legítimamente como excusa para las terribles atrocidades que Estados Unidos y su clase dominante siguen cometiendo. Para citar una dimensión espantosa de esto, incluso con todas las terribles atrocidades cometidas por otros imperios y grandes potencias mundiales antes y durante la Segunda Guerra Mundial (incluida la Alemania nazi), ninguno de éstos poseía armas nucleares, como ocurre hoy en día con Estados Unidos, que cuenta con miles de armas de este tipo, las que son muchas veces más destructivas que las bombas atómicas que Estados Unidos lanzó sobre dos ciudades japonesas al final de la Segunda Guerra Mundial. (Rusia también posee miles de estas armas, y si bien China tiene muchas menos, está expandiendo rápidamente su arsenal).
Finalmente, y de mayor importancia: la cuestión crucial no es la comparación con países e imperios opresores y asesinos del pasado, ni con otros regímenes opresivos en el mundo actual (aunque el capitalismo-imperialismo estadounidense supera con creces a sus rivales en cuanto a crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad). La cuestión decisiva es: lo que es posible ahora para la humanidad en cuanto a la emancipación real y fundamental — en contraposición a la manera en que este sistema del capitalismo-imperialismo se erige como la barrera directa para la realización de la emancipación sin precedentes, y el hecho de que este sistema, en un sentido muy real y terrible, está empujando a la humanidad en una marcha forzada hacia el abismo.
Para retomar el título de esta última parte de esta serie: NO a la celebración de la esclavitud, la explotación capitalista y el saqueo mundial — ya es hora de una revolución nueva, urgentemente necesaria y verdaderamente emancipadora.
Una revolución cuyo objetivo final es liberar a la humanidad de la terrible situación que se burla cruelmente de las masas de la humanidad: una situación en la que hoy en día existen en el mundo los medios (la tecnología y el conocimiento) para que todos en el planeta tengan una vida digna, superando la miseria, y por otro lado la lucha a menudo desesperada —y con demasiada frecuencia infructuosa—, por la mera supervivencia de tantos.
Una revolución con el objetivo de superar todas las relaciones en las que una pequeña parte de la humanidad gobierna, explota y oprime a las masas de la humanidad, y en la que las dinámicas básicas y las “leyes del movimiento” del sistema que domina el mundo, el sistema del capitalismo-imperialismo, están arrastrando rápidamente a la humanidad hacia una destrucción sin precedentes, y posiblemente incluso hacia la extinción de la civilización humana, mediante la acelerada devastación ambiental y la creciente amenaza de una guerra nuclear.
Esta revolución es la revolución comunista, para la cual el desarrollo de la sociedad humana hasta ahora ha preparado, de hecho, los cimientos materiales (a pesar de que todo esto ha ocurrido, durante miles de años, bajo la dominación de sistemas de terrible atrocidad y sufrimiento masivo). Esta es la revolución que encierra el potencial de resolver la monumental contradicción entre las condiciones opresivas y el sufrimiento innecesario de las masas de la humanidad, y el terrible futuro (o la ausencia total de un futuro) hacia el cual las fuerzas dominantes en el mundo están arrastrando a la humanidad; y, por otro lado, la posibilidad, y la necesidad urgente, de un verdadero salto adelante hacia una emancipación que supere todo lo que ha sido posible en toda la historia anterior de la humanidad. (La Constitución para la Nueva República Socialista en América del Norte, de la cual soy autor, ofrece una visión panorámica y un plano concreto para una sociedad radicalmente emancipadora con al objetivo final del comunismo, en todo el mundo. Y el documento de los revcom NECESITAMOS Y EXIGIMOS: UNA FORMA COMPLETAMENTE NUEVA DE VIVIR, UN SISTEMA FUNDAMENTALMENTE DIFERENTE, incluye importantes resúmenes de los principios y disposiciones básicos de esta Constitución).
No hay nada predeterminado en la historia de la humanidad, ni ninguna resolución inevitable a las profundas y agudas contradicciones a las que se enfrenta actualmente la humanidad — pero existe la posibilidad de un salto adelante verdadera e históricamente emancipador con la revolución comunista, y la lucha profundamente liberadora para hacer de esto una realidad.
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NOTAS:
1. Esta declaración, sobre por qué no hay una base legítima para celebrar la historia y la realidad actual de Estados Unidos, se encuentra en mi artículo SOBRE ESTATUAS, MONUMENTOS Y CELEBRAR —O ELIMINAR— LA OPRESIÓN, en las Obras escogidas de BA, “Bob Avakian: Escritos en 2020 — un año trascendental”, en revcom.us. [volver]
2. LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO: ¿Una marcha forzada hacia el abismo, o forjar una salida a la locura? está disponible en revcom.us. [volver]
3. Esta afirmación (“resultó claro que los intereses básicos de los estados del Norte requerían la abolición de la esclavitud”) forma parte de este análisis más amplio en la Segunda parte de esta serie:
Obviamente, un cambio profundo se operó mediante la abolición de la esclavitud como resultado de la Guerra Civil en la década de 1860. Pero, ¿cuál es la razón fundamental por la que se dio esta Guerra Civil, y por qué finalmente condujo a la abolición de la esclavitud? No se trata simplemente de que Abraham Lincoln decidiera librar la Guerra Civil, en nombre de la Unión, y luego simplemente decidiera “liberar a los esclavos”. En términos básicos, la Guerra Civil surgió debido a que, a lo largo de casi 100 años desde la fundación de los “Estados Unidos” de América, los cambios dentro del país (y en el mundo en general) llevaron a que los dos sistemas económicos (modos de producción) que habían existido en Estados Unidos desde sus inicios, principalmente pasaran de reforzarse y beneficiarse mutuamente a volverse fundamentalmente antagónicos (los intereses básicos de uno requerían la derrota del otro). En este caso particular, los intereses fundamentales de los estados del Sur, cuyas economías se basaban en la esclavitud, requerían que se separaran de los estados del Norte, formaran un país independiente y se relacionaran con el resto del mundo sobre esa base; mientras que los intereses fundamentales de los estados del Norte, cuya economía se basaba en un capitalismo en desarrollo, requerían la restricción de la expansión de la esclavitud y el mantenimiento del país en su conjunto, incluidos los estados del Sur, bajo un solo gobierno — y, en el transcurso de la Guerra Civil, resultó claro que los intereses básicos de los estados del Norte requerían la abolición de la esclavitud. [volver]
4. Como explico en Breakthroughs (Abriendo Brechas): El avance histórico hecho por Marx y el nuevo avance histórico del nuevo comunismo, Un resumen básico, la reversión de la Reconstrucción se produjo fundamentalmente debido a que esta era la única manera en que la clase capitalista centrada en el Norte podía mantener a Estados Unidos como un solo país unificado:
Así que tuvieron que articular al país de nuevo como un país entero, y la única manera en que podían hacerlo, dadas las relaciones de producción y las relaciones sociales prevalecientes, era de amarrar todo tipo de “acuerdos de principios”, otra vez, con la aristocracia del Sur, los grandes terratenientes, que eran, en una medida muy grande, los antiguos dueños de los esclavos. Así que por eso dieron marcha atrás con la Reconstrucción, poco tiempo después de la Guerra Civil, y volvieron a traicionar a las masas del pueblo negro.
Breakthroughs (Abriendo Brechas) también está disponible en revcom.us. [volver]
5. Los pájaros no pueden dar a luz cocodrilos, pero la humanidad puede volar más allá del horizonte está disponible en las Obras escogidas de BA en revcom.us. [volver]
6. Un análisis más amplio, en LA HUMANIDAD AL BORDE DEL PRECIPICIO, de lo que en realidad es la dictadura de la clase capitalista —inclusive en su forma “democrática”— incluye lo siguiente:
Como ejemplo significativo de la manera en que esta dictadura, y su “estado de derecho”, “en última instancia encarna y refleja las relaciones básicas de la sociedad y sirve a los intereses fundamentales de la clase dominante”, está el hecho de que, bajo este sistema, es perfectamente legal que los capitalistas “despidan” a masas de personas si ya no pueden ser explotadas rentablemente, aunque eso signifique que quienes son “despedidos” podrían quedarse sin hogar o incluso morir de hambre; pero es definitivamente ilegal que las personas en esta situación desesperada simplemente tomen las necesidades básicas que les faltan, sin pagarlas, aunque la razón por la que no pueden pagarlas se debe a que se les ha negado un empleo. Todo esto corresponde a las “relaciones de propiedad” básicas del sistema capitalista. El “estado de derecho” en cualquier sistema en esencia será una expresión de esas relaciones de propiedad básicas — muy fundamentalmente las relaciones de producción del modo de producción subyacente….
En la dimensión más abiertamente política, como mencioné en mi e-mensaje número 17, bajo la apariencia de “democracia” en Estados Unidos,
lo que está ocurriendo ahora mismo evidencia aún más profunda y vivamente que esta supuesta “gran democracia estadounidense” es en realidad una dictadura, en que se utiliza el poder de las instituciones gobernantes para perseguir y castigar despiadadamente, e incluso eliminar, a las personas que representan una amenaza a los intereses de la clase dominante. Además del asesinato de miles de personas a manos de la policía y la encarcelación en masa de millones de personas, en Estados Unidos…., están reprimiendo despiadadamente a las personas que están protestando contra el genocidio en Palestina cometido por Israel, con el apoyo total del gobierno estadounidense y de ambos partidos políticos de la clase dominante (demócrata y republicano)….
¿Por qué ocurre esto? Debido a que están en juego los intereses fundamentales del capitalismo-imperialismo estadounidense.
Hay muchos otros ejemplos que ilustran claramente esta verdad básica sobre la dictadura real bajo el régimen “democrático normal” de este sistema — como la proscripción de la oposición al papel de Estados Unidos en la Primera Guerra Mundial y el encarcelamiento de japoneses en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial (lo que se hizo durante la administración del gran “héroe” de los demócratas burgueses “progresistas”, Franklin Delano Roosevelt). [volver]
7. El libro The New Jim Crow, Mass Incarceration in the Age of Colorblindness, de Michelle Alexander, fue publicado en Estados Unidos por The New Press y distribuido por Perseus Distribution en 2010. El libro de Elizabeth Hinton, From the War on Poverty to the War on Crime, The Making of Mass Incarceration in America, fue publicado por Harvard University Press en 2016. Ambos libros contienen análisis muy importantes que documentan con contundencia la terrible realidad continua —y la existencia de nuevas formas— en la que la opresión racial sigue siendo una parte esencial de la “democracia estadounidense” — refutando la ridícula noción de que Estados Unidos se volvió “ciego al color de la tez”, siendo la elección de Obama supuestamente “prueba” de ello.
En El parasitismo imperialista y la recomposición social y de clases en Estados Unidos de los años 1970 al presente: Una exploración de las tendencias y los cambios, Raymond Lotta analiza cómo precisamente los cambios en la economía dentro del propio Estados Unidos —en el contexto del creciente parasitismo de la economía estadounidense, en el que gran parte de la producción se ha trasladado a países más pobres en los que las personas son más vulnerables a la explotación extrema por parte del capital— han llevado, entre otros fenómenos significativos, a una situación en la que un gran número de jóvenes en las comunidades urbanas pobres de Estados Unidos han quedado efectivamente excluidos de la economía formal. Esto ha dado como resultado la realidad de que (como lo expresó sin rodeos el autor “conservador” Edward Luttwak en su libro Turbocapitalismo. Quiénes ganan y quiénes pierden en la globalización): para un gran número de jóvenes en las comunidades urbanas pobres, el crimen se ha convertido en una opción racional. Independientemente de la intención de Luttwak, ¡esto constituye objetivamente otra contundente denuncia a la ruindad (y a la naturaleza completamente obsoleta) de este sistema capitalista-imperialista!
Junto con el encarcelamiento en masa y los asesinatos a manos de la policía, y las medidas represivas como la práctica de parar y registrar a los jóvenes, en las últimas décadas se han promulgado leyes y se han adoptado políticas policiales que equivalen a la criminalización preventiva de los jóvenes en las comunidades urbanas pobres — por ejemplo, ¡se les prohíbe reunirse en lugares públicos en grupos numerosos de jóvenes, bajo el pretexto de que “podrían pertenecer” a una pandilla y cometer un delito! También se han aplicado las leyes de “tres strikes”, que ordenan castigos extremadamente severos para la tercera condena por un delito mayor, incluso en situaciones donde dicho delito (o uno o más de los anteriores) de hecho podría ser relativamente menor. Y, como demuestra Hinton en su libro, a partir de mediados de la década de 1960, las medidas que incluso afirmaban abordar las condiciones desesperadas que dan un impulso a la actividad delictiva, y a menudo constituyen una necesidad real para dicha actividad, han sido reemplazadas por un aumento de la represión y el castigo por la delincuencia.
Una de las expresiones más extremas, y perversas, de esto fue la política de “un solo strike”, aplicada durante la administración de Bill Clinton en la década de 1990: esta política dictaba que las personas serían expulsadas de las viviendas públicas si tenían algún parentesco con alguien que hubiera sido acusado —no condenado, sino acusado— de un delito, o si recibían su visita. Y no hay que olvidar que la concentración de masas de personas negras en los proyectos de vivienda, especialmente después de la Segunda Guerra Mundial, fue una política oficial del gobierno que otorgaba préstamos para comprar casas a los veteranos blancos de esa guerra, pero se los negaba a las personas negras, obligándolas en cambio a vivir en proyectos de vivienda — un fenómeno con efectos y consecuencias duraderos durante toda esta supuesta democracia “multirracial”. [volver]
8. El ensayo de Raymond Lotta, La “industrialización” de la explotación sexual, la globalización imperialista y el descenso al infierno, está disponible en revcom.us. [volver]
9. Lo que es cierto del imperialismo estadounidense hoy en día también lo fue del imperio británico durante todo un período que abarcó gran parte del siglo 19 y la primera mitad del siglo 20 hasta el período de la Segunda Guerra Mundial. El libro de Caroline Elkins, Legado de la violencia: una historia del Imperio británico (Edhasa, 2026) documenta cómo ese imperio también se basó en las atrocidades más horribles y violentas, infligidas a las víctimas coloniales de dicho imperio, y cómo estas lo reforzaron. Además, este libro ilustra otra sorprendente similitud con el papel dominante del imperialismo estadounidense en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial: la conexión directa entre la violencia bárbara dirigida contra los súbditos conquistados por este imperio y la “democracia liberal”, con una cierta distribución de la riqueza y los privilegios, aunque limitada, dentro del propio país imperialista.
En este sentido, con respecto a mi afirmación (por ejemplo en El descarado chovinismo pro estadounidense: “Antiautoritarismo” como “tapadera” para apoyar al imperialismo estadounidense) de que “Estados Unidos es el país el que, con mucho, ha llevado a cabo más invasiones y otros actos de injerencia violenta en otros países”, debo decir que si ha habido un rival para Estados Unidos por esta dudosa distinción, fue el imperio británico durante el período en que ocupó la posición dominante. [volver]